OPINIÓN · 3 MAYO, 2016 12:39

Karina se puso «zapatos de tacón alto»

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Hisvet Fernández | @HisvetF

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En medio de esta locura de vida que nos ha tocado a los y las venezolanas, salta a la palestra una noticia que nos descoloca de las colas y apuros de la sobrevivencia y nos obliga a entrar en la privacidad de la vida de una artista de la talla y fama de Karina, que colocándose definitivamente unos zapatos de tacón alto que pidió en sus canciones, informa oportunamente la situación de su “hija» Hannah y nos obliga a pensar la sexualidad y a que hablemos por un “rato” de identidad de género.

La noticia, por inusual, nos hace hablar de la sexualidad humana pero desde otro paradigma y desde una dimensión o arista muy delicada: la educación de la sexualidad de niños, niñas y adolescentes; tarea que todos y todas hacemos pero que casi nadie tiene conciencia de que lo hace. Pero esta noticia nos hace opinar de inmediato, y por lo general opinar a propósito de toda la carga de “sentido común” que nos embarga ante estas disyuntivas. Sentido común que es preciso aclarar, esta alimentado fundamentalmente de falsas creencias y valores sustentados por costumbres y comportamientos consuetudinarios no necesariamente adecuados ni basados en los criterios más avanzados y novedosos del pensamiento científico.

Karina da la noticia que su hasta entonces considerada “hija» Hannah, quien inicia la transición para su transformación física de niña a niño, pasará de ser su hija, a ser su hijo por decisión primaria de la misma Hannah, y por convicción informada y acompañada por profesionales especialistas en el área, y de su familia.

Por las redes llovieron los comentarios y en seguida la noticia concentró la atención de muchas personas. Sobraron los de mal gusto, ofensivos e irrespetuosos, así como cargados de una gran ignorancia y falta de comprensión y empatía. Pero también aparecieron otros llenos de solidaridad y respeto, preñados de admiración por la gallardía de la declaración pública y el desborde de amor hacia Hannah, ante una sociedad pacata, ignorante y conservadora en temas de sexualidad especialmente, y en particular sobre la educación de la sexualidad que se le debe dar a niños, niñas y adolescentes.

Algunas preguntas saltaron como las más importantes: ¿Qué es ser Transgénero o Transexual? ¿Hannah está en capacidad de decidir su sexualidad a los 11 años?, ¿Karina como mamá, y su papá, están haciendo bien en apoyarla y acompañarla en esta transición? ¿Porqué Karina hace público esto ahora y no antes o después?

Desde mi condición de Psicóloga Social, como profesora de Psicología Social y Sexualidad Humana y activista de los DDHH de las mujeres y Derechos Humanos Sexuales y Reproductivos de las personas, sentí la necesidad de escribir sobre esta situación que toca de manera inédita a la sociedad venezolana. Al tratarse de una cantante y actriz tan querida y reconocida, seguida por varias generaciones, el hecho se vuelve una oportunidad para educar y avanzar en estos temas. Por esa razón me pareció oportuno y necesario aclarar aspectos que están en el medio de esta noticia y contribuir para hablar de sexualidad desde otros paradigmas, desde otras posturas no religiosas, no tradicionales y por lo general apartadas del mal llamado “sentido común”.

Aclaremos que el “sentido común” es eso que la gente denomina como el actuar bajo la “lógica”, y que está cargado de mitos, tergiversaciones, posturas individuales, prejuicios, estereotipos, estigmas o creencias religiosas que se convierten en costumbres, que se acoplan o amoldan a determinada sociedad en determinado tiempo histórico; aprendidas en la vida diaria con la familia, la escuela, el vecindario, las religiones, los medios de comunicación, se alimentan de representaciones sociales que en algún momento ya no nos van a servir.

Cuando se trata de temas que ven cambiar su perspectiva bajo la influencia de los avances científicos-sociales, como el caso de la sexualidad humana, es necesario prestar atención a sus dinámicas y a los cambios cualitativos en su interpretación. Abrirse a nuevas explicaciones y comprender dialécticamente estos procesos nos beneficia como personas y como sociedad. Tratemos de entender este hecho.

