Caraqueños ajustan sus rutinas a las fallas en el suministro de agua - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 2 JULIO, 2018 10:43

Caraqueños ajustan sus rutinas a las fallas en el suministro de agua

Texto por Mariana Souquett | @nanasouquett

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Las fallas en el suministro de agua se extienden y tienen consecuencias por toda Caracas. En algunas zonas, la llegada del líquido es impredecible. En otros sectores, habitantes tienen que tomar previsiones, organizarse y reajustar sus tareas diarias. La falta completa o la intermitencia del servicio ha ocasionado que algunas personas vayan a casas de amigos o conocidos para sus quehaceres básicos.

Yisbeli Negrín vive en el barrio Bruzual de El Valle, municipio Libertador. Desde diciembre de 2017 no tiene servicio de agua continuo en su casa. Pasó seis meses sin recibir ni una gota. Los primeros días de junio le llegó agua por cuatro días seguidos, pero desde entonces no ha regresado.

“Adaptarse a esta situación no es fácil. Lo que hago es preguntarle a mi familia o a mis amigos cercanos si tienen agua en sus casas para poder bañarme”, afirma. Para limpiar recurre a su novio, quien aprovecha sus días libres para ir lejos a buscar agua y cargarla hasta la casa.

“Cuando vamos a hacer la comida nos toca comprar agua mineral o hervir el agua que recogemos. Si necesitamos lavar la ropa tengo que ir a casa de mi suegra en Montalbán, y aun así nos ha tocado lavar de a poquito porque ella también sufre la escasez de agua”, agrega.

Nadie se salva

Las fallas en el suministro de agua en la capital afectan actividades en todas las áreas. En el Hospital Universitario de Caracas (HUC) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) los pacientes deben llevar el agua que sus médicos necesitan para asearse antes de una cirugía. Ahí mismo en la UCV, el Jardín Botánico pierde casi la totalidad de su colección de plantas acuáticas por la falta de agua.

Cerca de El Valle y de Los Chaguaramos, en Santa Mónica, la Casa Hogar Virgen de Los Dolores –que de lunes a viernes aloja a 14 niños en situación de riesgo- ha estado más de ocho días sin agua. “Hubo una semana en la que no recibimos a los niños porque no teníamos ni una gota de agua. La semana siguiente los mandamos a sus casas un día antes por la misma situación”, recuerda Raúl Carrizales, el director de la institución.

“Tuvimos que bañar a los chamos con tobitos. Buscamos cisternas, pero nada. Ha sido difícil el problema del agua”, enfatiza. “Estamos comprando agua mineral como locos para la comida porque no ha habido otra opción”, añade. Asimismo, asegura que la situación es peor en las otras dos casas hogares que tiene la organización en la urbanización El Paraíso, pues no tienen “nada de agua”.

Los pipotes y tobos se han convertido en piezas fijas en los baños de Caracas

La hora del suministro de agua

En Santa Mónica, el espejo de un ascensor de otro edificio a cuatro cuadras de la Casa Hogar exhibe una hoja blanca. “Horario de suministro de agua: de 6:00 am a 7:00 am, de 12:00 pm a 1:00 pm, de 8:00 pm a 9:00 pm” puede leerse en ella. Desde hace dos meses, los vecinos de la calle Marco Saluzzo tienen que racionar el agua de su tanque debido a que de domingo a miércoles no entra agua de la calle.

En La Trinidad, municipio Baruta, desde hace tres meses presentan fallas. Activan el suministro de agua solo tres días a la semana, cuando les entra agua de la calle. “Siempre tenemos que ajustar todas nuestras actividades a ‘la hora del agua’. Dejamos de hacer algunas cosas porque tenemos que aprovechar cuando ponen el agua para poder lavar y limpiar”, expresa una vecina del sector.

“Uno no tiene vida”

La situación se extiende a otros municipios. Los caraqueños no solo reciclan aguas de duchas y lavaplatos, sino que también tienen que trasladarse a otros barrios a cargar agua. Tal es el caso de los habitantes del barrio Juventud Bolivariana, en Petare (Sucre).

“Uno no tiene vida. Mi casa queda en la parte alta del sector y es más difícil que llegue el agua. Vivo llenando y cargando tobos”, añade Katiusca Vívenes, quien tiene tres años como habitante del sector.

“A veces la ponen el jueves y la quitan el sábado. Otras veces la ponen un día sí, un día no. Hemos estado hasta 15 días sin nada de agua”, expresa Carmen Hernández. Tras 18 años viviendo en el sector, ella recuerda que este año fue cuando comenzó a fallar el suministro.

En Catia, al oeste de la capital, el agua llega los miércoles en la tarde o los jueves en la mañana y se va el sábado, cuenta Anaís Henríquez. En su casa llenan frascos de todos los tamaños, tobos y pipotes para abastecerse, práctica que también emplean algunos comerciantes, quienes incluso han tenido disminuciones en sus ventas por la situación.

Oficina en Chuao tiene dos pipotes, tobos y botellones para que sus empleados tengan agua

En El Calvario Alto, en El Hatillo, han acumulado hasta 22 días sin agua, según recuerda Ailin Cisneros, quien vive en el sector. En Chacao vecinos han tenido que comprar botellones e instalar tanques de agua en sus apartamentos para contrarrestar la situación. Algunas oficinas en Los Palos Grandes y Chuao han colocado pipotes con agua para que los empleados puedan bajar las pocetas y usar los lavamanos.

Los habitantes de la capital aseguran que no tienen respuestas de parte de las autoridades. “Antes escasamente nos faltaba el agua un día. Ahora por cada día de agua pasamos dos o tres días sin ella. A veces la ponen el fin de semana y luego no llega en toda la semana. Hay muy pocas respuestas de los entes públicos. No sabemos por qué no nos están mandando el agua”, reclama un vecino de Prado de María, la parroquia Santa Rosalía.

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