Educar, tecnología y actualizar normas de construcción: lecciones de tres países sísmicos

Chile tiene una de las normativas sísmicas para la construcción de edificaciones más exigentes del mundo

Invertir en tecnología, educar y actualizar normas de construcción: tres grandes lecciones de otros países sísmicos para Venezuela
Una de las tareas pendientes, según geóloga, es superar el “analfabetismo sísmico”

Venezuela es sísmica. A partir de la aceptación de esta realidad desde el Estado, las instituciones y la población, se debe emprender un camino, declaran expertos, de firme aprendizaje para prevenir que miles de vidas y propiedades se vuelvan a perder ante la ocurrencia de un terremoto de grandes magnitudes en el país, tal como sucedió el pasado 24 de junio.  

Basados en devastadoras experiencias, lo aprendieron países como Chile, México y Japón. Chile tiene una de las normativas sísmicas para la construcción de edificaciones más exigentes del mundo; México ha invertido en detección temprana y educación a la población, mientras que Japón ha hecho que los planes de evacuación y los simulacros, entre otras medidas, sean parte de su rutina.  

“¿Qué pasa si no aprendemos, si no nos hacemos resilientes ante los riesgos geológicos? Estamos condenados a repetir esta historia de dolor que nos está afectando hoy. ¿Por qué? Porque en Venezuela lo más seguro es que ocurra un sismo, quizás no hoy, ni mañana o pasado, quizás dentro de 100 años, porque nos confiamos en los períodos de ocurrencia y de pronto puede sorprender algún evento natural sin la preparación estructural ni social”, advirtió la ingeniera geóloga, Luiraima Salazar, consultada por Efecto Cocuyo. 

La experta egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) recuerda que como país no aprendimos del deslave de Vargas de 1999, pese a que se dejaron estudios y recomendaciones sobre la reconstrucción del litoral central y la vulnerabilidad de Caracas como el de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) junto con especialistas venezolanos. 

Hoy hace un llamado para que la actitud sea distinta y que se invierta en prevención para no tener que volver a hacerlo en reconstrucción, sobre la base de un profundo dolor humano.

Chile estricto 

En Chile, los terremotos se consideran una constante a lo largo de su historia. La explicación, de acuerdo con expertos, es que el territorio de ese país está ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico,una de las regiones más sísmicas del planeta (convergen las placas oceánicas de Nazca y Antártica bajo la placa continental Sudamericana). 

En febrero de 2010, los chilenos sufrieron el segundo terremoto más destructivo en su historia, 8.8 de magnitud. El primero, considerado el más potente del mundo, con 9,5 se registró en ese país en 1960.

El doctor en geología y académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental Universidad de Santiago de Chile (Usach), declaró a Bio Bio de Chile, el pasado 26 de junio, que dicha nación tiene una de las normativas sísmicas más exigentes del mundo, “forjada a sangre y destrucción”, con estándares de resistencia similares a Japón. 

“El Instituto Nacional de Normalización publicó en 2026 la nueva versión (NCh433:2026) del Diseño sísmico de edificios, resultado de años de trabajo colaborativo de especialistas de ingeniería estructural y geotecnia, consolidando una mirada integral frente a los desafíos sísmicos del país. Esta norma establece que los edificios deben diseñarse considerando la zonificación sísmica del suelo donde se construyen, las características dinámicas de la estructura y la importancia del uso del edificio“, expresó el experto.

En cuanto al tipo de construcción, el doctor en Ciencias de la Ingeniería y académico del Departamento de Ingeniería en Obras Civiles de la Usach, Leonardo Brescia, explicó al mismo medio que la mayor cantidad de infraestructura en altura se hace a base de hormigón armado, reforzado con barras o mallas de acero, lo cual permite mayor resistencia a la compresión, tracción y flexión.

“En Chile, Japón, México, Nueva Zelanda, Italia que también tiene amenazas sísmicas y de volcanes, están preparados para enfrentar estos eventos. Una de las primeras cosas que ellos entendieron es que  los sismos no se pueden evitar y que los daños se pueden reducir a través de la prevención y lo informada que debe estar la población. Antes de esta crisis muchos no sabían que Venezuela es sísmica, allí es donde nosotros debemos evaluar hasta dónde llegamos con la información que desde la ciencia abordamos y desde las instituciones del Estado”, señaló Salazar. 

Del caso chileno destacó justamente la fortaleza adquirida en el tipo de  construcción sismo resistente o sismo resiliente y en zonas “geotécnicamente estables”  es decir, de roca sólida. Caso contrario, señaló, a lo ocurrido en La Guaira con edificaciones levantadas sobre sedimentos blandos que amplificaron la longitud de onda e hizo que los suelos sufrieran un proceso llamado licuefacción (fluido gelatinoso) que provocó el hundimiento y colapso de las estructuras.

México invirtió

El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de 8,1 abrió los ojos de México. Una sacudida de 90 segundos azotó al DF, con estimaciones internacionales de al menos 10.000 muertes directas, más miles indirectas, en una capital con más de ocho millones de habitantes. Debido a la poca preparación y capacidad de respuesta, como en Venezuela ahora, la gente fue la que inició las labores de rescate.

