A un año del brote infeccioso en el J. M. de los Ríos, padres y doctores aún desconocen las causas

Hace un año falleció Raziel Jaure. Tenía 10 años de edad, era paciente del servicio de Nefrología del hospital J. M. de los Ríos y contrajo una bacteria que se alojó el catéter, lo cual le causó la muerte semanas después. Raziel fue el primer niño que pereció por el brote infeccioso en la unidad de diálisis pediátrica en 2017. Doce meses después de su deceso y el de otros cuatro menores de edad, las causas aún no están esclarecidas y las medidas de mantenimiendo son irregulares.

En febrero del año pasado comenzaron las fiebres y los escalofríos. Primero fue un niño. Luego vino otro. Después un tercero presentó los mismos síntimas. Así fue hasta que más de la mitad de los pacientes que asistían a la hemodiálisis se infectaron con las mismas bacterias: klebsiella y pseudomona.

Para ese momento, un estudio de la Universidad Simón Bolívar (USB) confirmó la presencia de bacterias en los tanques del hospital que surten agua a la unidad pediátrica de diálisis. El estudio es el único sustento que tienen las madres y los doctores. Las autoridades no se han pronunciado sobre el brote infeccioso ni han explicado las causas que lo produjeron.

A finales de mayo de 2017, funcionarios del Instituto de Higiene Rafael Rangel tomaron muestras de la planta de ósmosis y evaluaron los puntos de posible contaminación en las máquinas de diálisis. Hasta la fecha, los galenos desconocen si las muestras dieron positivas.

“A mis manos jamás llegaron esos resultados. Después de eso, vinieron a hacerle mantenimiento a la planta y tomaron nuevas muestras. Esas sí llegaron y dieron negativo. No sabremos qué fue lo que ocasionó el brote, lo único que tenemos es el estudio que hizo la USB que decía que sí había contaminación“, dijo Belén Arteaga, jefa del servicio de Nefrología, a Efecto Cocuyo.

La planta de ósmosis, que debe recibir un mantenimiento cada tres meses, había sido tratada por última vez en agosto de 2016. Luego de seis meses, y sin realizarse las labores de prevención, empezaron a aparecer los síntomas en los niños.

En abril de 2017 fue tratada la planta. Poco después se registraron los decesos por el brote: Raziel Jaure el 3 de mayo; Samuel Becerra (12 años) el 11 de mayo; Dilfred Jiménez (16) el 22 de mayo; y Daniel Laya (2) el 25 de junio.

Arteaga apuntó que el mantenimiento se volvió regular tiempo después del fallecimiento de los niños, pero que ya dejó de hacerse. El último se realizó en noviembre del año pasado y en febrero de 2018 se hizo un cambio en los filtros de la planta de ósmosis, pero no fue tratada.

En mayo correspondería volver a hacer los trabajos y la jefa del servicio ve con preocupación que el mantenimiento sea irregular. “Si no se hace, no sabemos en qué momento podamos tener una situación parecida a la del año pasado”, lamentó Arteaga.

Sin justicia y sin medida

Tras el fallecimiento de los primeros pacientes, la Fiscalía se trasladó al hospital para investigar las causas del brote y las denuncias que interpusieron los padres ante el Ministerio Público. Las visitas de los fiscales duraron poco y las citaciones a los implicados no pasaron a mayores.

Sin respuesta de las autoridades y sin la certeza de las causas que originaron el brote, los padres del J. M. de los Ríos buscaron justicia afuera.

El pasado 21 de febrero celebraron una medida de protección otorgada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) a los niños del servicio de Nefrología. El recurso fue solicitado por el Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap) y la fundación Prepara Familia.

“Nosotros pensamos que con esa medida iban a abastecer al hospital, pero no fue así”, lamentó Vicky Fernández, madre de un paciente de Nefrología que estuvo contaminado y que superó el brote.

El nombre de su hijo es uno de los que aparece en el llamado de atención de la Cidh y que se hace extensivo al resto de los pacientes del servicio. Sin embargo, dos meses después del otorgamiento de las medidas, las autoridades aún no han dado respuesta ni cumplen con las mejoras exigidas al servicio.

“En el hospital no hay Vancomicina ni Meropenem, antibióticos de amplio espectro necesarios para tratar las infecciones. Hay problemas con el suministro de agua y eso afecta a las diálisis de los pacientes. Los tienen que dializar por menos horas porque no hay suficiente suministro”, denunció Katherine Martínez, directora de Prepara Familia.

También denunció que de un total de 14 máquinas, solo funcionan siete por turnos, porque el volumen de agua que reciben no es suficiente para que operen todas al mismo tiempo. Adicionalmente, se han mantenido el déficit de inmunosupresores para los pacientes trasplantados, de antihipertensivos y otros tratamientos complementarios para los niños con insuficiencia renal.

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