Fe y Alegría reporta que 30 estudiantes de Caraballeda fallecieron durante el terremoto
Advierten que 18.000 estudiantes pueden quedar afectados por estructuras dañadas

Representantes de la red de Fe y Alegría en Venezuela reportaron este 5 de agosto que 30 de sus estudiantes de la Escuela Simón Bolívar de Caraballeda, La Guaira, fallecieron durante el terremoto del 24 de junio. De acuerdo con las cifras presentadas en rueda de prensa, a escala nacional al menos 715 alumnos y 280 trabajadores registran daños en sus viviendas.
El padre José Gregorio Terán, director general del movimiento educativo en el país, hizo énfasis en que la educación debe ser prioridad en los planes post-sismo y advirtió que tan solo reparar 31 de sus 73 instituciones afectadas requiere una inversión de 1,2 millones de dólares.
“A un mes y 12 días tomamos el compromiso de reconstruirnos desde el aula, como país (…) Sí quiero dejar claro que ninguna de nuestras escuelas se derrumbó, gracias a Dios. Son 73 espacios educativos afectados y de ellos hemos priorizado —lo que significa que tenemos que buscarles arreglo antes de octubre— a 31 espacios, porque tienen etiquetas. Si no hacemos nada, eso puede afectar a 18 mil estudiantes y 1700 trabajadores”, expresó Terán.
Aseguró que no todos los planteles han sido evaluados por los especialistas y que eso depende en mayor medida de la Comisión Presidencial. De los 41 inspeccionados en siete estados, dos recibieron etiqueta roja, 16 tienen etiqueta amarilla y 23 tienen etiqueta verde. El padre Terán agregó que Fe y Alegría trabaja en cuatro líneas de acción para atender los destrozos por el terremoto y que se fomentará una campaña de apoyo económico para los estudiantes.
“Lo primero es toda la cuestión de trabajar los espacios seguros, todo lo que tiene que ver con auditar riesgos, revisar infraestructura, preparar proyectos y buscar financiamiento para asegurar que la educación siga funcionando. Segundo, todo lo relacionado con saneamiento y agua. Tercero, una iniciativa que hemos llamado “Acciones que abrazan”, porque no solamente se afectaron las infraestructuras, sino la gente, emocionalmente y espiritualmente, porque se han roto sueños y se han quebrado vidas. Entonces, todo lo que tiene que ver con el acompañamiento supone otra línea de acción. Finalmente, lo que tiene que ver con la búsqueda para la sostenibilidad, cómo asegurar la no deserción”, apuntó Terán.
Señaló que el terremoto fue un evento natural, pero el desastre resultante no es más que una mezcla entre la fuerza de la naturaleza y las vulnerabilidades sociales y económicas de Venezuela. De este modo, la reconstrucción no pasa solamente por la infraestructura, sino también por atender las brechas existentes. Advirtió que no se les puede pedir a los docentes que sean el pilar para la recuperación “…cuando ellos mismos no tienen para comer”.
“Esta es una oportunidad para reconstruir mejor, no quedarnos solamente en las paredes. Reconstruir significa que hay que fortalecer a la sociedad, fortalecer a la persona y fortalecer nuestras instituciones. Y ahí la educación tiene algo que decir. La educación es la eterna cenicienta porque parece solamente gasto y no, la educación es inversión. No hay reconstrucción solo con petróleo”, puntualizó Terán.
Asimismo, la hermana Ivonne González, directora de la Escuela Jesús Maestro de José Félix Ribas en Petare, indicó que el plantel sufrió algunas afectaciones, pero que se encuentra en reparación, y coincidió con el padre Terán en que es necesario tener una estrategia que permita brindar buenas condiciones a las instituciones y garantizar espacios seguros para maestros y estudiantes, donde puedan recuperar sus rutinas y expresar sus emociones.
“Hay personal que perdió su casa, que tuvo que migrar al Zulia porque no tenían un lugar donde estabilizarse. Entonces todas esas realidades van golpeando y creando heridas. Pero aun así, el docente y todo el personal de Fe y Alegría siguen dando la cara. Es necesario entender que ningún país sale adelante si no hay educación (…) Apostar por la educación es el mayor bien que una sociedad puede hacer”, dijo González.
