Toma de parroquias del suroeste de Caracas es similar a la de carteles mexicanos, dicen expertos

SUCESOS · 10 JULIO, 2021 07:20

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Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo


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Cinco kilómetros separan el Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo, de la Cota 905; si el gobernante Nicolás Maduro estuvo allí durante estos últimos tres días posiblemente también escuchó las ráfagas de disparos efectuados con armas de alto calibre que tienen en su poder los delincuentes de la megabanda que le arrebató al Estado, desde hace más de cinco años, esta zona popular ubicada al suroeste de Caracas.

La Cota 905 es el epicentro de la violencia organizada y armada del municipio Libertador, en la capital venezolana. Ubicada en el suroeste de Caracas, en una montaña que en su parte más alta tiene una vista importante de la ciudad, es el centro de operaciones de la banda que lideran Carlos Luis Revete, “el Koki”; Garbis Ochoa Ruiz, alias “el Garbis” y Carlos Calderón, apodado “el Vampi”; tres criminales por los que el Gobierno de Nicolás Maduro ahora ofrece 1 millón 500 mil dólares.

Decidida a extender su eje de operaciones, desde enero de este año la megabanda de la Cota 905 ha intentado alzarse con sectores de la parroquia La Vega. Es así que se han intensificado los tiroteos y los hechos de violencia entre delincuentes y funcionarios de seguridad del Estado, que se han enfrentado a estos civiles armados para evitar que ocupen y dominen más terreno del que tienen.

En un asalto armado en las principales avenidas y plazas del suroeste caraqueño, la delincuencia organizada mostró durante dos días seguidos su poderío de fuego: armas largas, granadas y vehículos, mientras la ciudadanía se escondía en sus casas y edificios para resguardarse de la lluvia de balas que caían sobre la Cota 905, los alrededores de El Paraíso, El Cementerio y El Valle.

A pesar de que la Cota 905 tiene más de un lustro tomada por la delincuencia, nunca se había visto una acción armada por parte de los delincuentes como la de este 7 y 8 de julio, cuando además de atacar a funcionarios también los criminales fueron a por las comisarías policiales que estaban alrededor. Incluso la sede de la policía política venezolana fue reforzada tras las amenazas de los integrantes de la megabanda que opera con tranquilidad a pocos kilómetros de ese cuerpo de seguridad.

Inédito y similar a México

El criminólogo Luis Izquiel describe el hecho como inédito, al recordar que las bandas siempre se enfrentaban a los funcionarios policiales desde sus trincheras. Además de la toma de las avenidas de diferentes parroquias del oeste de la ciudad, algo llamó la atención del experto en temas de seguridad: el uso de vehículos rústicos donde se trasladaban los delincuentes, una estrategia similar a la usada por los integrantes de los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación en México.

“La imagen de los delincuentes montados en una camioneta Pick Up blanca la vemos en los carteles mexicanos, donde acostumbran a desplazarse de esta forma para sembrar el terror y ejercer su gobernanza criminal en ese país”, explica Izquiel.

Para el experto, las acciones delictivas tomadas el 7 y 8 de julio tienen como intención sembrar la anarquía y el caos y es por esta razón que los delincuentes bajaron de su feudo criminal a las principales vías y autopista, donde infundieron el terror y pánico entre los ciudadanos y hasta en algunos funcionarios policiales, que se resguardaron en el piso de una bomba de gasolina para no ser víctimas de una bala perdida.

Pero esta acción de los funcionarios es justificable, a juicio de Izquiel, porque los órganos de seguridad civiles están debilitados desde el punto de vista humano, preparación, elementos operativos para proteger a la ciudadanía y también desde la motivación.

“Estos son funcionarios que ganan como salario 10 dólares por mes, un dinero que ni siquiera alcanza para que ellos se alimenten y muchos menos sus familias y, por lo tanto, es difícil que tengan una motivación suficiente para combatir al crimen y proteger a la ciudadanía”, afirma.

A pesar de la desmotivación por los bajos salarios dentro de las policías, muchos funcionarios con vocación han arriesgado su vida y se enfrentan a estos delincuentes que tienen armamentos superiores a los otorgados en las comisarías.

