Publicidad

De Guinea-Bissau a Noruega: la arepa se come las fronteras

La arepa ha cruzado fronteras de la mano de Arianna Duarte en África y José Luis Pinto en Europa del norte

Hace siete años, a 5 mil kilómetros de Venezuela, Arianna Duarte comenzó a preparar arepas y empanadas para venderlas en la capital de un pequeño y caluroso país costero de África Occidental. Hoy lo medita y cree que fue una apuesta arriesgada, porque nada garantizaba el éxito de su propuesta gastronómica en la lusófona Guinea-Bissau, donde la presencia de latinoamericanos es escasa y se concentra sobre todo en organizaciones humanitarias y agregados diplomáticos.

El principal problema era encontrar la harina de maíz precocida en la veintena de supermercados que operan en Bissau, el centro administrativo de la nación.

Cuando por fin logró conseguirla a través de unos comerciantes chinos que aceptaron importar el producto sin demasiadas preguntas, se llevó una agradable sorpresa al descubrir que los guineanos realmente disfrutan comer arepas fritas rellenas de pollo desmenuzado y queso. A lo largo de los años, varios clientes le han pedido la receta. Enseñarlos a amasar y moldear la arepa la trasporta por algunos minutos a Maracaibo, en Zulia, donde nació y disfrutó de una vida alegre hasta que decidió emigrar en 2017.

Publicidad

“Mi esposo es de Guinea-Bissau y yo lo conocí en la universidad por un convenio que Venezuela tenía en ese momento. Estudiábamos juntos en el Instituto Universitario de Tecnología de Maracaibo, yo soy ingeniera en Geociencias. Nuestra primera hija nació en Venezuela y luego él me propuso viajar a África. Llegar a Guinea-Bissau al principio fue como retroceder 10 años —la tecnología no es tan avanzada aquí— y ese fue mi primer choque cultural. Pero como tenemos un clima parecido, me fui adaptando. Comencé a viajar mucho, he hecho documentales hasta en la selva. Le tomé mucho cariño a este país. Hoy tengo dos hijos: Stacy, de 10 años, y Dereck, de cinco”, contó Duarte a Efecto Cocuyo vía llamada telefónica.

El 19 de agosto de 2026, Arianna y su esposo crearon ArepaBissau Take Away, un emprendimiento enfocado solo en sabores latinos que incluye platos como patacones y tostones. Duarte intenta abrazar su cultura y trasmitírsela a sus hijos en esa ciudad de ritmo pausado que se ha vuelto su hogar. En Bissau viven alrededor de 664 mil personas, pero no hay registros oficiales de cuántos venezolanos residen en el lugar, a pesar de que una Embajada de Venezuela se encuentra activa en la zona urbana.

“Nosotros teníamos un restaurante familiar que llevábamos aquí en Bissau, pero no servíamos comida de Venezuela. En 2019 llegó mi mamá a visitarnos y ahí inició nuestro proyecto con la cocina venezolana. Ese año empezaba la pandemia y tuvimos que cerrar el local temporalmente por el confinamiento. Mi mamá me dijo que mientras podíamos hacer empanadas de maíz porque no teníamos harina Pan. Yo no sabía qué maíz usar y ella escogió un maíz que sirve para preparar una receta de Cabo Verde. Claro, tuvimos demasiados errores porque la masa no quedaba bien, pero lo intentamos hasta que dimos con la fórmula. Cuando vi que se vendían las empanadas se me ocurrió por primera vez ir a un chino, a ver si conseguía harina para hacer arepas. El chino me dijo que sí y me trajo cinco cajas”, narró Arianna.

La pandemia del COVID-19 terminó y el restaurante familiar de Duarte abrió las puertas con un nuevo menú latino que atrajo a decenas de clientes.

“Normalmente las arepas las consumían los extranjeros que las conocían. El guineano es más dudoso sobre la comida. Yo las hacía asadas y me di cuenta que así le gustaba al extranjero, no al de aquí. Al guineano le gusta la arepa frita. Cuando freí las arepas las pude introducir mejor en el mercado, a los locales les gusta mucho comerlas de esta forma. Después de la cuarentena llegó un grupo de colombianos a abrir un supermercado en Bissau. Ellos compran mercancía en España y la traen aquí. La harina es súper cara, pero es otra opción que tengo para comprarla. Cada paquete está en casi siete dólares al cambio”, explicó Duarte.

