¿Autodomesticación? - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 12 OCTUBRE, 2020 04:35

¿Autodomesticación?

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Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

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“2017: investigadores señalan posible mecanismo genético en la domesticación humana”

Los seres humanos no siempre fuimos los animales dóciles, amables y domesticados que somos hoy. Muy probablemente nuestros antepasados ​​eran salvajes, feroces, y solo con el tiempo, se seleccionaron rasgos más cooperativos entre nosotros, crecimos mejor, viviendo y trabajando con otros humanos en comunidades, permitiendo el desarrollo de la civilización. A esto se le llama la hipótesis de la autodomesticación y ha existido al menos desde el trabajo de Darwin publicado en el año de 1868.

Hay muchas pistas que parecen apuntar a esto, pero ahora un equipo de científicos afirma tener la primera evidencia experimental. Se encuentra, dijeron, en un gen que controla el desarrollo facial. Pero para entender cómo se hizo la conexión con el desarrollo facial, primero hablemos de animales domesticados.

Los seres humanos hemos domesticado algunos animales, criándolos selectivamente para que sea más fácil convivir con ellos: perros, gatos, ovejas y vacas, por ejemplo. Si miramos de cerca, estos animales no solo difieren de sus contrapartes salvajes en temperamento y afabilidad, sino que también se ven diferentes. Estos cambios incluyen hocicos más cortos, dientes más pequeños, colas rizadas, despigmentación, orejas caídas, cerebros más pequeños y una fisiología más juvenil.

Estos cambios físicos se conocen como “síndrome de domesticación” y se han relacionado con un déficit de genes en un grupo de células madre llamada cresta neural, durante el desarrollo embrionario. Estas células son responsables, entre otras cosas, del desarrollo de las glándulas suprarrenales, el cráneo, los dientes y el sistema nervioso periférico, así como las que influyen en la estructura facial y la pigmentación de la piel.

El mecanismo detrás de la domesticación probablemente se deba a las glándulas suprarrenales, que se deriva de la cresta neural, estas segregan unas hormonas relacionadas con la mansedumbre. Dado que estos cambios solo se observan en animales domésticos, parece que los genes responsables de ellos también podrían estar implicados en los cambios de “personalidad” que están involucrados en la domesticación.

Un análisis de los genomas de perros y lobos encontró cientos de genes que podrían estar potencialmente involucrados en la domesticación. Las cosas se ponen más interesantes cuando se realiza la misma comparación entre cráneos humanos y los de otros homínidos, como los neandertales. ¡Son evidentes las diferencias! Nuestros cráneos son más pequeños, de apariencia más juvenil, con bordes de cejas menos prominentes. Entonces, ¿nos domesticamos?

En un artículo publicado en 2017, un equipo de investigadores propuso que también podría haber un mecanismo genético en la domesticación humana. Así, un equipo dirigido por el biólogo molecular Giuseppi Testa del Instituto Europeo de Oncología llevó a cabo su investigación. En una serie de pruebas de laboratorio in vitro, los investigadores se centraron en un gen que juega un papel clave en un trastorno del desarrollo llamado síndrome de Williams-Beuren.

Las personas con síndrome de Williams-Beuren tienen caras más infantiles y tienden a ser amigables, locuaces y confiadas, sin indicios de agresividad. También carecen (entre otras anomalías genéticas) de una copia del gen llamado BAZ1B, las personas sin el síndrome tienen dos.

Entonces, los investigadores realizaron pruebas para ver qué pasa cuando se altera BAZ1B. Cultivaron 11 líneas de células madre de la cresta neural: cuatro de personas con síndrome de Williams-Beuren, cuatro de personas con su fenotipo opuesto, con comportamientos de mutismo selectivo y agresión física, y tres de personas con ninguna de estas expresiones. Luego comenzaron a “sintonizar” la actividad de BAZ1B y determinaron que tenía un efecto en cientos de genes asociados con el desarrollo facial y craneal. En particular, un BAZ1B ralentizado produjo los rasgos faciales asociados con el síndrome de Williams-Beuren. Esto parece bastante consistente con un vínculo entre los cambios físicos y el comportamiento amistoso.

A continuación, observaron los genomas de nuestros parientes extintos, los neandertales y los denisovanos, en busca de diferencias en los genes regulados por BAZ1B entre las especies. Y encontraron que esos genes en los humanos modernos tenían una cantidad significativa de mutaciones que no se ven en los homínidos arcaicos. Esto indica que BAZ1B es importante para explicar por qué nuestro rostro es tan diferente al de nuestros parientes extintos, los neandertales. Esto sugiere que la selección natural nos estaba moldeando.

Y debido a que muchos de estos genes también han sido seleccionados en otros animales domesticados, los humanos modernos también fuimos sometidos a un proceso de domesticación. El artículo publicado en Science Advances nos muestra el panorama, proporciona por primera vez una validación experimental de la hipótesis de la autodomesticación basada en la cresta neural.

El resultado no es una prueba concluyente de que los humanos se autodomesticaron, tampoco muestra cuánto contribuyó BAZ1B, si es que lo hizo. Pero si existe un sustento genético para la autodomesticación, es probable que esté involucrado más de un gen.

En última instancia, lo que esto sugiere es que, al igual que los perros, los seres humanos se sometieron a un proceso que seleccionaba a los individuos que eran menos agresivos. A medida que los humanos formaron sociedades más complejas, es posible que se favorecieran a las parejas que mostraban menos agresión reactiva. En las sociedades de bonobos (un tipo de primates), los grupos de hembras se unen para reprimir a los machos violentos. Quizás en los humanos, un castigo coordinado similar podría haber limitado el éxito reproductivo de individuos altamente agresivos. Aunque se necesita más investigación, ciertamente existen similitudes genéticas asociadas con la cresta neural en humanos y animales domésticos.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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