¿Qué pasa después del terremoto? Recomendaciones de expertos sanitarios

En la habilitación de albergues y la remoción de escombros hay que considerar el tema sanitario. Aquí la opinión de tres expertos

Personas seleccionan ropa en La Guaira (Venezuela). Decenas de personas buscan, artículos de utilidad entre toneladas de ropa esparcidas en el suelo del polideportivo La Juanita, tras verse afectados por el doble terremoto del pasado 24 de junio. EFE

Los terremotos ocurridos el pasado 24 de junio dejaron varias crisis abiertas y urgentes: el rescate de víctimas, el resguardo de los damnificados, la recepción de donaciones, la atención de heridos y la recuperación de los servicios públicos. Sin embargo, en silencio y lejos de los reflectores inmediatos, emergen otras emergencias complejas alimentadas muchas veces por la desinformación y la angustia de los sobrevivientes: las sanitarias y ambientales.

¿Usamos tapabocas? ¿Nos tenemos que vacunar? ¿El agua está contaminada? Esas eran las preguntas que se hacía un grupo de vecinos mientras observaba la remoción de escombros del edificio San Judas Tadeo, en la avenida Las Fuentes de la parroquia El Paraíso. El polvo denso y el penetrante olor a humedad no hacían más que avivar la preocupación de los residentes.

La remoción de escombros no es solo una tarea de limpieza, sino una batalla sanitaria donde una simple cortadura con una viga o una lámina de aluminio expuesta, sumada a la falta de agua potable, puede desencadenar la próxima gran emergencia.

Mitos sobre la salud 

El doctor Huníades Urbina, presidente de la Academia Nacional de Medicina, insiste en que el primer paso ante la crisis es tranquilizar a la gente. Con respecto al temor generalizado sobre los cuerpos atrapados, el especialista aclara un mito frecuente:

“Los cadáveres per se no producen epidemias, a menos de que estén en las cabeceras de los ríos o embalses. Los que se queden bajo las estructuras porque es imposible levantar toneladas de concreto tampoco generarán un riesgo sanitario; tal vez esos lugares se declaren camposantos”.

Otro de los mitos recurrentes es la necesidad de vacunar masivamente a la población. “De acuerdo con normas internacionales y conforme al Centro Epidemiológico para Enfermedades, no se recomienda hacer campañas de vacunación masiva en estos momentos. Llegar a zonas incomunicadas implica muchas horas y las vacunas se pueden inactivar si se corta la cadena de frío”, explica Urbina. Además, el médico alertó sobre la necesidad de vigilar la cobertura vacunal en el país ante enfermedades trazadoras como el sarampión y las hepatitis A y B.

Organismos como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) respaldan esta postura: los recursos deben enfocarse solo en vacunación clave y selectiva:

  1. Tétanos (prioritaria): al remover escombros y caminar entre fierros retorcidos o maderas, el riesgo de heridas abiertas es enorme. Cualquier vecino o voluntario que colabore en la limpieza y no tenga su esquema al día (en los últimos 5 a 10 años) debe recibir un refuerzo.
  2. Hepatitis A y Cólera: sólo se recomiendan si las autoridades detectan que el sistema de agua colapsó por completo y existe un brote activo en la zona.
  3. Influenza y COVID-19: se priorizan únicamente en albergues o refugios temporales, donde el hacinamiento facilita la transmisión de virus respiratorios.
AME7544. CARACAS (VENEZUELA), 04/07/2026.- Fotografía cedida por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) que muestra a una voluntaria del grupo START (Equipo Técnico de Ayuda y Respuesta de Emergencia) coordinado por AECID (d) brindando atención a una persona durante la inauguración de un hospital este sábado, en Caracas (Venezuela). El hospital de campaña instalado por la cooperación española comenzó a operar en un parque de Caracas, donde hay decenas de tiendas de campaña ocupadas por afectados por el doble terremoto que ha dejado 2.954 personas fallecidas y más de 16.000 heridos. EFE/ AECID /SOLO USO EDITORIAL/ NO VENTAS/ SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

Albergues y agua potable: verdaderos focos de atención

Para el presidente de la Academia Nacional de Medicina, el verdadero foco de atención epidemiológica debe ponerse en los albergues y centros de acopio donde se hacinan los afectados, una situación que históricamente genera alarmas en la población venezolana por la gestión de estos espacios.

Urbina señala que a estos centros deben dirigirse prioritariamente donaciones de higiene personal (cepillos y pasta de dientes, jabón, insumos de limpieza) para evitar la proliferación de vectores como ratas, cucarachas y zancudos. Asimismo, advierte sobre los peligros del agua estancada entre los escombros, propicia para el dengue y el chikungunya.

El agua potable es la prioridad absoluta. “Si los refugios se habilitan en escuelas o gimnasios que no cuentan con cocina, no se recomienda preparar fórmulas para lactantes, ya que no hay cómo hervir los teteros y esto puede complicar el escenario con cuadros diarreicos”, advierte Urbina. Ante esto, el especialista sugiere que los ciudadanos no envíen comida preparada durante los primeros días, sino latas con sistema “abre fácil”. La comida perecedera debe reservarse únicamente para los sitios que cuenten con cocinas operativas.

La mirada técnica

Desde la perspectiva de la gestión de riesgos y la mitigación, el doctor y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Carlos D´Suze, epidemiólogo, aborda la situación a través de una tríada crítica: salud pública, estabilidad estructural y seguridad ambiental. “Venezuela, caracterizada por una alta actividad sísmica en regiones como el eje norte-costero, requiere protocolos de respuesta que trasciendan la emergencia inmediata y mitiguen los riesgos latentes derivados de la destrucción del entorno urbano”, explica.