Golpeados en Caraballeda
El profesor Leonardo Suárez, director de la Escuela Simón Bolívar de Fe y Alegría en La Guaira, agradeció la solidaridad de la comunidad en Caraballeda y Catia La Mar. Añadió que de los 30 estudiantes fallecidos, varios estaban en preescolar y otros a punto de egresar como técnicos medios en aduanas.
“Eso fue un golpe doloroso. Ayer ocupamos el espacio para realizar la eucaristía y recordar sus vidas y los pasos en la institución. Y que no solamente representa a 30 estudiantes, sino a familias enteras que ya no están con nosotros”, dijo Suárez.
Informó que en Caraballeda tenían una comunidad educativa de 809 estudiantes y 700 familias. Sin embargo, la data reciente levantada arroja que solo quedan 309 porque muchos han emigrado.
“Nuestra infraestructura permanece en pie y habitable, pero la realidad externa aún está vigente. Esa soledad que se respira cuando uno camina por las calles de Caraballeda. Ese vacío que nos ha dejado el terremoto. Eso no se puede olvidar y no se puede dejar pasar porque ya ha transcurrido un mes, pero la realidad aún está presente. Nuestras familias siguen sufriendo los rastros que dejó el terremoto”, expresó Suárez.
Sin salarios justos
La situación de los docentes en Venezuela ha sido denunciada en múltiples oportunidades desde hace más de una década. Desde los gremios venezolanos y hasta las organizaciones internacionales reportan ingresos que no alcanzan para cubrir necesidades básicas. El profesor Rafael Peña, director de la Escuela Técnica San José Obrero, señaló este miércoles que un docente con 27 años de servicio gana mensual apenas 767 bolívares, equivalentes a 1,01 dólares según la tasa de cambio del Banco Central de Venezuela (BCV) para el 5 de agosto. Mientras tanto, el pasaje del transporte público se ubica en 190 bolívares.
“Cada docente y personal obrero-administrativo de nuestro colegio, por lo mínimo, tiene que tomar un transporte; en mi caso, dos. Pero la triste realidad es que el salario base lleva ya cuatro años establecido en 130 bolívares. Algo injusto y contradictorio es que un obrero de nuestro espacio educativo, de 33 años, su sueldo base es de 132 bolívares”, dijo Peña.
Denunció que en abril el gobierno decretó un ajuste en un bono de profesionalización a todo el sector educativo. Sin embargo, el personal de las escuelas subvencionadas no lo recibió a pesar del convenio establecido por el Ministerio de Educación con la AVEC (Asociación Venezolana de Educación Católica) en 1991, que determina la responsabilidad del Estado en todos aquellos beneficios adicionales.
“Fuimos excluidos de este beneficio más de 20 mil docentes que trabajamos en 843 colegios subvencionados que pertenecen al convenio del Ministerio de Educación con la AVEC. Asimismo, el 12 de julio siempre los docentes esperábamos nuestro bono vacacional. En julio, el ministerio estableció un bono especial vacacional para el personal de los colegios oficiales —que rondaba los 60 dólares—, mas también allí se nos excluyó a todos los docentes de colegios subvencionados. No solo estamos hablando de las condiciones del personal, sino de las condiciones de cada familia que ha tenido el derecho de que sus hijos estudien en colegios subvencionados”, expresó el profesor.
Reportó que los docentes que trabajan en instituciones de AVEC tampoco reciben los aportes patronales ni el 9% de la Ley de Pensiones establecido el año pasado. Advirtió que cuando el Estado incumple con el convenio, la institución se ve obligada a reestructurar su presupuesto. Al final, el problema se traslada a la estructura de costos aprobada por la comunidad educativa, lo que afecta a los padres y representantes que aportan o pagan mensualidad.
Peña afirmó que, a la fecha, el Estado venezolano no le ha dado respuesta a las solicitudes de los docentes e insistió en que es imperativo que este dignifique sus condiciones laborales, aún más precarias tras 42 días del doble terremoto.