¿Qué es ser Transexual o Transgénero? La Transexualidad es la existencia de una discordancia entre la identidad de género propia y el sexo biológico con el que se nace: la persona no se identifica con el sexo biológico con el que nació, por lo general desde la infancia. Se ha conocido como el sentimiento de haber nacido en el cuerpo equivocado. Cuando se realiza el cambio corporal mediante el proceso de “transición” acompañado, lo que se modifica es sus caracteres sexuales secundarios mediante una terapia de reemplazo hormonal, que debe iniciarse en la pubertad preferiblemente, aunque se puede hacer en otro momento de la vida para que la persona logre el equilibrio y concordancia de su cuerpo biológico y propio género. Luego, en el tiempo que toque, según la misma persona, se cambiará la apariencia de los genitales sexuales externos mediante una cirugía de reconstrucción genital. Es muy importante comprender que el cambio existe previamente en la psique de la persona transexual, y que ese es el lugar donde se define la identidad sexual de la gente, lo que determinara nuestra Sexualidad.

La transgeneridad es la convicción desde la cual una persona, por lo general desde niña o niño, afirma pertenecer al otro género diferente al atribuido a su condición anatómica. Es la discordancia existe entre el género y los roles sociales asignados a cada género (discordancia del género). Hay una evidente y persistente disconformidad con el género asignado a su condición anatómica, la persona no se identifica con el género y los roles sociales asignados y hay una identificación con el otro género que perdura en el tiempo. Se trata de la existencia de un conflicto con el género asignado al nacer que puede llevarles, si reciben el respeto y la comprensión necesaria, a solicitar el paso por un proceso de “transición” para adaptar su cuerpo al género psicológico con el cual se sienten identificad@s. Hoy sabemos que no necesariamente la persona quiere o desea la modificación genital, y puede realizar solo los cambios de caracteres secundarios para lograr ser reconocid@ socialmente con la identidad de género sentida.

Para comprender estas realidades sexuales es necesario tener claridad de las dimensiones de la sexualidad humana y sus múltiples combinaciones dialécticas. La sexualidad implica el sexo biológico (mi cuerpo, mis genitales), la identidad sexual y de género (quién soy para mí y para otros) así como los roles de género asignados y asumidos (qué hago) y la orientación sexo–erótica que se refiere al manejo de mis placeres y mi preferencia por alguien a quien dirijo mi erotismo (Heterosexual, Homosexual o Bisexual). Estas dimensiones pueden combinarse de múltiples maneras que traspasan con creces la heteronormatividad sexual hegemónica, o sistema que vincula directamente el comportamiento social y la identidad propia, con los genitales de las personas, prediciendo y obligando a la existencia de mujeres y hombres que supuestamente desde que nacemos, asumimos conformes el género y los roles sexuales asignados a nuestro cuerpo y genitales.

Pero aunque el género binario continúa dominando nuestras nociones científicas y culturales, siempre hay personas que no logran identificarse con una u otra de estas dos únicas opciones. Dos son muy reducidas ante la diversidad de opciones posibles, porque hoy sabemos que el sexo no es una instancia biológica predeterminada y fija que sirve como base perenne para la construcción cultural de la diferencia de género. Hoy podemos transformarla para que nuestra identidad sexual viva en el cuerpo adecuado.

¿Hannah está en capacidad de decidir su sexualidad a los 11 años? Toda niña o niño a los 11 años ya hace rato que ha decidido su sexualidad y lo podemos ver en la “adecuación” que muestran niños y niñas en sus comportamientos genéricos con su sexo de nacimiento. Ante estas conductas “adecuadas” a la heteronormatividad, nadie se inquieta por la precocidad de sus decisiones. Ellas con sus rosados sueños de princesas y ellos haciendo de héroes cargados de violencia. Pero cuando esa decisión no es la esperada, cuando la “adecuación” entre género y sexo no resulta, los comentarios no se hacen esperar con el argumento que niños y niñas no tienen edad aún para saber o decidir sobre su sexualidad y que por lo tanto, respetar sus peticiones, no es pertinente.

