“Doral está desolada. No nos merecemos esto”: venezolanos ante operativos del ICE

Madres se organizan en redes de apoyo a través de chats vecinales para enviar a los niños y adolescentes a las escuelas

La puerta principal del apartamento cierra con un chasquido y Julián Sanabria* agradece al cielo en voz baja mientras pasa la llave. Da las gracias por haber vuelto a salvo del trabajo, por no toparse de frente con ningún agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), por vivir un día más en Doral, que ahora se ha convertido en una ciudad silente en el condado de Miami-Dade de Florida, donde los migrantes no quieren ni asomarse a las ventanas.

La Pequeña Venezuela, como la han llamado varios medios estadounidenses incluyendo Los Angeles Times, vive algunas de sus horas más críticas tras el incremento de operativos y deportaciones. Sanabria está convencido de que regresar a casa sin ser arrestado es un golpe de suerte que se puede terminar en cualquier instante.

“¿Cómo es que de la noche a la mañana pasamos a ser una comunidad que vive con este miedo y sintiéndose como si estuviese haciendo algo malo? Yo dejé de salir, como muchos. La ciudad está desolada y nosotros en definitiva no nos merecemos esto. Dejé de ir al gimnasio en mis tiempos libres, dejé de salir a cenar, dejé de ir al supermercado, la única razón para salir de mi casa es ir a trabajar y eso porque afortunadamente tengo unos amigos que me vienen a buscar y luego me traen. No estoy utilizando mi carro, debido al escaneo de las placas que es la principal razón por la que están parando a la gente para pedirle papeles”, explica Sanabria a Efecto Cocuyo por llamada vía WhatsApp.

Las detenciones de migrantes en EEUU han aumentado drásticamente en las últimas semanas. Tan solo el 15 de agosto de 2026, el Departamento de Seguridad Nacional informó que los migrantes con TPS (Estatus de Protección Temporal) vencido deben salir inmediatamente del país o serán deportados.

Residentes denuncian redadas que afectan directamente a ciudadanos provenientes de Venezuela, muchos de ellos con trámites pendientes o en procesos para definir su estatus. Las operaciones han alterado por completo la dinámica social y económica en Doral, considerada el epicentro de la diáspora venezolana en Estados Unidos.

Son las 7 p.m. del 10 de septiembre y Julián mantiene controlada su ansiedad como puede. En algunos minutos encenderá su laptop y seguirá trabajando toda la noche para intentar distraerse. El día que se mudó de Venezuela a Estados Unidos, en diciembre de 2014, Sanabria creyó que no volvería a sentirse perseguido o amenazado en la vida, porque aquel país al norte del continente prometía ser “The Land of the Free”, la tierra de los libres. Recuerda que tomó la decisión de migrar después de que el joven Robert Redman recibió un disparo en la cabeza mientras ejercía su derecho a la manifestación en Chacao, Caracas, el 12 de febrero de ese mismo año en el contexto de las protestas venezolanas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

“Soy publicista y paralelamente trabajaba en el ámbito político. Era representante nacional de la juventud del partido Un Nuevo Tiempo, militaba en La Guaira, y también trabajaba para Rumba Caracas, que era este medio que cubría la vida nocturna. Salí del país por la situación que estaba super grave, salir a cubrir una noticia o ir a los eventos era muy complicado porque la inseguridad estaba en todo su auge. Entonces, definitivamente Venezuela ya no era un país donde yo me podía desarrollar. Recibí muchas amenazas por parte de diferentes personas del gobierno, sobre todos locales en Vargas. Cuando murió Robert Redman en Caracas, varios jóvenes organizamos una protesta en La Guaira y esa fue la situación que detonó mi salida del país”, cuenta Julián.

Asegura que durante la manifestación fue perseguido y amenazado por colectivos armados al anochecer en Macuto. También fue victima de hostigamiento por parte del cuerpo policial de La Guaira. A finales de 2014 empacó sus cosas, viajó a Estados Unidos junto a su novio y entre ambos pagaron una escuela de inglés. En la siguiente década solicitó asilo, abrió una pequeña agencia, se estableció en Doral, se casó, actuó en dos exitosos programas de Nickelodeon, trabajó en Telemundo y tuvo una pequeña participación en Simón, filme que abordó la situación sociopolítica de Venezuela y la experiencia migratoria. Su proceso de asilo tardó un total de 10 años en ser atendido y en 2025 recibió la cita para una primera entrevista.

El pasado 4 de septiembre, la Junta de Apelaciones de Inmigración de Estados Unidos (BIA) determinó que la salida del poder de Nicolás Maduro el 3 de enero constituye un cambio significativo en las condiciones de Venezuela. Por esta razón, los jueces migratorios tienen la obligación de reevaluar las solicitudes de asilo bajo este nuevo escenario político. No obstante, esto no implica que el derecho a solicitar protección internacional haya sido revocado de forma automática para los migrantes venezolanos.

