Entre el miedo y el apoyo: tres testimonios frente al cáncer de mama en Venezuela

SALUD · 19 OCTUBRE, 2022 22:25

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Mariana Souquett Gil | @nanasouquett


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Cada 19 de octubre, el mundo conmemora el Día mundial de lucha contra el cáncer de mama, el tipo de cáncer que más afecta a las mujeres de Venezuela y de la región de las Américas.

En el marco de esta fecha, dos mujeres y un hombre cuentan los obstáculos que tuvieron que superar cuando fueron diagnosticados con cáncer de mama, y cómo encontraron apoyo ante las deficiencias del sistema público de salud del país y la falta de recursos económicos.

«Me dijeron que me fuera a otro lado»

Delia Carico vive en Caracas

Durante el primer año de pandemia, Delia Carico —ama de casa de 48 años, habitante de Mariche, Caracas— sintió en su seno lo que ella describe como una «pepa». Como pudo acudió a un médico particular, que de entrada le dijo que tenía cáncer de mama y que lo tenía «regado».

Delia fue al Hospital Dr. Domingo Luciani de El Llanito. Era septiembre de 2020 y le dijeron que allí no la podían tratar.

«Como la primera vez fui a un médico privado, me dijeron que si yo tenía para pagar un médico privado, que me fuera a otro lado. Yo dije que no tenía para pagar eso, simplemente fui por lo más rápido para que me dieran una orden para ir a un hospital público. Me dijeron que no me podían atender porque solo estaban atendiendo a los pacientes que ya estaban con ellos. Yo salí llorando de ahí«, cuenta.

Luego fue al oncológico Padre Machado, donde le dijeron que el hospital estaba colapsado, y no tuvo más opción que devolverse a su casa y esperar. La pelotica que Delia sentía iba creciendo. En el transcurso de los días también había contactado a la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV), y finalmente la llamaron del programa de Atención Integral al Paciente Oncológico (Aipo).

Empezó tratamiento, le hicieron exámenes y una biopsia. «Yo no tenía dinero, ellos me hicieron todo», explica. Al año siguiente inició su tratamiento de dos años. Primero recibió quimioterapia, pero el cáncer ya le había dañado los tejidos y le tuvieron que hacer una mastectomía radical en su seno derecho. Luego tuvo que hacerse radioterapia.

Ahora debe tomar Letrozol, un medicamento que se entrega en las farmacias de alto costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss), pero en ocasiones ha encontrado problemas para conseguirla y ha tenido que pedir ayuda a sus familiares. A pesar de las dificultades, Delia siempre mantuvo el optimismo y asegura que nunca pensó en un mal desenlace.

«Todo ha salido negativo, gracias a Dios y a todas las personas buenas que Dios ha puesto en mi camino. A las mujeres que pasan por esto les digo que sean positivas, que nunca dejen de creer», expresa.

Lea también: Sociedad Anticancerosa llama a aumentar financiamiento contra el cáncer de mama y de cuello uterino

«Pensé quedármelo callado»

Rudis Roca, cáncer de mama
Rudis Roca es una vecina de La Candelaria

Cuando Rudis Roca —publicista de 58 años y vecina de La Candelaria, Caracas— supo que tenía cáncer de mama, su primera reacción fue sentir terror por su situación económica. La preocupación por no saber «de dónde iba a sacar dinero» nubló su pensamiento.

«Yo el primer día lloré muchísimo y preguntaba qué debía hacer», cuenta. «Pensé quedármelo callado para no angustiar a mi familia, no preocupar a mis hijas y dije ‘si al final no tenemos los recursos, mejor espero morir callada’. Mi fe falló en ese momento, pero Dios puso muchos ángeles en mi camino».

Cada vez que se bañaba, Rudis sentía una dureza en uno de sus senos, pero la atribuyó a una cirugía pasada y no le dio mucha atención. Luego de unos meses sintió una «pelotica», un ganglio inflamado en su axila izquierda. Le hicieron un eco mamario, pero todo parecía lucir bien, solo con una pequeña hinchazón.

