Un Estado sin respuesta: centros solidarios de salud sacan el pecho por la gente

Ante la ausencia de respuestas, la sociedad civil ha articulado redes de apoyo para mitigar la crisis y garantizar la supervivencia

Frente a la precariedad de los hospitales públicos, los pacientes buscan alivio en centros solidarios. Aunque los anuncios oficiales insisten en la gratuidad de la salud, la realidad en los pasillos de la red pública se mide en recetas kilométricas y soluciones improvisadas. 

El caso de Andrea, quien recientemente acudió al Hospital José María Vargas de Caracas para una cirugía menor, retrata el calvario de miles de venezolanos: un sistema donde el Estado sólo aporta las paredes y los médicos, lo que empuja a los pacientes a buscar alternativas a bajo costo en ONG, fundaciones, asociaciones civiles y congregaciones religiosas para salvar sus vidas.

Cuando Andrea pasó la puerta del servicio de Cirugía I del Hospital José María Vargas, en Caracas, constató efectivamente que el acceso a la salud, en la práctica, dejó de ser gratuito.

La escasez de insumos en el Hospital Vargas es una historia de vieja data, una herida crónica que los pacientes arrastran desde hace años. Hubo un tiempo en el que las promesas de reestructuración y los planes de dotación intermitentes hicieron pensar que la emergencia humanitaria compleja había quedado atrás.

En abril de 2025, el expresidente Nicolás Maduro —hoy en prisión en una celda en Estados Unidos— aseguraba que su administración no se detendría ante las dificultades y que se dedicaría a recuperar los recursos necesarios para la atención médica: “A pesar del bloqueo, la persecución económica y las sanciones, vamos a seguir recuperando todo y trayendo los mejores equipos del mundo”, prometió entonces.

Promesas más, promesas menos, al día de hoy la red de salud pública venezolana sigue sacando roncha a los pacientes. La realidad actual, la que se observa y escucha en los pasillos del Hospital Vargas, demuestra que aquella aparente mejoría fue solo un espejismo, pues la crisis no se superó, sólo se hizo costumbre, mientras las personas reviven un ciclo de carencias que se creía bajo control.

Y las denuncias gremiales lo respaldan. Recientemente, Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica de Venezuela (FMV), denunció que tras un monitoreo en 19 colegios de médicos regionales, al menos, 10 reportaron una total opacidad sobre el destino de los insumos hospitalarios, 71 toneladas (71.000 kilogramos) enviados por Estados Unidos a Caracas, durante el primer trimestre del año en curso. 

El doctor Huníades Urbina, presidente de la Academia Nacional de Medicina, también apuntó que sigue el déficit importante de insumos de todo tipo en los hospitales: antibióticos, inyectadoras, lencería. 

“En fin, falta de todo. Hay quirófanos y tomógrafos dañados, resonadores que no sirven. Puede ser que haya una burbuja en algunos centros de salud para tomar una foto, pero en general el sistema de salud venezolano sigue en una emergencia humanitaria compleja, como la declaró la Academia en 2016 y más tarde la Organización Panamericana de la Salud (OPS)”.

Urbina además denunció que en los hospitales cobran, sin ser un cobro directo a los pacientes, hasta 70 % de los gastos que incurren en una hospitalización, es decir, eso va por cuenta del bolsillo de los pacientes, así que no hay ninguna mejoría significativa del sistema de salud venezolano.

Un procedimiento, un calvario

El diagnóstico de Andrea era un lipoma en la región escapular. Y aunque no esperó mucho tiempo para que le dieran la cita y la incluyeran en la lista de intervenciones, el día del procedimiento, se convirtió en un calvario.

Ese martes, la sala de espera de Cirugía I estaba repleta. Había fácilmente más de 50 personas, entre sentadas y de pie, a lo largo de un pasillo extenso, sin más ventilación ni luz que la natural que se filtraba por los ventanales. Las sillas y bancos, dispuestos de lado a lado, eran insuficientes para contener la demanda y la larga espera. Los pacientes llegaron a las 7:00 a.m., pero no fue sino hasta pasadas las 9:00 a.m. cuando empezó a escucharse movimiento en los consultorios, habitaciones desnudas donde, apenas, resaltan mobiliarios viejos.

