Jhonny Acosta: el fisioterapeuta que convirtió su carpa en un consultorio
Poner las manos sobre los pacientes y aliviar sus dolencias es su válvula de escape para no pensar en el desastre.

Jhonny Moisés Acosta duerme y atiende a sus pacientes en la misma carpa que le sirve de refugio, a la orilla de una playa en Catia La Mar. El joven, egresado de la Universidad de las Ciencias de la Salud, en La Guaira, dividió el nuevo espacio que le asignaron para pernoctar, en su casa y su consultorio de fisioterapia.
El área que ocupa Jhonny Acosta resalta dentro del campamento improvisado por los vecinos de Playa Verde, quienes intentan adaptarse a la vida tras perder sus viviendas, a casi tres meses del doble terremoto del 24 de junio de 2026.
Antes de la contingencia en el estado Vargas, el especialista, de 30 años de edad, alternaba las consultas a domicilio con un trabajo como mesonero en un restaurante playero todos los fines de semana. El evento sísmico lo sorprendió precisamente en plena jornada laboral frente al mar, en Playa Vasito.
Tras la evaluación de las autoridades, la vivienda que alquilaba quedó marcada con una etiqueta roja por riesgo estructural, obligándolo a quedarse a la intemperie. Sin embargo, su decisión de no estar inactivo lo impulsó a retomar sus terapias para su comunidad.

De un banquito a equipos profesionales
El proyecto de rehabilitación arrancó un mes y medio después de que ocurrieron los terremotos, con los pocos recursos domésticos que logró rescatar de su casa para comenzar a atender a las personas. Una entrevista difundida por un creador de contenido le dio visibilidad a su iniciativa, lo que le trajo donativos que le permitieron instalar un espacio más adecuado.
“Empecé con una sillita, un banquito. Así empecé. Hasta que, bueno, ya ves que tengo hasta la camilla”, dijo el fisioterapeuta a Efecto Cocuyo.
Johnny ya ha tratado a 20 pacientes que van a su carpa a atenderse, tanto del propio refugio como de otros sectores de Vargas, abordando principalmente patologías musculares. Para garantizar que los afectados reciban tratamiento a pesar de la crisis, implementó un esquema de colaboración voluntaria en lugar de fijar tarifas.

“No estoy cobrando nada, yo le digo a las personas que con lo que puedan, porque también soy ser humano, también tengo necesidades, tengo deudas, tengo gastos”, indicó.
La comunidad responde a su trabajo con las herramientas que tienen a la mano, creando una red de apoyo mutuo en medio de la precariedad. “Por lo menos una señora me ha traído aceite, otros me hacen pago móvil. Otros me traen ayudas y así yo digo que con eso es suficiente”, agregó.
Terapia contra el estancamiento
El fisioterapeuta relata que el colapso de infraestructuras como las del centro médico Niños y el Mar, donde hizo sus pasantías, y la suspensión de su acto de grado, le bajaron los ánimos como profesional. Sin embargo, habilitar el consultorio en la calle se convirtió en su propia estrategia para mantener frescas las habilidades adquiridas en la universidad.
“Mi iniciativa principalmente fue esa, seguir ayudando a las personas y obviamente para no perder el conocimiento y no sentirme frustrado”, añadió.
El calor concentrado bajo el plástico lo obliga a agendar la mayoría de las sesiones al final de la tarde. Poner las manos sobre los pacientes y aliviar sus dolencias se ha convertido en su válvula de escape para no pensar en el desastre.
“Es como yo le digo a los muchachos, por el calor muchas veces me da dolor de cabeza durante el día, pero cuando llega la tarde ya se me pasa porque estoy haciendo lo que me gusta, me concentro en mis clientes”.
Sobrevivir entre los escombros
La logística para mantener su consultorio operativo y poder coexistir en la acera depende de una conexión eléctrica prestada por un vecino. A la vulnerabilidad de las fallas en los servicios básicos se suma el impacto psicológico de convivir a diario con la destrucción de su entorno, una imagen constante que borró el rastro visual de la cotidianidad que tenían hace unos meses.
“Ya ahorita es diferente pararse y no ver el mismo paisaje que antes que uno veía”, dijo.

Jhonny cuenta que para quienes quedaron en la calle resulta indignante ver actos de condecoración militar por redes sociales, sobre todo cuando el recuerdo de los vecinos que quedaron bajo los escombros sigue tan reciente.
El fisioterapeuta rechaza que la gestión gubernamental se reduzca a despachar insumos desde lejos sin un acompañamiento directo en el lugar de la tragedia. “Yo pido empatía, realmente, que sean un poco más conscientes de lo que estamos pasando. Que visiten, no que manden ayudas, que visiten y vean la realidad de la vida”, indicó.
Rehabilitar bajo esa lona a los vecinos que comparten su misma tragedia es apenas un impulso para alcanzar la meta que se trazó en la universidad. “Realmente ahorita lo que quiero es tener mi local y mi casa, pues, para yo poder estar tranquilo y poder brindar mi servicio”.
