“Me queda un día menos”, pacientes crónicos tienen sus tratamientos contados

Desde hacía un mes, Maribel Torres no tomaba los fármacos requeridos para mantener su trasplante de riñón. Ni en las farmacias de alto costo ni entre las redes de pacientes logró dar con los inmunosupresores para tratar su condición de salud. Su madre, María Magdalena Zapata, viajó a Colombia para traerle las medicinas. Sin embargo, cuando regresó a Venezuela ya era demasiado tarde. Maribel ya había perdido el órgano.

Este lunes, 20 de noviembre, pacientes crónicos y dependientes del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss) protestaron por la escasez de medicamentos. Sin importar la patología, todos están en la misma situación: el Estado dejó de suministrarles el tratamiento desde hace al menos un mes y tienen sus “inventario” contados.

Ese es el caso de Yelagnia Ochoa, una de los 3.500 pacientes trasplantados que se contabilizan en Venezuela. “Yo tengo medicinas hasta el 10 de enero. Cuando llegue ese día yo no sé qué va a pasar. Cada vez que me tomo la pastilla que me toca pienso ya me queda un día menos ¿Qué Navidades felices voy a tener yo?”, inquirió la paciente, oriunda del estado Yaracuy, trasplantada desde hace 32 años.

“Uno se ve en ese espejo”, expresó Yelagnia. En el espejo de Maribel, quien perdió su riñón y ahora debe volver a la sala de diálisis tres veces por semana. O, en el peor de los casos, en el espejo de Belkis Solórzano, quien falleció el pasado 12 de noviembre tras pasar tres meses sin tomar su tratamiento.

Natacha Albarrán, también trasplantada, acompañó a Belkis hasta su último aliento. Este lunes repartió inmunosupresores a pacientes que se quedaron sin tratamiento

Los pacientes se congregaron frente a la sede del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y se movilizaron a las embajadas de Canadá y Perú para pedir que se abra un canal humanitario. “¡La salud no puede esperar!”, exclamaron en el sitio.

Carlos Lovera vino a Caracas desde Puerto Cabello, Carabobo. Alza su voz cada vez que puede. Esta vez suma ya seis meses sin conseguir los medicamentos en las farmacias de alto costo. Para él, la situación en Venezuela ha tomado las dimensiones de una emergencia humanitaria. “Yo también puedo subir un video un día de estos para despedirme, pues no consigo mis medicinas”, dice en referencia al caso de Belkis, quien denunció la falta de inmunosupresores y murió a las pocas horas de haber grabado su testimonio.

En nombre de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida), los pacientes consignaron ante el Pnud y los representantes diplomáticos de dos países el documento en el que se solicita priorizar la apertura de un canal humanitario. En los próximos días, la agrupación también hará entrega de la misma solicitud a los países que conforman el grupo de Lima.

“La prioridad del diálogo no son elecciones limpias, sino medicinas y alimentos. Eso es lo que está afectando más a Venezuela“, expresó Francisco Valencia, presidente de la coalición y paciente trasplantado. “Todos los días recibimos reportes alarmantes (…) No es de extrañarse que empiecen las peticiones de asilo político en las embajadas por falta de tratamiento“.

Misma crisis para todos

Todos los pacientes que dependen del Ivss sufren la misma crisis. Desde San Juan de los Morros, estado Guárico, Manuelbis Pereira lucha como sea para darle a su hijo Samuel una vida normal. Sin embargo, sin el Factor VIII el pequeño con hemofilia ha tenido que dejar de lado su niñez.

“Las neveras de Calabozo, donde buscamos el factor, están vacías. El mes pasado me dieron las últimas tres dosis que me quedaban y las tengo para una emergencia”, contó Manuelbis. “Mi hijo tiene las piernas llenas de hematomas. No puedo dejar que vaya a las piñatas. Tengo que vivir diciéndole no juegues, no corras porque no tenemos las profilaxis para prevenir”.

Juan Carlos Prado y Manuelbis Pereira, padres de Samuel, exigen al Estado que apruebe la compra de los medicamentos para pacientes hemofílicos

Julieth Martínez y William Rodríguez tienen Parkinson y los pacientes con esta enfermedad tampoco dan con sus medicamentos. “El Mirapex no se consigue en Venezuela desde hace dos años. Vivo de la caridad de las amistades que tengo en el exterior”, dijo Julieth.

A William lo diagnosticaron hace ya cuatro años y, aunque se ejercita con frecuencia, la rigidez causada por la enfermedad se está apoderando de su cuerpo. También tiene contados los días de tratamiento. “Yo tengo medicinas hasta esta semana nada más. Si no me las tomo, mi cuerpo se pone más rígido y más lento. La enfermedad avanza”, lamentó.