Sin recursos ni balas

Es tanta la falta de recursos en las policías que, este 9 de julio, una fuente informó a Efecto Cocuyo que desde el estado Lara salieron funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) a prestar apoyo en el operativo que se desarrolla en Caracas. Además, los efectivos debían comprar las balas para sus armamentos.

“Desde el punto de vista genérico no tienen la suficiente motivación para arriesgar el pellejo para defender a los ciudadanos si son tratados de esta manera por el gobierno que hay hoy en Venezuela”, insiste el criminólogo.

A través de las redes sociales y medios de comunicación, este viernes, se filtraron imágenes de una gran cantidad de municiones guardadas en tobos, que eran utilizadas por los integrantes de la megabanda de “el Koki” en la parte alta de la Cota 905.

Mediante las publicaciones posteadas en redes los ciudadanos se preguntaban cómo y dónde se compraban esas balas. Izquiel explica que estas llegan a los delincuentes a través de los caminos verdes o el mercado negro. El experto en seguridad indica que hay solo dos formas de conseguirlas: la primera es que salgan de los cuarteles militares o de los cuerpos policiales por corrupción o negligencia y la segunda hipótesis es la del contrabando a través de las zonas fronterizas

“Esto también sería responsabilidad de la institución militar porque es ella la que tiene que resguardar las fronteras en Venezuela”, alega.

Territorios en franca expansión

La megabanda de “el Koki” quiere expandirse a otros lugares de la ciudad de Caracas y el sociólogo Luis Cedeño no tiene dudas sobre eso. Esa ambición la dejó ver la megabanda cuando se apostó en sectores consolidados de la ciudad, como El Paraíso y el bulevar de El Cementerio, para sembrar caos. Desde el punto de vista estratégico de este grupo criminal, esa acción estuvo un paso delante de los funcionarios policiales.

“Atacar por ejemplo las sedes policiales de la Policía de Caracas, atacar El Helicoide, es claramente un mensaje de que ya están controlados los territorios. Como cualquier otra empresa o emprendimiento (exitoso) en franca expansión”, explica el director de la ONG Paz Activa.

Pero a diferencia de Izquiel, que asegura que con delincuentes solo se dialoga para la entrega, Cedeño dice que existen posibilidades alternas para solucionar este enfrentamiento armado, que desde hace tres días tiene en vilo a los residentes del suroeste y que ya suma algunas personas desplazadas por la violencia armada.

“Los dos escenarios son: o se dialoga y se llega a una resolución a través de un método alternativo de la resolución del conflicto, que puede ser la negociación o puede ser la conciliación, la mediación y entonces llegaríamos a una situación donde se depongan las armas y se negocie una salida”, agrega Cedeño.

Usar la GNB es una alternativa

El director de Paz Activa explica que si las capacidades de las policías están sobrepasadas, al Estado no le quedaría otra opción que apelar a los cuerpos militares para evitar que el conflicto se agrave mucho más.

Cedeño concuerda con Izquiel en que la desmotivación dentro de los cuerpos policiales afecta el desenvolvimiento de los operativos.

“El gran problema que también se tiene es de operacionalidad de las policías civiles que no están en capacidad de enfrentar a delincuentes que están motivados y bien pagados y los policías no están ni lo uno, ni lo otro”, adiciona.

El defensor de derechos humanos explica que si un funcionario policial cae herido de bala, la institución no puede pagarle un servicio para su recuperación

“La única manera que le queda al Estado si no logra negociar con estos grupos es literalmente lanzarle la GNB, que por lo menos tiene algunas capacidades en lo que es el entorno urbano, porque ha sido utilizada durante mucho tiempo como sustituto de la policía civil; entonces le sale sacar ese arsenal con la dificultad y las posibles consecuencias de grandes bajas de los mismos cuerpos de seguridad, de las bandas y, por supuesto, daños colaterales con la población civil en general”, advierte.

Ante este contexto de violencia generalizada por una megabanda que tiene control territorial, Cedeño se pregunta qué puede ofrecerle el Estado a este grupo criminal en caso de una negociación.

“Aún mayor legitimidad, aún mayores zonas de paz, le puede dar tregua y básicamente como lo han hecho ya desde hace mucho tiempo, este es un Gobierno que ha abandonado muchos sectores populares en muchas de sus funciones. Podría inclusive ver a través de estas bandas canalizar algún beneficio para el Estado, donde las mismas bandas se beneficien”, responde.

