“Mamá, abrázame, que me estoy muriendo”, pidió Genderson a Yamili Moreno #ExplosiónMonagas (1)

LA HUMANIDAD · 16 FEBRERO, 2021 14:48

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Ronny Rodríguez Rosas | @ronnyrodriguez


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Mamá, abrázame, que me estoy muriendo“. Así recuerda Yamili Moreno las últimas palabras de su hijo Genderson Leonett, un pequeño de 9 años que fue la octava de las nueve víctimas de la explosión de 168 bombonas de gas doméstico en la comunidad de Caño de Los Becerros, en el estado Monagas, al oriente de Venezuela.

La comunidad esperó durante siete meses las bombonas de gas, que finalmente llegaron y con ellas también la tragedia. El dolor y el duelo enluta a todo el caserío.

Genderson estudiaba tercer grado. Él y su hermana Emily Leonett, de 13 años, junto con su papá Gender Leonett, acudieron la tarde del último lunes de ese diciembre a la jornada de venta de los cilindros en la calle principal de esta comunidad, ubicada en la parroquia Chaguaramal, en el municipio Piar al norte del estado Monagas.

Tras la explosión, Genderson estuvo recluido en dos hospitales. Primero en el área de emergencia pediátrica del Hospital Universitario “Dr. Manuel Núñez Tovar” (Humnt) en Maturín desde el 28 de diciembre de 2020, día de la tragedia, y después en la unidad de quemados del Hospital Ruiz y Páez, del estado Bolívar, donde estuvo entre el 3 y el 31 de enero 2021, cuando falleció.

Después de la protesta de los familiares de los heridos y la publicación de varios videos en redes sociales, en los que denunciaban la falta de atención en el Humnt, seis pacientes fueron llevados al estado Bolívar; entre ellos estaban los hermanos Leonett. A otros los trasladaron por varios días a clínicas en Maturín y tras su mejoría los regresaron al principal hospital que tiene Monagas, donde una unidad de quemados esta aún por terminarse.

Nueve muertos y 36 heridos

La tragedia dejó 45 personas heridas, nueve de ellas murieron y otras 36 se recuperan en sus humildes casas en Caño de Los Becerros, donde esperan más asistencia gubernamental y tienen la esperanza de una indemnización por los daños que ocasionó la explosión el 28 de diciembre de 2020.

Ahora Yamili vive un doble dolor. Primero murió su hija Emily Leonett, de 13 años. Era la segunda de sus cinco hijos y su deceso se produjo dos días después de que la trasladaron a Bolívar el 5 de enero.

Denunció que el Humnt estuvieron seis días sin recibir ni el tratamiento ni las curas adecuadas.

“No le hicieron las curas que necesitaban a las 24 horas. Los trasladaron en una ambulancia en Bolívar que no tenía ni aire acondicionado”, recuerda en una reunión que celebró la comunidad el domingo 7 de febrero, el mismo día que enterraban a la tía de los dos niños fallecidos, Rutselis Leonett, una mujer de 34 años.

Genderson luchó durante 33 días

La joven cuenta que Genderson le dijo en su agonía que quería ser grande y formar una familia, así como la de sus padres en la que crecieron cinco hijos: el mayor de 15 años, Emily de 13, Genderson que era el tercero de 9 años, un niño más pequeño de 2 años y una bebé de seis meses de nacida.

Yamili es ama de casa y su esposo es agricultor. Su vivienda está en una de las calles laterales de Caño de Los Becerros, una comunidad de unas 226 familias que vive de la actividad agrícola.

Es un caserío bautizado con ese nombre porque en el siglo XX vivió una intensa actividad agropecuaria y en la zona pastaba el ganado, que aprovechaba de tomar agua en el río Aragua, hoy convertido en un pequeño riachuelo.

La casa de los Leonett estaba en silencio y cerrada ese domingo 7 de febrero. Una vivienda de paredes blancas y una enorme ventana y una puerta verde. Allí en el porche de tierra, Genderson y sus hermanos jugaban entre las palmeras, soñaba con ser grande, tener hijos y ayudar a su papá en el conuco.

Para Yamilis, lo ocurrido ese día a las 2:30 pm la dejó con grandes heridas en su corazón. Ver morir a dos de sus cinco hijos es un dolor que no puede describir con palabras.

“Es algo horrible lo que ha sucedido. En ese momento yo no estaba allí, ellos estaban con su papá. Emily era la segunda de mis hijos y Genderson el tercero. Nunca me imaginé que mis hijos se iban a ir tan rápido”, cuenta.

Lamentó que hasta la primera semana de febrero, cuando los vecinos se reunieron con Efecto Cocuyo y otro medio digital más, la ayuda económica y la asistencia social de las autoridades haya sido tan poca.

