Guillermo y Jesús: los deliveries que rescataron a la mujer atrapada en laguna de la Libertador

SOLAZ · 3 SEPTIEMBRE, 2021 06:45

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Verónica De Sousa A.


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Recorriendo la ciudad en moto, alertas de los nuevos pedidos y siguiendo las direcciones para entregar los encargos, los motorizados del servicio de delivery Yummy Guillermo Méndez y Jesús Arévalo cumplían su jornada laboral cuando inesperadamente se convirtieron en los rescatistas de la señora Gioconda.

En la noche del pasado 10 de agosto, en medio de las fuertes precipitaciones de la ciudad capital, Guillermo y Jesús se convertían en Aquaman y Flipper, apodos que sus compañeros le han otorgado luego de ayudar a la mujer atrapada en la laguna que se formó en la avenida Libertador.

Rodeada de agua, sentada en el techo de su Optra blanco, mojada por la lluvia y con mucho frío, Guillermo y Jesús, con el agua hasta la cintura, lograron llegar hasta el vehículo para rescatarla; en Solaz, nos cuentan cómo vivieron ese momento.

Desde la parroquia El Recreo del municipio Libertador hasta el municipio Chacao, la avenida Libertador es de las vías de comunicación más importantes de Caracas; de dos niveles y característicos murales, se ve afectada cada vez que las fuertes precipitaciones azotan la ciudad.

De acuerdo con El Nacional, “esta vía frecuentemente resulta anegada debido a que allí se encuentra un drenaje que suele taparse, según ha explicado el alcalde del municipio Chacao, Gustavo Duque, en otras ocasiones”.

En una noche lluviosa y con un ligero malestar, Guillermo había decidido terminar el día de trabajo tras entregar un pedido cerca del Centro Comercial Chacaíto. Cuando estaba recorriendo la Libertador para llegar a su casa, el motorizado ve un ‘bululú’ de gente y escucha gritos; no es hasta que se orilla que ve a la señora Gioconda en el techo del carro.

Se describe a sí mismo como una persona que le gusta ayudar a los demás. “Eso es lo mío”, dice Guillermo quien también fue policía; por lo que no dudó en ayudar a la mujer que temblaba de frío mientras esperaba un milagro.

Decidió ir hasta el final de la avenida y devolverse sentido oeste-este: llego al punto donde estaba la laguna e intentó hacerse camino con su moto, pero inmediatamente la máquina ‘se ahogó’, por lo que tuvo que retroceder rápidamente.

Convenció a un señor que estaba en la zona, dueño de una camioneta 4×4, para que intentaran atravesar la laguna; con Guillermo sentado en el capot y el conductor manejando lentamente, sucedió lo mismo y tuvieron que retirarse.

Con dos intentos fallidos, pero con una gran convicción, Guillermo se apega al popular dicho de ‘La tercera es la vencida’ y decide volver a intentarlo. “En ese momento veo a Arévalo y me pregunta ‘Guillermo, ¿qué vas a hacer?’” a lo que él respondió: “Meterme en la laguna para sacar a la señora”.

Jesús estaba en camino a buscar una orden cerca del Centro San Ignacio, pero al pasar por la Libertador escucha los gritos de una mujer pidiendo ayuda y se encuentra con Guillermo: “Nos metimos en la laguna sin pensarlo, fue un impulso inmediato para ayudar a la señora”.

Los cubría al menos un metro de agua, oscura y sucia cuando llegaron al carro; Guillermo, con una cortada en uno de sus pies, pues cuenta que tenía unos zapatos que estaban rotos, y Jesús respondiendo la única pregunta que les hizo la mujer:

 – ¿Ustedes son de Protección civil, de los bomberos o de la policía?

-No señora, nosotros somos deliveries.

Cuentan que la señora tenía los labios casi morados, estaba temblando y tenía mucho miedo; Guillermo le cede su chaqueta, “pues estaba completamente empapada”, y en un intento por subirse al capot resulta herido, una vez más, pero ahora por las filosas esquinas de la placa del carro y el movimiento del mismo; pues estaba prácticamente flotando.

Mientras Jesús intentaba estabilizar el carro y Guillermo intentaba montarse en él, se dan cuenta de que la mujer atrapada en la laguna estaba descalza.

-Arévalo, si yo con zapatos me corté, esta señora descalza llegará sin piernas hasta donde está Protección Civil. -dijo Guillermo

Los compañeros de trabajo decidieron que la salida más factible para la señora Gioconda sería la isla de concreto que separa los canales de la avenida Libertador; delgados, firmes y con unos centímetros de ventaja -con respecto a la laguna- servirían de camino; hasta que “poco a poco y sin apresurarla” lograron llegar al otro lado de la laguna, donde estaban las autoridades.

El esfuerzo de Guillermo y Jesús

Para ninguno de los dos fue nada fácil atravesar el trayecto de la laguna, pues en algún punto del camino se hizo más profunda; Guillermo cuenta que se hundieron aún más: “Si no fuese porque me agarraba de la isla, hubiese tragado agua de gratis”.

Para Guillermo y Jesús tomar la decisión de atravesar la laguna y rescatar a Gioconda fue “algo que nació en el momento” y que no dudaron en hacer a pesar de los riesgos sanitarios, las condiciones climatológicas o la presencia de las autoridades en el lugar.

-Yo le dije a Arévalo: aquí no estamos esperando nada a cambio; con tal y Dios vea que hicimos algo bien, excelente. -dijo Guillermo.

La mujer atrapada en la laguna, a quienes ellos conocen como la señora Gioconda, dijo en un video publicado en la cuenta de Reporte Ya en Twitter que se sentía “inmensamente agradecida por todo lo que hicieron”.