Habitantes de la Cota 905 huyen de la violencia y buscan refugio en casas de familiares

LA HUMANIDAD · 9 JULIO, 2021 23:34

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Mabel Sarmiento | @mabelsarmiento


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“Tengo miedo por mis hijos. Tememos por los allanamientos”, dijo una mujer que este 9 de julio salió con un bolso y su familia de la Cota 905, zona del suroeste de Caracas, que desde el miércoles 7 de julio vive bajo fuego, producto de los enfrentamientos entre las bandas armadas y los cuerpos de seguridad del Estado.

Como esa mujer, otras también amanecieron en la calle. Bajando por los callejones y escaleras. Con un morral, una bolsa y con un paño cubriendo a sus hijos. Huyen de la violencia de los últimos tres días.

Las caras de cansancio y de angustia los delataban. Rápidamente por las redes sociales y los grupos de WhatsApp se hicieron virales videos, algunos acompañados de leyendas como: huyen de la Cota 905.

“Me voy porque tengo dos hijos adolescentes y me da terror que los confundan con delincuentes. Han sido días fuertes”, dijo otra señora que no quiso dar su nombre.

Las familias se sienten indefensas frente a las bandas armadas y frente a los cuerpos de seguridad. “Comenten excesos, entran a las casas, rompen todo, se llevan a los muchachos inocentes”, relató con cierto agotamiento en su voz.

“No hemos dormido desde hace dos días. No hemos trabajado”, añadió.

Los hombres que acompañaban a las mujeres iban –algunos- con pantalones cortos y franelas. “Pero hay puntos donde los policías no los dejan pasar. Solo permiten que salgan mujeres, niños y adultos mayores. Dejan a las parejas y a los hijos grandes”, informó Jesús Armas, activista de Primero Justicia, quien exigió que se pacifique la zona de la Cota 905. “Las zonas de paz fueron creadas por quienes están en el gobierno hoy”.

Por Los Laures, cuya calle llega directo a la plaza Washington de El Paraíso, bajaban con sus bolsos tricolor sobre la espalda. Muchas no ocultaban las lágrimas. Iban con paso lento mirando a los alrededores. “Vamos a casa de un familiar hasta que esto se calme”. Al mediodía, con lluvia y todo, no se detenía el paso de los desplazados por los enfrentamientos.

También por los lados de la avenida Nueva Granada llegaron los que salían de El Cementerio, donde entre jueves y viernes, hombres con armas largas estuvieron no sólo en el cerro, sino también en el camposanto y en el bulevar César Rengifo. Disparaban y amenazaban a los comerciantes de la zona, de acuerdo con los testimonios de algunos vecinos.

En La Bandera había otros grupos de personas a la espera de transporte público. Las fotos que se repetían por las redes recordaban las escenas que se conocen cuando hay damnificados por las lluvias.

Salen de sus casas

Todavía a las 2:00 p.m. había gente cruzando de El Paraíso hacia San Martín, por el puente 9 de Diciembre.

En la Cota 905 lo que dicen los afectados es que hubo una guerra. Hay tanques de agua rotos, carros destrozados, ventanas, paredes y puertas de viviendas y hasta escuelas dañadas. Las calles están sucias, no solo con los desechos domésticos, sino con los restos de la refriega armada.

Este 9 de julio no pasaba ni un carro por toda la avenida Guzmán Blanco (Cota 905), desde El Peaje hasta la redoma de La India. La gente que salía a buscar comida no encontraba nada abierto. Tampoco podían pasar porque los cuerpos de seguridad tienen los accesos cerrados. “En la parte alta, es más difícil moverse porque el bloqueo lo tienen los delincuentes”, contó un vecino.

Hablar de lo que pasa en la Cota es cargar con una cruz. Por doquier hay gariteros o vigías, niños, niñas y adolescentes captados por la banda de Carlos Luis Revete, alias “el Koki”, para que escuchen las conversaciones y para que rindan cuenta de quién entra y quién sale.

Por eso da miedo hablar. “Tienen drones que controlan con las canaimitas. Las llevan en los bolsos tricolor”, dijo una fuente en el sector.

Las megabandas y las zonas de paz

“El fenómeno de la violencia urbana ha ocasionado la aparición del fenómeno de desplazamiento interno, por parte de familias que quieren escapar de los enfrentamientos entre bandas antisociales, entre estas y la policía o los operativos policiales realizados con el uso indiscriminado de la fuerza.

“En diferentes zonas de Caracas hay abandono de viviendas, ventas desesperadas a precios muy por debajo de su costo, lo cual pudiera incidir en el incremento de los indicadores de pobreza en el país. Exigimos la protección de los jóvenes varones de estos sectores y no su criminalización”, se destaca hoy en un comunicado escrito por varias organizaciones civiles.

Las megabandas en Caracas se consolidaron a raíz de la conformación de las zonas de paz. El Cementerio, El Valle y la Cota 905 son sectores populares dominados por estos grupos delictivos que tienen entre sus líderes a tres de los 10 delincuentes más buscados del país, según el Ministerio de Interior, Justicia y Paz.

Estas zonas de paz nacieron en el marco del Plan Patria Segura y del Movimiento por la Paz y la Vida en el año 2013.

El gobierno de Nicolás Maduro pretendía sentarse a negociar con los jefes de estos grupos para que entregaran sus armas, a cambio de líneas de crédito, desarrollos agrícolas, industriales o facilitarles estudios.

Los delincuentes presuntamente iban a entregar las armas. Pero, crearon corredores de paz en lo alto de la montaña desde la Cota 905 hasta La Vega, zonas donde no permitían el ingreso de los cuerpos policiales mientras ellos despejaban la zona y salían del camino delictivo.

Ni el desarme ni el repliegue de los delincuentes. Más bien se consolidó el delito. Carlos Alfredo Calderón Martínez, apodado “el Vampi”; Carlos Luis Revette, “el Koki” que era lugarteniente de Garbis Ochoa Ruiz, conocido como “el Galvis” para ese entonces, alimentaron la megabanda que se extiende por más de 20 kilómetros. Los tres tienen solicitudes por homicidio, secuestro, robo de vehículos y tráfico de drogas.

Hoy no han podido ser controlados por el gobierno nacional, que desde 2014 ha lanzado los llamados “operativos de liberación del pueblo” en esa zona.

Este enfrentamiento armado en la Cota 905 ha paralizado la ciudad durante casi 75 horas. Pero desde enero de 2021 el control territorial en ese corredor no se detiene. Se siguen contando los muertos de personas inocentes, quienes antes de dejar sus hogares, como ocurre este 9 de julio, ya sufrían por la desidia de los servicios públicos: sin agua, sin gas y sin luz. Incluso, con anteriores tiroteos se desplazaban dentro del mismo barrio para protegerse de las granadas y de las ráfagas de las metralletas.

Ya en la Cota 905 había gente vendiendo sus casas, a muy bajo precio. “Ahora, dejarla sola pueden invadirla”, contó uno de los testimonios que este 9 de julio salió a buscar refugio.