Los caminos a la vacuna contra el COVID-19

SALUD · 4 MAYO, 2020 09:00

Los caminos a la vacuna contra el COVID-19

Texto por Mariel Lozada | @marielozadab

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La semana pasada dos pacientes fueron inyectados en Reino Unido, como parte de las primeras pruebas en humanos para una vacuna contra el SARS-CoV-2, el virus que provoca el COVID-19. En total, serán vacunados 800 voluntarios, 400 con la nueva vacuna y 400 con la vacuna contra la meningitis, pero ninguno sabrá cuál recibió, para que sus percepciones no afecten el experimento. 

Esta vacuna fue desarrollada en menos de tres meses por un equipo de la Universidad de Oxford, y fue la primera iniciativa en empezar las investigaciones con humanos en Europa.

Sarah Gilbert, profesora de vacunología y quien estuvo encargada de la investigación previa, dijo en una entrevista con el medio británico BBC que está muy confiada y optimista en el proyecto, que funciona inyectando proteínas de las que salen de la superficie del coronavirus con otro viru, en este caso un virus de chimpancé que es inofensivo para los humanos. El cuerpo produce anticuerpos para luchar contra eso, entonces, si alguien vuelve a infectarse con el coronavirus, sus antivirus ya sabrán luchar contra el.

El mismo equipo está trabajando remotamente con un otro equipo de especialistas y voluntarios en Kenia, donde la tasa de contagio es considerablemente más baja, y en los próximos meses extenderá la prueba a 5.000 personas más. Saber si la vacuna funcionará va a demorar unos meses, pues hay que esperar las cifras de contagio entre los participantes del estudio.

El equipo explica que no se puede acelerar infectando los contagios; no hay tratamiento efectivo probado contra el coronavirus, y los riesgos para los pacientes son muy altos. Eso sí, la vacuna ya tiene nombre: ChAdOx1 nCoV-19.

Sesenta vacunas en desarrollo

Es una de las iniciativas que va más avanzada en el mundo, pero está lejos de ser la única: según la web creada por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, ya hay 60 vacunas en desarrollo, y de esas cinco empezaron las pruebas con humanos. La Organización Mundial de la Salud registraba, el pasado 23 de abril, 83 candidaturas a vacunas. El equipo que va más avanzado está en China, una colaboración entre la empresa china CanSino y la Academia de Ciencias Médicas Militares de Beijing. 

El haber avanzado tanto en tecnología médica en los últimos años y los brotes recientes de otros coronavirus como el MERS (Síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio) y el SARS (Síndrome respiratorio agudo grave), juegan a favor del desarrollo de una vacuna en tiempo récord, como explica un artículo del medio académico The Conversation.

Sin embargo, no existen todavía vacunas contra algún coronavirus, principalmente porque ninguno había sido tan grave como el SARS-CoV-2. Cuatro de los sietes coronavirus que infectan a los humanos producen síntomas similares al resfriado común. Solo el SARS y el MERS han sido graves, pero las epidemias se controlaron antes de terminar el desarrollo de una vacuna. 

La vacuna que están desarrollando CanSino y la Academia de Ciencias Médicas Militares de Beijing se llama Ad5-nCoV. También va en la fase dos, y cuenta ya con más de 500 pruebas voluntarias. Conseguir voluntarios que se presten para estos procesos usualmente es un proceso largo, pero en medio de la pandemia la historia ha sido totalmente distinta.

Por ejemplo, según un reporte de eldiario.es, en la Universidad de Oxford usualmente demoran entre dos y tres meses para conseguir los primeros 40 voluntarios. Pocos días luego de abrir la convocatoria para la vacuna del SARS-CoV-2, tuvieron que cerrar las solicitudes porque el sistema se saturó. 

En Estados Unidos la delantera la lleva Sinovac Research & Development Co., Ltd, una empresa que busca hacer una vacuna que desactive el virus. Su vacuna, llamada Inactivated SARS-CoV-2, también está en la segunda fase del ensayo clínico, con más 700 pruebas. 

De las seis vacunas que la OMS registra en estado de ensayo clínico, tres están en Estados Unidos, dos en China y una en Reino Unido. 

¿Cómo se crea una vacuna?  