En ese ínterin, la espera transcurre entre murmullos. Las conversaciones cruzadas revelan la imagen de la crisis: “Estoy en lista para una operación de la vesícula, pero pidieron de todo”; “Tengo un tumor en un seno”; “Me pidieron que trajera el fijador para la biopsia”; “Aquí tengo los guantes y las gasas”; “Creo que he gastado cerca de 200 dólares en insumos”; “Si te vas a hacer un eco, en aquel papel que está pegado en la pared hay un número de teléfono, aquí no lo hacen”; “Yo vengo a traer todos los exámenes preoperatorios porque aquí no hay laboratorio”.

Son frases que se filtran entre la multitud y que dan cuenta de que la crisis hospitalaria tiene arrugas profundas, de esas que no se quitan con un simple maquillaje.

Pasado el mediodía, la extracción del lipoma de Andrea se había concretado. Pero parte de los insumos que llevó no alcanzaron. La enfermera, la única del servicio, le preguntó por su familiar para que saliera a comprar más compresas y guantes. El doctor dijo que tenía en su koala un par de guantes y la doctora que le asistía salió a buscar gasas en el servicio. Luego, le pidieron las suturas. Pero ese material no estaba en el récipe y, de nuevo, el doctor salió a pedir prestado el hilo. Lo que consiguió no alcanzaba y tuvo que hacer maromas.

En el cubículo no había envase para recoger la muestra ni formol para protegerla. Tampoco drenaje para ponerle en la herida. Los médicos cortaron un pote de suero, lo empataron con el adhesivo que llevó Andrea y ahí metieron el lipoma, que medía casi siete centímetros. Consiguieron dos dedos de formol para conservarlo y, en cuanto al drenaje, buscaron otro par de guantes, lo cortaron y lo improvisaron.

Se profundiza la precariedad

Toda una estrategia de emergencia, que se puede valorar y exaltar en condiciones críticas, de siniestros naturales o en un conflicto bélico donde los insumos escasean. Pero en el Hospital Vargas, en el año 2026, la improvisación no es una excepción épica, sino una rutina sistemática. 

Cuando un cirujano debe rebanar un envase de suero o mutilar un guante para fabricar un drenaje, el heroísmo médico se convierte en el síntoma más claro de un Estado que ha renunciado a su obligación constitucional de garantizar una atención digna.

Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermería de Caracas, criticó que, a pesar de los anuncios oficiales, el deterioro estructural de la red pública de salud se profundiza en gran parte del país.

“Los hospitales siguen enfrentando un déficit crítico de personal, en especial de enfermeras; fallas recurrentes en servicios públicos, escasez de insumos, medicamentos, reactivos de laboratorio y de equipos médicos-quirúrgicos”.

A su juicio, esto impacta directamente en la capacidad de respuesta de los centros asistenciales y suma, además, la precarización laboral, los bajos salarios y las deficientes pensiones. “Esto ha provocado una migración sostenida de este recurso humano tan importante, que el gobierno llama ‘un servicio estratégico’, y que ha estado con sobrecarga laboral, con mucho agotamiento físico y mental”.

Para Rosario, la crisis no puede evaluarse únicamente desde anuncios o cifras administrativas. “Hay que hacerlo desde la realidad que viven diariamente los pacientes y los trabajadores. Recuperar el sistema pasa necesariamente por dignificar las condiciones laborales de los trabajadores, garantizar un salario suficiente, fortalecer la infraestructura hospitalaria, y no con pañitos de agua tibia para efectos de publicidad, sino que, efectivamente, sean obras duraderas”.

Y mientras llega el cambio

Esta vulneración del derecho a la salud empuja a la ciudadanía a una encrucijada: esperar por un cambio estructural mientras la vida corre peligro, o activar los mecanismos de auxilio mutuo que la propia sociedad civil ha tenido que levantar.

