OPINIÓN · 27 OCTUBRE, 2021 05:30

Lía, la modernizadora

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Susana Reina | @feminismoinc

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Maracaibo, 1998. Hace entrada el señor gobernador a un acto solemne. Los integrantes de la orquesta gubernamental designada para engalanar ese día, en lugar de interpretar el himno nacional o el del Estado Zulia como corresponde, tocan un réquiem fúnebre, todos vestidos de negro cerrado. Al día siguiente, en otro acto oficial, al llegar el gobernador, se ponen de pie y le dan la espalda, con un lazo negro en el brazo en señal de luto. Así lo hacen durante varias semanas con cobertura a ocho columnas por el diario más leído de la región también enemistado, aunque por otras razones, con la labor de gobierno.

Esa fue la manera que los músicos encontraron para protestar por las medidas que, desde el gabinete ejecutivo, se estaban tomando para poner orden en las contrataciones colectivas de los empleados y obreros de la gobernación, de la cual ellos formaban parte. Para ese momento estaba yo al frente de una comisionaduría para la modernización del Estado. Fueron días donde se prestaba mucha atención a los temas de descentralización, privatización, ordenamiento de nóminas, adecentamiento de contratos, lo que implicaba complejas negociaciones con gremios y sindicatos, además de odiosas medidas de ajuste necesarias para asegurar un mejor desempeño del aparato estatal.

Una de las estrategias que nos planteamos para darle más piso político a estas impopulares decisiones, fue la de constituir un Consejo Consultivo para la Reforma, compuesto por personalidades de la región en diversos ámbitos, la mayoría con bastante prestigio y poder de decisión en sus áreas de actuación, con el objetivo de mantenerles informados de primera mano sobre nuestros programas y proyectos, así como contribuir al fundamento de cada decisión que íbamos tomando. Igualmente le servía a nuestro equipo de trabajo para conocer sus impresiones y puntos de vista sobre el proceso, recogiendo sugerencias y ajustando medidas y tiempos para que todo este ambicioso plan tuviera más viabilidad en el espacio público, incluidas sus implicaciones políticas y comunicacionales.

Crisis con los músicos

Cuando iniciamos el proceso de revisión de las contrataciones colectivas, nos tropezamos con realidades muy chocantes que no tenían ningún asidero ni sentido común, no al menos para la situación de crisis que presentaba el Zulia en diferentes aspectos de su desarrollo. Uno de los casos más emblemáticos de este conflicto fue el de las orquestas y agrupaciones musicales adscritas a la Secretaría de Cultura. A lo largo de la historia, en el Zulia, se conformaron varias orquestas, para diferentes propósitos. Orquesta Sinfónica de Maracaibo, Orquesta Rafael Urdaneta, Orquesta Típica, Orquesta Juvenil, agrupaciones de cámara, etc. En su momento llegaron a funcionar simultáneamente seis o siete orquestas.

Un músico, digamos un clarinetista, podía tocar para varias orquestas simultáneamente. El problema es que desde cada una de ellas tenía un contrato a tiempo completo por el cual devengaba salario, bonificaciones, vacaciones y beneficios derivados de la contratación colectiva. Es decir, que este clarinetista cobraba varias veces el mismo paquete por un trabajo a tiempo parcial en cada una de ellas. Nuestro trabajo era poner orden y lógica cambiando la modalidad de contratación típica del sector público, que obviamente no se ajustaba al tipo de labor que ellos desempeñaban.

Nuestra idea original era aproximar estas agrupaciones al sector privado, priorizando el ejercicio de promoción cultural a través de becas y otros mecanismos que acercasen la ciudadanía a las expresiones culturales, que enriquecieran su identidad y su recreación. Defendíamos el enfoque central del Estado, en el diseño, coordinación y regulación de políticas públicas, también en el apoyo a la infraestructura y el equipamiento, incluso en el subsidio al consumo de los bienes culturales más que en el sostenimiento operativo de este tipo de servicios, que perfectamente podían asumir otros actores de la sociedad civil.