Parafraseando a Beatriz Preciado, en particular las adolescentes que no se identifican con los roles sociales asignados a estas y que son llamadas chicazo, marimachas o machorras, son objetos de grandes esfuerzos para su reorientación sexual. Pueden tolerarse medianamente en la infancia pero al llegar a la pubertad, la adecuación al género que les “corresponde” se convierte en una alta presión social. La masculinidad femenina en la adolescencia de las mujeres es remodelada y convertida en formas aceptables de la feminidad, al costo a veces de sus propias identidades, su salud mental e incluso su propia sobrevivencia.

Por eso, viene seguida la respuesta a si Karina y familia hicieron lo adecuado o no. Pues hizo lo que hace una mama que entiende, comprende y respeta la sexualidad de Hannah y asume el papel que le corresponde, acompañar y “estar allí” durante ese proceso. Karina se coloca frente a la heteronormatividad y la refuta como criterio que ha sido usado para la imposición de las normas tradicionales sobre sexo, identidad de género, papel social de género y sexualidad. Karina se coloca a la vanguardia y tiene que darnos esa noticia hoy, a los 11 años de Hannah, porque la pubertad no espera y los cambios de caracteres sexuales secundarios se inician ya. Para luego sería tarde y Hannah merece respeto y necesita el acompañamiento amoroso de su familia, su escuela y la comunidad, para ser una persona sana. Karina optó por la salud de Hannah y no por complacer el “sentido común” de una buena parte de la sociedad. Karina, definitivamente, se coloca tacones altos.

La opción social correcta es promover un sistema de preferencias de género que permita mantener una neutralidad de género hasta el momento en que el/la chico/a, o el/la joven adulto/a decida su género (él, ella o ello). Hacer que el género sea optativo. Hay formas de despatologizar las variaciones de género y de no dejar en el camino a las miles o millones de personas que no se rinden obedientes ante la petición binaria de la sexualidad heteronormativa y merecen ser tan felices como cualquiera. Ya existen experiencias educativas maravillosas sobre esta opción.

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Karina se puso «zapatos de tacón alto»

Texto por Hisvet Fernández | @HisvetF

En medio de esta locura de vida que nos ha tocado a los y las venezolanas, salta a la palestra una noticia que nos descoloca de las colas y apuros de la sobrevivencia y nos obliga a entrar en la privacidad de la vida de una artista de la talla y fama de Karina, que colocándose definitivamente unos zapatos de tacón alto que pidió en sus canciones, informa oportunamente la situación de su “hija» Hannah y nos obliga a pensar la sexualidad y a que hablemos por un “rato” de identidad de género.

La noticia, por inusual, nos hace hablar de la sexualidad humana pero desde otro paradigma y desde una dimensión o arista muy delicada: la educación de la sexualidad de niños, niñas y adolescentes; tarea que todos y todas hacemos pero que casi nadie tiene conciencia de que lo hace. Pero esta noticia nos hace opinar de inmediato, y por lo general opinar a propósito de toda la carga de “sentido común” que nos embarga ante estas disyuntivas. Sentido común que es preciso aclarar, esta alimentado fundamentalmente de falsas creencias y valores sustentados por costumbres y comportamientos consuetudinarios no necesariamente adecuados ni basados en los criterios más avanzados y novedosos del pensamiento científico.

Karina da la noticia que su hasta entonces considerada “hija» Hannah, quien inicia la transición para su transformación física de niña a niño, pasará de ser su hija, a ser su hijo por decisión primaria de la misma Hannah, y por convicción informada y acompañada por profesionales especialistas en el área, y de su familia.

Por las redes llovieron los comentarios y en seguida la noticia concentró la atención de muchas personas. Sobraron los de mal gusto, ofensivos e irrespetuosos, así como cargados de una gran ignorancia y falta de comprensión y empatía. Pero también aparecieron otros llenos de solidaridad y respeto, preñados de admiración por la gallardía de la declaración pública y el desborde de amor hacia Hannah, ante una sociedad pacata, ignorante y conservadora en temas de sexualidad especialmente, y en particular sobre la educación de la sexualidad que se le debe dar a niños, niñas y adolescentes.