Desde entonces, explicó la coordinadora nacional de Protección Civil de México, Laura Velázquez, a la BBC, se tomó en serio la instrucción preventiva frente a los sismos, tanto en el DF como en otras zonas vulnerables del país. Los simulacros y las campañas de educación con recomendaciones sobre qué hacer ante un terremoto (lugares seguros, bolsos de emergencia) desde los hogares, hasta las escuelas y las instituciones, se volvieron parte de la cotidianidad. 

De acuerdo con Velasquez, a partir de esa experiencia se crearon todas las instituciones responsables de la elaboración de protocolos, normas y reglas a favor de la población, entre ellas Protección Civil (mayo, 1986) y el Centro Nacional para la Prevención de Desastres (septiembre, 1988), que comenzaron a coordinar a las autoridades, asesores científicos e infraestructura.

La nación azteca también invirtió en conocimiento científico y tecnología. De tres o cuatro sismógrafos para registrar eventos en Ciudad de México.  pasaron a instalar alrededor de 100 estaciones con sismógrafos y acelerómetros, en la zona de alta actividad de placas tectónicas de la costa del Pacífico, para entender mejor los movimientos. 

Venezuela debe invertir de manera permanente en ciencia y tecnología para el monitoreo sísmico. La red sismológica nacional debe ser una cuestión de Estado, porque actualmente está precarizada. Debe ser reconstruida, modernizada y permanentemente vigilada no solamente para el monitoreo sísmico, sino para la seguridad de estos instrumentos que son costosísimos”, apuntó la ingeniera venezolana.

El geofísico Raúl Estévez, fundador del Laboratorio de Geofísica de la Universidad de los Andes, dijo a  Efecto Cocuyo que Venezuela perdió 98% de sus estaciones sismológicas en poco más de 50 años.

Asimismo, en México fue creado el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (Sasmex) en 1989 que es capaz de enviar una señal de alerta con decenas de segundos de anticipación para generar una alarma auditiva en casi 14.500 altoparlantes disponibles en las calles para que la población se ponga a salvo. 

De acuerdo con la BBC, para 2025, la alerta sísmica cubría a 25 millones de personas en Ciudad de México, Puebla, Acapulco, Chilpancingo, Morelia, Oaxaca, Toluca y Cuernavaca, donde la población sabe que al escuchar el sonido debe evacuar edificios e ir a un sitio seguro.

“Los sismos no se pueden predecir, pero en un primer disparo hay instrumentos para poderlos medir. Si se puede anticipar, habrá que buscar algún tipo de intercambio o colaboración internacional con estas personas que ya tienen esta experiencia desarrollada y educar a la población para este tipo de alarma. He visto un montón de vídeos de gente en La Guaira, que escuchó la alarma y la ignoró completamente porque no sabía qué era, aquí nos damos cuenta del grado de analfabetismo sísmico. Hay que sensibilización e informar a la gente sobre la existencia de esta aplicación dentro de Google, por ejemplo y otras y cómo usarla”, subrayó Salazar.

Japón resistente 

Con el tiempo, Japón también ha sabido hacerse resistente a los sismos que lo han azotado durante décadas. El conocido como el “gran terremoto”, con una magnitud de 9,1, ocurrió en marzo de 2011 al que se sumó un también devastador tsunami que dejó cerca de 20.000 personas entre fallecidas y desaparecidas. 

Los más recientes sismos, de 7,2 y 5,6 ocurrieron el 25 y 26 de junio, respectivamente. Japón es considerado uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo por su ubicación entre cuatro placas tectónicas. Según el Consorcio EarthScope, citado por National Geographic, dicho país experimenta unos 1.500 terremotos perceptibles cada año. por lo que “encontrar formas de vivir con los sismos forma parte de la estructura física y social de las comunidades japonesas”. 

¿Cómo se adaptó Japón? Diseno nuevas normas sísmicas para la construcción después del terremoto de magnitud 7,9 de 1923 que produjo la muerte de más de 140.000 personas.El llamado código sísmico ha tenido cambios significativos través de la Ley de Normas de Edificación de 1950 y la Nueva Enmienda de Normas de Edificación Sismorresistente de 1981. Además de establecer las especificaciones de construcción, estas leyes fijaron las expectativas sobre el comportamiento de los edificios en caso de terremoto.

Los japoneses también se fortalecieron en planes de evacuación y simulacros que se volvieron rutinarios.  Escuelas y otros lugares de reunión están equipados con suministros de emergencia que se ha enseñado a tener también en las casas. Asimismo, señalan expertos, cuentan con sólidos sistemas de alerta e identificación de sitios seguros, que junto a la educación y la mejora de la infraestructura, han ayudado a mitigar daños no solo de sismos sino de tsunamis. 

“En Japón y en México la educación frecuente en materia sísmica va desde la escuela hasta hasta el nivel superior, niveles laborales, hospitales, todo lo que son instituciones públicas y privadas, con ciclos de simulacros. Ese conocimiento se debe fijar en la memoria colectiva,  porque cuando se normaliza se actúa de manera adecuada. En Venezuela vimos gente corriendo de un lado a otro y eso puede ampliar aún más los riesgos, sufrir caídas, fracturas y arrollamientos. La gente también debe tener una preparación mínima para salvar vidas, eso también lo vimos, con gente en las zonas afectadas actuando de manera intuitiva”, agregó Salazar.