Foros internacionales sin impacto en crisis venezolana ni en integración: ¿cuáles son?

POLÍTICA · 27 MARZO, 2022 15:30

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Deisy Martínez


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QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

El Grupo de Lima, Prosur, Grupo Internacional de Contacto, son algunas iniciativas más allá de organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y Naciones Unidas (ONU), que se crearon al calor del conflicto político venezolano, bien sea como mecanismos para el debate, de presión o como un intento de «desplazar a».

Fue precisamente la crisis en Venezuela la que debilitó a organismos nacidos previamente como la Unasur.

Internacionalistas que consultó Efecto Cocuyo señalan que tales foros, unos ya fracasados y otros vigentes pero sin peso, tuvieron poco impacto en la crisis de Venezuela y en la búsqueda de la integración Latinoamericana por el «sesgo ideológico» de uno y otro lado, las visiones distintas, y también por causas ideológicas, que impone la llegada de nuevos presidentes a los países.

Además, porque es muy difícil reemplazar organismos más amplios con trayectoria histórica como la OEA, como ha sido la intención en algunos casos.

«Existen pero sin impacto, no solo sobre Venezuela sino con otros temas por un matiz ideológico muy marcado y porque nacieron con muy poca visión de futuro. Hay instancias para la integración como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y otras para la cooperación que son muy distintas, estas últimas son las que se encuentran muy debilitadas», sostuvo el internacionalista Iván Rojas Álvarez.

¿Qué pasó con el Grupo de Lima?

Fue una iniciativa de 14 países creada el 8 de agosto de 2017 (año de masivas protestas antigubernamentales en Venezuela) en la capital peruana, Lima, que da origen al nombre del grupo. El objetivo: dar seguimiento al conflicto político venezolano y apoyar a la oposición liderada por Juan Guaidó en la lucha por el rescate de la democracia.

La primera declaración fue suscrita por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú. Luego se unieron Guyana, Haití, Santa Lucía y Bolivia. La creación de la instancia fue avalada por los gobiernos de Barbados, Estados Unidos, Granada y Jamaica, así como la OEA y la Unión Europea (UE).

Los cambios de gobierno (de derecha a izquierda) de países participantes como Argentina y Perú, que terminaron retirándose, en línea con una política exterior «no injerencista» en los asuntos internos de otros países, debilitaron al organismo. Ya a finales de 2021 se vaticinaba su desaparición.

En enero de 2021, el Grupo de Lima emitió una declaración en la que desconoció las elecciones parlamentarias de 2020 en Venezuela y por ende a la Asamblea Nacional que de allí resultara, en apoyo a la continuidad del Parlamento de 2015 y de la figura de Guaidó como presidente encargado. El chavismo ha señalado a la instancia, a la que se refiere como «grupo de grima», como epicentro de supuestas conspiraciones para derrocar a Nicolás Maduro.

Nació sin mandato ni misión

«El Grupo de Lima fue una expresión de buena voluntad pero nació sin mandato ni misión y sin capacidad para emitir resoluciones. Nació solo para cuestionar al gobierno de Maduro y promover lo que no se podía aprobar en la OEA por falta de votos», señaló Giovanna De Michele.

La internacionalista advierte que ningún organismo, instancia regional o mundial tiene la capacidad de incidir de manera decisiva en el cambio de rumbo de Venezuela, ni siquiera la ONU, «ni obligar a Maduro a cambiar de rumbo», por lo que considera que dichas iniciativas «son más de lo mismo».

«El toma y dame»

 Unasur. Impulsada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y con el apoyo de gobiernos de izquierda de América Latina como Argentina y Brasil, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) nació en 2008. Fue el deseo de Chávez, que este organismo «concebido para la integración suramericana» fuera una especia de sustituto de la OEA.

De doce estados (Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, Chile, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Bolivia y Uruguay) que la conformaron inicialmente pasó a solo tres: Guyana y Surinam, aparte de Venezuela.

Hasta la sede -una gran edificación en el norte de Quito (Ecuador) con una estatua de Néstor Kirchner (expresidente argentino) a sus pies, fue expropiada en 2018 por el presidente Lenin Moreno para convertirla en una universidad indígena.

Fue justamente el conflicto político venezolano, año 2017, el que dio al traste con el organismo, puesto que los doce Estados miembros no lograron fijar una posición común frente al tema, se dividieron y los gobiernos opuestos a Maduro terminaron retirándose. Unasur acumuló ocho cumbres, la última en diciembre de 2014 en Guayaquil.

Prosur. Promovida por los gobiernos de Colombia con Iván Duque y Chile con Sebastián Piñera, fue creado en 2019, el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) para reemplazar a Unasur. Inicialmente estuvo integrada por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú. El embajador de Guyana en Chile también suscribió la Declaración de Santiago que dio inicio al proceso de creación del Foro.

