La patética sociedad de los “caritapadas” - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 31 MARZO, 2020 04:34

La patética sociedad de los “caritapadas”

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Antonio José Monagas

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“El alejamiento que, en adelante debe marcarse, se convirtió en la peor psicosis.”

El mundo presencia asombrado, perturbado y, además, temeroso los embates inducidos por el furor de un microorganismo que ha buscado subsistir arrebatándole intempestivamente la vida al hombre.

Sin golpes de Estado o episodios de fuerza aprovechándose de una gesta revolucionaria o militar, este minúsculo organismo propio de una biología mutada o simplemente originado en un proceso de extraña genética, se ha propagado por  casi todo el planeta, lo ha hundido en una patética oscuridad.

Por su sigilosa forma de diezmar importantes segmentos de población, no ha requerido de furibundos sicarios, encrespados soldados o enardecidos mercenarios. Ni tampoco de una estrategia ofensiva planificada con la antelación suficiente para lograr su cometido. Sin embargo, su ofensiva le ha resultado para descomponer los mecanismos de la la economía mundial. Sobre todo, en su afán de imbuirse en procesos políticos, por lo cual le ha sido posible controlar los cambios que perfilan la dinámica del mundo en términos de las manifestaciones de mayor pujanza y capacidad de intervención en todas las esferas funcionales posibles.

Las iracundas incursiones de este virus, caracterizadas por una voracidad inimaginable, ausentes de  subversión organizada, provocaron el caos sanitario, y al mismo tiempo la corrida financiera jamás imaginada por estudiosos de la macroeconomía. Pareciera que su ímpetu podría investirlo de la disposición para azuzar al mundo a plantearse un nuevo orden social.

En consecuencia, el tamaño monumento de poder detentado por tan reducido virus entraña una continua amenaza de movilización de todos los factores que le imprimen forma y sentido al mundo. Tanto, que hay quienes aseguran que su incidencia devino en un desarreglo casi total y a nivel mundial.

No sólo han sido la dinámica política y la funcionalidad de la economía, los estamentos que han comenzado a transformarse desde adentro para entonces trazar nuevos conceptos y prácticas ante desconocidos derroteros. La sociedad no podría escapar de los avatares que irán articulándose a las reformulaciones que en lo sucesivo se impondrán de manera inexorable. De hecho se ha dicho que una crisis económica envolvente “está en ciernes”.

Estragos en las relaciones

Si bien los destrozos causados en la economía, y desde luego en la relaciones geopolíticas y diplomáticas son indiscutibles, los estragos que afectarían la sociedad y sus dinámicas serán catastróficos. Especialmente si se tiene como premisa que la vida se fragua en el encuentro natural entre personas al momento de expresar sus afectos o demostrar sus diferencias.

Pero al margen de la importancia que tiene el roce social, al actuar a favor de la felicidad y bienestar humano, habida cuenta de que es sabido que un abrazo beneficia al organismo al activar hormonas que contribuyen a generar salud mental, se tiene el problema que representa la situación inducida por la pandemia del “coronado virus”. Tan necesaria y natural manifestación de afecto, se convirtió ahora en una espantosa condena.

La desgracia suscitada por su calamitosa incidencia, ha obligado a renunciar a tan hermoso e imperioso gesto. Igualmente, a dar la mano como signo de saludo. Resulta difícil inhibirse de tal costumbre, propuesta entre las recomendaciones de cortesía y urbanidad esbozadas por el profesor Manuel Antonio Carreño. Las mismas expuestas con el fin de motivar a que la sociedad adquiriera un comportamiento que se correspondiera con una cordialidad. Tratar de coexistir con otros a la orden de un ancho concepto de ciudadanía.

Distanciarnos de nuestra condición natural

El distanciamiento social es ahora el castigo. Y el castigo, según el poeta Dante Alighieri, lo deben pagar todos los pecadores del infierno. Así que cuanto mayor ha sido el pecado, menor es el espacio físico para compartir con el otro. De ahí que el alejamiento que, en adelante debe marcarse, se convirtió en la peor psicosis que ha afectado al hombre en términos de su convivencia. Dicho escenario, proyecta la imagen de pretéritas realidades: la sarna (de revelación bíblica) o la escabiosis cundieron buena parte de la geografía mundial. Asimismo, fue la gran peste que se irrigó con sorprendente fuerza a mitad del siglo XIV.

Aunque las actuales realidades justifican estas limitaciones como un “mal necesario”, es posible que la depresión juegue en ello el papel de perturbador en la mente de quien pueda padecerla. No obstante, la esperanza de superar la crisis producida por tan terrible pandemia, no desaparecería.

Difícilmente se aceptará que la existencia se vea restringida por el impedimento de vivir desde la condición natural que hace al hombre una especie social o comunitaria. O lo que a juicio de Aristóteles: “el hombre político”.

Por tan siniestra razón pareciera obvio que, mientras se viva sometido a tan maléfico virus, deberá aprenderse a andar como el propio “enmascarado”. Aunque finalmente esto haga de la persona un simple anónimo, que viva en una sociedad en la que nadie conoce a nadie. Y en consecuencia, asumiendo la situación de vivir castigado por rechazos y rebotes de afecto.

En adelante deberá aceptarse que, por un tiempo, habrá de vivirse a desdén de lo que la psicología define como “la felicidad humana”. Donde poco o nada se justificaría el adagio de Juan M. Donoso Cortes, filósofo y político español, cuando refirió que “hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”. O acaso habrá que supeditarse a los mandatos que habrá de imponerse en la patética sociedad de los “caritapadas”.

 

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

 

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