Cartomancia económica II: qué nos depara el 2021 - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 23 NOVIEMBRE, 2020 04:45

Cartomancia económica II: qué nos depara el 2021

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Oscar Doval | @OscarDoval_

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“¿Pero cómo terminamos con esa cantidad de dólares en efectivo en nuestro país?”

Seguimos con el ejercicio de adivinación económica respecto al 2021, para lo cual recurriremos esta vez a la baraja española.

Fiesta verde y el rebusque

Recientemente el Encovi aseguraba que el 96% de la población venezolana es pobre. Con todo el respeto que nos merecen los estudiosos de la UCAB, creemos que se están basando en cifras y estadísticas formales, que ciertamente no reflejarían pobreza, sino la más absoluta miseria, ya que el salario mínimo es de 2 dólares mensuales, a la tasa de cambio actual.

La economía en Venezuela se dolarizó de manera informal, al igual que está ocurriendo actualmente en Argentina. Para dar una visión cuantitativa de la afirmación, Asdrúbal Oliveros y otras fuentes confiables, aseguran que en un cerrado ecosistema monetario venezolano, circulan unos 2.000 millones de dólares en efectivo, sí en efectivo, realizándose el 70% de los consumos y pagos en divisas y el 30% en bolívares. Si sumamos los bolívares que existen en el sistema bancario nacional, encontramos que al cambio actual, contamos con unos 350 millones de dólares dentro del encaje exigido por el BCV y 650 millones de dólares circulando.

Estos datos, ostensibles en las estadísticas que publica el BCV, nos dejan ver que la relación de divisas a bolívares es de 2 dólares por cada bolívar, en el mercado nacional.

¿Pero cómo terminamos con esa cantidad de dólares en efectivo en nuestro país?

Paso a paso, a lo largo de 2019 y 2020, mientras las sanciones avanzaban, los bancos corresponsales extranjeros salían corriendo, las fronteras se cerraban, las exportaciones realizadas por el gobierno eran pagadas en cash y entraban en vuelos comerciales y privados de diferentes destinos del mundo, quedando atrapada la mencionada masa de divisas dentro de nuestras fronteras. Algo se sacaba por la frontera colombo-venezolana y antillana y se “bancarizaba” a través de casas de cambio o bancos extranjeros.

Estas operaciones se han visto muy limitadas tras el cierre de fronteras por el COVID-19, al punto que al día hoy en Venezuela existen 3 tasas de cambio, el dólar oficial, el dólar paralelo y el dólar bancarizado o transferencia. Este último puede tener un costo de hasta 20% por encima del paralelo. En la medida que ese chorro de cash verde, generaba esta suerte de nueva burbuja económica en la que vivimos, los precios y costos se han ido dolarizando poco a poco.

Así, casi todas las empresas privadas tienen a sus empleados pagados con una pequeña remuneración en bolívares y un sustancial mayor salario en dólares. En nuestro país, debido a la coexistencia de ambas monedas y una buena dosis de especulación, los precios en dólares corren más rápido que los costos, lo que se evidencia por el PPA o poder de paridad adquisitiva, que Ecoanalítica reporta entre 200% y 300%. Esto significa, que el precio de los bienes y servicios en Venezuela, es 2 a 3 veces mayor que en Estados Unidos. Lo que llaman por allí inflación en dólares.

Todos los sectores y rubros de la economía participan en este interesante sistema cerrado de cobros y pagos de divisas en efectivo. Una consulta médica puede costar entre 20 y 50 dólares, la revisión de un problema de plomería en casa cuesta 20 dólares, y un trabajo menor, como el cambiar una tubería o la resistencia de un calentador de agua, entre 50 y 100 dólares. Asimismo, los mercados municipales,  mercaditos, supermercados, redes de farmacias, pequeños comercios, pueden cobrar indistintamente en bolívares o dólares. Y no nos engañemos, la mayoría de nosotros carga en su cartera unos dolaritos porque los límites de las tarjetas de crédito no alcanzan, y muchas veces en la cuenta del banco, no tenemos bolívares suficientes para que la tarjeta de débito “aguante el golpe”.

El gobierno, ha sido verticalmente claro respecto a la dolarización, especialmente después de que la Vicepresidente Delcy Rodríguez, asumiera la cartera de finanzas y el BCV prohibiera expresamente el hacer transacciones en dólares con tarjetas y puntos de venta venezolanos, siendo enfático sobre el hecho de que las cuentas de custodia de dólares en efectivo que tiene la banca nacional, solo puede operar la divisa a través de transferencias o cheques.

Si el BCV no hubiera establecido esta medida, la soberanía del bolívar se hubiera perdido completamente, la economía se hubiera dolarizado casi en su completitud, y la posibilidad  de emitir bolívares para cubrir el déficit fiscal a través de financiamiento monetario estuviera extinta.

Una rara pirámide de consumo

Nuestro propio departamento de investigaciones económicas y mercado, nos revela que la brutal masa monetaria flotante de dólares en nuestro país ha permitido una discreta mejora del nivel de vida del venezolano desde 2018, además de incidir en los patrones de consumo.

