ICE siembra ansiedad, miedo y zozobra: psicóloga recomienda buscar ayuda profesional
Migrantes venezolanos en EEUU manifestan episodios de ansiedad y pánico, insomnio frecuente y tristeza profunda.

La doctora Oriana Aponte* atiende a sus pacientes día tras día desde Doral, en Miami-Dade en el sureste de Florida, sin perder una sola cita presencial u online. Escucha con atención sus miedos, desesperanzas, las causas de sus insomnios e incertidumbres. Desde hace meses intenta mantenerse tranquila, con su semblante neutral de psicóloga experimentada, aunque por dentro sienta una angustia que la corroe y que empeora cada vez que escucha de una nueva redada del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Sus compatriotas son detenidos y deportados cada vez con más frecuencia.
Nunca había tenido tanto miedo desde que se mudó a Estados Unidos en 2017. Oriana ha resuelto preparar su equipaje y marcharse a la capital de Venezuela, donde nació. Quiere irse por su propio pie y no esperar a que las autoridades migratorias le lean las placas del auto y la detengan a mitad de camino a su consultorio. Su hijo y su nuera embarazada también llegaron a la misma decisión.
El caso de Wilber Garcés Pérez, migrante venezolano herido de bala en la espalda por un agente de ICE el 20 de septiembre en Austin, Texas, fue la gota que derramó el vaso. El joven fue esposado y trasladado a un centro de detención bajo custodia federal, a pesar de haber quedado con una bala alojada en su cuerpo. La noticia levantó una oleada de indignación entre organizaciones defensoras de derechos humanos y aterrorizó aún más a la comunidad de expatriados, que ya no consigue dormir en paz. La zozobra no es un fenómeno reciente. Venezolanos en Estados Unidos han manifestado episodios de ansiedad y pánico, insomnio frecuente y tristeza profunda ante el contexto que viven desde hace un año.
A finales de 2026 son comunes casos de estrés crónico e hipervigilancia. Frente a este panorama, la doctora Aponte recomienda a los migrantes buscar ayuda psicológica dentro o fuera de país:
“Esto que ocurre re-traumatiza al venezolano. Un venezolano que sale escapando, que se fue por avión o por el Darién, que dejó a su familia atrás, que sufre por pérdidas en Venezuela a raíz del doble terremoto, ahora tiene que pasar por una situación que no le permite vivir, ni siquiera manejar. El muchacho de Austin estaba haciendo un delivery cuando le dispararon, de hecho. Entonces la persecución, el estrés post traumático, la depresión y la desesperanza nos ha tomado por completo. Esto afecta anímicamente a todos. No es una paranoia, esto es real”, explicó Aponte el 23 de septiembre a Efecto Cocuyo, vía WhatsApp.
Afirmó que aunque la persecución de ICE impacta a todos, no lo hace por igual. Esto explica por qué muchos venezolanos están sumidos en el mismo temor, pero encuentran la fuerza para tender la mano y ayudar a otros. Por ejemplo, psicólogos que atienden incluso a distancia o vecinos que organizan redes de alerta temprana por WhatsApp. No obstante, resistir y servir de refugio a los demás no invalida ni borra las preocupaciones internas.
“A lo mejor en mi caso, al usar mis recursos para ayudar a otros, yo me despego un poco de mi propia situación. Es decir, yo pongo mi cabeza al servicio de sostener a otros. Mi hijo y mi nuera que esperan un hijo, mis pacientes angustiadísimos y a los que socorrimos por el terremoto en Venezuela. ¿Cómo nos protegemos? Bueno, hemos pasado por terapia, muchos estamos en ello. Hay también un trabajo y un procesamiento interno de esto para no sucumbir y seguir teniendo esperanza”, señaló Aponte.
Las detenciones de migrantes en EEUU han aumentado drásticamente este año, en especial de latinoamericanos. El 15 de agosto de 2026, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) notificó que aquellos con TPS (Estatus de Protección Temporal) vencido deben salir inmediatamente del país o serán deportados. El mismo organismo informó que el mes pasado se registró un récord en aprehensiones: un total de 50.925, lo que supera la cifra de 49.571 alcanzada en julio. Los arrestos no solo ocurren en la vía pública. El pasado 4 de septiembre Grace Calero y su hija Giuliana Carriel, las dos ecuatorianas, fueron detenidas por ICE mientras se encontraban en un hospital debido a un accidente de auto en el centro de Florida.
Irse por iniciativa propia
En 2024 residían en Estados Unidos 1,2 millones de personas provenientes de Venezuela, de acuerdo con estimaciones del Pew Research Center. En Doral hay alrededor de 84 mil habitantes, de los cuales 40 % tienen origen venezolano. Según los registros estatales, esta comunidad ha sido el grupo hispano predominante en la ciudad por varios años.
Las decisiones del gobierno local y su colaboración con las políticas migratorias de la administración de Donald Trump han generado duras críticas en Miami-Dade. En abril del año pasado, el Concejo de Doral aprobó por unanimidad la firma del acuerdo 287(g), un convenio de colaboración entre ICE y la policía diseñado para que las autoridades municipales colaboren en la identificación y procesamiento de personas con estatus migratorio irregular. Los migrantes ahora se esconden, cierran las cortinas y evitan quedarse mucho tiempo afuera.