En 2025, el esposo de Arianna sufrió un accidente que hasta ahora le impide trabajar y la pareja decidió alquilar el restaurante. Sin embargo, la venezolana se negó a abandonar el negocio y propuso modificar el modelo.

Abrazar la idiosincrasia

“Hablé con mi esposo y le dije “Mira, mejor hagamos take away (comida para llevar)”, porque a nosotros muchas personas nos pedían arepas, nos preguntaban cuando íbamos a organizar de nuevo las noches latinas. Así creamos ArepaBissau Take Away, que nos ha resultado bastante. Las personas nos piden mucho. Por ahora no puedo abrir un local, porque yo trabajo aparte con marketing y no me da el tiempo”, expresó Duarte.

No ha perdido el acento marabino, a pesar de que ahora habla casi todo el día en criollo, una lengua de base léxica portuguesa que es utilizada por 90% de la población de Guinea-Bissau. Se debe a la historia colonial del país, que empezó en el siglo XV cuando el navegante y mercader de esclavos Nuno Tristão desembarcó en las costas de la región. La nación consiguió su independencia de Portugal en 1973, hace apenas 53 años.

“Se supone que el idioma oficial aquí es el portugués. Pero si vienes a Bissau hablando portugués te va a entender el 0,5% de las personas con la que hables. El criollo es lo que debes aprender. A veces oyes a alguien hablando español. No hay muchos venezolanos, pero hay, así como colombianos y españoles. Ahora mismo estoy buscando a más venezolanos para organizarnos y hacer hallacas para diciembre. He tenido la oportunidad de viajar y conocí a dos venezolanas en Senegal (está al lado). Esas muchachas le echan un camión ahí”, relató Arianna.

Arepas en todas partes

En Noruega, en la parte occidental de la península escandinava, al norte de Europa, José Luis Pinto ofrece arepas con al menos seis tipos de rellenos distintos en su negocio DIDAU. Se trata de un emprendimiento familiar de comida venezolana que empezó a funcionar en 2022 en la ciudad de Trondheim. Hace ocho años Pinto se desempeñaba como ingeniero civil y vivía en el estado Aragua, donde manejaba su propia empresa de construcción. En febrero de 2018, en el auge de la crisis en Venezuela, resolvió migrar con su familia por seguridad.

“Empezamos este proyecto con churros y tequeños primero, después lo ampliamos. Aquí una arepa, una empanada, un sabor venezolanos no habían probado. Entonces hemos traído algo nuevo al mercado noruego. Empezamos con un food truck y hoy en día tenemos tres y un restaurante. Noruega tiene casi 2 mil kilómetros a lo largo y con nuestros food truck hemos rodado de punta a punta, hemos visitado muchísimos festivales. Es muy gracioso cuando se baja gente de los cruceros y ven un negocio venezolanos. Nos dicen “¡No puede ser, están en todos lados!” pero con mucho orgullo”, explica Pinto a Efecto Cocuyo, en llamada telefónica, mientras cocina.

Pinto hace memoria de sus primeros meses en Noruega. Fue una etapa compleja. El pequeño país de no más de 5 millones de habitantes resultaba diametralmente opuesto a todo lo que antes conocía: el Caribe había quedado a 8 mil kilómetros de distancia. Al llegar a suelo noruego trabajó en el área de construcción para poder mantener a su familia. Recuerda afanarse en el aire libre a -26 °C, con la nariz roja por el frío del invierno escandinavo. Poco podía hacer amigos o emplearse en otra cosa, debido al idioma. Tuvo que aprenderlo con decenas de horas de dedicación para poder integrarse y explorar otras opciones.

