El matiz político de la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles era inevitable, afirman analistas 

Guillermo Tell Aveledo y Enderson Sequera señalaron que Miraflores desaprovechó plegaria por presos políticos

La canonización del doctor José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles sirvió para unir a muchos venezolanos en la fe y el júbilo: pero también para dejar en evidencia ante el mundo: la profunda división entre quienes claman por un cambio político y sufren la represión  y la cúpula que se aferra al poder y dice ser defensora de la paz del país.

Antes y durante el proceso para elevar a los altares a los dos primeros santos venezolanos, hubo episodios desde ambos bandos políticos dentro y fuera del país para hacer llegar su mensaje. A juicio de analistas consultados por Efecto Cocuyo era inevitable, dada la significación del evento religioso.

Canonización y máxima tensión social 

“Dada la enorme significación cultural e histórica que tiene para los venezolanos la figura de José Gregorio Hernández, era previsible que su canonización tuviera profundas repercusiones públicas. Su devoción popular, masiva y arraigada, contrasta fuertemente con la de la madre Carmen Rendiles, una figura mucho más discreta y menos conocida por la mayoría hasta este año. Para encontrar precedentes de eventos religiosos con un impacto nacional similar, debemos remitirnos a la consagración del país a la Virgen de Coromoto durante la dictadura (Gómez), o a las dos visitas del Papa Juan Pablo II en un contexto de pluralismo democrático, sostuvo el politólogo Guillermo Tell Aveledo.

El profesor universitario subraya que la narrativa religiosa a menudo funciona como un vehículo para proyectar conceptos seculares fundamentales como la lucha entre el bien y el mal o lo justo y lo injusto, aplicados a la esfera política, económica y social. Recordó que la canonización ocurre en un momento de máxima tensión social en Venezuela. 

“La demanda de cambio, no resuelta y brutalmente reprimida, junto a las presiones geopolíticas en el Caribe, crearon el caldo de cultivo perfecto para que surgieran narrativas políticas en torno a la canonización”, expresó.  

Un día antes de la ceremonia en el Vaticano, la diáspora sorprendió, cubriendo la plaza del Risorgimento, en el centro de la capital de Italia, con afiches impresos con las caras de presos políticos en Venezuela.

 «Cada rostro desplegado en esta plaza representa una vida, una familia, una historia que merece libertad», publicó el Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela en su cuenta en IG. 

El clamor por la liberación de los presos políticos llegó al Centro de Italia

Ese mismo Comité llevaba semanas solicitando al Ejecutivo abrir las cárceles para la salida de quienes están privados de libertad injustamente, muchos en el contexto de la represión posterior a las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. 

La respuesta a esa petición vino por varias vías. El acoso de los colectivos afectos al chavismo durante una cadena de oración de los familiares de presos políticos a las puertas de la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes y una capilla dedicada a San Antonio en la avenida San Martín de  Caracas. Otra forma de negativa fue expresada por el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, quien advirtió que el proceso de canonización no tenía nada que ver con liberaciones.  

Miraflores perdió una oportunidad 

El 7 de octubre, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) abogó porque la canonización representara «una ocasión propicia para que las autoridades del Estado dicten medidas de gracia que permitan recobrar la libertad a los encarcelados por razones políticas».

A lo más que llegaron las autoridades venezolanas  fue permitir (11 de octubre) que después de meses incomunicados, familiares pudieran visitar a privados de libertad como el excandidato presidencial Enrique Márquez, el asesor legal de Vente Venezuela Perkins Rocha y el abogado y defensor de derechos humanos, Eduardo Torres. 

Para Aveledo, esta respuesta de la cúpula del chavismo era previsible, tomando en cuenta que la administración de Maduro no es un bloque con respecto a las liberaciones de presos políticos y en algunos casos otorga concesiones , descarta otras, cede a algunas presiones o reacciona de manera más severa. A su juicio, el gobierno perdió la oportunidad de “mostrarse benévolo” porque está hoy dominado por el sector más ortodoxo.

“La visibilidad de Venezuela dentro del mundo católico ofreció una ocasión ideal para la proyección de estas narrativas contrapuestas: Maduro como defensor de la fe desde el discurso oficial, y el gobierno venezolano como agente responsable de las desigualdades y la represión por otro. Esta última fue la narrativa predilecta en la diáspora y en la crítica interna, de escasa capacidad de divulgación (por la censura)”, apuntó Aveledo.

Destacó que el énfasis de promover este evento como una ocasión de encuentro, en la defensa de la paz y la estabilidad colinda demasiado con el discurso oficialista contra la disidencia política, con lo cual perdió todo intento de tracción propia y credibilidad.

“Para el gobierno, liberar a los presos políticos es admitir que dirige una dictadura. Este tema es un punto de honor para ellos y no iba a ceder así como así, creo que desperdició una oportunidad  de mostrarle al mundo que está dispuesto a una solución pacífica y ordenada a la crisis. En un momento de unión para el país, no aprovechó la plegaria del pueblo y se mantuvo firme en su postura no democrática”, coincidió el politólogo Enderson Sequera.  

La controversia en Roma 

Representantes de la Iglesia Católica venezolana también ayudaron a enviar el mensaje.  Durante un acto en Roma, en vísperas de la canonización, el cardenal Baltazar Porras también denunció la situación de los presos políticos y advirtió que la crisis en Venezuela es “moralmente inaceptable”. Cuestionó la militarización del Estado, la persecución a la disidencia y las violaciones de DDHH. 