“Desde que ganó Trump anticipábamos esto. No es ninguna sorpresa: él lo anunció. Lo está llevando a cabo de una manera completamente feroz, encarnizada, saltándose todo proceso legal. Realmente nadie está protegido, parece que ahora estamos en un país sin ley y la peor cachetada es esta visita de Delcy Rodríguez. Esto es muy decepcionante, uno vive con terror mientras no tengas un estatus definitivo. Mucha gente ha cerrado sus casos, otros que han estado en corte han tenido que apelar a la salida voluntaria y les dan unos días para salir. Eso pasó con la hermana de mi nuera el año pasado”, señaló Aponte.
Le duele abandonar Doral, donde estableció su vida y sus rutinas. Se fue de Caracas para dejar atrás la inseguridad, la crisis alimentaria y la inestabilidad política. En Estados Unidos acompañó a sus padres hasta que ambos fallecieron, hizo amigos, amplió su agenda de pacientes y celebró sus éxitos conseguidos con esfuerzo. Ahora todo se reduce, otra vez, a un par de maletas. A los 65 años asegura que otra migración parece demasiado compleja.
“Mi hijo, que va a tener un bebé, se regresa ya este mes a Venezuela con una solicitud de asilo y una certificación laboral pendiente. Él se va con mi nuera porque ambos tienen miedo de que ella vaya a parir aquí y entre ICE y los detenga allí mismo en el hospital. Yo, que he luchado mucho, y soy una señora mayor, también decidí volver. Me voy el año que viene. Mientras tanto aquí no he dejado de salir, porque tengo pacientes presenciales en Doral y voy por encimita. Qué paradójico es que el mismo país que te da un permiso de trabajo, un ID para permanecer aquí, es ahora el que te está persiguiendo”, expresó Aponte.
Ante el hostigamiento de ICE, la dinámica de la urbe ha cambiado radicalmente: las calles y tiendas se vacían, las madres se organizan en chats vecinales para coordinar el envío de los niños a las escuelas y decenas de emprendedores prefieren cerrar sus negocios para irse a otros países ante una situación que califican de humillante e injusta.
“Algunos tienen asilos pendientes hasta que les llega una carta para que vayan a una entrevista en la corte. Cuando pasa eso, allí te pueden negar el asilo y te pueden deportar. Entonces tú puedes elegir irte por CBP Home o pedir una salida voluntaria, en ambos casos es autodeportación. Pero a mí no me ha llegado en ningún momento una citación de la corte, por lo cual yo renuncio a mi asilo, cierro mi caso y me voy con un salvoconducto. Es decir, salgo pero no me estoy autodeportando”, detalló la doctora Aponte.
No existe una cifra oficial de venezolanos que han abandonado EEUU por su cuenta este 2026. En diciembre de 2025, el DHS publicó un comunicado de prensa en el que informó que 1.9 millones de migrantes indocumentados se habían deportado voluntariamente desde enero de ese año a través de la aplicación CBP Home. Sin embargo, el documento es breve y no especifica cuántas de estas personas provenían de Venezuela.
Es necesario buscar ayuda
El 25 de julio de 2025, la página de Psychiatric News de la American Psychiatric Association Publishing (APA Publishing), una división de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, publicó un reporte especial que señala que la política migratoria puede afectar significativamente la salud mental de familias enteras, incluyendo a los niños y adolescentes:
“Tras la migración, las familias suelen enfrentar estrés crónico relacionado con la incertidumbre jurídica, el acceso limitado a servicios y el temor a la aplicación de las leyes de inmigración. Estos factores estresantes pueden afectar tanto a los niños como a sus cuidadores. Los padres y cuidadores que viven bajo la constante amenaza de detención o deportación experimentan con frecuencia síntomas de depresión, ansiedad y trauma, lo que puede afectar su disponibilidad emocional (…) Los niños de familias con estatus migratorio mixto suelen vivir con ansiedad anticipatoria crónica ante la posibilidad de que un ser querido sea detenido o deportado”, indica el artículo escrito por los doctores Lisa Fortuna, Kevin Gutierrez, Paula Mendoza, Omar Abbas, Austin Nguy y Natan J. Vega-Potler.
Sobre esto, Aponte señaló que las vidas de los migrantes se han paralizado por completo y que varios no encuentran herramientas emocionales para hacer frente a la frustración y la rabia.
“La realidad se vuelve terrorífica y reactiva los procesos internos más primitivos y tempranos de angustia, de temor y ansiedad. Muchos han pensado en devolverse o están en un momento de presión, paralizados, porque no tienen recursos ni formas de pensar en salidas o soluciones. Los que tienen menos recursos emocionales, están buscando clonazepam o buscando la manera de tranquilizarse automedicándose, lo que no se recomienda para nada”, explicó Oriana.
La psicóloga reiteró el llamado a buscar ayuda especializada cuanto antes. Actualmente, algunas de las instituciones y organizaciones que ofrecen primeros auxilios psicológicos vía telefónica son la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV) y Psicólogos Sin Frontera, que también se enfocan en intervención en casos de crisis.
*Los nombres de los entrevistados han sido modificados por su seguridad