Los críticos de tal iniciativa le imprimen resultados poco significativos por «falta de coordinación y ambición integradora», agravado con la pandemia. A juicio de algunos no pasó de ser «una revancha ideológica» contra Unasur.

La crítica de Gabriel Boric

El 14 de marzo, el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, señaló que estaba en contra de organismos regionales como Unasur, Prosur y el Grupo de Lima.

 «La serie de siglas que ustedes conocen han mostrado que no sirven para unirnos y avanzar en la integración», dijo.

Para De Michele, las instancias mencionadas, a las que suma otros foros como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), fundada el 23 de febrero de 2010, no logran su cometido porque no van más allá del debate ideológico.

La Celac, con 32 países integrantes que incluyen a Colombia, Paraguay, México, Panamá y Argentina, además de Venezuela, celebró su VI Cumbre de Jefes de Estado, el 18 de septiembre de 2021 en México. El mecanismo fue creado para promover la integración y el desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños.

El evento estuvo marcado por un impasse entre el gobernante Nicolás Maduro y el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, quien dejó claro que su presencia en la Cumbre no implicaba reconocimiento a la administración madurista.

Brasil se retiró de la Celac, bajo la presidencia de Jair Bolsonaro en enero de 2020 por considerar que «daba protagonismo a regímenes no democráticos».

«En la Celac todavía hay un esfuerzo y cosas que se pueden hacer pero de momento pierden empuje porque no son temas prioritarios», agrega Rojas.

En la “Declaración de la Ciudad de México”, emitida luego de la VI Cumbre de la Celac, se plasmaron 44 puntos sobre temas como un orden internacional más justo, la consolidación de la democracia, el fortalecimiento de la educación y de la igualdad de género, la lucha contra la corrupción y la pobreza, y el respeto a los derechos humanos y de los derechos de las minorías, los grupos vulnerables, los pueblos originarios, indígenas y afrodescendientes, entre otros, sin líneas concretas.

 Grupo Internacional de Contacto

Los internacionalistas contrastan el Grupo Internacional de Contacto (GIC) con los foros antes mencionados. Nació en 2019, liderado por la UE, específicamente «para la búsqueda de una salida pacífica y negociada a la crisis de Venezuela».

Está conformado por Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, España, Suecia, Reino Unido, Costa Rica, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Chile. La entrada de ayuda humanitaria y elecciones libres con observación internacional han sido los objetivos.

 Tanto De Michele como Rojas destacan que el GIC reconoce y es reconocido tanto por Miraflores como por la oposición mayoritaria liderada por Guaidó, lo cual ha permitido su sobrevivencia y relevancia.

 «El GIC nace para mediar entre el gobierno de Maduro y la oposición y eso le da un valor importante para seguir como oferente en la búsqueda de soluciones».

Giovanna de Michele, internacionalista

 Para Rojas, al GIC le falta contundencia en sus declaraciones y está por verse su posición frente a la incorporación de otros actores de oposición a las conversaciones con Miraflores ante la crisis de liderazgo y el debilitamiento de Guaidó.

El pasado mes de febrero, el GIC instó a Maduro y a la oposición a «retomar» el diálogo en México, suspendido desde el pasado mes de octubre.

«La única salida a la crisis que atraviesa Venezuela es la negociación política, liderada por los propios venezolanos, que lleve a la organización de elecciones creíbles, inclusivas y transparentes a todos los niveles, incluido a nivel presidencial», expresó el Grupo mediante un comunicado.

«La eterna promesa»

 A juicio de los internacionalistas, lograr la verdadera integración latinoamericana pasa por superar las barreras ideológicas y poner por encima la concepción de Estados independientemente del gobierno de turno, además de los intereses de los pueblos.

Hubo cambio de gobierno en Chile con viraje a la izquierda y lo habrá en Colombia y Brasil, donde se esperan resultados similares.

«La integración latinoamericana es una eterna promesa y no la veo en su mejor momento. Pueden haber cambios de gobiernos pero el Estado debe prevalecer y han surgido liderazgos de derecha e izquierda que no defienden esa lógica».

No hay claridad por ejemplo en Chile y su posición en la Alianza del Pacífico – iniciativa de integración regional fundada en 2011- y Venezuela debería estar en el Mercosur sin importar quien gobierne porque se supone que ese gobierno debería ser democrático».

Iván Rojas Álvarez, internacionalista

El también profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela indica que en los actuales momentos hay agendas muy distintas en cada país lo que dificulta acordar una común para favorecer la integración. De Michele le añade la falta de voluntad política.

 «La integración de América Latina no necesita de un organismo internacional en específico, si hubiera voluntad política y cada país se compromete y lo expresara con hechos concretos se puede lograr», asegura.