«Pero eso empezó como a quemarme y aumentó el volumen de la pelotica. Nuevamente asistí al médico. Fue cuando una ginecóloga me mandó con un mastólogo y ahí comencé a movilizarme para saber a ciencia cierta a qué se debía esa pelotica debajo de la axila. Me hicieron una biopsia y me salió positivo para cáncer», rememora. Era agosto de 2021.

Después de llorar, no decayó. Agradeció que le tocara a ella y no a ninguno de sus seres queridos. Pensó que debía ser por un propósito.

Sin saber a dónde acudir, una de sus jefas le habló de la Clínica de Prevención del Cáncer de la SAV, a la cual llegó con estudios previos pero ya sin recursos para seguir financiando exámenes y tratamientos. Operarse en un hospital público le resultó imposible hasta que formó parte del programa Aipo al no contar con más fondos para su tratamiento.

«Mis recursos no me daban para continuar. A través de la SAV logré todo, no tuve que dar ni medio porque los recursos no me daban», dice. Fue operada en mayo de 2022.

Rudis debe tomar bloqueadores hormonales por 10 años y completar las aplicaciones que le faltan del medicamento Trastuzumab, uno de los más costosos para el cáncer de mama.

En un momento tuvo que comprar las inyecciones con el apoyo de su familia y compañeros de trabajo porque el Estado dejó de entregarlas, pero ya se retomó la asignación en las farmacias de alto costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss).

«Mi mensaje para todos los que sean diagnosticados con cáncer: no le tengan miedo a la palabra cáncer. Mientras sea detectado a tiempo y mientras estemos atentos de nuestro cuerpo, podemos vencerlo. Aquí estoy yo y doy fe de ello», resalta.

Lea también: «El Estado nos condena a morir prematuramente»: personas con cáncer exigen medicinas y equipos

Los hombres también pueden tener cáncer de mama

Los hombres también pueden tener cáncer de mama
José Manuel Cabrera sufrió cáncer de mama

José Manuel Cabrera no le dio importancia a un golpe que sufrió mientras limpiaba el terreno de su casa en San Antonio de Los Altos, estado Miranda. La rama de un árbol impactó con fuerza su pecho, pero se puso hielo, crema y lo dejó pasar.

Con el tiempo notó que tenía una pelotica. Sin embargo, no se atendió porque surgió otro problema: un agrandamiento de la próstata.

En paralelo, la pelotica iba creciendo muy rápido.

«La tetilla se me puso negra», cuenta. «Me hicieron biopsia y salió cáncer de mama. Yo nunca lo tomé como cáncer sino como un tumor porque la palabra cáncer no representa nada agradable para ningún ser humano».

José Manuel, profesor de educación física y terapeuta corporal, fue «pegando brincos» de Caracas a Valencia, hasta que finalmente lo atendió un médico en el Hospital Universitario de Caracas que lo refirió al programa de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela, donde tuvo que repetirse exámenes y donde fue atendido.

«Me tocó ahora este proceso. Esta prueba me hace más grande el corazón, de solidaridad con el mismo ser humano. Tengo 67 años, no sé cuánto más voy a durar, pero me apego a lo que vivo hoy«, relata.

Ha transcurrido año y medio desde que lo diagnosticaron con cáncer de mama y dos años desde el agrandamiento de su próstata. Ya operado del tumor, pronto debe chequearse otra vez para una cirugía de próstata.

Su mayor deseo es vivir sanamente para ayudar y motivar a otras personas que sean diagnosticadas con cáncer a buscar apoyo. Como sobreviviente, recuerda que los hombres también pueden padecer cáncer de mama.

«El oncólogo me dirá qué hay que hacer. Lo más probable es que tenga que hacer radioterapia. Espero que termine de recuperar mi salud plena para seguir haciendo voluntariado. Es una misión y una responsabilidad conmigo mismo», dice.

