La Gran Misión Vivienda: el programa social que terminó retratando al chavismo
“El programa pronto se convirtió en una de sus herramientas propagandísticas preferidas”

Cuando el expresidente Hugo Chávez lanzó la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) el 30 de abril de 2011, presentó la iniciativa como la mayor política habitacional en la historia del país. El objetivo era monumental: eliminar el déficit de viviendas mediante la construcción de millones de hogares para familias de bajos ingresos y acabar con los cordones de marginalidad de las ciudades.
El programa pronto se convirtió en uno de los principales símbolos de la llamada revolución bolivariana y en una de sus herramientas propagandísticas preferidas.
Sin embargo, la Misión Vivienda representa mucho más que un programa de construcción de apartamentos. Constituye una ventana privilegiada para comprender el funcionamiento del modelo chavista, su manejo de los recursos durante la bonanza petrolera (2003-2014), su profunda centralización política y su tendencia a sustituir instituciones por mecanismos personalistas.
Venezuela no comenzó a construir viviendas populares con Chávez. Desde mediados del siglo XX, organismos como el Banco Obrero y posteriormente el Instituto Nacional de la Vivienda (Inavi) desarrollaron programas masivos de urbanización en Caracas, Maracaibo, Valencia y Barquisimeto.
La diferencia fundamental no residía únicamente en la cantidad de viviendas construidas, sino en el modelo institucional. Mientras las políticas anteriores descansaban sobre organismos permanentes del Estado, el chavismo optó por crear una “misión”, directamente vinculada al liderazgo presidencial y concebida como una expresión de la revolución antes que como una política pública convencional.
Las devastadoras lluvias de finales de 2010 aceleraron esa transformación. Miles de familias quedaron damnificadas y el gobierno encontró en la emergencia una oportunidad para lanzar un programa de enorme impacto político y simbólico.
Este era, por cierto, uno de los fracasos más evidentes y monumentales de la etapa iniciada en enero de 1999 hasta ese momento, pues la construcción de viviendas durante 12 años escasamente supera las 30.000 anuales, según cifras oficiales. El más bajo de todos los gobiernos venezolanos en medio siglo.
Así que la GMVV tenía como meta entregar 500.000 unidades familiares por año, lo que no habría sido posible sin el extraordinario flujo de recursos petroleros que administraba el gobierno venezolano durante aquellos años.
Rafael Ramírez
Aquí aparece uno de los protagonistas menos visibles de la historia, Rafael Ramírez. Con él como ministro de Petróleo y presidente de Pdvsa, la estatal dejó de limitarse a producir petróleo para transformarse en una gigantesca caja financiera destinada a sostener programas sociales, infraestructura, subsidios, importaciones y cooperación internacional.
En el caso que nos ocupa, Ramírez fue el coordinador del Órgano Superior de Vivienda y el responsable de destinar directamente al fondo de la GMVV millonarios recursos de la bonanza petrolera. Pdvsa no solo financió el proyecto, sino que aportó toda su estructura de ingenieros, técnicos, transporte y logística.
Bajo su gestión se firmaron masivos acuerdos de construcción con empresas de países aliados como China, Rusia, Bielorrusia, Irán y Turquía, centralizando el control de la compra de materiales y la ejecución de las obras.
Los miles de millones de dólares transferidos directamente desde Pdvsa hacia proyectos habitacionales mediante fondos especiales y mecanismos extrapresupuestarios, permitieron contratar constructoras extranjeras, importar materiales, adquirir maquinaria y ejecutar simultáneamente cientos de desarrollos urbanísticos en todo el país.
Aquella internacionalización permitía acelerar la construcción, pero también reducía los mecanismos de control administrativo y aumentaba la opacidad en la contratación pública. La propia estructura financiera del programa reforzaba esa opacidad.
Al descansar en fondos especiales alimentados por Pdvsa, buena parte del gasto escapaba al escrutinio presupuestario ordinario. Como consecuencia, resultó extremadamente difícil evaluar con precisión los costos reales de las obras, la eficiencia de los contratos o los criterios utilizados para adjudicar proyectos.
Diversas organizaciones independientes, como la Cámara Venezolana de la Construcción o Transparencia Venezuela, cuestionaron durante años la escasa información pública disponible sobre costos, licitaciones y calidad de las construcciones.
