Caraqueños reciclan el agua de duchas y lavaplatos para paliar las fallas en el suministro

El agua que queda en la tina luego de bañarse se usa para bajar las pocetas y limpiar la casa. Es la única manera de que rinda para su familia y para él. Denis Seijas, de 52 años, baja todos los días de su vivienda ubicada en el barrio La Bombilla de Petare (en el municipio Sucre del estado Miranda) con dos garrafas plásticas para abastecerse de un chorro de agua que hay en de la Avenida Rómulo Gallegos, pues desde hace dos años no recibe el suministro en su casa.

Dependiendo de qué tan larga está la fila, se aguanta la cola. De lo contrario, va en la tarde o en la noche. La mañana de este jueves 7 de junio sólo habían cinco personas esperando, incluyendo a Seijas. “Normalmente los que viven bajo, cerca de la avenida, son los primeros que les llega agua“, como es el caso del barrio 24 de Marzo. Sin embargo, asegura que en su sector y en las zonas Bolívar, La Parrilla y El Tanque el servicio no llega.

Las pocas veces que se ha contratado una cisterna en su sector, el agua sólo alcanza para diez casas. Se han quejado con las autoridades pero le responden que hay “una bomba mala“. “Se ha trancado calle, se ha hecho de todo… y nada” que les resuelven el problema.

Seijas no es el único que reutiliza el agua. En el sector La Torre de la parroquia Antímano, donde vive la familia de José Diego, el servicio llega de forma irregular: puede venir un día y luego no hay durante toda una semana o una quincena. El agua jabonosa que queda como residuo después de lavar la ropa la usa para limpiar la casa y bajar los tanques de las pocetas. Los ocho tobos que llena este jueves en la Cota Mil a la altura de la salida a la avenida Baralt, pueden alcanzar para dos semanas si su familia -de cinco miembros- la raciona.

Douglas Mejías, vecino de El Junquito, va a ese chorro de la Cota Mil una vez a la semana a llenar sus tres garrafones. El tanque de su vivienda le permite sobrevivir al deficiente servicio de distribución que surte a la zona cada 15 días. El agua que queda en su tina la recicla para el aseo de su casa. Cuando llega el suministro por tubería “llena hasta las perolas de refresco”.

Llenadero de agua en la Cota Mil cerca de la salida hacia la avenida Baralt

Todas las mañanas Diógenes Ravelo pasa por el llenadero de agua cercano a la salida de La Castellana, en el municipio Chacao, donde colma sus cuatro pimpinas y ocho garrafas -que alcanzan para las diez personas que viven en su hogar- y sigue su camino al trabajo. Aunque a veces, comentó, la fila de carros es tan larga que debe abastecerse en la noche.

En su urbanización en Filas de Mariche (Petare) no hay agua desde diciembre del 2017. En cuatro oportunidades han hurtado los cables eléctricos del sistema de distribución de agua de su sector, pero “cada vez que los ponemos, no duran ni una semana”.

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