El proceso de creación de una vacuna tiene varias fases, según la OMS. Se empieza por la identificación del virus y la obtención y verificación de la cepa vacunal, es decir su adaptación para poder usarlo en una vacuna. El virus debe volverse menos peligroso, entonces se mezcla con una cepa estandarizada de otro virus y se deja multiplicarse. Este proceso dura, aproximadamente, unas tres semanas, porque los virus deben multiplicarse juntos y formar un híbrido. Si se verifica que el virus híbrido produce las proteínas exteriores de la cepa pandémica, otro proceso que dura cerca de un mes más, se pasa a la siguiente etapa. 

En las siguientes etapas es que la vacuna se somete a pruebas. La OMS explica que sus centros colaboradores preparan reactivos (sustancias estandarizadas) que se dan a todos los fabricantes, para que ellos puedan ver cómo es el rendimiento de la vacuna y envasar las dosis correctas. Una vez que pasa todo eso, el virus vacunal híbrido llega a los fabricantes para que empiecen a hacer pruebas de su multiplicación en huevos de gallina. 

Para fabricarla a granel, la OMS explica así el proceso: El virus vacunal se inyecta en millares de huevos, que luego se incuban durante dos o tres días para favorecer la multiplicación vírica. En ese punto, se extrae la clara de huevo, que contiene muchos millones de virus vacunales, y estos se separan luego de aquella. El virus parcialmente puro se destruye con sustancias químicas. Acto continuo, las proteínas del virus se purifican y se obtienen cientos de millares de litros de proteína vírica purificada que constituye el antígeno, es decir, el ingrediente activo de la vacuna. 

Cuando las vacunas están en ensayos clínicos el proceso se divide en tres fases: en la fase I se prueba la vacuna en un pequeño grupo de personas para ver si funciona. La fase II involucra a grupos más grandes, de cientos de personas. La fase III involucra a miles o cientos de personas. Todo este proceso, desde su inicio hasta que una vacuna esté lista y disponible para la gente, puede durar, como mínimo, entre 12 y 18 meses, gracias a la gran cantidad de iniciativas y el interés de los gobiernos, pero en general es un proceso de varios años. 

Esto es para crear una vacuna recombinante, como las que están haciendo en China y Reino Unido, que son las que usan los fragmentos del virus para generar una respuesta del sistema inmune. Otros equipos científicos en Estados Unidos, China y Reino Unido, están en fase I de otros tipos de vacunas, como vacunas inactivadas -se inyecta una sustancia para que el virus deje de causar daño-, vacunas atenuadas -con una versión debilitada del virus, que ya no hace daño- o vacunas celulares -que usan células humanas modificadas-. 

De las seis vacunas que están en ensayos clínicos, dos son vacunas inactivadas, dos celulares y dos recombinantes. 

La participación de Latinoamérica

En Chile, la Universidad Católica y del Consorcio Tecnológico en Biomedicina Clínico Molecular están trabajando desde diciembre en una vacuna, dirigidos por Alexis Kalergis, bioquímico y doctor en inmunología. El doctor explicó al medio chileno Teletrece que tras ver lo que estaba “ocurriendo en China, a finales de diciembre, empezamos con la primera etapa que requiere el desarrollo de una vacuna que consiste en el diseño conceptual”.

La alianza de ambos laboratorios tiene experiencia en el desarrollo de vacunas para enfermedades respiratorias, como el virus sincicial y el metapneumovirus. Calculan que, si todo sigue de acuerdo a sus planes, podrían tener la vacuna lista en 2021. Sin embargo, la vacuna todavía no aparece en la lista de candidaturas que publica la OMS .

Después de conseguirla 

El principal reto al que se enfrentan los médicos es que tratan con un virus totalmente desconocido, que podría mutar muy rápidamente y así acortar el tiempo de protección de la vacuna. Sin embargo, estudios reseñados por el medio Salud con Lupa indica que, por los momentos, los estudios sobre el genoma de este virus sugieren que su tasa de mutación podría ser de 25 mutaciones por año. Esa es una tasa de mutación baja, casi cuatro veces menor que la de la influenza.

Otro problema es la falta de confianza en las vacunas. Ya desde el año pasado, varios meses antes del descubrimiento del virus, la OMS venía alertando sobre la reticencia a la vacunación como una “de las principales amenazas para la salud mundial en 2019”. 

La popularidad de los movimientos antivacunas ha crecido alrededor del mundo, lo que ha traído consigo el regreso de enfermedades ya controladas. Por ejemplo, en 2019 se produjo el número más alto de casos de sarampión desde 2006. 

En nuestro país la escasez de vacunas y medicinas le añade otra capa de gravedad al problema, donde varios estados tienen menos de 80% de vacunación y algunas vacunas, como las de la influenza, no forman parte de los jornadas de vacunación.