SALUD · 8 DICIEMBRE, 2022

Entre el miedo y el apoyo: tres testimonios frente al cáncer de mama en Venezuela

Texto por Mariana Souquett Gil | @nanasouquett

Cada 19 de octubre, el mundo conmemora el Día mundial de lucha contra el cáncer de mama, el tipo de cáncer que más afecta a las mujeres de Venezuela y de la región de las Américas.

En el marco de esta fecha, dos mujeres y un hombre cuentan los obstáculos que tuvieron que superar cuando fueron diagnosticados con cáncer de mama, y cómo encontraron apoyo ante las deficiencias del sistema público de salud del país y la falta de recursos económicos.

«Me dijeron que me fuera a otro lado»

Delia Carico vive en Caracas

Durante el primer año de pandemia, Delia Carico —ama de casa de 48 años, habitante de Mariche, Caracas— sintió en su seno lo que ella describe como una «pepa». Como pudo acudió a un médico particular, que de entrada le dijo que tenía cáncer de mama y que lo tenía «regado».

Delia fue al Hospital Dr. Domingo Luciani de El Llanito. Era septiembre de 2020 y le dijeron que allí no la podían tratar.

«Como la primera vez fui a un médico privado, me dijeron que si yo tenía para pagar un médico privado, que me fuera a otro lado. Yo dije que no tenía para pagar eso, simplemente fui por lo más rápido para que me dieran una orden para ir a un hospital público. Me dijeron que no me podían atender porque solo estaban atendiendo a los pacientes que ya estaban con ellos. Yo salí llorando de ahí«, cuenta.

Luego fue al oncológico Padre Machado, donde le dijeron que el hospital estaba colapsado, y no tuvo más opción que devolverse a su casa y esperar. La pelotica que Delia sentía iba creciendo. En el transcurso de los días también había contactado a la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV), y finalmente la llamaron del programa de Atención Integral al Paciente Oncológico (Aipo).

Empezó tratamiento, le hicieron exámenes y una biopsia. «Yo no tenía dinero, ellos me hicieron todo», explica. Al año siguiente inició su tratamiento de dos años. Primero recibió quimioterapia, pero el cáncer ya le había dañado los tejidos y le tuvieron que hacer una mastectomía radical en su seno derecho. Luego tuvo que hacerse radioterapia.

Ahora debe tomar Letrozol, un medicamento que se entrega en las farmacias de alto costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss), pero en ocasiones ha encontrado problemas para conseguirla y ha tenido que pedir ayuda a sus familiares. A pesar de las dificultades, Delia siempre mantuvo el optimismo y asegura que nunca pensó en un mal desenlace.

«Todo ha salido negativo, gracias a Dios y a todas las personas buenas que Dios ha puesto en mi camino. A las mujeres que pasan por esto les digo que sean positivas, que nunca dejen de creer», expresa.

Lea también: Sociedad Anticancerosa llama a aumentar financiamiento contra el cáncer de mama y de cuello uterino

«Pensé quedármelo callado»

Rudis Roca, cáncer de mama
Rudis Roca es una vecina de La Candelaria

Cuando Rudis Roca —publicista de 58 años y vecina de La Candelaria, Caracas— supo que tenía cáncer de mama, su primera reacción fue sentir terror por su situación económica. La preocupación por no saber «de dónde iba a sacar dinero» nubló su pensamiento.

«Yo el primer día lloré muchísimo y preguntaba qué debía hacer», cuenta. «Pensé quedármelo callado para no angustiar a mi familia, no preocupar a mis hijas y dije ‘si al final no tenemos los recursos, mejor espero morir callada’. Mi fe falló en ese momento, pero Dios puso muchos ángeles en mi camino».

Cada vez que se bañaba, Rudis sentía una dureza en uno de sus senos, pero la atribuyó a una cirugía pasada y no le dio mucha atención. Luego de unos meses sintió una «pelotica», un ganglio inflamado en su axila izquierda. Le hicieron un eco mamario, pero todo parecía lucir bien, solo con una pequeña hinchazón.

