CEV: La batalla es por la salud, por la educación y por la democracia

LA HUMANIDAD · 23 JUNIO, 2021 10:15

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La presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) compartió, este miércoles 23 de junio, su mensaje con ocasión del Bicentenario de la Batalla de Carabobo, inspirado en la iluminación bíblica “a ustedes, misericordia, paz y amor abundantes”, y en el que destacó: “No celebramos un evento cualquiera y tampoco lo debemos reducir a simples actos protocolares adornados con monumentos recordatorios que quedan plasmados en la frialdad del mármol”.

La Iglesia aseveró que “la tarea que nos concierne hoy y de cara al futuro es rehacer Venezuela, pero sin poner la mirada atrás con nostalgia”.

Por tanto, invitó a que este 24 de junio de 2021, en todos los templos del país repiquen las campanas, se celebre la Eucaristía y se renueve la consagración de Venezuela a Jesús Sacramentado, “pidiéndole que nos libere de todas las insidias del maligno. Será la mejor y más hermosa manera de celebrar el Bicentenario de Carabobo”.

Los obispos, José Luis Azuaje Ayala Arzobispo de Maracaibo y presidente de la CEV; Raúl Biord Castillo, Obispo de La Guaira, segundo  vicepresidente; Mario Moronta Rodríguez, Obispo de San Cristóbal, primer vicepresidente y José Trinidad Fernández Angulo, Obispo Auxiliar de Caracas y secretario general, destacaron que esta fecha debe ser una ocasión para que los habitantes de Venezuela hagan una seria revisión de vida sobre lo que ha significado esa gesta independentista y acerca de los desafíos de cara al futuro.

“Hoy, como es bien sabido, atravesamos por una profunda crisis que crea desconsuelo y desaliento. Se comprueba el gran deterioro de los servicios públicos. La pandemia que ataca a todos por igual agudiza la situación y exige la determinación de un plan de vacunación para toda la población. La paulatina implantación de un sistema totalitario propuesto como ‘Estado comunal’ busca poner al margen el protagonismo del pueblo, verdadero y único sujeto social de su propia existencia como Nación”.

Insisten en que se trata de la batalla por una Independencia en el campo de la salud para resolver la crisis originada por la pandemia y que encontró el caldo de cultivo en un deteriorado del sistema de salud pública.

“También en la batalla por la educación, a fin de que sea la promotora de valores éticos y ciudadanos que permitan la promoción de un humanismo integral. Y, además la batalla por la democracia, el estilo propio y fecundo de nacionalidad entre los venezolanos.

“Nuestra gente sufre y clama por justicia, atención, acompañamiento y libertad. Ha crecido el empobrecimiento de todos los sectores del país y la hiperinflación unida a la casi desaparición de nuestro signo monetario hacen perder la capacidad de los venezolanos para producir, adquirir y sostenerse dignamente.

“Vemos con preocupación cómo aumenta el número de los hermanos venezolanos convertidos en migrantes por los caminos de todo el país hacia otras naciones hermanas en búsqueda de mejores condiciones de vida. La Iglesia no se queda como mera espectadora de este triste panorama. Con la fuerza de la Palabra de Dios anuncia la urgencia de un cambio radical donde participen todos sin intereses particulares. De allí su convocatoria a todos sus miembros, laicos, religiosos, diáconos, presbíteros y obispos, para hacer sentir la enseñanza de Pablo: ‘Para esto nos liberó Cristo. Manténganse firmes y no se dejen oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud’”.

Nuestra mirada, dicen los religiosos, ha de dirigirse al futuro, no como si se esperaran nuevos mesianismos o se le viera con resignación fatalista. “La tarea de todos hoy, en la que se puede contar con el compromiso de la Iglesia, es la de vencer todas las batallas que sean necesarias y defender la auténtica Independencia. Esto conlleva promover la conciencia del protagonismo de todos los miembros del pueblo venezolano, único y verdadero sujeto social de su ser y quehacer. En este sentido, los dirigentes políticos, del oficialismo y de la oposición, están llamados a sentirse miembros de ese pueblo”.

Desde esta perspectiva, proponen leer este Bicentenario de Carabobo como un “signo de los tiempos” que ha marcado (y sigue haciéndolo) la vida e historia de la patria, y dan algunos signos para hacer esa reflexión:

  • Lejos de quedarnos sólo en los relatos y crónicas -sin duda alguna necesarios- se nos presenta la oportunidad de descubrir el significado de Carabobo” para todos nosotros. En primer lugar, se trata de la reafirmación de un proceso anunciado el 19 de abril de 1810 e iniciado formalmente el 5 de julio de 1811 al firmarse el Acta de la Independencia.
  • En segundo lugar, muestra la consolidación de la voluntad de hacer de Venezuela una Nación libre y soberana. “A partir de ese acontecimiento comienza una etapa en la historia de Venezuela durante la cual se va construyendo la vida republicana que, con sus luces y sombras, desembocó en la experiencia ciudadana de la democracia. La gesta libertaria de los próceres y la sangre de numerosos venezolanos abrieron las puertas de la nacionalidad. Así se comenzó a experimentar el empuje creativo de quienes, en sus diversos y propios campos, contribuyeron para que Venezuela llegara a ser reconocida como país independiente en el concierto de las naciones.

La Iglesia no pasó desapercibida ni se aisló en este andar histórico. “Somos herederos del legado de “Carabobo”. Este legado no puede ser considerado simplemente como un recordatorio o un tema para libros que se guardan en una biblioteca. Asimismo, otro legado es la conciencia de ser un pueblo capaz de construir su devenir y fortalecer su sentido de pertenencia, aún en medio de las dificultades que se puedan presentar”.

Resaltan que esto lleva a considerar la necesidad de enfatizar el protagonismo de todos y cada uno de los ciudadanos en el respeto a la soberanía nacional y a la participación equitativa de todos en la construcción de la sociedad.

“La fecha aniversario es un momento realizar una seria revisión de vida en torno a este acontecimiento, invitamos a todos a participar en la hermosa y apasionante tarea de mantener viva la herencia que nos dejaron los padres de la Patria y, así entonces, dar el paso necesario e impostergable de refundar a Venezuela, con los criterios de la ciudadanía e iluminados por los principios del Evangelio. En esta tarea nos acompaña la maternal protección de María de Coromoto y la intercesión del Beato José Gregorio Hernández

Lea aquí el comunicado completo.