Enfermedades crónicas se agravaron en Venezuela en dos años de pandemia

LA HUMANIDAD · 17 MARZO, 2022 11:58

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara


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A partir del 13 de marzo de 2020, día de inicio de la pandemia en Venezuela, el precario sistema de salud público nacional concentró recursos y personal en un foco principal: el COVID-19. En dos años, los esfuerzos de centros médicos se dirigieron, en su mayoría, a miles de pacientes diagnosticados con coronavirus, mientras que otras enfermedades parecieron pasar a segundo plano para el Estado.

La situación fue advertida por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) en noviembre de 2021, cuando apuntó que las necesidades de la población con patologías crónicas no estaban siendo atendidas adecuadamente en el país.

«Estas condiciones, que ya existían previamente, se han agravado desde el inicio de la pandemia, debido, entre otras razones, a que algunas áreas de atención fueron cerradas temporalmente», señaló Ocha, en su informe mensual.

Organizaciones no gubernamentales dedicadas a la salud y los derechos humanos denuncian que el cáncer, la diabetes, la hemofilia y la insuficiencia renal se han agudizado en el territorio nacional en solo 730 días. Especialistas concuerdan con que es complejo establecer si fallecieron más hombres y mujeres por coronavirus o por otras enfermedades, debido a que desde hace siete años no se publica el boletín anual epidemiológico en el país.

Además, Global Change Data Lab, perteneciente al ​Programa Oxford Martin sobre Desarrollo Global, señala que en algunas naciones, como Venezuela,​ el número de muertes por COVID-19 confirmadas es mucho más bajo que el número real. «Esto se debe a las pruebas limitadas y los desafíos en la atribución de la causa de la muerte», establecen investigadores en la página oficial del proyecto. 

De acuerdo con la cuenta del gobierno, hasta el 14 de marzo la república sumaba 518.460 casos y 5.659 decesos desde el inicio de la pandemia.

Cáncer en pandemia: pacientes venezolanos se mantienen sin acceso a tratamientos 

El cáncer no se detiene

En 2017 hubo 26.510 muertes por cáncer en el país, según datos de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV). En 2019 se registraron 28.300 y para 2021 la cifra se incrementó a 30.100. Así mismo, la incidencia aumentó un 7% en tan solo dos años y se estima que hay 74.352 nuevos pacientes diagnosticados anualmente. 

El doctor Cono Gumina, presidente de la organización, afirmó que todo el sistema oncológico venezolano está actualmente concentrado en la capital, lo que dificulta que los habitantes del interior puedan acceder a tratamientos. Entre 2020 y 2021 las restricciones decretadas a raíz de la pandemia impidieron, en distintas oportunidades, la movilización de pacientes de un estado a otro.

“Además hay una disminución de las terapias de alto costo oncológico y una baja disponibilidad de servicios de radioterapias en el país. Hace un año solo quedaba un servicio en el área de Centro Occidente y uno que estaba ubicado en el Hospital Militar de Caracas”, indicó el doctor Enrique López Loyo, médico patólogo y presidente de la Academia Nacional de Medicina.

En mayo de 2021, Belmar Franceschi, directora de la Asociación Civil de Planificación Familiar (Plafam), afirmó a Efecto Cocuyo que decidieron abrir consultas oncológicas y de medicina interna en Caracas para suplir las necesidades de miles de pacientes que no ubicaban centros públicos a los cuáles acudir.

«Con el tema de la pandemia se ha prestado más atención al virus, pero se han olvidado los servicios de salud a la mujer. Las venezolanas hoy en día no encuentran como atenderse para diagnosticar enfermedades que en algunos casos podrían ser mortales. El cáncer uterino, por ejemplo», apuntó Franceschi. Actualmente, la red de Plafam sigue ofreciendo la atención a las pacientes. 

Venezuela tiene solo una unidad de radioterapia pública activa para tratar cáncer de mama

La falta de diagnóstico temprano

«El diagnóstico del cáncer en una fase tardía y la imposibilidad de recibir tratamiento condenan a muchas personas a sufrimientos innecesarios y a una muerte precoz», afirma el doctor Etienne Krug, director del Departamento de Enfermedades No Transmisibles, Discapacidad, Violencia y Prevención de Lesiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

En Venezuela, resultó complicado diagnosticarse temprano en un hospital o una consulta pública durante los primeros años de pandemia: centros médicos se organizaron para atender por días a los pacientes frente a la falta de especialistas, materiales y máquinas. Algunos suspendieron servicios por varios meses. 