Según D´Suze, el colapso de infraestructuras genera una compleja cadena de riesgos ambientales interconectados:

  • Polvo y material particulado: la demolición y remoción liberan grandes volúmenes de polvo compuesto por cemento, yeso y sílice, a menudo contaminado con asbesto y fibra de vidrio. Aunque el doctor Urbina aclara que el polvo en sí no provoca una epidemia —y que los afectados crónicos deben continuar con sus antialérgicos y tratamientos médicos—, D’Suze advierte que la inhalación prolongada de estas partículas eleva el riesgo de enfermedades respiratorias agudas. El asbesto, en particular, representa un peligro cancerígeno silencioso a largo plazo si sus fibras flotan en el aire.
  • Contaminación por aguas servidas: la fractura simultánea de las redes de acueductos y alcantarillados provoca la mezcla de agua potable con residuos fecales. Esto facilita brotes de enfermedades gastrointestinales (diarreas, cólera, hepatitis A) y leptospirosis.
  • Materiales tóxicos y residuos peligrosos: los escombros no son inertes. Contienen restos de productos químicos industriales, solventes, pinturas con plomo, mercurio de luminarias, aceites y plaguicidas que, al romperse sus contenedores, se filtran hacia el suelo y los acuíferos locales.

¿Cómo actuar? 

Para evitar que la catástrofe inicial se transforme en una crisis sanitaria secundaria, el doctor D´Suze —basado en referencias bibliográficas bajo el estándar internacional Vancouver— recomienda ejecutar las labores de mitigación bajo estrictos controles de seguridad:

  1. Control del polvo: aplicar técnicas de supresión con agua nebulizada (mojar los escombros) durante la remoción y exigir el uso obligatorio de equipos de protección respiratoria con filtros adecuados (como mascarillas N95 o superiores) para trabajadores y la comunidad afectada.
  2. Manejo de aguas servidas: identificar y aislar de inmediato las fugas. Garantizar el suministro de agua potabilizada, monitorear constantemente su calidad en los refugios e implementar letrinas temporales debidamente aisladas de las fuentes de agua.
  3. Segregación de materiales tóxicos: clasificar los residuos directamente en el origen. Los materiales peligrosos deben disponerse en confinamientos técnicos controlados y alejados de cuerpos de agua, evitando que se mezclen con los escombros urbanos comunes. 
  4. Gestión final de escombros: planificar el reciclaje de materiales pétreos para futuras obras de infraestructura, reduciendo el volumen en los vertederos urbanos.

“La planificación post-desastre en Venezuela debe integrar el conocimiento del mapa de amenazas sísmicas con una capacidad de respuesta descentralizada” concluye D´Suze. La clave reside en la evaluación rápida de la vulnerabilidad y en entender que el manejo técnico de los escombros no es solo remover un residuo físico, sino neutralizar un peligro potencialmente tóxico para la población.

Una semana después: los riesgos cambian 

Para el neumonólogo Andrés Orsini, jefe de cuidados intensivos de la Clínica Santa Paula, una semana después de un terremoto, los riesgos para la salud cambian. “En las primeras 24 a 72 horas predominan los traumatismos y el síndrome de aplastamiento. A partir del séptimo día, cobran mayor importancia las enfermedades infecciosas, el agravamiento de enfermedades crónicas, los problemas de salud mental y las complicaciones derivadas de la falta de agua, alimentos y atención médica”.

A su juicio, las enfermedades transmitidas por el agua y los alimentos, son uno de los mayores riesgos cuando el sistema de agua potable y alcantarillado está dañado.

Las enfermedades más frecuentes son:

* Cólera (en zonas donde existe transmisión)

* Hepatitis A

* Fiebre tifoidea

* Gastroenteritis por bacterias, virus y parásitos

* Disentería

Destaca que los factores que favorecen estos brotes incluyen: consumo de agua contaminada, preparación de alimentos sin higiene, falta de lavado de manos y hacinamiento en refugios.

En estos centros, que es el paso más inmediato para atender la emergencias, aumentan los casos de influenza, COVID-19, neumonía, tuberculosis, especialmente si el desplazamiento es prolongado y existe transmisión previa, precisamente por el hacinamiento, la mala ventilación, la exposición al polvo de edificios colapsados el estrés y la desnutrición.

“También pueden aumentar las enfermedades transmitidas por roedores, como la leptospirosis, especialmente cuando las personas están en contacto con agua contaminada por orina de animales”.

Ahora, un punto en el que hay que poner especial atención, destaca las enfermedades crónicas descompensadas.

Por el terremoto, muchas personas interrumpen sus tratamientos, entonces se agravan patologías como diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca,  enfermedad renal, epilepsia, enfermedades respiratorias crónicas.

“La falta de medicamentos puede causar complicaciones más graves que las lesiones iniciales”.

Cita, para finalizar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud que incluyen:

* Garantizar agua potable segura.

* Instalar sistemas adecuados de saneamiento.

*Mantener vigilancia epidemiológica para detectar brotes de forma precoz.

* Vacunar contra el tétanos cuando esté indicado.

* Reanudar el tratamiento de enfermedades crónicas.

* Mejorar la ventilación y reducir el hacinamiento en los refugios.

* Asegurar una nutrición adecuada.

* Brindar apoyo en salud mental y atención psicosocial.

“Las principales amenazas para la salud pública provienen de la falta de agua potable, el saneamiento deficiente, el hacinamiento y la interrupción de los servicios sanitarios, más que de los cuerpos de las víctimas”.