“No puedo regresar a Venezuela. A mí me anularon el pasaporte justo después de haber trabajado en la película Simón. Después de las elecciones de 2024, durante la llamada operación Tun Tun me enviaron una carta de presentación que llegó a casa de mi familia. Adicional a todo esto, las personas que a mí me amenazaron en este momento siguen teniendo cargos de poder en Venezuela. A Maduro se lo llevaron, pero las demás instituciones y los políticos no han cambiado”, apunta Julián sobre su caso.

Cierran negocios

El Pew Research Center estimó que en 2024 residían en Estados Unidos 1,2 millones de personas provenientes de Venezuela. En Doral hay alrededor de 84 mil habitantes, de los cuales 40 % tienen origen venezolano. Por años, esta comunidad ha sido el grupo hispano predominante en la ciudad, de acuerdo con registros estatales.

“Cómo es que tu me das una carta que me dice que yo estoy autorizado para permanecer dentro de Estados Unidos, me brindas un permiso de trabajo, me das un Social Security y luego me dices que estoy ilegal. Yo pago taxes, tengo cuenta bancaria, trabajo legalmente en este país, pero de repente llega alguien y me quiere detener como un criminal”, subraya Sanabria.

El gobierno de la ciudad ha recibido fuertes críticas debido a sus decisiones y la colaboración con las políticas migratorias de la administración del presidente Donald Trump. En abril de 2025, el Concejo de Doral aprobó por unanimidad firmar el acuerdo 287(g), un convenio de cooperación entre ICE y agencias policiales locales, diseñado para que las autoridades municipales colaboren en la identificación y procesamiento de personas con estatus migratorio irregular.

“Hace como tres semanas estuve trabajando solo desde casa y me estaba volviendo loco. Dije: “Tengo que salir inmediatamente”, así que salgo al gimnasio que queda a diez minutos de mi casa. De camino me encuentro un control de ICE. Fue horrible, di la vuelta como pude y regresé a la casa. Tuve una sensación tan horrible de impotencia y de injusticia, que yo no podía parar de llorar. Iba aferrado al volante, yo ni siquiera en Venezuela me sentí tan cazado como me he sentido durante los últimos meses en este país. Es muy humillante. Además, no es posible que las autoridades locales nos vean las caras, aquí tenemos una alcaldesa que sale públicamente a destacar su apoyo constante a la administración actual de Estados Unidos, aún cuando su comunidad es latina e hispana”, cuestiona Sanabria.

Recientemente, el vicealcalde de la ciudad, Rafael Pineyro, expresó que las pérdidas comerciales en Doral se encuentran entre 40% y 60%. Decenas de negocios dirigidos por venezolanos cierran sus puertas definitivamente y algunos dueños se despiden en redes sociales de su clientela. Es el caso de, Shawarma Grill, ubicado en la zona de la calle 84 y la 70. El 9 de septiembre, Pineyro informó que envió cartas a miembros del Congreso y otros funcionarios para exponer el poblema actual en la urbe.

“Me duele enterarme que lugares que yo solía visitar ya no están abiertos. Es muy difícil porque uno ya había hecho de esta ciudad un hogar y ahora parece que no debiéramos estar aquí. Mucha gente construyó sus negocios con esfuerzo y todo eso ahora se termina en un abrir y cerrar de ojos. Es muy injusto, no le estamos haciendo daño a nadie. Tengo ya seis amigos, de esos dos parejas con niños, que prefirieron meter sus cosas en una maleta y salir; tengo una amiga que bajó la santamaría, como quien dice, y se fue a Europa”, explica Sabrina Oropeza* a Efecto Cocuyo.

Las madres se organizan

El 11 de septiembre, Christi Fraga, alcaldesa de Doral, dijo en entrevista con Carla Angola que la policía local no participa ni dirige las redadas del ICE —a pesar del acuerdo 287(g)— y que se entera de ellas “al mismo tiempo” que los habitantes. Además, advirtió que estos operativos están generando un fuerte impacto social, ya que las familias evitan llevar a los niños a las escuelas por miedo. En algunas ocasiones terminan incluso por recurrir al servicio privado de transporte de Uber.

Algunas madres se han organizado en redes de apoyo a través de chats vecinales para enviar a los niños y adolescentes a los centros educativos. Vecinas de confianza y amigas con ciudadanía o residencia en EEUU se turnan para trasladar a grupos de estudiantes menores de edad a clases con el fin de evitar que las familias sean víctimas de arrestos.

A inicios de septiembre el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunció que había batido un récord en el número de detenciones de migrantes en agosto. De acuerdo con las cifras de ICE, 50.925 personas fueron arrestadas el mes pasado, lo que supera las 49.571 de julio. Mientras tanto, los venezolanos se encierran en sus casas. Varias familias intentan buscar la ayuda de abogados migratorios.

En Doral las calles se han vaciado progresivamente mientras la comunidad se sume en la incertidumbre.

“Las autoridades de Doral salen ahora cada dos por tres haciendo un vídeo de Instagram diciendo que están enviando cartas y haciendo cosas, oraciones por aquí y oraciones por allá. Eso no nos sirve de nada, necesitamos que tomen acciones como otras ciudades las han tomado, empezando por cancelar ese acuerdo con ICE que tanto nos perjudica”, emplaza Sanabria desde una Doral que se va apagando.

*Los nombres de los entrevistados han sido modificados por su seguridad