«Yo me enteré que tenía cáncer cuando fui a una consulta ginecológica, en septiembre de 2020. Reuní 30 dólares en tres meses y fui a hacerme control porque me dolía mucho el vientre. El ginecólogo en Petare atendía solo lunes y miércoles, porque vive en Guarenas y, por la falta de gasolina y las alcabalas en semana radical, se le hacía difícil subir. Yo no voy al médico seguido, porque es carísimo y en los sitios públicos no tienes la seguridad de que te van a atender. Si no es por esa vez, me hubiese tardado más en enterarme», comentó Luisa Carvajal, de 42 años, diagnosticada con cáncer de útero. 

Hemofilia sin tratamiento

En 2019, había 5.095 personas que sufrían de hemofilia y otras coagulopatías, según datos de la Asociación Venezolana para la Hemofilia (AVH). La ONG informó a Efecto Cocuyo que ahora existen 5.168, en marzo de 2022.  En dos años de pandemia, estos pacientes se vieron afectados por la falta del factor de coagulación en los diferentes Institutos del Seguro Social (Ivss) del país. 

«En 2020 y 2021 compraron el 10 % del requerimiento anual, lo que no es suficiente. Los que más padecen son los que están en el interior del país. No solo es que fallezcan, sino que se crea una discapacidad: lo que más afecta la hemofilia son las articulaciones, atrofiándolas y causando que el paciente termine en muletas o en sillas de ruedas. Al no tener tratamiento, la persona con hemofilia no pueden tener una vida normal», explicó Luis Rojas, presidente de la AVH. 

Aseguró que el factor no fue enviado a todos los estados del interior de país y que los pocos que logran colocarse el tratamiento son aquellos que ya se encuentran en una emergencia, donde la vida corre peligro. En 2020 murieron ocho venezolanos con hemofilia y para junio de 2021 se contabilizaron cinco. Rojas explicó que actualmente decenas de jóvenes tienen que quedarse en cama con hemorragias internas.

«Hay una niña en Zulia y otro en Táchira. Al no haber tratamiento se sufre en una cama: la articulación se inflama como un balón de fútbol, imposibilitando el movimiento», dijo.

Personas con hemofilia en Venezuela sufren lesiones irreversibles por falta de tratamiento, denuncia ONG

Alertó que, al igual que el servicio oncológico, la atención para hemofílicos está centralizada en Caracas. Esto impidió que varios pudiesen acceder a ella en 2020-2021, debido a la dificultad para trasladarse por carretera y el cierre de aeropuertos a nivel nacional, como medida para contener el COVID-19. Hasta el momento, las consultas en la capital son intermitentes. 

«En el Banco Municipal de Sangre, atrás del hospital Vargas, se atendía de lunes a jueves, antes del coronavirus. Ahora solo atienden a las personas con hemofilia los martes. La pandemia lo que vino fue a agravar la crisis humanitaria compleja. De cuatro hematólogos queda uno y de doce enfermeras quedan dos», apuntó Rojas. 

La AVH también notificó que los Centros de Tratamiento de Hemofilia que funcionan en 27 hospitales de todo el país presentan fallas serias en cuanto dotación de insumos y de equipos. 

La diabetes en Venezuela

En Venezuela, según el Estudio Venezolano de Salud Cardiometabólica (Evescam) de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna (Svmi), la prevalencia de diabetes en la población del país era de 12,3% en 2021.

Así mismo, la organización alertó que gran parte de los endocrinólogos en el país emigraron desde 2016, huyendo de la crisis económica, política y sanitaria del territorio nacional. Esto provocó que las consultas disminuyeran y la situación se agravó cuando los ambulatorios del interior del país comenzaron a prestarle más atención a los pacientes con COVID-19 que a los diabéticos. En este caso, la atención médica pública volvió a concentrarse en la ciudad capital entre 2020 y 2021.

Por otro lado, las ONG que recibían donativos, dejaron de percibirlos temporalmente luego de que el coronavirus se extendiera a nivel global y el transporte mundial se viese restringido. 