 

 

 

 

 

 

 

 

POLÍTICA · 3 FEBRERO, 2023

Foros internacionales sin impacto en crisis venezolana ni en integración: ¿cuáles son?

Texto por Deisy Martínez

El Grupo de Lima, Prosur, Grupo Internacional de Contacto, son algunas iniciativas más allá de organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y Naciones Unidas (ONU), que se crearon al calor del conflicto político venezolano, bien sea como mecanismos para el debate, de presión o como un intento de «desplazar a».

Fue precisamente la crisis en Venezuela la que debilitó a organismos nacidos previamente como la Unasur.

Internacionalistas que consultó Efecto Cocuyo señalan que tales foros, unos ya fracasados y otros vigentes pero sin peso, tuvieron poco impacto en la crisis de Venezuela y en la búsqueda de la integración Latinoamericana por el «sesgo ideológico» de uno y otro lado, las visiones distintas, y también por causas ideológicas, que impone la llegada de nuevos presidentes a los países.

Además, porque es muy difícil reemplazar organismos más amplios con trayectoria histórica como la OEA, como ha sido la intención en algunos casos.

«Existen pero sin impacto, no solo sobre Venezuela sino con otros temas por un matiz ideológico muy marcado y porque nacieron con muy poca visión de futuro. Hay instancias para la integración como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y otras para la cooperación que son muy distintas, estas últimas son las que se encuentran muy debilitadas», sostuvo el internacionalista Iván Rojas Álvarez.

¿Qué pasó con el Grupo de Lima?

Fue una iniciativa de 14 países creada el 8 de agosto de 2017 (año de masivas protestas antigubernamentales en Venezuela) en la capital peruana, Lima, que da origen al nombre del grupo. El objetivo: dar seguimiento al conflicto político venezolano y apoyar a la oposición liderada por Juan Guaidó en la lucha por el rescate de la democracia.

La primera declaración fue suscrita por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú. Luego se unieron Guyana, Haití, Santa Lucía y Bolivia. La creación de la instancia fue avalada por los gobiernos de Barbados, Estados Unidos, Granada y Jamaica, así como la OEA y la Unión Europea (UE).

Los cambios de gobierno (de derecha a izquierda) de países participantes como Argentina y Perú, que terminaron retirándose, en línea con una política exterior «no injerencista» en los asuntos internos de otros países, debilitaron al organismo. Ya a finales de 2021 se vaticinaba su desaparición.

En enero de 2021, el Grupo de Lima emitió una declaración en la que desconoció las elecciones parlamentarias de 2020 en Venezuela y por ende a la Asamblea Nacional que de allí resultara, en apoyo a la continuidad del Parlamento de 2015 y de la figura de Guaidó como presidente encargado. El chavismo ha señalado a la instancia, a la que se refiere como «grupo de grima», como epicentro de supuestas conspiraciones para derrocar a Nicolás Maduro.

Nació sin mandato ni misión

«El Grupo de Lima fue una expresión de buena voluntad pero nació sin mandato ni misión y sin capacidad para emitir resoluciones. Nació solo para cuestionar al gobierno de Maduro y promover lo que no se podía aprobar en la OEA por falta de votos», señaló Giovanna De Michele.

La internacionalista advierte que ningún organismo, instancia regional o mundial tiene la capacidad de incidir de manera decisiva en el cambio de rumbo de Venezuela, ni siquiera la ONU, «ni obligar a Maduro a cambiar de rumbo», por lo que considera que dichas iniciativas «son más de lo mismo».

«El toma y dame»

 Unasur. Impulsada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y con el apoyo de gobiernos de izquierda de América Latina como Argentina y Brasil, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) nació en 2008. Fue el deseo de Chávez, que este organismo «concebido para la integración suramericana» fuera una especia de sustituto de la OEA.

De doce estados (Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, Chile, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Bolivia y Uruguay) que la conformaron inicialmente pasó a solo tres: Guyana y Surinam, aparte de Venezuela.

Hasta la sede -una gran edificación en el norte de Quito (Ecuador) con una estatua de Néstor Kirchner (expresidente argentino) a sus pies, fue expropiada en 2018 por el presidente Lenin Moreno para convertirla en una universidad indígena.

Fue justamente el conflicto político venezolano, año 2017, el que dio al traste con el organismo, puesto que los doce Estados miembros no lograron fijar una posición común frente al tema, se dividieron y los gobiernos opuestos a Maduro terminaron retirándose. Unasur acumuló ocho cumbres, la última en diciembre de 2014 en Guayaquil.

Prosur. Promovida por los gobiernos de Colombia con Iván Duque y Chile con Sebastián Piñera, fue creado en 2019, el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) para reemplazar a Unasur. Inicialmente estuvo integrada por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú. El embajador de Guyana en Chile también suscribió la Declaración de Santiago que dio inicio al proceso de creación del Foro.

