Covid y diáspora, los dos virus que atacan al gremio médico en Venezuela

CORONAVIRUS · 16 JUNIO, 2021 20:38

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Fabiana Ortega | @Fabianaortegatv


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El COVID-19 se instaló en un país que desde hace casi una década tiene una herida abierta: la diáspora de venezolanos. En el gremio médico, según cifras de la ONG Médicos Unidos de Venezuela, la cifra supera los 30.000 profesionales que han emigrado en los últimos años en búsqueda de estabilidad económica y laboral.

La pérdida de ese recurso humano se agudiza, y se torna más oscura, con la muerte de médicos y enfermeras que, como ocurre en toda emergencia sanitaria, son quienes combaten en primera fila para salvar la vida de los pacientes, aún en condiciones de precariedad.

Un déficit que para finales de mayo 2021 sumaba la muerte de más de 600 trabajadores de la salud, según cifras de la misma ONG.  De esa cifra, Efecto Cocuyo ha podido confirmar en su monitoreo desde la llegada de la pandemia al país, el deceso de 492 profesionales de la salud.

Se trata de una pérdida de profesionales de la salud, calificados y con dilatada experiencia, baluartes de la ciencia, no solo en la parte clínica sino también en el área de investigación. Reemplazar a un médico especializado, al menos recién graduado, requiere más de una década.

Junio de 2020, la primera víctima

Aunque desde marzo se reportaron los primeros casos de trabajadores de la salud contagiados por COVID-19 en los estados Cojedes y Apure, no fue sino tres meses después de decretada la pandemia, en junio de 2020, cuando se reportó la primera víctima mortal en el gremio. 

Lo anunció el 17 de junio el mandatario nacional Nicolás Maduro al referirse  a un enfermero en Catia, municipio Sucre de Caracas. Sin embargo, el primer deceso había ocurrido 24 horas antes en el estado Zulia. Se trataba del epidemiólogo y exdirector del Hospital Universitario de Maracaibo, Samuel Viloria, el primer médico muerto por coronavirus en la nación.

Un país más frágil

A pesar de la opacidad en las cifras que médicos y organizaciones denuncian, algunos expertos coinciden en el daño irreparable que deja estas pérdidas y la situación de vulnerabilidad y fragilidad en la que queda el paciente.

«El fundamento de esto no solamente es la significación de la pérdida de personas bien entrenadas, adecuadamente formadas. Inclusive, muchos de ellos fueron maestros que aleccionaron a muchísimos individuos en postgrado en toda Venezuela. También se pierde la capacidad de atención. A medida que fallece un médico, que esté en el área de trabajo, sobre todo asociado a la covid, fallece un recurso humano que es necesario para poder amortiguar la posibilidad de la atención sanitaria en todos los espacios del componente sanitario en Venezuela”, detalla el presidente de la Academia Nacional de Medicina, doctor Enrique López-Loyo.  

“Tenemos, entonces, la situación en la cual los médicos que están atendiendo a pacientes afectados por la pandemia están falleciendo y muy probablemente la curva de aprendizaje de los médicos que no están bien formados va a ser más difícil de lograr en un momento dado», agrega López-Loyo.

Decesos oficiales y no oficiales

A la fecha, de acuerdo con el boletín epidemiológico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) del 18 de mayo de 2021, la dependencia de la Organización Mundial de la Salud notificó el deceso de 165 trabajadores de la salud y el contagio de 3.026 en Venezuela. Los datos corresponden al lapso que va entre enero de 2020 al 17 de mayo de 2021 que fueron notificados por el gobierno de Nicolás Maduro ante el organismo internacional. 

Sin embargo, la cifra dista del censo que de forma particular ha levantado la ONG Médicos Unidos de Venezuela que lleva un registro de los casos por muerte, contagio y sospecha de contagio y reportaba para finales de mayo de 2021, la muerte de más de 602 miembros del personal sanitario. 

Efecto Cocuyo ha podido confirmar, desde marzo de 2020 hasta este 16 de junio, 492 decesos (314 hombres y 178 mujeres). La lista la encabezan ginecobstetras y pediatras, con 53 y 31 decesos respecctivamente.

