Dolarización en Venezuela: ¿herramienta económica o estrategia política?

“La dolarización sin un marco institucional formal lejos de unificar a la nación, acentúa severamente sus fracturas socioeconómicas”

Dolarización en Venezuela: ¿herramienta económica o estrategia política?

El fenómeno monetario venezolano ha dejado de ser una simple válvula de escape transaccional para convertirse en un sofisticado dispositivo de gobernabilidad. Quienes observan el devenir cotidiano comprenden que el uso de la divisa estadounidense trascendió el ámbito meramente financiero para instalarse en el corazón de la dinámica del poder. No estamos ante un accidente de mercado ni ante un dogma ideológico superado, sino ante una decisión pragmática que redefine la relación entre el Estado y el ciudadano. 

Desde la perspectiva del análisis politológico, la libre circulación del dólar opera de forma dual: despolitiza la frustración social al tiempo que le otorga al gobierno un margen de maniobra inédito. La economía se convirtió en el principal encuadre de la conversación pública, desplazando debates conceptuales sobre institucionalidad, derechos humanos o representatividad partidista. Asumir la divisa norteamericana como moneda de facto permitió al sector oficial contener el colapso absoluto sin necesidad de ejecutar reformas estructurales profundas de democratización. 

¿Debate real o distractor de opinión pública?

En el terreno de la comunicación política, el fenómeno actúa como un eficaz señuelo dentro de la agenda setting nacional. Mientras la discusión pública se enreda en los porcentajes de brecha cambiaria, encajes legales o impuestos a las grandes transacciones financieras, el foco se distrae de las demandas fundamentales de cambio político. La ciudadanía invierte sus mejores capacidades cognitivas en resolver la subsistencia familiar diaria, lo que neutraliza la propensión a la movilización masiva y a la protesta organizada. 

Se trata de un mecanismo de pacificación social altamente efectivo mediante la atomización de las expectativas populares. La discusión técnica sobre si la dolarización debe formalizarse o revertirse distrae del hecho de que la moneda nacional perdió completamente su valor funcional. El poder político instrumentaliza esta distracción para fragmentar a la opinión pública entre quienes acceden a las divisas y quienes subsisten al margen del circuito económico. 

Un país fragmentado por la brecha cambiaria

La dolarización sin un marco institucional formal lejos de unificar a la nación, acentúa severamente sus fracturas socioeconómicas. Existe una Venezuela conectada a las remesas, al comercio informal internacionalizado y a los sectores comerciales privilegiados, frente a otra atrapada en ingresos nominales devaluados. Esta brecha fractura el sentido de destino común e impide la consolidación de una identidad de demanda ciudadana homogénea frente al liderazgo político. 

Las grandes mayorías experimentan una desintegración social silenciosa provocada por la pérdida del poder adquisitivo en términos reales. El sentimiento de despojo cotidiano no genera una respuesta colectiva articulada, sino una salida individualista expresada en el emprendimiento informal o la migración constante. La fragmentación del cuerpo social debilita el tejido comunitario necesario para articular alternativas democráticas sostenibles dentro de la dinámica nacional. 

Impactos en el tablero del liderazgo político

Para figuras del oficialismo como Delcy Rodríguez, el manejo del esquema de flexibilidad cambiaria representa la piedra angular de su propuesta de estabilidad gerencial. Este enfoque busca proyectar una imagen de eficiencia tecnocrática y apertura económica que intenta seducir a sectores empresariales y actores internacionales. Sin embargo, esta narrativa enfrenta un techo de cristal debido a la persistente inflación en dólares que erosiona el respaldo en los sectores populares empobrecidos. 

Por su parte, liderazgos opositores de contrapeso estructural como María Corina Machado enfrentan un reto comunicacional complejo frente al fenómeno económico. Su discurso libertario sobre el libre mercado resuena conceptualmente con la dolarización, pero debe conectar con el electorado perjudicado por la desigualdad que genera la falta de protecciones sociales. El desafío reside en transformar la indignación del ciudadano excluido del circuito de divisas en un voto consciente y movilizado en la coyuntura política. 

La persistencia de esta distorsión monetaria abre un terreno fértil para el surgimiento de un potencial outsider político. Un actor no tradicional podría capitalizar el descontento proponiendo soluciones drásticas que prometan estabilizar definitivamente los ingresos familiares. La erosión acumulada en los partidos tradicionales facilita que discursos populistas de corte pragmático encuentren eco en una población exhausta del conflicto entre élites e inestabilidad económica. 

¿Estabilidad económica sobre la vía electoral?

El ciudadano común ha reconfigurado su jerarquía de prioridades tras años de aguda polarización y deterioro ininterrumpido. La expectativa de unas elecciones presidenciales no siempre supera en la urgencia cotidiana al deseo de alcanzar previsibilidad financiera y poder de compra real. Si bien el deseo de cambio democrático permanece subyacente, la urgencia del bolsillo moldea la conducta y el ánimo de la opinión pública en el corto plazo. 

Esta aparente primacía de lo económico sobre lo político constituye una trampa de supervivencia colectiva. Creer que se puede alcanzar un bienestar duradero mediante un parche monetario sin garantías institucionales es depositar la fe en una ilusión frágil. La resolución de la crisis venezolana exige comprender que la economía no se estabilizará de forma definitiva sin la reconstrucción plena del sistema democrático. Para ello, el liderazgo político tiene una enorme responsabilidad de comprensión del fenómeno.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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Autor(a)

Politólogo con especialización en gerencia social. Actualmente es el coordinador general del Centro Gumilla en el Estado Lara. Profesor universitario de pre y postgrado. Analista político y de tendencias electorales. Columnista de opinión. Locutor y conductor de programas de radio.