«Pero eso empezó como a quemarme y aumentó el volumen de la pelotica. Nuevamente asistí al médico. Fue cuando una ginecóloga me mandó con un mastólogo y ahí comencé a movilizarme para saber a ciencia cierta a qué se debía esa pelotica debajo de la axila. Me hicieron una biopsia y me salió positivo para cáncer», rememora. Era agosto de 2021.

Después de llorar, no decayó. Agradeció que le tocara a ella y no a ninguno de sus seres queridos. Pensó que debía ser por un propósito.

Sin saber a dónde acudir, una de sus jefas le habló de la Clínica de Prevención del Cáncer de la SAV, a la cual llegó con estudios previos pero ya sin recursos para seguir financiando exámenes y tratamientos. Operarse en un hospital público le resultó imposible hasta que formó parte del programa Aipo al no contar con más fondos para su tratamiento.

«Mis recursos no me daban para continuar. A través de la SAV logré todo, no tuve que dar ni medio porque los recursos no me daban», dice. Fue operada en mayo de 2022.

Rudis debe tomar bloqueadores hormonales por 10 años y completar las aplicaciones que le faltan del medicamento Trastuzumab, uno de los más costosos para el cáncer de mama.

En un momento tuvo que comprar las inyecciones con el apoyo de su familia y compañeros de trabajo porque el Estado dejó de entregarlas, pero ya se retomó la asignación en las farmacias de alto costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss).

«Mi mensaje para todos los que sean diagnosticados con cáncer: no le tengan miedo a la palabra cáncer. Mientras sea detectado a tiempo y mientras estemos atentos de nuestro cuerpo, podemos vencerlo. Aquí estoy yo y doy fe de ello», resalta.

Lea también: «El Estado nos condena a morir prematuramente»: personas con cáncer exigen medicinas y equipos

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José Manuel Cabrera sufrió cáncer de mama

José Manuel Cabrera no le dio importancia a un golpe que sufrió mientras limpiaba el terreno de su casa en San Antonio de Los Altos, estado Miranda. La rama de un árbol impactó con fuerza su pecho, pero se puso hielo, crema y lo dejó pasar.

Con el tiempo notó que tenía una pelotica. Sin embargo, no se atendió porque surgió otro problema: un agrandamiento de la próstata.

En paralelo, la pelotica iba creciendo muy rápido.

«La tetilla se me puso negra», cuenta. «Me hicieron biopsia y salió cáncer de mama. Yo nunca lo tomé como cáncer sino como un tumor porque la palabra cáncer no representa nada agradable para ningún ser humano».

José Manuel, profesor de educación física y terapeuta corporal, fue «pegando brincos» de Caracas a Valencia, hasta que finalmente lo atendió un médico en el Hospital Universitario de Caracas que lo refirió al programa de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela, donde tuvo que repetirse exámenes y donde fue atendido.

«Me tocó ahora este proceso. Esta prueba me hace más grande el corazón, de solidaridad con el mismo ser humano. Tengo 67 años, no sé cuánto más voy a durar, pero me apego a lo que vivo hoy«, relata.

Ha transcurrido año y medio desde que lo diagnosticaron con cáncer de mama y dos años desde el agrandamiento de su próstata. Ya operado del tumor, pronto debe chequearse otra vez para una cirugía de próstata.

Su mayor deseo es vivir sanamente para ayudar y motivar a otras personas que sean diagnosticadas con cáncer a buscar apoyo. Como sobreviviente, recuerda que los hombres también pueden padecer cáncer de mama.

«El oncólogo me dirá qué hay que hacer. Lo más probable es que tenga que hacer radioterapia. Espero que termine de recuperar mi salud plena para seguir haciendo voluntariado. Es una misión y una responsabilidad conmigo mismo», dice.

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