Otro incidente tuvo lugar previo a la canonización de los dos santos venezolanos, de un total de siete beatos. El embajador de la administración de Maduro en Suiza, Roy Chaderton, fue rodeado por venezolanos en Roma para reclamarle por la situación de los presos políticos: “No podemos ver a nuestros familiares por gente como tú”, le gritó un hombre al exministro de Relaciones Exteriores. 

Una representación de la líder opositora María Corina Machado y el exdiplomático Edmundo Gonzalez, estuvo presente en la ceremonia de canonización en el Vaticano, conformada por los exrefugiados en la embajada de Argentina en Caracas, hoy en el exilio, Magalli Meda y Pedro Urruchurtu y la presidenta de la Comisión Delegada Legislativa (2015), Dinorah Figuera, entre otros.

Delegación que representó a Maria Corina Machado y Edmundo González en el Vaticano

  

“Si estos eventos religiosos no tuvieran un significado público tan profundo, su politización sería prácticamente imposible. Por tanto, la controversia misma es un testimonio de la trascendencia de estos hechos en el país”, reiteró Aveledo. 

Desde la clandestinidad y el exilio en España, Machado y Gonzalez Urrutia abogaron porque el próximo milagro sea la “liberación” de Venezuela y el reencuentro de las familias separadas en el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía. 

Un día después del acto central, el discurso del cardenal y secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, igualmente retumbó en Roma este 20 de octubre. Al presidir una misa de acción de gracias por San José Gregorio Hernández y Santa María Carmen Rendiles, proclamados el domingo por el Papa León XIV, instó a “abrir las prisiones injustas, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos” y a construir un futuro basado en “la justicia, la verdad, la libertad y el amor”.

“La Iglesia Católica se ha consolidado como una de las voces institucionales más críticas frente a la expansión del autoritarismo del Estado venezolano. Lo ha hecho desde su rol de antigua aliada de la democracia, con un mensaje de crítica a las desigualdades basado en la doctrina social de la iglesia y en defensa de la libertad religiosa frente al materialismo marxista”, destacó Aveledo.

Instrumentalizar la religión 

Maduro no se quedó atrás y en los actos de vigilia por la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, acudió en compañía de su esposa, la diputada Cilia Flores, a la casa museo del médico venezolano en La Pastora. 

Mientras que en la Iglesia La Candelaria, donde reposan los restos del santo y en la plaza se colocaron monitores para transmitir, vía canal del Estado, Venezolana de Televisión (VTV)  la ceremonia de canonización, mezclado con mensajes a favor de la gestión de Maduro y la relación que tuvo con el Papa Francisco, quien aprobó la elevación a los altares antes de  morir el 21 de abril de 2025.

Más temprano, había acudido Delcy Rodríguez al templo religioso para darlo por reinaugurado, producto de los trabajos de restauración con motivo de la canonización del llamado “médico de los pobres”.  

También hubo presencia del chavismo en Roma. El grupo estuvo encabezado por la vicepresidenta Sectorial de Ciencia, Tecnología, Educación y Salud, Gabriela Jiménez, la almiranta y alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez y la exministra de Educación y exgobernadora de Monagas, Yelitze Santaella, entre otros. 

Delcy Rodríguez entregó obras en Iglesia de la Candelaria

Otro incidente fue reportado por el periodista Edgar Beltran del medio católico estadounidense The Pillar, quien denunció que el empresario Ricardo Cisneros parte de la comitiva de Miraflores, lo agredió, tras preguntar al sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano,  arzobispo Edgar Peña Parra, si le preocupaba la politización de la canonización por parte de la administración de Maduro. El periodista relató que el empresario lo agarró por la camisa, el cuello y lo empujó, argumentando que hacía una pregunta “muy delicada”.

La noche del 19 de octubre, en cadena nacional de radio y televisión, Miraflores transmitió parte del acto de canonización con un análisis del evento.  

“No debe sorprender que la revolución bolivariana instrumentalice la religión. Durante muchos años lo hizo a través de un discurso que combinaba elementos populistas de reclamo a la jerarquía católica, una interpretación parcial de la religiosidad popular, nociones socialistas cristianas de la teología de la liberación y, a la vez, conceptos del socialismo marxista más cercanos al ateísmo y al desdén hacia lo religioso como opio del pueblo”, acotó Aveledo. 

Delegación de Maduro en Roma

Resaltó que, paradójicamente, mientras el chavismo hostiga a la jerarquía católica, intenta vincularse con aspiraciones de la fe popular, entre ellas la elevación a los altares del doctor José Gregorio Hernández, un logro simbólico, subrayo, por el que el alto clero venezolano trabajó durante décadas.

“En los últimos años, Maduro, quien conste que ha sido uno de los pocos jefes de Estado venezolanos que se había declarado militantemente ateo, ha pivotado hacia nuevos contactos con la religión. Esto se evidencia en su alianza con algunos sectores evangélicos en un cálculo electoral y, por esa misma presión, en un acercamiento a referentes más jóvenes dentro de la jerarquía eclesiástica, en un esfuerzo por promoverse como el ancla de estabilidad y de paz del país frente a supuestas opciones extremistas”, agregó.