“Fue una experiencia que me enseñó mucho sobre perseverancia, adaptación y sobre la necesidad de comenzar nuevamente cuando uno decide emigrar. Me tomó tiempo, pero decidí emprender. El nombre de mi negocio está formado por las iniciales de los nombres de mis tres hijos: Diana, Daian y Augusto. Por eso DIDAU no es simplemente un nombre comercial. Es un proyecto que tiene un significado familiar y personal muy profundo para mí”, señaló Pinto.

Actualmente él importa casi todos los ingredientes que utiliza y hasta creó una tienda online de productos latinos para los migrantes en el país. En su web, completamente escrita en noruego, hay opciones de arepas tradicionales como la Reina Pepiada o la Catira (pollo desmechado y queso amarillo rallado), pero también otros platos comunes en la cocina venezolana. La prensa de Noruega ha mencionado al local un par de veces debido al éxito que han tenido dentro del país.

“Seguimos creciendo. Nos gusta pensar que somos un puente entre dos continentes. Intercambiamos culturas y sabores. A los noruegos les gustan nuestras arepas, por ese sabor sabroso que las caracteriza. Cuando la prueban, nuestros clientes vuelven nuevamente. Aunque no siempre fue así: al principio sí fue bastante duro, hubo veces que tenía unas tres o cuatro ventas en el food truck. Hoy en día pasamos los cuatro mil pedidos al mes y 85 % de nuestros clientes son noruegos. Con mucho orgullo llevo mi cultura a todas partes de Noruega. Es el arraigo que tú llevas dentro de ti y no solo es mantenerlo, sino mostrarlo”, aseguró Pinto.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estimó a finales de 2025 que cerca de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela buscando protección y una vida mejor. Las cifras han sido ampliamente documentadas en América Latina y El Caribe: en 2026, la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (conocida como R4V) informó que hay al menos 6.978.009 venezolanos migrantes en esas regiones.

En Europa, Asia, Oceanía y África los registros oficiales suelen escasear y dependen usualmente de los datos de consulados o embajadas. A falta de cifras, la arepa ha trazado su propia ruta: hoy se puede hallar en lugares tan distantes como Dubái, donde hace un año dos venezolanos abrieron un restaurante en el Social Distrikt. En 2023 el proyecto de Una arepa por el mundo, de Ximena Montilla Arreaza, recopiló las historias de 27 areperas en diferentes países, entre ellos Japón, Suecia, Alemania, Suiza, Irlanda y Australia.

La arepa en la maleta

En el libro Una Arepa Hecha Postal de 2025, la investigadora Susana Benko aseguró que la arepa es un símbolo y también una excusa “para los afectos, la evocación, la convivencia, y sin duda, para la inventiva, porque es un gran desafío hacer de lo cotidiano, un evento“. Recordó también que constituye un símbolo de identidad y de pertenencia para los venezolanos.

“No es extraño que todavía hoy hablemos de identidad, incluso en medio de una gran diversidad personal. Pero, para que haya una identidad, se debe poseer algo fundamental: memoria. Sin ella, las fronteras se diluyen, los referentes desaparecen, y se deja de «pisar tierra». Gracias a la memoria, se preservan las tradiciones; y entre estas, la gastronómica, en particular la de «la arepa», uno de nuestros alimentos que hoy connota gentilicio, unión, hogar”, apuntó Benko, magíster en Literatura Latinoamericana Contemporánea, crítico de arte, curadora, docente y museóloga.

Para miles de venezolanos migrar a otros países constituyó una mudanza enrevesada, a veces muy dura, en la que se despidieron de todo lo que les era familiar y cómodo. Les ha tocado pasar por ese proceso violento que es reinventarse fuera de casa. Se adaptaron a otras sociedades y costumbres, echaron raíces donde pudieron, pero sin cortar del todo aquello que los unen a su nación. Preparar arepas y compartirlas es esa forma de aferrarse al hogar, de volver a la mesa familiar y a las cálidas mañanas de la infancia bajo el cielo del trópico.

“No cabe duda del poder comunicacional que tiene la arepa en nuestro imaginario, especialmente porque toca la fibra más sensible del comensal, sea venezolano o de otros países y culturas. Ello es posible, en última instancia, porque la arepa es un placer que se ha hecho universal”, señaló Benko hace un año.