Algunas preguntas saltaron como las más importantes: ¿Qué es ser Transgénero o Transexual? ¿Hannah está en capacidad de decidir su sexualidad a los 11 años?, ¿Karina como mamá, y su papá, están haciendo bien en apoyarla y acompañarla en esta transición? ¿Porqué Karina hace público esto ahora y no antes o después?

Desde mi condición de Psicóloga Social, como profesora de Psicología Social y Sexualidad Humana y activista de los DDHH de las mujeres y Derechos Humanos Sexuales y Reproductivos de las personas, sentí la necesidad de escribir sobre esta situación que toca de manera inédita a la sociedad venezolana. Al tratarse de una cantante y actriz tan querida y reconocida, seguida por varias generaciones, el hecho se vuelve una oportunidad para educar y avanzar en estos temas. Por esa razón me pareció oportuno y necesario aclarar aspectos que están en el medio de esta noticia y contribuir para hablar de sexualidad desde otros paradigmas, desde otras posturas no religiosas, no tradicionales y por lo general apartadas del mal llamado “sentido común”.

Aclaremos que el “sentido común” es eso que la gente denomina como el actuar bajo la “lógica”, y que está cargado de mitos, tergiversaciones, posturas individuales, prejuicios, estereotipos, estigmas o creencias religiosas que se convierten en costumbres, que se acoplan o amoldan a determinada sociedad en determinado tiempo histórico; aprendidas en la vida diaria con la familia, la escuela, el vecindario, las religiones, los medios de comunicación, se alimentan de representaciones sociales que en algún momento ya no nos van a servir.

Cuando se trata de temas que ven cambiar su perspectiva bajo la influencia de los avances científicos-sociales, como el caso de la sexualidad humana, es necesario prestar atención a sus dinámicas y a los cambios cualitativos en su interpretación. Abrirse a nuevas explicaciones y comprender dialécticamente estos procesos nos beneficia como personas y como sociedad. Tratemos de entender este hecho.

¿Qué es ser Transexual o Transgénero? La Transexualidad es la existencia de una discordancia entre la identidad de género propia y el sexo biológico con el que se nace: la persona no se identifica con el sexo biológico con el que nació, por lo general desde la infancia. Se ha conocido como el sentimiento de haber nacido en el cuerpo equivocado. Cuando se realiza el cambio corporal mediante el proceso de “transición” acompañado, lo que se modifica es sus caracteres sexuales secundarios mediante una terapia de reemplazo hormonal, que debe iniciarse en la pubertad preferiblemente, aunque se puede hacer en otro momento de la vida para que la persona logre el equilibrio y concordancia de su cuerpo biológico y propio género. Luego, en el tiempo que toque, según la misma persona, se cambiará la apariencia de los genitales sexuales externos mediante una cirugía de reconstrucción genital. Es muy importante comprender que el cambio existe previamente en la psique de la persona transexual, y que ese es el lugar donde se define la identidad sexual de la gente, lo que determinara nuestra Sexualidad.

La transgeneridad es la convicción desde la cual una persona, por lo general desde niña o niño, afirma pertenecer al otro género diferente al atribuido a su condición anatómica. Es la discordancia existe entre el género y los roles sociales asignados a cada género (discordancia del género). Hay una evidente y persistente disconformidad con el género asignado a su condición anatómica, la persona no se identifica con el género y los roles sociales asignados y hay una identificación con el otro género que perdura en el tiempo. Se trata de la existencia de un conflicto con el género asignado al nacer que puede llevarles, si reciben el respeto y la comprensión necesaria, a solicitar el paso por un proceso de “transición” para adaptar su cuerpo al género psicológico con el cual se sienten identificad@s. Hoy sabemos que no necesariamente la persona quiere o desea la modificación genital, y puede realizar solo los cambios de caracteres secundarios para lograr ser reconocid@ socialmente con la identidad de género sentida.