Según el Cendas, la canasta alimentaria se encuentra cada vez más cerca de los 300 dólares, mientras la canasta básica está en torno a los 500 dólares. El 10% de la población venezolana, la parte superior de la pirámide tiene ingresos familiares superiores a los 500 dólares mensuales, pudiendo sub-estratificar este segmento, en una punta de 5% con ingresos superiores a los $ 2000 y el restante 5% con ingresos entre $500 y $2000. Sigue un 20% de la población venezolana que logra acceder a la canasta alimentaria pero que con dificultad logra cubrir la canasta básica, ubicando sus ingresos entre los $ 300 y $ 500 mensuales.

Por otra parte, le sigue un 35% de la población que cuenta con ingresos familiares entre $100 y $300 por mes, y un 35%, la base poblacional más pobre, que con dificultades logra ingresos mensuales de $ 100 o menos.

De lo descrito, podemos hablar que existen 3 grandes patrones de consumo, el 10% que logra colocarse sobre la barrera de los $500 mensuales, incluye consumidores de lujo y parte del antiguo consumo masivo. El 55% que percibe entre $100 y 500, representa una importante masa de casi 15 millones de habitantes que son consumidores del “día a día” o micro-consumidores. La capacidad adquisitiva del consumidor del “día a día”  está signada por la sencilla fórmula de disponibilidad económica ÷ necesidad de bienes = consumo, tomando fundamentalmente en cuenta al momento de comprar el factor precio sobre calidad, y buscando empaques pequeños, sencillos y poco lujosos que abarate el precio de los productos. Estos consumidores, adquieren tickets de menor volumen con mayor frecuencia.

Por último, la base de la pirámide de consumo, constituida por no menos de 9 millones de venezolanos, viven en pobreza crítica, y dependen de las subvenciones directas del Estado para poder “malamente” sobrevivir.

Los sectores y rubros económicos que han salido beneficiados por esta nueva arquitectura de consumo, son de manera bastante polar, el consumo de lujo, nicho ya bastante saturado gracias al fenómeno de los bodegones, así como a los escasos comercializadores de bienes y productos suntuarios que se niegan a morir, así como en el polo opuesto, los “flaquitos” sectores primarios, secundarios y terciarios de la economía nacional dedicados a los básicos rubros de alimentación, salud, higiene, licores (sí, licores de baja gama), agua, gas, combustible, telefonía móvil y otros pocos.

¡Bueno, está bien de perorata! ¿Qué nos depara el 2021?

Partimos de la premisa de una contracción del PIB entre 0% y 5%, ya que consideramos que este año, sí tocamos fondo económico. De modo, que si no existen cambios de las sanciones financieras y comerciales de los gringos, así como si el escenario político nacional mantiene la misma línea de este año, difícilmente el factor económico encontrará una vía expedita de mejora.

Observamos una clara tendencia del Gobierno Nacional, de “colocarse a un lado de la economía”, y dejar que se desarrolle el sector privado por sí mismo, sin subvenciones ni prebendas. De hecho, en esta tesis y las privatizaciones de empresas del Estado, habilitadas por la novel Ley Antibloqueo, tienen cifradas el Gobierno Nacional, las esperanzas de cierta recuperación de la economía.

Quizás hacia el segundo semestre de 2021, dado por un mayor acostumbramiento del sector público y privado a las sanciones financieras o algo de laxitud en las mismas, empujada por el gobierno de Biden, sumado a la incipiente presencia de inversiones extranjeras “metiendo” capital de riesgo en Venezuela, podríamos encontrarnos con leves mejoras de las condiciones económicas del país.

Nuestra unidad de estudios económicos prevé que las variables macroeconómicas se comportarán tan mal como este año, con una inflación acumulada a finales del año 2021 entre 2000% y 2500% y una tasa de cambio en torno a los 3 a 5 de millones de bolívares por dólar. Tal inflación y devaluación la basamos en las predicciones de la expansión monetaria requerida para atender el déficit fiscal a través de la emisión de bolívares inorgánicos. Esta fórmula se desvirtuaría complemente si la dolarización sigue avanzando. Asimismo, podrían mejorar si se llegan a acuerdos políticos entre gobierno y oposición, para lograr un mínimo consenso en materia económica-humanitaria y de gobernabilidad, lo que vemos poco probable.

Tampoco vemos grandes cambios microeconómicos en el camino del 2021, observando patrones de consumo oscilando entre los psicóticos polos del mercado de lujo y la microeconomía.

Aunque nada alentadoras las predicciones hechas, podemos afirmar que Venezuela, económicamente es un paciente en estado crítico, pero que el año 2021, se mantendrá con signos vitales estables. A rogar, pues, a todas las fuerzas y poderes del universo, para que nuestra amada patria encuentre alivio y mejora, en lo que a veces parece una enfermedad política, económica y social casi terminal.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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