Internacionalistas descartan conflicto bélico entre Venezuela y Colombia

POLÍTICA · 6 ABRIL, 2021 17:50

Internacionalistas descartan conflicto bélico entre Venezuela y Colombia

Texto por Efecto Cocuyo @efectococuyo

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El enfrentamiento armado que comenzó el pasado 21 de marzo entre miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) y disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (frente 10 – Farc) en el estado Apure siguió escalando el fin de semana, con bombardeos en la población de La Victoria.

 Los internacionalistas Emilio Figueredo e Iván Rojas sostienen que este combate armado no es producto de las tensas relaciones entre los gobiernos de Iván Duque y Nicolás Maduro ni de un plan para provocar la guerra en Venezuela, sino un problema de la gestión chavista con los guerrilleros. De allí que descartan un conflicto bélico entre ambos países.

 Atribuyen la situación a disputas territoriales para actividades del narcotráfico y estiman que el cese al fuego puede derivarse de un acuerdo entre el gobierno venezolano con los grupos irregulares, esos mismos que, afirman, se vienen albergando en el territorio desde las gestiones de Hugo Chávez.

“No es un conflicto entre Colombia y Venezuela”

 “No es un conflicto entre Colombia y Venezuela sino un problema de Venezuela que afecta a Colombia, con miles de desplazados y genera para ambos países un problema de seguridad, porque la frontera es usada por el narcotráfico. La situación política actual imposibilita un acuerdo de combate a la guerrilla y sus actividades entre ambos gobiernos”, advierte Rojas.

 El directivo del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (Covri) subraya que las guerras convencionales entre países ya casi no existen en el plano internacional, derivadas de acuerdos de paz y por el gran costo que representan. Por lo que, señala, las autoridades colombianas y venezolanas no pasarán de las acusaciones mutuas y del refuerzo de la frontera por parte de Colombia, para evitar que los grupos irregulares retornen a ese país.

El domingo 4 de abril, Maduro reiteró que Colombia pretende exportar su guerra interna hacia Venezuela con el aval del  “imperialismo”, para desestabilizar su gobierno. Mientras su par colombiano acusa la “convivencia” permanente de la Fanb con la guerrilla en territorio venezolano y que ahora se le fue de las manos.

 El ministro de la Defensa de Colombia, Diego Molano, aseguró recientemente que varios grupos guerrilleros, entre ellos el Ejército de Liberación Nacional (ELN), pululan a sus anchas en suelo venezolano y su principal negocio es el narcotráfico.  “El narcotráfico está tomando lentamente a Venezuela”, dijo.

 A ello, el canciller de Maduro, Jorge Arreaza, respondió que el narcotráfico tomó aceleradamente a Colombia desde hace más de 30 años y que el combate a la actividad ilegal en Venezuela es permanente.

 Rojas indica que los enfrentamientos entre la Fanb y la disidencia de las Farc podrían evidenciar, incluso, divisiones internas en el chavismo, entre los que apoyan a los grupos irregulares y se ven beneficiados con las actividades ilícitas y los que no.

 Territorio “balcanizado”

 “Venezuela es desde hace muchos años un aliviadero de grupos guerrilleros y ahora estos desafían al régimen con una competencia por zonas de control. El conflicto podría agravarse si otros grupos como el ELN se suman al combate contra la Fanb que lleva la desventaja en cuanto a poder de fuego se refiere”, señala Figueredo.

 El director de FundaRedes, Javier Tarazona, alertó el 3 de abril que el frente 28 de las Farc se trasladaba desde Amazonas hacia Apure para reforzar el poder de fuego del frente 10 de las Farc.

Mientras que Figueredo a alude a la presencia de la inteligencia rusa en Apure, no para combatir militarmente, sino prestar asistencia en la localización de los campamentos guerrilleros.

El profesor de derecho internacional y relaciones internacionales advierte que durante los enfrentamientos la Fanb ha demostrado una poca y deficiente capacidad operativa frente a grupos organizados con estructura militar.

 Muestra de ello, dice, es que se haya enviado a la zona a las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) que no poseen formación ni experiencia militar y que solo han contribuido a profundizar las violaciones de derechos en la región y aumentar la cantidad de civiles desplazados hacia Colombia.

 También señala con preocupación que solo se hable de bajas, entre muertos (ocho) y heridos (por lo menos 18, según Fundaredes), solo entre soldados venezolanos y no los guerrilleros, sin dejar de mencionar víctimas entre la población civil.

 “Incluso si cesa el fuego, el problema persistirá porque los grupos irregulares no se irán de la frontera, todo el sur de Venezuela está balcanizado, los guerrilleros imponen la ley y el orden, aprenden a convivir con la población a la que incluso tratan mejor que los propios organismos de seguridad. Está el negocio del narcotráfico que es la gasolina de este régimen”, afirma.

Intervención de la ONU

Maduro ordenó 4 de abril a Arreaza enviar una comunicación al secretario de la ONU, Antonio Guterres, para solicitar de manera urgente su ayuda para la eliminación de los campos con minas antipersonales detectados en Apure. Mientras que el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio le pide a la ONU y a la OEA investigar las violaciones de DD. HH. durante los enfrentamientos.

 Tanto Figueredo como Rojas descartan intervención de algún organismo internacional para poner fin al conflicto por sus características, es decir, por las denunciadas vinculaciones del gobierno venezolano con grupos guerrilleros.

 “El gobierno venezolano desconoce las vías diplomáticas para la resolución de conflictos por motivos políticos y firma acuerdos como el de las vacunas contra el COVID-19 a través del mecanismo Covax que luego se niega a cumplir, así como desconoce informes de organismos internacionales de violaciones de derechos, por lo que veo complicado que estos llamados prosperen”, apunta Rojas.

 Figueredo señala además que cualquier resolución de la ONU en temas de conflicto deben pasar por el Consejo de Seguridad en el que las grandes potencias tienen poder de veto e imposibilita alguna resolución a favor de alguna de las partes.