Para comprender estas realidades sexuales es necesario tener claridad de las dimensiones de la sexualidad humana y sus múltiples combinaciones dialécticas. La sexualidad implica el sexo biológico (mi cuerpo, mis genitales), la identidad sexual y de género (quién soy para mí y para otros) así como los roles de género asignados y asumidos (qué hago) y la orientación sexo–erótica que se refiere al manejo de mis placeres y mi preferencia por alguien a quien dirijo mi erotismo (Heterosexual, Homosexual o Bisexual). Estas dimensiones pueden combinarse de múltiples maneras que traspasan con creces la heteronormatividad sexual hegemónica, o sistema que vincula directamente el comportamiento social y la identidad propia, con los genitales de las personas, prediciendo y obligando a la existencia de mujeres y hombres que supuestamente desde que nacemos, asumimos conformes el género y los roles sexuales asignados a nuestro cuerpo y genitales.

Pero aunque el género binario continúa dominando nuestras nociones científicas y culturales, siempre hay personas que no logran identificarse con una u otra de estas dos únicas opciones. Dos son muy reducidas ante la diversidad de opciones posibles, porque hoy sabemos que el sexo no es una instancia biológica predeterminada y fija que sirve como base perenne para la construcción cultural de la diferencia de género. Hoy podemos transformarla para que nuestra identidad sexual viva en el cuerpo adecuado.

¿Hannah está en capacidad de decidir su sexualidad a los 11 años? Toda niña o niño a los 11 años ya hace rato que ha decidido su sexualidad y lo podemos ver en la “adecuación” que muestran niños y niñas en sus comportamientos genéricos con su sexo de nacimiento. Ante estas conductas “adecuadas” a la heteronormatividad, nadie se inquieta por la precocidad de sus decisiones. Ellas con sus rosados sueños de princesas y ellos haciendo de héroes cargados de violencia. Pero cuando esa decisión no es la esperada, cuando la “adecuación” entre género y sexo no resulta, los comentarios no se hacen esperar con el argumento que niños y niñas no tienen edad aún para saber o decidir sobre su sexualidad y que por lo tanto, respetar sus peticiones, no es pertinente.

Parafraseando a Beatriz Preciado, en particular las adolescentes que no se identifican con los roles sociales asignados a estas y que son llamadas chicazo, marimachas o machorras, son objetos de grandes esfuerzos para su reorientación sexual. Pueden tolerarse medianamente en la infancia pero al llegar a la pubertad, la adecuación al género que les “corresponde” se convierte en una alta presión social. La masculinidad femenina en la adolescencia de las mujeres es remodelada y convertida en formas aceptables de la feminidad, al costo a veces de sus propias identidades, su salud mental e incluso su propia sobrevivencia.

Por eso, viene seguida la respuesta a si Karina y familia hicieron lo adecuado o no. Pues hizo lo que hace una mama que entiende, comprende y respeta la sexualidad de Hannah y asume el papel que le corresponde, acompañar y “estar allí” durante ese proceso. Karina se coloca frente a la heteronormatividad y la refuta como criterio que ha sido usado para la imposición de las normas tradicionales sobre sexo, identidad de género, papel social de género y sexualidad. Karina se coloca a la vanguardia y tiene que darnos esa noticia hoy, a los 11 años de Hannah, porque la pubertad no espera y los cambios de caracteres sexuales secundarios se inician ya. Para luego sería tarde y Hannah merece respeto y necesita el acompañamiento amoroso de su familia, su escuela y la comunidad, para ser una persona sana. Karina optó por la salud de Hannah y no por complacer el “sentido común” de una buena parte de la sociedad. Karina, definitivamente, se coloca tacones altos.

La opción social correcta es promover un sistema de preferencias de género que permita mantener una neutralidad de género hasta el momento en que el/la chico/a, o el/la joven adulto/a decida su género (él, ella o ello). Hacer que el género sea optativo. Hay formas de despatologizar las variaciones de género y de no dejar en el camino a las miles o millones de personas que no se rinden obedientes ante la petición binaria de la sexualidad heteronormativa y merecen ser tan felices como cualquiera. Ya existen experiencias educativas maravillosas sobre esta opción.

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