Ángel Álvarez: El dilema de la oposición es convertir el apoyo popular en un factor de poder

POLÍTICA · 10 ENERO, 2022 16:47

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Ibis Leon | @ibisL

Foto por Mairet Chourio

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Tras el triunfo opositor en Barinas, la cuna del chavismo, el doctor en ciencias políticas Ángel Álvarez considera que el gran dilema que enfrentan los sectores que adversan a Nicolás Maduro es “cómo convertir el apoyo popular en un factor de poder”.

“La oposición puede ganar elecciones, pero difícilmente puede gobernar o legislar. Cuando ha ganado le designan protectores en los estados o le escatiman los recursos. Este es un grave dilema que la oposición debe resolver, cómo convertir el apoyo popular en un factor de poder. Hasta ahora, el gobierno ha podido anular, de facto, los cargos conquistados por la oposición”, argumenta.

Rechazo a la élite

El profesor considera que la victoria del candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Sergio Garrido, indica un alto rechazo a una élite que utilizó el poder para enriquecerse, específicamente la familia Chávez; también confirma que para la oposición “es mucho más eficiente una estrategia de coalición”, en la que los partidos hacen alianzas a favor de una candidatura unitaria.

“El único recurso que tiene la oposición a mano para enfrentar al chavismo es el voto y el apoyo popular, estrategias distintas a la electoral han conducido a un fracaso rotundo. Cada vez que se ha intentado el levantamiento popular o la rebelión militar ha sido catastrófico”, señala.

El politólogo sostiene que la oposición venezolana no tiene capacidad para provocar una transición política: “Las transiciones las hacen las élites que están en el poder cuando se fracturan. Cuando la fractura se produzca en los factores del chavismo, y sea insostenible, entonces aparecerá la oportunidad para la transición en Venezuela”.

Para ejemplificar el punto anterior, Álvarez menciona la transición en México que inició con la división del PRI (Partido Revolucionario Institucional), en 1996. El PRI  fue el partido predominante durante 70 años en el país centroamericano.

Otro caso que refiere es la caída de la Unión Soviética, el profesor explica que fue una fractura en el Partido Comunista provocada por la pugna entre los “modernizadores” y los “conservadores” lo que marcó el fin de ese sistema político.

“Venezuela misma es otro ejemplo, en 1958 Marcos Pérez Jiménez cae cuando un sector importante de la Fuerza Armada Nacional lo abandona, no fue Acción Democrática, ni URD (Unión Republicana Democrática) ni el Partido Comunista. Lo sacaron los militares que habían sido perezjimenistas hasta 1957”, expone.

“La oposición no puede ofrecer una transición, salvo demagógicamente, pero debe prepararse para que cuando esta ocurra sea llamada por la facción mayoritaria del chavismo que quiera propiciar la transición”, agrega.

Divisiones en el Psuv

El profesor afirma que hay divisiones en el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) desde hace mucho tiempo, específicamente desde la muerte de Hugo Chávez, pero esto no implica una implosión del partido de gobierno.

“Todo movimiento personalista entra en crisis cuando muere el líder fundador de ese movimiento. Esto no significa que las tensiones internas que se dan en el seno del movimiento chavista acaben con el régimen político porque esas coaliciones y esos partidos pueden tener mecanismos eficientes para resolver las controversias”, sostiene.

La derrota del chavismo en Barinas “más que una fractura revela la pérdida de respaldo popular y el descontento con una gestión que ha sido excluyente, elitista y corrupta”, añade.

En su opinión, el chavismo tiene dos opciones: propiciar una transición gradual o aumentar la opresión.

En el primer escenario, reconoce que está disminuyendo su poder, trata de conseguir una forma negociada para no perderlo todo y se dispone a impulsar una apertura económica y política.

En el segundo, se radicaliza porque percibe que perder el poder es igual a la cárcel o la muerte. La designación de un protector en Barinas sería una forma de hacerlo, apunta Álvarez.

¿Rebelión de las regiones?

El politólogo considera que la decisión de los líderes regionales de participar en elecciones aún sin condiciones, contraviniendo la línea de algunas organizaciones políticas, no obedece a una rebelión contra la dirigencia nacional sino a un cálculo práctico: “Los activistas nacionales tienen acceso a algunos recursos a través de su relación con Estados Unidos, no dependen de la administración pública, de empleos ni cargos para vivir y hacer política, pero el activista municipal sí”.