Ciudadanos indefensos

Hasta las 9 de la noche del jueves 8 de julio nueve personas murieron por el enfrentamiento armado que se vive en el suroeste de la capital del país. Tres funcionarios policiales, un presunto delincuente y cinco civiles fueron alcanzados por las balas perdidas o quedaron en medio de los tiroteos.

Ante toda esta ola de violencia desatada en la ciudad, el párroco de la iglesia San Alberto Hurtado, de la parte alta de La Vega, Alfredo Infante ha calificado la escalada del conflicto como de alta vulnerabilidad.

“La gente se encuentra como escudo humano en medio de un fuego cruzado. Ante este hecho se activan distintas actitudes de la gente. Hay gente que está muy atemorizada y el temor le lleva al confinamiento y a paralizarse. Hay otra gente que corre con ese temor infundado porque se está desplazando a otras áreas de Caracas, donde tienen mayor seguridad, por lo tanto, se están dando desplazamientos internos”, describe el cura.

El sacerdote explica que ante la violencia los ciudadanos tienen diversidad de respuestas; por ejemplo, hay muchos que se desconectan y salen a las calles en busca de normalizar el drama vivido, y es por eso que en redes se han visto imágenes de personas caminando cerca de los tiroteos como si fuese algo cotidiano.

Infante asegura que muchos de los ciudadanos que no pueden huir de las zonas asediadas se refugian en la oración, si son creyentes y ponen su confianza en Dios para fortalecer su vida interior y afrontar esta adversidad tan fuerte por la que pasan los vecinos de La Vega y demás parroquias.

“Creemos que por muy adversa y dura que sea la situación nuestro deber ciudadano es afrontarla con dignidad, con entereza y no dejar que la violencia ocupe no solo los espacios públicos, sino los espacios de nuestro interior, de nuestra imaginación. Creemos que podemos construir una Venezuela pacífica y en ese tono creo que también hay gente en las distintas parroquias afectadas”, expresa.

Servicios interrumpidos

Lo que no se difunde en las redes sociales es cómo hacen los vecinos para poder continuar con sus vidas en medio de una violencia inclemente. Infante asegura que los intensos tiroteos han interrumpido los servicios sociales que se hacían en la parroquia y que este viernes esperaban la llegada de un grupo militar y policial para dar con el paradero de los integrantes de la megabanda.

“La situación de violencia ha interrumpido una serie de servicios sociales que se venían haciendo, el servicio educativo, que, por el COVID-19, las escuelas estaban trabajando a media máquina, pues se ha mandado a cerrar para proteger a la gente”, dice el habitante de La Vega.

El párroco de la iglesia San Alberto Hurtado añade que debido a los enfrentamientos el comercio ha trabajado medianamente, y esto afecta a los habitantes de esta parroquia popular porque la mayoría vive del día a día.

“Nosotros por ejemplo tenemos en nuestra parroquia un consultorio médico de medicina general y pediatría, pero ante los hechos de violencia hemos suspendido las consultas por estos días, fundamentalmente porque el personal médico viene de zonas como Montalbán”, dice.

Infante sabe que los jóvenes suelen ser objetos de reclutamiento de las bandas criminales y también blanco de las ejecuciones extrajudicales que se realizan en muchos operativos de las barriadas.

Llamado a adolescentes

Es por eso que hace un llamado a los adolescentes y jóvenes de La vega a no salir de casa si no es necesario y si lo hacen que sea en compañía de un adulto o de un grupo grande.  

“En estos operativos que se hacen por lo regular es discriminar y criminalizar a los jóvenes, porque está como la etiqueta que los jóvenes del barrio son delincuentes y eso no es así, en su mayoría”, alerta el Párroco.

Desde su parroquia La Vega Infante también hace un llamado a los delincuentes que tienen en zozobra a la población. “A los jóvenes que pertenecen a las bandas delictivas y han tomado el camino de las armas que reconsideren por el bien de todos, de la comunidad, de sus familias, de ellos mismos. Esa no es la ruta ni el camino, nunca es tarde para recapacitar y rehabilitarse”, dice.