Andrea salió de la sala con su lipoma preservado en un frasco improvisado y un drenaje hecho de retazos, pensando en que aún debía recorrer otro trecho incierto: llevar la muestra a un laboratorio privado para hacer una biopsia.

Le dijeron que no podía pasar de tres días porque no tenía suficiente formol. A ella le pidieron un fijador de tejido celular que costaba 17 dólares, pero no lo compró porque ya no tenía más dinero y, al final, no lo necesitaron porque el quiste era grande. 

Adolorida por los puntos y el sangrado de la sutura que presentó luego de la operación, recorrió varios laboratorios privados donde analizan muestras patológicas y los precios no bajaban de 70 dólares. En ese punto, su desesperación cambió de rumbo.

En ese abismo, se topó con otra cultura que han aprendido quienes viven en Caracas, que es la relacionada con la red de solidaridad, esas alternativas tangibles que brindan ONG, fundaciones, asociaciones civiles y congregaciones religiosas. 

Andrea fue a Plafam, donde la biopsia le costó 45 dólares, mucho menos del valor estipulado en dos laboratorios ubicados frente por frente del Hospital Vargas.

Este testimonio es apenas una coordenada en el complejo mapa de supervivencia que los caraqueños han tenido que aprender a descifrar en una ciudad donde enfermarse exige calcular cada centavo. Simplemente, resolver por fuera lo que el centro de salud pública niega es una tarea obligada de la dinámica de una familia.

El siguiente listado —que no es el definitivo y que no busca normalizar la precariedad ni eximir de responsabilidad a las instituciones— sistematiza opciones asequibles de asistencia médica y dotación de tratamientos disponibles en la capital para sortear la paralización del sistema público. 

Muchos de estos centros tienen alta demanda y, por tanto, a veces las respuestas o la atención vía telefónica son tediosas, pero hay que armarse de paciencia y constancia para obtener resultados. 

Un dato a tener en cuenta: los cobros son en bolívares y a tasa oficial cuando la tarifa es en dólares. En algunos de los mencionados solo se hace un aporte simbólico.  

1. Diagnóstico, consultas y exámenes a bajo costo

  • Plafam (Asociación Civil): Ofrece servicios de salud médica, consultas ginecológicas y estudios de laboratorio (incluyendo anatomía patológica y biopsias) a precios sociales muy inferiores al mercado privado: ginecología-obstetricia, fertilidad, mastología, perinatología, urología, especialistas en enfermedades infecciosas de transmisión sexual, ecografía, imagen (mamografía, densitometría, ecos).
  • El servicio de orientación es gratuito. En este enlace puede consultar las tarifas y las sedes: www.plafam.org.ve. En la Gran Caracas hay tres: Altagracia (0212 4244380/4736642), Las Acacias (0212 6938323/8830) y Petare (0212 2710244/2278544). 
  •  Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV): Clínica de Prevención del Cáncer ubicada en la parroquia Altagracia. Atienden en mastología, oncología, gastroenterología, ginecología, medicina interna, nutrición, cirugía y coloproctología, psiquiatría y urología. Por WhatsApp: +58 412 3909881.
  • También esta la siguiente línea abierta 0212 9503210 al 3219 y por correo consultasenlinea@sociedadanticancerosa.org, puede precisar los costos, horarios y especialidades.
  • Tiene laboratorio de anatomía patológica, pero para las muestras tomadas en sus consultorios.
  • Complejo Social Don Bosco (Asociación Damas Salesianas): ubicado en Altamira, atienden de lunes a viernes de 8:00 a.m. a 3:30 p.m. Cuenta con más de 20 especialidades médicas (cardiología, endocrinología, nefrología, neurología, neumonología, odontología, nutrición, traumatología, medicina general, mastología, psicología, urología, RX, ginecología,  electrocardiograma, oftalmología, entre otras).
  • Puedes agendar tu cita y conocer los costos por el WhatsApp +58 412 6395257.
  • Centro de Salud Santa Inés (UCAB): es una iniciativa social de la Universidad Católica Andrés Bello ubicada en Montalbán. Ofrece 41 especialidades médicas, odontología y 14 servicios de diagnóstico,  a precios solidarios. Las citas a través del WhatsApp +58 412-755456. Para tomografías: +58 412 2316291, para laboratorio a domicilio: +58 412 2316290.
  • Puede consultar también su web https://santainesucab.org.ve/.
  • Es un centro con alta demanda, recibe pacientes del interior del país, se recomienda llegar muy temprano. 
  • Fondo Solidario para la Salud (Avessoc): Asociación civil que brinda apoyo económico. Cubre hasta el 50% del costo de exámenes especializados (laboratorio, tomografías, resonancias) en su red de centros asociados. ¿Cómo funciona? El paciente asume el 50% del costo del servicio.
  • Un donante realiza el aporte financiero para pagar el segundo 50 % del costo de los exámenes médicos.
  • Un centro de atención médica sin fines de lucro asociado a Avessoc presta servicios a tarifas solidarias. Avessoc asume las gestiones para garantizar el perfil del beneficiario y coordinar las acciones para el funcionamiento de este sistema de financiamiento. El porcentaje de apoyo económico puede ser del 50 %, 75 % o 100 % del costo de los estudios de diagnóstico a realizar según el estudio socioeconómico.
  • Puede contactar por el número 0212 4074468. Correo: avessoc@avessoc.org.ve. Web: avessoc.org.ve/fondo-solidario.
  • Red de dispensarios de Cáritas: Son centros de atención primaria vinculados a la iglesia católica que ofrecen consultas generales, pediatría y odontología a costos mínimos. Como referencia, hay uno en la Casa Parroquial de Chacao, puede pedir información al 012 2652849 o al +58 412 6873435.
  • También está disponible el correo dispensarioparroquial.sanjose@gmail.com, de lunes a viernes de 7:30 a.m. a 12:00 m , y de 1:30 p.m. a 4:00 p.m. 

