Devotos de José Gregorio Hernández ya lo elevaron a «santo»

LA HUMANIDAD · 30 ABRIL, 2021 14:55

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Mabel Sarmiento | @mabelsarmiento

Foto por Mairet Chourio

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A las 12:00 de la tarde de este 30 de abril se dejó correr la algarabía en la plaza La Candelaria, en pleno centro de Caracas.  El sonido del estruendo que traía el viento proveniente del norte de la capital, desde La Salle en La Florida, comunicaba el cierre del evento de beatificación del doctor José Gregorio Hernández, y aceleraba las emociones de quienes aguardaban por la develación de una estatua en su honor.

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La obra, a imagen y semejanza del doctor nacido en Isnotú,  estado Trujillo, era lo más cerca del beato a la feligresía, que oró, rezó el Padre Nuestro y elevó plegarias, codo a codo, sin importar que el virus anda entre la multitud.

Un ¡que viva! se repitió en las puertas de la iglesia La Candelaria, donde reposan los restos del beato

Los cohetones fueron sonando uno a uno, mientras en la plaza se desplegó  una bandera de Venezuela cuyas estrellas se sustituyeron por la palabra Libertad.

De nuevo el silencio se apoderó del espacio. Paciencia repetía el padre Gregori Lobo, quien de vez en cuando salía a calmar a la multitud que quería entrar al templo que hoy exhibe el nuevo altar para venerar al primer laico que entra como beato a la Iglesia Católica

La frase «él me sanó», «es un santo»,  estuvo de boca en boca.  Un cáncer, una fractura, un problema familiar, un accidente de tránsito, todo beneficio que siente el caraqueño se lo acuñó a José Gregorio Hernández.

Foto: Mairet Chourio

Y quien no fue tocado por la magia del médico, ahora se siente devoto. «Desde hoy le voy a pedir. Siempre, en mi casa, estuvo presente pero desde hoy le elevo mis súplicas», decía con lágrimas en sus ojos Iría Díaz.

De rodillas ante las rejas, con sus bastones, en muletas, levantando las estampitas, todo se acercaron a recibir la bendición del padre Lobo, cuando eran las 12:24 de la tarde. 

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Más fe y esperanza pedían. Más fe y esperanza se observaba en los rostros de hombres, mujeres y niños.

Un día único en la historia de este siglo, decía Mario Salas  al ver cómo con paciencia su niña esperaba que la tela azul cayera definitivamente y por fin el rostro alegre de José Gregorio Hernández quedara expuesto a la feligresía como un acto de bendición.

Solo una mano de la estatua con un rosario en el centro era lo que, durante toda la mañana, pudieron ver quienes acompañaron el acto de beatificación desde la plaza.

No hubo una pantalla gigante para seguir el acto, pero la gente lo imaginó paso a paso con lo que escuchaba rodar entre un comentario y otro.

Ven con nosotros a caminar, sonaba de forma instrumental y eso mantenía el ánimo pasadas las tres horas de espera.

Entre la multitud se mezclaron los hombres vestidos de negro simulando ser José  Gregorio, se mostraron pinturas, historias médicas de sanaciones.

 

La gente llevó flores para agradecerle por salvarlos del COVID-19, estampó franelas, tapabocas y madrugó como la señora Zenaida Quintero quien salió a las 3:30 de la mañana de Los Valles del Tuy para poder cumplir con esta fiesta religiosa. Ella asegura que sanó  de un cáncer de seno que hace cinco años le diagnosticaron luego que viera la imagen del médico andino en una taza de café.

La última lección que dictó José Gregorio Hernández en el Hospital Vargas fue sobre la lepra o enfermedad de Hansen, luego sus pasos se detuvieron en la esquina Amador, en la parroquia La Pastora, el 29 de junio de 1919, desde entonces el pueblo lo hizo santo.

A la 1:00 de la tarde volvió  a salir el padre Lobo a bendecir las estampitas del hombre que amaba tomar aguamiel (una bebida andina), comer hallacas y que hizo varios intentos para convertirse en cura.

La plaza a esa hora comenzó a quedarse sin aglomeraciones. De vez en cuando la policía pedía distanciamiento social. En el sitio no hubo presencia de funcionarios de los bomberos o protección civil para auxiliar a los presentes, en caso de una eventualidad.

Solo los funcionarios de la PNB que hacían sus rondas y evitaban que los devotos se acercaran al límite de las rejas estuvieron durante toda la jornada.

José Gregorio es beato, el cuarto en Venezuela. Más de 2.500 presuntos milagros recibió la causa de la Vice Postulación hasta 2018. Solo tres se enviaron al Vaticano. Uno fue aceptado.  Ahora el camino a su santidad es más corto. Aunque para los venezolanos ya es parte de la corte celestial. 

Casi a las 2:00 de la tarde suena por cuarta vez el Himno Nacional, gritan vítores en honor a Venezuela, repican las campanas. El beato es nuevamente aclamado. Este 30 de abril, el júbilo se dejó sentir.