Nosotros no hemos recibido ayuda económica. En el estado Bolívar tuvimos la atención que necesitaban mis hijos. Yo no sé si lo que ocurrió es culpa del gobierno, pero uno nunca quiso que esto pasara”. Emily murió en Bolívar el 5 de enero y su hermano Genderson el 31 de enero, también en el hospital Ruiz y Páez de esa entidad.

Allí se mudaron Yamilis y Gender, quienes durante 33 días hicieron lo necesario para acompañar a sus hijos. Los despidieron con 26 días de diferencia y ahora los lloran y los ven en cada rincón de esa semivacía casa donde no escucharán más sus risas, su alegría ni la algarabía que hacían junto a sus otros hermanos.

La tía de Emily y Genderson también murió

El domingo 7 de febrero vecinos y familiares de Rutselis Leonett acudieron a su funeral en Aragua de Maturín. La joven de 34 años fue la novena de las víctimas de la tragedia. Aunque la mayoría de los pobladores quería ir, la falta de gasolina y los 20 minutos de distancia entre la comunidad y el cementerio de Buena Vista, fue impedimento para que una gran mayoría la despidiera.

Su hermano, Eduard Leonett, narró lo difícil que fue para ellos tratar de que ella sobreviviera. Aunque resalta el apoyo de los médicos, recuerda que el domingo 31 de enero, seis días antes de fallecer, no recibió tratamiento porque necesitaban una enfermera para administrárselo y no la encontraron.

“Estamos bastante desconcertados por esta desgracia que ocurrió en este caserío. Estamos pidiendo que tratemos de rectificar estas condiciones que están pasando, este mal servicio que como venezolanos estamos obteniendo por parte del gobierno. Es momento de agarrar esta tragedia para corregir este mal servicio”, sostuvo.

Por la falta de tratamiento Rutselis comenzó a decaer, según el testimonio de su hermano, y falleció el sábado 6 de febrero.

Su hija Aislin Díaz, de 4 años, aún seguía internada en la unidad de quemados del Hospital Ruiz y Páez del estado Bolívar. Es prima de los fallecidos Emily y Genderson.

Sin su esposa ni su hija menor

Xavier y Laura se conocieron en la comunidad de La Mesa, muy cerca de Caño de Los Becerros, en la parroquia Chaguaramal del municipio Piar al norte del estado Monagas, a una hora de Maturín.

En la comunidad de Las Canoas (a cinco minutos del caserío donde se establecieron) se enamoraron y decidieron formar una familia. Tuvieron tres hijos: dos varones (de 10 y 7 años) y a Xavielis. El nombre de la pequeña de 5 años se lo pusieron en honor a su papá, un joven agricultor de 33 años.

El 28 de diciembre de 2020 su esposa y la niña hicieron la cola en la casa de Benilde Amundaray para retirar la bombona de gas de su pequeña propiedad de bahareque. Él había salido a la carretera principal porque necesitaba viajar a Cumaná, estado Sucre, donde compraba con regularidad mercancía para luego revenderla y mantener a la familia.

Responsabilidad de Gasmaca

Las dos resultaron gravemente heridas durante la explosión de 168 bombonas de gas doméstico que la empresa Gases de Maturín (Gasmaca) dejó en la comunidad, pese a las advertencias y alertas de los vecinos de que los cilindros estaban fugando el combustible.

A las dos las trasladaron de emergencia y en condiciones precarias al hospital Elvira Bueno Mesa de Aragua de Maturín, capital del municipio Piar, a 15 minutos de Caño de Los Becerros, y después al Hospital Universitario Manuel Núñez Tovar (Humnt) de la capital monaguense.

Tras la protesta de los familiares por la falta de atención en el principal centro asistencial de Monagas, y la publicación de unos videos en redes sociales el 30 de diciembre, se produjo el traslado de seis pacientes a la unidad de quemados del Hospital Ruiz y Páez, en Bolívar.

Mueren madre e hija

Xavielis fue una de esas heridas que llevaron en ambulancias hasta el estado vecino. “Cuando pasan a mi hija a ese hospital ella murió, llevarla allá pudo provocar su muerte”, dijo Xavier.

Lo hizo en medio de una reunión que tuvo la comunidad con el abogado Luis Díaz, quien dijo iba a tomar el caso para exigir una investigación que determine la responsabilidad de lo sucedido y demandar una indemnización del Estado por los daños que causaron en la comunidad.

Xavier se quiebra al decir que Xavielis era su única hembra y tenía la ilusión, junto con su mamá, de contar con una vivienda para mejorar la vida de los cinco miembros de la familia.

Poca ayuda gubernamental

También se quejó porque las promesas de ayuda no han llegado a ninguno de los 36 sobrevivientes ni a las familias de los nueve fallecidos. Una semana después de la visita de Efecto Cocuyo a la comunidad, la Gobernación de Monagas acudió después de un mes al sector y entregó aires acondicionados a varios pacientes, ventiladores, dotación de útiles escolares y medicinas.