Pero intentar ejecutar esto ya eran palabras mayores y “pisaba muchos callos”, por lo que nos mantuvimos con el propósito de reordenar, al menos, estos contratos. Obviamente nuestra iniciativa disparó las alertas, porque los ponía a perder estos privilegios y, además de hacer una guerra mediática con sus declaraciones, boicotearon los actos donde el gobernador se presentaba en demostración de su abierto rechazo a las medidas anunciadas.

Lía al rescate

Al producirse e intensificarse todos estos desencuentros con las orquestas, Lía Bermúdez, quien estaba en nuestro Comité de Reforma y al cual asistía asiduamente por ser una creyente fiel de la eficiencia y el rol del gobierno en el desarrollo regional, se propuso para ser mediadora.

A mí me asombró su determinación, pero se la tomé al vuelo. ¿Quién mejor que ella para buscar espacios de conciliación entre ambas partes, conocedora como era de la dinámica de la gestión cultural local y nacional?, ¿cómo no aprovechar su experiencia cuando fue directora del Instituto Zuliano de la Cultura y Secretaria de Cultura del Estado Zulia?

Con disciplina y humildad de aprendiz se leyó todos los argumentos a favor de nuestra posición, se reunió con la gente de recursos humanos de la gobernación, preguntó, se empapó de la materia y fue a reunirse con los directores de las orquestas, quienes tenían la particularidad de ser artistas y, a la luz de nuestras apreciaciones, actuaban como “divos” a los que debían rendirles pleitesía por el privilegio de contar con sus ocasionales servicios. Quizá esto, en muchos casos, fuese cierto. Nunca pusimos en duda su calidad artística. En mi opinión, nunca debieron ser funcionarios públicos de carrera, pero fuese de quien fuese la responsabilidad de aquellos contratos, lo cierto es que estábamos decididos a corregir aquel entuerto aun cuando teníamos muchas dificultades para conversar fluidamente sobre el tema con ellos.

Lía no solo fue vocera de nuestras intenciones, sino que nos acercó además los puntos de vista de los músicos involucrados en el proceso, lo cual nos ayudó a realizar la labor con más tino y menos enfrentamiento del que habíamos mostrado al inicio. Régulo Pachano Olivares, creador y gerente general del Centro de Arte de Maracaibo por 28 años, se acuerda muy bien de todo esto: “ella desenmascaró al grupo que estaba complicando la gestión del gobernador, porque siempre sostuvo que la dignidad salarial de los artistas debía buscarse sin menoscabo de la hacienda del Estado”. Un pensamiento sin duda alguna modernizador.

Escultora de mentes

Yo quiero destacar con esta anécdota, más allá del resultado final del proceso de negociaciones -que avanzó hasta donde lo dejamos por salir del gobierno en el 2000-, que para mí Lía ejerció en ese pequeño pero significativo acto, una valentía enorme al ofrecerse para entrar en una contienda dura, llena de confrontaciones, algo de lo que nada habría de ganar y mucho podía perder. Y lo hizo de buena fe, sabiendo que su labor de gestora cultural trascendía la gerencia operativa de un centro de arte.

Ella siempre fue consciente de su influencia para mutar haceres culturales desde todos los espacios, no solo desde los artísticos, y por ello se supo actora y protagonista, más que espectadora, de los muchos cambios positivos que vivimos de su mano en el Zulia. Lía Bermúdez fue escultora del metal, pero también lo fue de la mente de mucha gente para hacerles entender que el gobierno no es un botín del cual servirse, sino una institución llamada a servir.

Esto fue solo una anécdota, pero también recuerdo su percutir constante sobre la conciencia marabina y zuliana desde sus espacios, sus colores, su visión de la ensenada portuaria, sus proyectos orientados siempre a fortalecer la identidad y el imaginario cultural zuliano, sin distingos de clase ni academicismos superfluos.

Las dos fuimos migrantes caraqueñas acogidas por la inmensa amabilidad maracaibera y nos unió siempre el deseo de aportar donde fuese necesario, con mucho corazón y buena voluntad. Fue para mí inspiración permanente y ejemplo de fuerza transformadora. Descansa en paz querida amiga.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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