«En 2021, con la pandemia, al no haber cadenas de frío, no pudimos recibir insumos para donar», expresó Marta Palma, cofundadora de la Asociación Civil Guerreros Azules, para Diabetes Experience Day. 

Uno de los mayores problemas de pacientes con diabetes en Venezuela es la compra de los medicamentos necesarios. De acuerdo con el proyecto “Monitoreo del Derecho a la Salud en Venezuela“, desarrollado por la asociación civil Convite, durante el primer semestre de 2020 la escasez de medicamentos de diabetes superaba el 56%. 

En noviembre de 2021, el presidente de la Sociedad Venezolana de Endocrinología y Metabolismo (Svem), Roald Gómez, comentó que un venezolano con diabetes necesitaba 45 dólares para comprar tratamientos. Desde mayo de 2021, el sueldo mínimo es de 10 bolívares, equivalentes a dos dólares al cambio. 

Crisis de pacientes renales

Los estudios llevados a cabo por Amigos Trasplantados de Venezuela (ATV) indican que, en dos años de pandemia, han muerto 50 personas con trasplante renal a consecuencia del coronavirus. La ONG estima que tres millones de personas en el país tienen enfermedad renal crónica y 21.000 requieren hemodiálisis. 

También alerta sobre la suspensión de trasplantes y de donación de órganos, la paralización de máquinas y de suministro de materiales de diálisis y la interrupción de medicamentos para las personas trasplantadas.

«Es un secreto de Estado la distribución de medicamentos, insumos y kit médicos en las unidades de diálisis. Las personas que reciben tratamiento no saben con certeza por qué escasean y cuándo se reactivarán los suministros», señala ATV en su Informe sobre la privación de los derechos a la salud y la vida de personas con enfermedad renal crónica en Venezuela en el contexto de COVID-19.

En agosto de 2020, la Encuesta de la Sociedad Venezolana de Nefrología señaló que solo 17,5% de las unidades de hemodiálisis ambulatorias de Venezuela tenían un área de aislamiento disponible para personas con coronavirus. 

Así mismo, durante 2020 y 2021, el 80 % de las unidades de diálisis del país presentó fallas severas de mantenimiento en sus plantas de osmosis, según ATV. Además, en estados del interior del país las valijas con los medicamentos e insumos médicos fueron entregadas con retrasos considerables y, en ocasiones, llegaron incompletas. 

«Las medidas de cuarentena y restricciones de movilidad no solo afectaron a las personas en tratamiento, sino también a las empresas proveedoras», apuntó la ONG. 

Por otro lado, hasta junio 2020, el Ivss atendía a 6.800 personas en hemodiálisis, informó la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (Codevida). 

«Para abril de 2021, había registro de solo 1.500 personas en hemodiálisis, una variación de 5.300 personas en menos de un año. Esa reducción en una crisis sanitaria tan severa solo podría explicarse por la muerte de éstas personas», apuntó ATV, en enero de 2022. 

Menos consultas en dos años de pandemia 

En enero y febrero de 2022, el boletín de la Encuesta Nacional de Hospitales arrojó que hay 44 % de desabastecimiento total de insumos de emergencia en los centro de salud pública venezolanos. A eso se le suma 70 % de desabastecimiento en quirófanos y 36 % de déficit de materiales de bioseguridad. 

En agosto de 2021, la Federación Médica Venezolana (FMV) denunció que 40.000 médicos se han ido de Venezuela debido a la crisis humanitaria. Aunado a eso, el 70 % de enfermeras y enfermeros han renunciado a los hospitales, advirtió el Colegio de Profesionales de la Enfermería del Distrito Capital, en diciembre del mismo año. 

Frente a ello, la Academia Nacional de Medicina indica que no han disminuido los pacientes que van a consulta, pero sí el personal de salud que los atiende. 

«Hay una necesidad de que se recuperen los servicios y las terapias para patologías crónicas. Porque los pacientes no se pueden financiar esos tratamientos, porque en los centros privados son muy costosos», puntualizó el doctor Enrique López Loyo. Añadió que la expectativa de vida de los enfermos crónicos en Venezuela se ha visto reducida todavía más en pandemia. En especial, porque corren un mayor riesgo de fallecer si se contagian con coronavirus.