Ante las denuncias, coherencia - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 5 MAYO, 2021 04:16

Ante las denuncias, coherencia

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Susana Reina | @feminismoinc

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Estoy en no menos de 5 grupos de redes de mujeres de distintos países. Hice una encuesta rápida para saber cuantas habían sido víctimas de insinuaciones, acoso, hostigamiento o abuso sexual en su vida laboral. Las respuestas positivas fueron del 85%; duda un 7% porque no saben si “aquello” fue o no fue; el resto lo niega categóricamente. Solo 30 de las 382 mujeres que tengo en esos grupos, dice que no ha sido víctima de discriminación o violencia basada en género -en ninguna de sus 21 formas- a lo largo de su carrera como empleada o empresaria. Asombroso.

Vivir toda tu vida defendiéndote de depredadores es no vivir. Ningún hombre se imagina lo que es tener que aguantar miradas lascivas, viejos babosos, chistes misóginos, nalgadas, roces, besos no solicitados, insinuaciones, sextorsión, chantaje y otras formas sutiles y abiertas de agresión, por el simple hecho de ser mujer.

“Ser pobre, joven y además bonita es una maldición” me decía una amiga. “Ellos, los jefes, saben que te juegas tu empleo y que un “no” te puede costar tu sustento”. El silencio es sobrevivencia, sobre todo, si cuando hablas se ejercen sobre ti todos los mecanismos de presión, disuasión y amenazas en tu contra.

Por eso surgen movimientos como el “Yo sí te creo Venezuela” y otros por la línea del exitoso #MeToo de Hollywood, para crear un espacio protegido de mujeres que hagan públicos sus relatos de manera que más nadie se coma el cuento de que eso de la violencia, les pasa a unas pocas, “las que se lo buscan”.

Tiene que ser público

Este movimiento tiene como propósito hacer evidente que vivimos en una cultura que nos hace creer que el acoso sexual es normal, que así son las cosas, que es “ley de vida” y que “lo mejor que puedes hacer es ver, oír y callar. Y aguantar. Ese es el mensaje de las abuelas, pero esta generación dijo ya no más.

Tiene que ser público, vía redes sociales, por dos razones. Una para develar esta anormalidad y crear una nueva realidad para las mujeres. Que sepan que pueden elegir rebelarse y que hay una comunidad dispuesta a recibirlas, para acompañarlas en su rabia y dolor. Para que la que no lo ha vivido esté alerta y lo prevenga y para la que lo vivió sepa que eso no es normal y que debe denunciar.

Y dos, porque en Venezuela ya sabemos que no existe algo así como “justicia desde la racionalidad”, como piden algunos tuiteros que sienten que estas son exageraciones y que Twitter no es un tribunal. Pregúntenle a Linda Loaiza si existe tal racionalidad en medio de su calvario de 20 años, aun abierto, víctima de justicia patriarcal, en un caso más que probado de tortura y violencia sexual. Si ella hubiese vivido el inicio de su proceso en la época de las redes sociales, su historia habría salido a la luz con mucha más fuerza y con más apoyo, y con la denuncia abierta los muchos que decidieron callar y mirar para otro lado.

Denunciar ante las instancias correspondientes es importante y necesario. Conocidas ONGs venezolanas están apoyando a quienes quieran proceder por ese camino, pero esta no es una posibilidad viable para muchas, porque o no hay pruebas, o pasó hace muchos años o porque temen al saber que siempre se dudará de su palabra; saben que la carga de la prueba recae sobre ellas, que tendrán que tener dinero para pagar abogados, que se someterán a un proceso largo donde revivirán mil veces los hechos, con la posible revictimización y el dolor que eso significa. El sistema está armado para que no denuncies, para que desistas, para que te calles.

Urge coherencia

A las periodistas o escritoras que están pidiendo prudencia, cordura, bajar intensidad a las denunciantes, e incluso, a las que no han dicho aún ni esta boca es mía, yo les pido coherencia si verdaderamente creen en la libertad de expresión. Suenan a censura esos llamados -hechos también vía Twitter- a “calmar las aguas”, “esto se ha desbordado”, “condenamos el escrache en redes”, “hay que ser responsable porque esto puede costar vidas”; sin pararse a pensar, que si hay desborde es porque existía un muro de contención que ya no aguantó más, si hay escrache es porque muchas no tienen otro canal para hacerlo, y el que haya vidas sesgadas depende de la reacción del señalado, nunca de la víctima.

Hay que mostrar coherencia también entre ser mujer y defender empáticamente a las denunciantes, aunque a una misma no le haya pasado. Por lo menos abrir el espacio para entender y ponerse solidariamente en el lugar de la otra. He visto más muestras de apoyo automático a los denunciados por parte de mujeres, que a aquellas que se atreven a ofrecer su testimonio. Esto es muestra de la educación patriarcal que nos lleva a buscar la mirada aprobatoria del varón y sistemáticamente a desconfiar de las otras.

Tampoco sirve el pedido a callar porque el gobierno puede usar esto con fines de persecución política. Eso ha pasado con muchos otros temas de la vida pública y a nadie le han pedido que se calle, todo lo contrario. ¿Por qué justo en el caso de las denuncias de las mujeres sí es preciso bajar la guardia?

Al gobierno, le pedimos, si fuese posible, coherencia también. Si de verdad hay compromiso para defender a las mujeres que sea a todas y que se condene a todos, incluso los de su tolda política. No vale sólo procesar las denuncias que reciben de los blancos políticos que les conviene perseguir, porque el machismo no milita en un solo partido.

La tarea está clara

Lo que cabe aquí es orientación a las víctimas para que sepan cómo y dónde denunciar, no dejar a las ONGs feministas solas en esta labor, amplificar sus voces y cerrar filas, hombres y mujeres, ante esta pandemia no declarada de la violencia basada en el género en Venezuela. Esta gesta tendrá no pocas reacciones desde los tradicionales espacios de poder, por lo que es importante estar alertas y actuar unidos.

Este momento pone a prueba nuestras lealtades, afectos y creencias. Nos reta incluso para bajar de pedestales a notables, apellidos y linajes. Es la hora del caiga quien caiga y del que quien no la debe no la teme, si de verdad hay compromiso con la defensa de los derechos humanos y con la construcción de una sociedad plena de igualdad de oportunidades, y sobre todo libre de todo tipo de violencia contra las mujeres.

Somos feministas porque defendemos el derecho a la palabra y a ser creídas, y por la necesidad de que la palabra de las mujeres tenga valor en todos los espacios de la vida pública. Y vamos a defendernos.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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