Gilber Caro

Manuel Alejandro Llorens

Manuel Llorens es psicólogo. Investigador del Parque Social Manuel Aguirre, Universidad Católica Andrés Bello. Miembro de la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia REACIN.

Conocí a Gilber Caro junto a su equipo de Liberados en Marcha. Era un grupo de exconvictos que, luego de salir de la cárcel, se habían dedicado a construir una casa para otros exreos a fin de ayudar a reinsertarlos en la sociedad. Lo que me resultó más cautivante es que una parte de los fondos para construir esa obra provenía de los propios presos, quienes, confiando en Liberados en Marcha, le hicieron donaciones. El mal, invirtiendo en el bien -qué curioso- pensé.

Como investigador en temas de violencia he pasado años buscando casos excepcionales, las vidas que desafían las lógica violentas que han ido arropando al país. Ejemplos de resistencia a la violencia, ejemplares morales, los llaman. Las mujeres que crearon unas comisiones de convivencia que lograron negociar una tregua efectiva en el barrio de Catuche son un ejemplo. Gilber Caro y Liberados en Marcha es otro.

Comencé a investigar y registrar la vida de Gilber, lo invité a la Universidad Católica Andrés Bello donde dictó varias clases y a conversar con la Selección Nacional de Fúbol Sub-20, en el proceso de preparación para la clasificación al Mundial que logramos en el 2009. Gilber es un gran orador, pero sobre todo es el testimonio vivo de una Venezuela distinta.

Proveniente de Catia, su vida se vio fracturada a temprana edad cuando la muerte accidental de un hermano y el arresto de otro produjo un sismo en su hogar. Su padre se terminó de hundir en la bebida, su madre en la tristeza y Gilber quedó a su propia cuenta. Dejó de asistir a la escuela y fue progresivamente involucrándose en el crimen. Un primer arresto de dieciocho meses lo llevó a conocer los horrores del sistema penitenciario. La cárcel no sirvió de escarmiento, más bien salió endurecido, con más conocimiento del crimen y una red de malhechores conocidos más amplia. La típica carrera criminal en Venezuela. Inevitablemente volvió a caer preso, esta vez con una condena de veinte años por homicidio.

Hasta allí, la historia no tiene nada de extraordinario. Lamentablemente es un relato patético de otro joven venezolano pobre que, en medio del desamparo, experimenta que la fuerza de la violencia puede suplir la carencia de bienes y reconocimientos. Lo extraordinario es que ya en la cárcel sufrió una crisis emocional profunda que lo llevó a pedir ayuda y la consigue, entre las redes de apoyo de la Iglesia Cristiana que tiene una fuerte presencia en las prisiones del país.

Allí comenzó de nuevo, una vida en el culto religioso y la labor social. Un pastor le dijo: “Tú puedes tener mucha fe, pero sin obra, es muerte”. Allí comenzó un largo camino de trabajo para reparar sus errores. Comenzó a ser un líder positivo en la cárcel, cuidando a compañeros, limpiando y finalmente, por ser considerado honesto e inteligente, encargado del cafetín. Comenzó a ser reconocido ahora por su compasión valiente, que se interponía ante los abusadores para defender a los más vulnerables. Evitó que robaran comida del cafetín, protegiendo el alimento de todos. Así fue ganando su derecho a los beneficios procesales por buena conducta.

Al salir continuó haciendo labor social trabajando en la Misión Negra Hipólita, Techo de Chacao, Liberados en Marcha y Santa va a las Cárceles, iniciativa que fundó para llevarle presentes a los hijos de los presidiarios en diciembre. Cuando lo conocí en el 2009 tenía casi siete años de haber salido de la cárcel y accedió a conversar con los jugadores de fútbol explicándome que ya había cosas de su vida que no podía cambiar, que solo podía enmendar “hacia adelante” y que esa era otra oportunidad para intentar reparar sus errores.

Por su entereza lo animé a que hiciésemos un registro de su vida y nos pasamos los siguientes cinco años haciéndolo. En esas entrevistas lo fustigué una y otra vez para examinar la memoria de su pasado. Para indagar sobre sus arrepentimientos, para intentar hurgar en las oscuridades de quien había ejercido la violencia y ahora tenía años tratando de construir la paz. Me habló de lo bien que se sentía poder caminar por las calles sabiendo que no tenía cuentas pendientes con nadie.

Me contó lo importante que fue acudir religiosamente a sus citas de presentación ante los tribunales durante años, hasta que finalmente cumplió toda su condena. Me repitió que, aunque muchos decían que no querían regresar nunca a la cárcel, él en cambio tenía que hacerlo, pero como activista, como alguien que quería reformar el sistema carcelario, como alguien que podía acompañar a otros a construir vidas distintas. En la medida en que su obra y testimonio cobraba fuerza, empezó a encontrarse con resistencia política. Se unió a Voluntad Popular y en paralelo, ingresó en la universidad a estudiar Derecho.

La política volvió a traer la opresión a su vida. Al preguntarle cómo se sentía al ser señalado por el chavismo por hacer su labor social me contestó: “¿Por qué me ha tocado enfrentar tantas veces la muerte? De pequeño, la muerte de mi hermano; de joven la muerte por las cosas en que estaba; en la cárcel, la muerte por todos lados y ahora, que no tengo rollo con nadie, por el problema político, otra vez tener que enfrentar el odio y la muerte. Yo no quiero tener problemas con nadie. Yo no tengo nada en contra de ninguno de estos hombres que están gobernando tan resentidos. ¿Cómo te pueden ver como un enemigo por algo que estás haciendo bien, sin hacerle daño a nadie? Yo comprendo al chavismo porque yo vengo de allí. Yo sé qué es tener odio y rabia por las cosas vividas, por vivir en la miseria. Yo eso lo entiendo, lo que no comparto es que paguen con el mismo odio porque ya yo hice eso, y sé que eso no lleva a ningún lado. Yo ya no siento que engrano en un lugar lleno de odio”.

En diciembre de 2016, la labor de Gilber fue reconocida al ser elegido como diputado suplente a la Asamblea Nacional. Desde allí pensaba utilizar esa tribuna para reformar el sistema penitenciario. En enero de este año fue arrestado junto a su novia Steyci Escalona, violando su inmunidad parlamentaria. A un mes del arresto, no se han presentado acusaciones formales contra él, y los medios reportan que solo le han permitido ver a su abogado dos veces durante veinte minutos . Es otro preso político encarcelado violando todas las formalidades de la ley.

Gilber Caro ha tenido que enfrentar la opresión en modalidades variadas. De joven sufrió las desigualdades de la violencia estructural, potenciando su propio horror al involucrarse en el crimen. Aprendida la lección y transformada su vida, su testimonio, que debería servir para construir las salidas a la violencia, se volvió incómodo para el poder. Una nueva modalidad de injusticia ahora lo encierra: la violencia política. Su historia es una historia de esperanza ante las circunstancias más oscuras. El testimonio de su obra está presente en la mente de las miles de persona que ha tocado con su trabajo social. Estamos seguros de que la fuerza de Gilber y el poder de su testimonio crece con cada día que lo mantengan tras las rejas.

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