Los críticos de tal iniciativa le imprimen resultados poco significativos por «falta de coordinación y ambición integradora», agravado con la pandemia. A juicio de algunos no pasó de ser «una revancha ideológica» contra Unasur.

La crítica de Gabriel Boric

El 14 de marzo, el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, señaló que estaba en contra de organismos regionales como Unasur, Prosur y el Grupo de Lima.

 «La serie de siglas que ustedes conocen han mostrado que no sirven para unirnos y avanzar en la integración», dijo.

Para De Michele, las instancias mencionadas, a las que suma otros foros como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), fundada el 23 de febrero de 2010, no logran su cometido porque no van más allá del debate ideológico.

La Celac, con 32 países integrantes que incluyen a Colombia, Paraguay, México, Panamá y Argentina, además de Venezuela, celebró su VI Cumbre de Jefes de Estado, el 18 de septiembre de 2021 en México. El mecanismo fue creado para promover la integración y el desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños.

El evento estuvo marcado por un impasse entre el gobernante Nicolás Maduro y el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, quien dejó claro que su presencia en la Cumbre no implicaba reconocimiento a la administración madurista.

Brasil se retiró de la Celac, bajo la presidencia de Jair Bolsonaro en enero de 2020 por considerar que «daba protagonismo a regímenes no democráticos».

«En la Celac todavía hay un esfuerzo y cosas que se pueden hacer pero de momento pierden empuje porque no son temas prioritarios», agrega Rojas.

En la “Declaración de la Ciudad de México”, emitida luego de la VI Cumbre de la Celac, se plasmaron 44 puntos sobre temas como un orden internacional más justo, la consolidación de la democracia, el fortalecimiento de la educación y de la igualdad de género, la lucha contra la corrupción y la pobreza, y el respeto a los derechos humanos y de los derechos de las minorías, los grupos vulnerables, los pueblos originarios, indígenas y afrodescendientes, entre otros, sin líneas concretas.

 Grupo Internacional de Contacto

Los internacionalistas contrastan el Grupo Internacional de Contacto (GIC) con los foros antes mencionados. Nació en 2019, liderado por la UE, específicamente «para la búsqueda de una salida pacífica y negociada a la crisis de Venezuela».

Está conformado por Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, España, Suecia, Reino Unido, Costa Rica, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Chile. La entrada de ayuda humanitaria y elecciones libres con observación internacional han sido los objetivos.

 Tanto De Michele como Rojas destacan que el GIC reconoce y es reconocido tanto por Miraflores como por la oposición mayoritaria liderada por Guaidó, lo cual ha permitido su sobrevivencia y relevancia.

 «El GIC nace para mediar entre el gobierno de Maduro y la oposición y eso le da un valor importante para seguir como oferente en la búsqueda de soluciones».

Giovanna de Michele, internacionalista

 Para Rojas, al GIC le falta contundencia en sus declaraciones y está por verse su posición frente a la incorporación de otros actores de oposición a las conversaciones con Miraflores ante la crisis de liderazgo y el debilitamiento de Guaidó.

El pasado mes de febrero, el GIC instó a Maduro y a la oposición a «retomar» el diálogo en México, suspendido desde el pasado mes de octubre.

«La única salida a la crisis que atraviesa Venezuela es la negociación política, liderada por los propios venezolanos, que lleve a la organización de elecciones creíbles, inclusivas y transparentes a todos los niveles, incluido a nivel presidencial», expresó el Grupo mediante un comunicado.

«La eterna promesa»

 A juicio de los internacionalistas, lograr la verdadera integración latinoamericana pasa por superar las barreras ideológicas y poner por encima la concepción de Estados independientemente del gobierno de turno, además de los intereses de los pueblos.

Hubo cambio de gobierno en Chile con viraje a la izquierda y lo habrá en Colombia y Brasil, donde se esperan resultados similares.

«La integración latinoamericana es una eterna promesa y no la veo en su mejor momento. Pueden haber cambios de gobiernos pero el Estado debe prevalecer y han surgido liderazgos de derecha e izquierda que no defienden esa lógica».

No hay claridad por ejemplo en Chile y su posición en la Alianza del Pacífico – iniciativa de integración regional fundada en 2011- y Venezuela debería estar en el Mercosur sin importar quien gobierne porque se supone que ese gobierno debería ser democrático».

Iván Rojas Álvarez, internacionalista

El también profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela indica que en los actuales momentos hay agendas muy distintas en cada país lo que dificulta acordar una común para favorecer la integración. De Michele le añade la falta de voluntad política.

 «La integración de América Latina no necesita de un organismo internacional en específico, si hubiera voluntad política y cada país se compromete y lo expresara con hechos concretos se puede lograr», asegura.

 

 

 

 

 

 

 

 

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