Obispos eméritos saludan inicio de diálogo y piden liberación de presos y elecciones

Los cardenales Baltazar Porras y Diego Padrón, junto con monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales, emitieron este lunes 10 de agosto de 2026 una declaración en la que saludan “con beneplácito y esperanza” el comienzo de las conversaciones entre el gobierno interino y representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015.
Los tres eclesiásticos aclaran que hablan a título personal, “como expresión de nuestra conciencia cívica y cristiana responsabilidad moral”, y no en nombre oficial de la Iglesia. Señalan que el diálogo se desarrolla en “condiciones muy peculiares”: se trata de una iniciativa promovida y tutelada desde el extranjero (bajo tutoría del gobierno de Estados Unidos), en ausencia de la representación política opositora que consideran más legitimada, sin una instancia técnica reconocida como facilitadora y con opacidad en detalles institucionales y logísticos.
El texto vincula el momento a la crisis política y social que, según afirman, se arrastra desde hace más de un cuarto de siglo y se agravó con el doblete sísmico del 24 de junio, “con la experiencia dolorosa de la inercia e indolencia oficiales” durante esa emergencia. En ese contexto, reclaman “escucha atenta y sintonía con las necesidades y expectativas del pueblo” y llaman a un entendimiento básico entre todos los sectores —económico, político-social y ético-cultural— para la “reconstrucción integral del país”.
Los obispos eméritos estiman que la mesa debe incorporar de manera gradual a grupos políticos, academias, universidades, Iglesias y otros organismos de la sociedad civil, con el fin de construir un proyecto nacional unificado orientado al bien común y a una transición hacia la institucionalidad democrática.
Como signos concretos de avance proponen la inmediata liberación de los presos políticos, el fin de la “hegemonía comunicacional” y la organización de una elección presidencial “por obra exclusiva del soberano”, conforme al artículo 5 de la Constitución. También insisten en responder con urgencia a la crisis económica, social y educativa: salarios justos, servicios de salud, vivienda, escolaridad, y suministros regulares de agua, electricidad e internet”.
Las cosas e instituciones importan, pero es prioritario el reencuentro de nosotros los venezolanos en un ambiente de libertad, unidad y solidaridad para que alcancemos la paz”, subrayan. Ese proceso, agregan, equivale a una “refundación nacional”, idea que el Episcopado venezolano ha planteado en otras ocasiones.
Los prelados ofrecen hacer seguimiento a los trabajos de la comisión “como un servicio cívico y espiritual, leal e imparcial”.