En Charallave funciona otro en la parroquia Santa Rosa de Lima. Tiene ocho especialidades médicas: fisioterapia, odontología, ginecología y obstetricia, pediatría, medicina interna y general, terapia del lenguaje y psicopedagogía.

Cada una tiene sus días de atención. También tiene laboratorio clínico. Puede llamar al -58 422 2488024. Reciben llamadas y mensajes. El centro queda en la plaza Bolívar de Charallave.  

  • ClíniSAC: la sede principal está en la Av. Louis Braille de Las Acacias. Tienen una membresía de por vida que cuesta 10 $ para poder tener descuentos en las consultas y exámenes.
  • Cuenta con servicios de medicina general, odontología, emergencias y oftalmología. Atienden de lunes a sábados, de 8:00 a.m. a 3:30 p.m. Para pedir cita: 0212 6343592 / 6343587 /  6343609 / 6343610. Por WhatsApp +58 4128095121 y el correo electrónico citasclinisac@gmail.com  
  • Clínica Dispensario Padre Machado: la sede principal está en Montalbán. Ofrece más de 30 especialidades médicas, puede solicitar información al correo cdpmcontactos@gmail.com o marcando los números 0212 4435143 / 0212-4431004. Cuenta con departamentos de imagenología, maternidad y área quirúrgica. 

2. Bancos de medicamentos e insumos

  • Acción Solidaria: Funciona como un centro de información nacional de medicamentos en Caracas. Entregan tratamientos para patologías agudas, crónicas y VIH de forma gratuita o bajo donaciones simbólicas. Es indispensable presentar la receta médica vigente.
  • Para contactarlos están disponibles el 0212 9522009 y el correo info@accionsolidaria.info.
  • Banco de medicinas de Cáritas de Venezuela: Coordinado a través de las distintas diócesis parroquiales en los sectores populares de la capital, funciona como centro de acopio y entrega de fármacos esenciales para personas vulnerables.
  • Consulta por el teléfono 0212-443-31-53 o a través del email caritasvenezuela@gmail.com.
  • En Montalbán, parroquia La Vega, hay una sede que atiende lunes, miércoles y viernes de 8:30 a.m. a 11:00 a.m.