“Lo que está ocurriendo es que están dejando un vacío en el gremio médico, en la familia y en las ciencias médicas porque hemos perdido valores muy destacados. Hemos perdido valores muy importantes en la ciencia y hemos perdido valores muy importantes en lo que respecta al futuro de la medicina en Venezuela. Indudablemente que eso tiene un altísimo costo porque la mayoría son personas altamente preparadas, especialistas de varios años de experiencia», señala la doctora Dianela Parra, presidenta del Colegio de Médicos del estado Zulia.

El colapso

A juicio de López, el repunte en la muerte de personal de salud en las últimas semanas se debe en parte a la saturación de trabajo del personal de salud, especialmente de las enfermeras, muchas de las cuales cumplen turnos dobles en el áreas públicas y privadas para atender el déficit de personal en el área pública. 

En ello coincide la presidenta de la Asociación de Enfermeras de Caracas, Ana Rosario Contreras, cuando denuncia que las guardias que por lo general son de seis horas se han cuadriplicado y, por tanto, existe una mayor exposición de la concentración viral.

«Cuando vemos que los hospitales están generando estos planes de trabajo, esto es una declaración tácita de la escasez de personal de enfermería», advierte.

Su teoría es respaldada tanto por López como por José Félix Oletta, el exministro de Salud, médico internista, y miembro de la Sociedad Venezolana de Infectología y de la Red Venezolana Defendamos la Epidemiología. Ambos destacan que, más allá de la pandemia, incide en gran nivel la diáspora de profesionales de la salud a otros países de la región.

«Se han ido personas de primer nivel que costaron muchísimo dinero y años de formación y de experiencia, más la que se ha perdido por Covid. Lo más triste es que aquellos que se quedaron en su país y están falleciendo por Covid. La pérdida de recurso humano es irreparable y costará muchísimos años poder recuperarlo. Si tienes que formar de nuevo neurocirujanos, infectólogos, tienes que esperar nueve años para que tengas un nuevo infectólogo que sustituya a quien se va o a cada uno que muere, asumiendo que está recién graduado», dice Oletta.

La otra pandemia

Según cifras de la misma ONG Médicos Unidos por Venezuela, se estima que más de 30 mil profesionales han emigrado en los últimos 10 años. Países como España, Chile, Perú e incluso Colombia destacan entre los destinos de llegada de gran parte de los galenos venezolanos. 

«Se han ido de Venezuela 60% de los patólogos y 45% de  los intensivistas. Muchas personas que están en Amazonas, Apure o los Andes, se tienen que trasladar hacia el área metropolitana para conseguir una atención de áreas específicas de su problema sanitario», detalla López.

También emigró parte del componente de la atención sanitaria como técnicos en radiología o en patología pulmonar, por ejemplo.

«Impacta mucho una pérdida inesperada por COVID-19. Pero se está sumando a una migración forzada de los profesionales de la salud. Esa otra pandemia nos ha golpeado durísimo, al punto de poner en peligro la generación de relevo. Cuando usted va a buscar o tiene que seleccionar oncólogos, cirujanos con competencias, neurocirujanos, terapistas intensivos, anestesiólogos o simplemente médicos internistas y pediatras neonatólogos hay una limitación muy importante porque muchos se han ido», enumera Oletta, quien advierte que la pérdida no solo es en la parte clínica sino también en la parte de investigación. 

Bolívar, un caso particular

En el caso de Bolívar, al sur de Venezuela, el déficit de personal sanitario y de profesores en la Academia también es un hecho. «Ya lo que está quedando es una cantidad ínfima de médicos. Hay servicios en los que ya se ha ido más de 40% de especialistas en el Hospital de Guaiparo. Nosotros necesitamos de todo: neurólogo infantil, neurólogo de adulto, nefrólogo, cardiólogo, endocrinólogo, intensivista. Venezuela se está quedando sin especialistas», sostiene el doctor Hugo Lezama, presidente del Colegio de Médicos del estado Bolívar.

A su juicio, las consecuencias de ello es el aumento de las estadísticas de mortalidad en los hospitales y ambulatorios; y el posible subregistro de las personas que van al hospital y al no poder ser atendidas regresan a sus casas a bien morir o a recuperarse.

