“Ese centro es para animales”, familiares de presos en la PNB de Boleíta - Efecto Cocuyo

SUCESOS · 4 SEPTIEMBRE, 2019 22:30

“Ese centro es para animales”, familiares de presos en la PNB de Boleíta

Texto por Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo Fotos por Mairet Chourio

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Cada dos meses Carlos Villarroel, de 60 años de edad, viaja de Maturín a Caracas para visitar a su hijo en el Centro de Detención Preventiva Boleíta, conocido como Zona 7. Como puede, reúne el dinero para pagar el pase de comida y la vestimenta para su hijo. “No tengo dólares para pagar lo que cobran por el pase de la comida”.

Junior Villaroel está detenido desde octubre de 2018, cuando funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) presuntamente le “sembraron” 140 gramos de crispy. El padre del recluso era uno de los cientos de familiares que protestaban este miércoles 4 de septiembre, frente al centro de detención de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en Boleíta, al noreste de Caracas, donde estalló un motín desde la noche de ayer, 3 de septiembre. “Ese centro es para tener animales encerrados, no seres humanos”.

Las detonaciones de perdigones y de bombas lacrimógenas alertaron a los familiares, la mayoría mujeres. Desde tempranas horas de la mañana de este miércoles exigían que se dejara entrar al menos a una comisión de representantes para constatar el estado de los reclusos en el recinto. Solo dos ingresaron y aseguraron que todo estaba “controlado, hay dos muertos”.

La zona y las calles aledañas estaban acordonadas por funcionarios de orden público de la PNB. Los manifestantes, al no poder acceder al lugar, se enfrentaron con piedras. Un oficial dialogó con ellos y cesaron los enfrentamientos. “Estamos a la espera del Fiscal para dar detalles del procedimientos”, dijo el funcionario.

Pasada las 11 de la mañana se conoció el nombre de una de las víctimas del motín: Erick José Gastón, de 24 años. Su esposa lloraba desconsolada; a Gastón lo habrían decapitado sus propios compañeros de reclusión .   

Jesús Ortegano, de 82 años de edad y residente de La Guairita, tiene a su hijo de 26 años detenido en el recinto policial desde casi un año, porque “funcionarios de las Faes se lo llevaron en un carro particular y lo desaparecieron durante dos días”. Ortegano, que camina con dificultad, exige que los reclusos sean tratados de mejor manera, porque “a pesar de que cometieran un delito, no deben ser tratado como animales”.

A pesar del hacinamiento que denuncia el Observatorio Venezolano de Prisiones, Grismenia Rojas era una de las pocas manifestantes que estaba en desacuerdo con los traslados a cárceles en otros estados del país. La mujer asegura que a duras penas puede pagar para ver a su hijo detenido en Caracas.

“Desde hace siete meses esto se ha puesto más grave, aquí para pasar el agua hay que pagar, para entrar piden 10 mil bolos. Cuando le llevamos la comida los policías se la comen y no se las dan. Para cambiarlos de celdas hay que pagar y en dólares. Yo no tengo dólares, no tengo vivienda y soy de Petare, no pueden trasladar a mi hijo para Valencia. Si no tenemos para pagar aquí cómo vamos a pagar para que se lo lleven a una cárcel allá”, dice Rojas.

Familiares contaron que en el centro de detención, hay reclusos que tienen más de dos años a la espera de la audiencia preliminar, y otros tienen la misma cantidad de tiempo a la espera de un traslado. En un centro de detención preventiva lo máximo que puede durar un recluso detenido son 45 días, con excepciones en algunos casos pueden estar detenidos de manera provisional hasta 90 días.

El centro de detención de la PNB en Boleíta, tiene capacidad para albergar a al menos 250 reos, pero actualmente hay más de 950 reclusos en el mismo lugar de detención. Un hacinamiento de aproximadamente 380%, es decir, hay casi cuatro veces más personas de la capacidad máxima que tiene el lugar para atender a un preso.

Otro reo muerto

Javier Román Castillo, de 34 años, fue supuestamente decapitado por los reclusos durante el motín. Fuentes policiales informaron que se trató del segundo fallecido en la revuelta.

La noche del martes 3 de septiembre, a través de las redes sociales, circuló un video que muestra cómo los reos pisaban el cadáver de un hombre decapitado. Sin embargo, las autoridades no han confirmado de quién se trata.

Tras más de 15 horas sin agua a las 12 del mediodía un funcionario de la policía les informó a los familiares que iban a ingresar algunos “potes” para que los reclusos se hidrataran; sin embargo, pocos familiares creen que esa agua les llegue a los reos. “Eso se lo van a tomar ellos”, exclamó una mujer.

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