Vivir en resiliencia - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 5 ENERO, 2021 04:35

Vivir en resiliencia

Ver más de

Efecto Cocuyo

¿Cómo valoras esta información?

8
QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

“En mi caso, me esfuerzo en no hacerme adicta al dolor y al maltrato”

Decía Viktor Frankl que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino. Lo parafraseo tratando de digerir todo su significado en el libro El hombre en busca de sentido. Sencillamente porque vivir el encierro durante 2020 ha impuesto sin concesiones resetear nuestro sistema, la pandemia provocada por el coronavirus vino a sumarnos a un mundo del que muchos nos sentíamos desconectados. En Venezuela ya llevábamos ventaja, en marzo de 2019 nos quedamos atrapados en el maltrato: varios días sin energía eléctrica, sin agua, sin poder pagar alimentos y sin respuestas del gobierno, esto supuso activar diversos mantras para no quebrarse desde el pecho aunque quedamos todos rotos, como  fragmentos buscando encajar nuestros pedazos para volver a ser parte de algo.

Con esa foto en mente, la pancarta que se ve al fondo, casi en letras intermitentes lleva inscrita la convocatoria más actual: vivir en resiliencia. Con lo que sea que eso signifique, porque este momento obedece a un patrón fractal, y la manida expresión sirve para subir el ánimo, para emprender acciones en medio de la crisis, para castigarte si quieres tirar la toalla, para medir la asimilación de la adversidad, para mostrar el coraje individual y nuestra tendencia colectiva y gregaria; pero también ha servido de revelador del tentador ánimo autoritario que pervive en algunas democracias, y del uso del terror a la muerte como atizador de los controles a la ciudadanía. Es todo un himno con sus estrofas y su estribillo.

Resiliencia viene del latín resilio, que significa volver atrás, volver a una normalidad  anterior, sería esa la definición plana de un término importado de la mecánica y de la ingeniería de los materiales. Pero aplicado a nuestro ámbito social, y a la moda actual, los venezolanos no somos resilientes porque queremos volver invocando el tan antipático “éramos felices y no lo sabíamos”, una gran mayoría se esfuerza sencillamente en vivir y no puede juzgársele porque su aliento sólo alcanza a lo mínimo, por tanto no puede ser agente activo y optimista de la transformación.

Entonces, lo primero es hacer sonar las alarmas: la resistencia, la adaptación y el acostumbrarnos no puede traducirse en evasión, lo malo que descubrió el coronavirus, existe y de eso hay que hablar, masticarlo y digerirlo para transformarlo. La idea que tengo es que el ser humano instintivamente se aferra a la vida, y en esa lucha de muchos que no se parece a otros muchos en el mundo, no se piensa en salir mejor, se piensa en salir vivo. El crisol de la vida también da para pensar que esa supervivencia es premeditada para crear y tener luego un mundo mejor, un país mejor, una ciudad vivible y ser mejores personas pero me permito dudar de que ese ánimo tenga fuerzas en una familia que se va a dormir con hambre.

El guiño de la palabra nos pone exigentes, esperamos que el país se faje a conservar la vida y en paralelo viva la demanda del proceso resiliente, que se define como dinámico y evolutivo, que implica ciertamente una adaptación personal y social a pesar de los riesgos, y que más que volver a una normalidad anterior es asimilar lo vivido para engendrar los cambios significativos. Es lo deseable pero no creo que con esa cobija se pueda arropar un país entero.

La oportunidad que nos da la moda por la palabra reside en las alarmas que activa. Sí, hay personas que con denuedo se enfrentan al caos y emprenden, y luchan por conservar un su negocio y ayudar a sus empleados. Y al lado convive quien hizo de esta crisis su mejor oportunidad y en ese afán se aprovecha de quien necesita llevar a casa el mísero sueldo. No falta quien pontifique que en momentos como estos unos se dedican a llorar y otros a vender pañuelos, obviamente que en ese caso el aplauso es para el vendedor. De modo que la falta de arrojo que exige la palabra se convierte en guillotina para el ser prolijo que trata de atravesar esta oscurana con la piel pegada de los huesos.

La campanada a la que me refiero intenta ser una llamada a no romantizar esta trágica situación, a curar la torticolis social que no deja mover el cuello y mirar que más allá de mi situación hay unas vidas que no pueden ser medidas en centímetros de actitud positiva. Ciertamente que en medio de las tragedias la vida encuentra sus anclas, que algunas rendijas dejan colar la fuerza para procurar la subsistencia, pero no puede ser sano ni digno vivir en constante resiliencia, con el esclavizante refuerzo intermitente de que mañana vamos a ser y a estar mejor, al amparo de que la vida está en las cosas sencillas, porque no es sencillo abrir el grifo y aceptar que no salga agua y que el mayor emprendimiento sea buscarla en un túnel, en una alcantarilla o cavando hasta encontrar un manantial.