Ahora, Xavier está solo. Sus dos hijos mayores, de 10 y 7 años, están con una hermana. Él debe continuar esforzándose en medio de la pérdida de su esposa de 28 años y su hija de 5 para mantener a los dos niños.

“Hay que luchar por lo que ellas querían. Esto es demasiado duro, era mi única hija. Esto no se lo deseo a nadie. La atención no fue buena, Laura murió pidiendo oxígeno. Hay que hacer justicia y luchar porque mi esposa quería una casa para sus hijos”, dice el joven.

 Laura Figuera fue la primera, murió el 1 de enero de 2021 y Xavielis la segunda, el 3 de enero.

“Mi mamá era mi sostén”

Magyuris Ramos perdió a su mamá. La señora Magloris Ramos falleció el 15 de enero a los 62 años. Vivía con su hija y nietos en una de las casas que está a un lado de la carretera principal del caserío.

Recuerda que los impulsó a mostrar la realidad de los quemados el 30 de diciembre con un video que llevó a que les dieran una atención más digna a los pacientes.

“Mi mamá tenía quemaduras de tercer grado. A ella la trasladaron al estado Bolívar el 2 de enero. La poca ayuda que recibimos nos la ha dado la Alcaldía de Piar. No podemos hacer nada por nuestros familiares. También queremos desmentir como han dicho que haya sido un atentado. Allí no hubo colillas de cigarros ni fósforos ni nada de eso”.

Ramos habla de la versión que dio la presidenta de Gasmaca sobre la teoría de que una colilla de cigarros generó la explosión de las 168 bombonas de gas doméstico.

En cambio consideró que el único atentado que hubo fue de la empresa contra todos los habitantes de Caño de Los Becerros, porque los cilindros tenían fuga de gas.

Quieren una investigación independiente que determine las verdaderas causas y se responsabilice a los entes correspondientes.

A mí ni con ayudas me va regresar a mi mamá. Ella era mi principal sostén y apoyo. Aceptamos cualquier apoyo aunque ya mi mamá no está”.

Meivis murió a sus 17 años

Moisés Chacón y su familia están llenos de impotencia. Sus dos hijas de 13 y 17 años fueron dos de las 45 heridas por la explosión. Pero Meivis, la mayor, murió.

Estaba internada en la Unidad de Cuidados Intensivos del Humnt, donde falleció el 13 de enero. Su papá insiste en que la adolescente tuvo un cuadro de septicemia y tenía un fuerte dolor de oído. Cuando le quitaron sus vendas de la cabeza de uno de sus oídos le salieron dos gusanos.

“Nunca me imaginé que mis hijos se iban a ir tan rápido”, dice mamá de dos niños fallecidos en Monagas por la explosión

La Gobernación habló de la rehabilitación de un CDI en la zona, pero los habitantes dijeron que era un viejo ambulatorio que no tenía personal ni medicinas

Las autoridades sanitarias desmienten esta denuncia, pero su papá y su tía la mantienen. La casa de los Chacón está cerca del lugar de la explosión y su abuela dijo que vio cuando las dos nietas salieron corriendo a la casa envueltas en llamas. La señora veía humo en la casa de Benilde y le pidió a su hijo que buscara a las niñas. En el camino ocurrió la explosión.

“Veías a la gente como si fuese una película de terror, con la piel desconchada y en llamas”, agregó uno de los tíos quien dijo que la adolescente sufrió quemaduras de tercer grado y la atención con ella fue tardía.

Carlos Gil, pariente de la jovencita, solicitó que las autoridades cumplan con las ayudas que prometieron para los afectados. Después de casi 40 días aún no llegaba la asistencia que prometieron, aunque la Gobernación acudió al sector el 13 de febrero con enseres, equipos, medicinas y otro tipo de ayudas sociales.

“Si todos estuvieran bien no pidiéramos ayuda. Hay pacientes que amamantan y resultaron afectadas. No estamos buscando enemigos, solo queremos atención”, reclamó Gil.

Amenazaron con llevarlos presos

Moisés recordó las amenazas de funcionarios policiales en contra de los familiares. Les dijeron que si seguían subiendo videos “iban a meternos presos”.

Cuestionó que a su hija mayor no la trasladaran a una clínica como hicieron con la de 13 años. “A Meivis no le estaban dando los medicamentos completos. La ayuda que recibimos fue de la Fundación Cáritas. Mi hija murió por negligencia, no resistió una intervención en el quirófano. Necesitábamos donantes de sangre y los conseguimos, pero una intensivista dijo que no era necesario y cuando la intervinieron murió.

Hasta el siete de febrero y según el testimonio que recogió Efecto Cocuyo en el caserío, cuatro personas seguían en hospitales. En el Humnt estaban Alejandrina Rivas de 11 años y Rosany Brito de 29 años, mientras que en Bolívar seguían internadas Aislin Díaz de 4 años, hija de la fallecida Rutselis Leonett, y Clemente Cabello de 46 años.