Por Oscar Doval
@OscarDoval

¡No, no es una idea delirante, ni una fuga de la realidad! Cada vez, más y más, entre sanciones y caos político, se están acercando inversionistas privados a Venezuela. Una última ola de transacciones de cierta envergadura han sido realizadas por fondos o grupos extranjeros, con alto apetito de riesgo, en búsqueda de retornos significativos.

Existen en el mundo grupos de inversión, bajo la figura de fondos, oficinas familiares, empresas o corporaciones, totalmente privados o que cotizan en sus respectivos mercados de valores, dispuestos a invertir en países como el nuestro. Dentro de su estrategia de crecimiento, estos entes comprenden la diversificación de sus inversiones, a través de la introducción de un portafolio de inversiones de alto riesgo (venture capital), que ofrecen mayores rendimientos con cortas o largas vocaciones de permanencia.

Las valoraciones de los activos en Venezuela suelen ser hoy muy bajas en comparación con las que tenían años atrás. Esto ocurre por el riesgo político venezolano (institucionalidad dudosa, inseguridad jurídica, expropiaciones en el pasado), así como la abundante propaganda denigrativa sobre nuestra patria que durante los últimos 20 años ha inundado los medios nacionales e internacionales, forzada incluso por nuestros propios compatriotas. Esto contribuye a la percepción de Venezuela por los inversores como un “mercado fronterizo”, categoría que incluye a la mayoría de países africanos, centroamericanos y a varios asiáticos, caracterizados por ser poco cubiertos por los medios de noticias de negocios, y que son considerados como los mercados más riesgosos y pequeños del mundo. Venezuela, lejos de ser un mercado fronterizo, se acerca más a mercados emergentes de riesgo, un poco más sofisticados que el primer concepto, con potenciales de crecimiento mucho mayores, no obstante las dificultades sociales, políticas y económicas que atravesamos.

Lo privado

Algunos ejemplos de esta tendencia es la venta de Seguros Caracas por parte de Liberty Mutual al grupo chileno Quiroga, liderado por el conocido empresario Isidoro Quiroga, dueño del emporio de agua más grande de Chile. Más recientemente, DirecTV, hoy Simple TV, fue vendido al fondo de inversiones chileno Scale Capital, dedicado a proyectos de entretenimiento. También, la gigante trasnacional de alimentos, Cargill de Venezuela, fue adquirida por un fondo canadiense de capital chino, Phoenix Global Investment, junto con la familia Puig, empresarios venezolanos de larga tradición, quienes operarán la corporación adquirida. Otras tantas operaciones privadas, cuyos nombres nos vemos obligados a guardar, han sido realizadas los pasados meses.

Lo público

En el ámbito de empresas del Estado, se están realizando alianzas y ventas a diferentes fondos, grupos e individuos, cuya identidad queda protegida por la Ley Antibloqueo, que es explicita en cuanto al sigilo respecto al aliado, socio o comprador, para evitar que los gringos sancionen a los nuevos inversionistas por hacer negocios con el gobierno venezolano. Siguiendo esta práctica, importantes empresas como Lácteos los Andes, la central azucarera Pio Tamayo, Agropatria, empresas petroleras y gasíferas de operación y servicios y muchas otras, reposan hoy en manos de privados. Asimismo, corre el rumor de que el gobierno está negociando Movilnet y Cantv, así como empresas de generación y distribución eléctrica. Dicen por ahí que en Miraflores se escucha una orden pretoriana de “entregar” a operadores privados las empresas que tradicionalmente ha “mal manejado” el Estado para que sean activadas por empresarios privados. Grupos iraníes, chinos, rusos y de otros países aliados; así como empresarios locales cercanos al oficialismo, “suenan” como los mayores beneficiarios de estas transacciones.

Nuestro desastre

Venezuela ha sido, es y será, una promesa de desarrollo y riqueza, con potenciales inestimables, que nosotros mismos los venezolanos y nuestros dirigentes, los de antes y los de ahora, hemos destrozado cíclicamente y sin miramiento alguno. Esta receta nefasta ha tenido como principal ingrediente el poner al servicio de agendas políticas, los aspectos económicos y sociales del país. Hemos pasado por ciclos económicos de riqueza y pobreza, de abundancia y escasez, tan vertiginosos y rápidos, como si de cambiarse una franela de tratara. No olvidemos que el PIB venezolano en 2015 superaba los 300 millardos de dólares, mientras a finales de 2020, difícilmente alcanzó los 30 millardos. Pero no culpemos de esto sólo a la revolución, tenemos todavía muy frescos en la memoria los ingentes ingresos y riquezas generados en Venezuela, durante el período de CAP 1, debido a la nacionalización de las empresas petroleras y básicas, para tan solo una década después, entrar en una severa crisis económica.

Factor humano

Entre otras cosas, Venezuela es un destino excepcional para inversiones, ya que desde una óptica de gente, incluso tras la dramática diáspora de unos 5 millones de compatriotas, contamos todavía con un mercado de 27 millones de personas, acostumbradas al consumo, al consumismo y a la economía de mercados, sembrada durante todo el siglo XX, mucho antes de que se adviniera el chavismo. Además, hoy con una golpeada capacidad de adquisición de bienes y servicios, con pocos o muchos dólares en cash en las manos, seguimos teniendo una masa de micro-consumo o consumo del día a día, no muy diferentes a la mayoría de los países latinoamericanos. Por otra parte, no obstante la fuga de talento venezolano, en búsqueda de mejores condiciones de vida, persiste en Venezuela un talento calificado para lograr la activación económica del país, esto sin contar que nuestro gentilicio, no sólo se caracteriza por se afectuoso, simpático y tolerante –en extremo-, sino por el fuerte trabajo y tesón.

En la siguiente entrega, les prometo extenderme un poco más sobre las bondades de Venezuela como destino de inversión para capitales foráneos y locales. Como les decía al inicio, no crean que estoy delirando, les estoy hablando desde la convicción de que nuestra patria es una “tierra de leche y miel”, aunque nuestros políticos y, muchas veces, nosotros mismos nos empeñemos en destruirla.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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