Farruco Sesto
Paralelamente, el arquitecto y exministro Farruco Sesto fue el principal formulador intelectual de la GMVV. Desde años antes venía defendiendo una transformación radical de la política habitacional venezolana. Según su propia interpretación, el gran cambio ocurrió cuando Chávez decidió asumir personalmente la meta de resolver cuantitativamente el déficit nacional de vivienda y convertir ese objetivo en una prioridad absoluta del Estado.
Para Sesto, la cantidad constituía el elemento decisivo. Primero había que construir millones de viviendas; luego vendrían los perfeccionamientos urbanísticos y arquitectónicos. Esa visión quedó reflejada en numerosos documentos oficiales y escritos personales, donde defendía la necesidad de romper con los procedimientos tradicionales que, a su juicio, impedían responder a la magnitud del problema.
Precisamente esa prioridad por la rapidez es uno de los aspectos más importantes para mostrar la vivienda como instrumento de legitimación política.
Las entregas de apartamentos se transformaron en actos televisados encabezados por Chávez y posteriormente por Nicolás Maduro. Las llaves eran entregadas personalmente por el presidente; los beneficiarios agradecían a la revolución; los edificios recibían nombres cargados de simbolismo político.
La vivienda dejaba así de aparecer como un derecho garantizado por instituciones públicas permanentes para convertirse en una conquista atribuida directamente al liderazgo revolucionario. Ese fenómeno respondía a una lógica característica del chavismo, la personalización del Estado alrededor de la figura presidencial.
Otro rasgo es el elevado grado de centralización. Las decisiones fundamentales sobre ubicación de los proyectos, asignación de recursos, contratación de empresas e incluso diseño urbano fueron determinadas por el Ejecutivo Nacional.
Paradójicamente, mientras el gobierno exhibía cifras cada vez mayores de viviendas entregadas, la economía venezolana comenzaba a deteriorarse aceleradamente.
La caída de los precios internacionales del petróleo después de 2014 redujo drásticamente los ingresos disponibles. Simultáneamente, la producción petrolera nacional se desplomó y Pdvsa perdió gran parte de la capacidad financiera que había sostenido el programa.
Numerosos proyectos quedaron inconclusos; la producción nacional de cemento, acero, cabillas, vidrio y otros insumos se redujo; y comenzaron a hacerse visibles los problemas de mantenimiento en muchas urbanizaciones.
No obstante, al revisar la página web correspondiente de la GMVV la misma nos indica que para inicios del año 2018 se habían construido dos millones de unidades familiares : 326.323 viviendas en 2015; 359.874 en 2016; y 572.000 en 2017. Eso hacía de Venezuela el país que más viviendas construía en el mundo en ese momento En octubre de 2020 la GMVV afirmó llegar al “hito” 3.2 millones de viviendas y a mediados de este año a los 4.1 millones.
La metáfora del chavismo
Para que dar una idea de las implicaciones, a modo de comparación podemos recordar que la parroquia Caricuao, en el Municipio Libertador de Caracas, fue edificada por inversión pública en la segunda mitad de la década de los 60 del siglo pasado, durante la administración del expresidente Raúl Leoni en su mayor parte.
Con 20.000 apartamentos distribuidos en 219 edificios y 9 sectores, fue en su momento el desarrollo habitacional público más grande de toda Latinoamérica. Por su magnitud es una pequeña ciudad aceptablemente bien planificada.
Pues bien, según las cifras de la GMVV sólo en 2015 se edificaron en toda Venezuela más de 16 veces todas las viviendas que hay en Caricuao. A lo largo de diez años son 205 Caricuaos (sic), lo que a un promedio de cinco personas por hogar (según estimación del INE) estamos hablando de que en ese periodo, 20 millones de venezolanos deberían haber pasado a vivir en una vivienda digna.
De hecho, el informe PDF de la Misión asegura que se han desarrollado 1.275 urbanismos. Es decir, en Venezuela ha ocurrido una transformación radical del medio físico. Según la información oficial la GMVV ha sido tan eficaz que ni siquiera las sanciones y “el bloqueo” la han podido detener.
De modo que luego de esta recapitulación la obvia e inevitable pregunta ante las actuales circunstancias es: ¿Dónde está la Gran Misión Vivienda?
En definitiva, la Gran Misión Vivienda constituye una metáfora del propio chavismo.
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