«Los que estamos quedando aquí estamos trabajando en cascarones vacíos. Estamos haciendo milagros; estamos haciendo peripecias salvando la vida de nuestros pacientes», enfatiza.

Enfermeras sin reemplazo

En el caso de enfermería, indica Contreras, que más de 60% del personal emigró y en estados como Barinas, Falcón, Zulia y Mérida no hay reemplazo de este personal.

«Eso es muy grave porque hay estudios que se han realizado en Estados Unidos y Reino Unido que evidencia  que cuando disminuye el personal de enfermería se exponencia el riesgo a morir de los pacientes. La enfermera es la que asume la responsabilidad de cumplir el plan de trabajo que el experto hizo tras el diagnóstico«, subraya.

Contreras además denuncia el riesgo de una mala práctica al incorporar a estudiantes de los primeros años de la carrera que no tienen consolidadas las competencias técnicas para poder ejercer de manera segura la enfermería.

«Están tratando de que aprendan a inyectar con una naranja. Inyectar no es un acto mecánico. Es un acto científico que implica conocer la anatomía y qué tipo de medicamentos se está pasando. Un estudiante de los primeros años de la carrera no tiene las competencias requeridas para hacer ejercicio de enfermería y mucho menos para hacer el proceso de vacunación. Porque vacunar es una cosa e inmunizar es otra. Para vacunar, cualquiera puede; pero para inmunizar se necesitan otras cosas: respetar la cadena de frío, los protocolos de seguridad para que ese biológico cumpla la función de proteger al paciente».

La mitad del gremio médico vacunado

Actualmente, según cifras de la ONG, cerca del 50% de trabajadores de la salud habrían sido vacunados en la jornada que inició en febrero y pese a que el ministro de Salud, Carlos Alvarado, señalara que se había vacunado al 90% del gremio.

A diferencia de otros países donde el reporte oficial y las mesas técnicas las encabeza el ministro de Salud junto a expertos, en Venezuela, desde que se decretó la pandemia, el reporte de los casos de contagio por Covid-19 ha estado a cargo, en su mayoría, de la Vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, y del Ministro de Comunicación e información, Freddy Ñañez. 

Desde meses atrás no precisan el número de pruebas aplicadas; tampoco del personal sanitario contagiado y fallecido. 

En ese sentido, Oletta, lamenta además que no haya un reconocimiento a la labor que cumple el personal médico y de enfermería en las condiciones actuales. «Más allá de lamentar la pérdida irreparable de las personas, aquí hay que hacer una reparación a todos los profesionales de la salud. Usted no ve declaraciones, en el discurso oficial, que reconozcan ese esfuerzo», sentencia.

Un dilema ético

Con este panorama  está surgiendo otro fenómeno el cual Contreras cataloga como “migración laboral”. Son aquellos trabajadores de la salud que, en su instinto de supervivencia, optan por renunciar a sus responsabilidades, bien por temor, bien por mejores beneficios salarios, o bien por ambos.

«No quieren ir a trabajar. Tienen miedo de ir a trabajar porque tampoco les proveen de los equipos de protección personal para que ellos puedan atender con algo de tranquilidad a los pacientes», destaca Parra y denuncia que en algunas áreas de hospitales públicos dotan de una mascarilla para 24 horas.

En el caso de las enfermeras, el salario base de una enfermera representa cinco dólares en promedio, cuando la canasta básica alimenticia está proyectada en 300 dólares al mes. 

«Las enfermeras están en extrema pobreza y quizá muchas no han podido superar ese paradigma que nos enseñaron que ‘el paciente primero’. ¿Y por qué se van de los hospitales? porque trabajan en condiciones de altísimo riesgo y en vez de llevar comida a su casa lo que pueden llevar son afectaciones de virus. Hay quienes se han dedicado a otras actividades; y hay quienes han decidido cuidar a pacientes”, señala Contreras.

Tanto para enfermeras como médicos se trata de un dilema ético. Pero todos coinciden en la dimensión deontológica de la profesión: hay que preservar la vida del personal sanitario, aún cuando esto signifique tomar distancia para resguardarse.

*Al momento de levantar este reportaje, ninguno de los encuestados se había vacunado.