La tragedia es un torno que nos deformó para siempre. Deformar en su sentido etimológico  significahacer que pierda su forma”, y la verdad es que sin apuros podemos afirmar que lo deforme nos enfrenta cada día desde hace varios lustros. La administración que se ha hecho de la resiliencia abre caminos insospechados de inequidades, quien no se anote en ella no podrá cobrar mañana, los que hoy padecen seguirán padeciendo porque no hay éxito para tanta gente. Lo otro es ponderar si las nuevas formas no son más que epifanías para el desconcierto.

Creo haberle leído a Martha Nussbaum una cita que se atribuye a Adam Smith, en la que expone la dificultad para la gente de sostener una preocupación por otros en la distancia. En este caso, el otro no necesariamente está en un país distinto, puede estar en la otra habitación, en la otra acera y el dilema sería el mismo: concentrados en la supervivencia, acaso queda espacio para la empatía; cuántas veces nos disculpamos con nuestros afectos por desatenderlos porque hemos estado full trabajo, full buscar gas, agua, gasolina. Ahora ampliemos el compás y examinemos si ante la adversidad de muchos, ante el infortunio es moralmente demandable tener una actitud positiva, pensar detenidamente en la transformación para ser mejores, para cultivar el hábito que requiere la paciencia que el hambre y la enfermedad no permiten.

Particularmente me esfuerzo en no hacerme adicta al dolor y al maltrato, a no acostumbrarme a que toda sonrisa deba ser sin dientes, como una burla. Trato de procurarme el aliciente ético de cuidar de otros, y siempre ese otro son los míos, mis cercanos afectos pero sé que no es suficiente. Porque al meterme bajo mis sábanas me asalta la fotografía de personas haciendo fila frente a una iglesia para asegurarse algo de la dádiva de mañana. Entonces me siento en esa acera fría a pensar que las migajas del sistema nos hacen mansos en este enorme redil. Y a eso también se le llama resiliencia.

 

Ana Julia Niño Gamboa es Abogada, prof. de Ética y Legislación en la ECS UCV. Investiga y escribe para Medianálisis, el Observatorio Venezolano de Fake News y Cotejo.info

Este texto forma parte del Dossier de opinión 2020 de Efecto Cocuyo, puede leer la publicación completa aquí.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

ESPECIALES · 7 NOVIEMBRE, 2020

INVESTIGACIÓN | Finanzas dispersas: el rompecabezas del Gobierno interino

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 5 JULIO, 2020

Civiles que hicieron historia

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 14 ENERO, 2020

INVESTIGACIÓN | Metro Dirección Colapso

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 17 DICIEMBRE, 2019

INVESTIGACIÓN | 102 toneladas de droga esfumadas en manos del Estado

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 16 DICIEMBRE, 2019

INVESTIGACIÓN | Vargas: Tragedia y olvido

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 22 OCTUBRE, 2019

INVESTIGACIÓN | Infancia de luto

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 24 ENERO, 2019

Parir y nacer en la Venezuela del hambre

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 24 ENERO, 2019

Misses y santos

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 15 JULIO, 2020

INVESTIGACIÓN | Arco Minero del Orinoco: crimen, corrupción y cianuro

Texto por Efecto Cocuyo

ESPECIALES · 30 MAYO, 2019

El amargo cacao venezolano: entre el delito y el asedio oficial

Texto por Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 16 ENERO, 2021 04:35

Dos logros más del 2020

Por Leoncio Barrios Se trata de dos logros sociales. En mi articulo anterior decía que a pesar de  lo nefasto del 2020 en materia de salud física y mental de la humanidad y los desguaces económicos que aún causa la pandemia del coronavirus, en ese año, en algunos países, se habían logrado legislaciones sobre asuntos […]

OPINIÓN · 15 ENERO, 2021 04:35

Sobre el poder de la brevedad digital

Por Óscar Morales Uno de los malos atractivos del uso de las tecnologías de la información (específicamente la navegación por las redes sociales) es que intentan explicar en dos líneas un proceso complejo o un hecho determinado. De este modo, no es extraño que nos puedan convencer de que las vacunas contra el sarampión o […]

OPINIÓN · 14 ENERO, 2021 04:25

En busca de un sueño

Por Fernando Pereira Darwin recién cumplió los 16 años y desde antes de que comenzara la pandemia estaba empecinado en irse Colombia. El virus solo retrasó su ímpetu; pero en los últimos meses repotenció su voluntad. Sus notas fueron bajando y cada vez que se toca el tema insiste en que no le ve sentido […]

OPINIÓN · 13 ENERO, 2021 04:35

Trumpismo es patriarcado

Por Susana Reina “Las mujeres son en esencia objetos estéticamente agradables”. “La mejor parte de cualquier película es cuando hacen callar a las mujeres”. “Las noticias malas sobre ti no importan mientras tengas una novia sexy”. “Todas las mujeres odian los acuerdos antes del matrimonio porque quieren cazar fortunas”. “Tiene que haber algún tipo de […]