José Antonio Anzoátegui: el militar preciso - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 18 NOVIEMBRE, 2019 05:34

José Antonio Anzoátegui: el militar preciso

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Rafael Arraiz Lucca | @rafaelarraiz

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Discurso de Orden pronunciado en Barcelona con motivo del Bicentenario de la muerte
de José Antonio Anzoátegui, el 15 de noviembre de 2019

En la Constitución de 1909, cuando ya Juan Vicente Gómez ha desplazado del poder a su compadre Cipriano Castro, se introducen dos cambios en las denominaciones de estados nacionales. Maturín pasa a ser Monagas, y Barcelona pasa a ser Anzoátegui. Desde entonces, hace 110 años, nadie ha tenido la ocurrencia de cambiarle el nombre a este estado oriental de la República, uno de los de mayor crecimiento poblacional en los años recientes. Por lo contrario, es motivo de orgullo para los anzoatiguenses el apellido de aquel muchacho que nació en Barcelona, en el seno de una familia acaudalada, y murió con apenas 30 años cumplidos en la lejana Pamplona, muy lejos de las playas de su infancia.

José Antonio Anzoátegui fue el tercer hijo del vasco José Anzoátegui y de la venezolana Juan Petronila Hernández. Nació el 14 de noviembre de 1789. Sus hermanos fueron Pedro María, Joaquín, Agustín, Juan José y Dolores. Su padre llegó a Venezuela hacia mediados del siglo XVIII, entusiasmado por su pariente Agustín de Anzoátegui, quien era un factor importante dentro de la Compañía Guipuzcoana; aquella empresa que tuvo en sus manos el país entre 1728 y 1784, con un monopolio comercial y con el mando político, delegado por el rey de España, en perfecta contratación.

Muy rápidamente hizo fortuna Don José Anzoátegui en estas tierras, a punta de trabajar la tierra y el ganado; así fue como sus hijos contaron con un ambiente propicio, y José Antonio pudo entrar en la Academia Militar que regentaba en Barcelona el coronel canario Sebastián de Bleza, quien una vez activada la revolución emancipadora estuvo del lado patriota, codo a codo con algunos de sus alumnos.

Enraizado en Venezuela, Don José ha debido ir olvidando lo que significaba en euskera su apellido: lugar de saucos (también lugar de espinos), seguramente familiarizado con las palmas, los almendrones y no pocas plantas xerófilas. Su tercer hijo, el que nos ocupa, tiene su primera actuación en abril de 1810, cuando la Junta Provincial de Barcelona se suma a la de Caracas y la de Cumaná, proclamando el no reconocimiento de José Bonaparte como nuevo monarca y sí respaldando a Fernando VII, el rey que ha sido depuesto y por el que se articula el 19 de abril de 1810 en Caracas y se crea la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. No hemos podido precisar la fecha de su matrimonio, pero creemos que ha debido ocurrir en 1811. Contrajo nupcias con Teresa Arguíndegui Arrioja, con quien tuvo dos hijas: Calixta y Juana, a esta última no la llegó a conocer.

En 1812 con la embestida de Domingo de Monteverde y las capitulaciones de Miranda el proyecto republicano naufragó y Anzoátegui fue reducido a no poder salir de Barcelona en un primer momento, y cuando Monteverde destaca a Lorenzo Fernández de la Hoz a la ciudad, este hace presos a Anzoátegui y otros revolucionarios. Fueron enviados al castillo de La Guaira, y allí estuvieron hasta mayo de 1813, cuando Anzoátegui y sus compañeros de celda fueron puestos en libertad por sobreseimiento de la causa que se seguía en su contra.

En agosto de 1813 entra triunfante Bolívar a Caracas, y en septiembre el capitán Anzoátegui se incorpora al Batallón Barlovento en los valles del Tuy, a las órdenes de Vicente Campo Elías. ¿Dónde estuvo entre mayo y septiembre de 1813? Suponemos que regresó a su casa en Barcelona, a reencontrarse con su esposa e hija y con su familia paterna, pero no contamos con pruebas documentales que avalen la suposición.

En octubre de 1813 participa Anzoátegui en su primera batalla. Campo Elías se enfrenta Boves y lo derrota, y entre los vencedores está Anzoátegui. En diciembre ya está a las órdenes de Bolívar y tiene lugar la batalla de Araure, donde triunfan. Y en enero de 1814 está a las órdenes de Rafael Urdaneta en Baragua, cerca de Barquisimeto, donde vencen al coronel Reyes Vargas. En febrero pierde Urdaneta contra Ceballos y Anzoátegui muerde el polvo de la derrota. En marzo vuelven a triunfar ante Reyes Vargas en Barquisimeto. En marzo Urdaneta y los suyos están en San Carlos y son derrotados por Sebastián de la Calzada. En abril triunfan ante Ceballos en Carabobo; mientras a las órdenes de Santiago Mariño pierden en abril en Cojedes, ante Ceballos.

A Nueva Granada

A mediados de año es ascendido a Sargento Mayor y batalla en Cojedes y Mucuchíes, con triunfo y derrota. Se va con Bolívar a Nueva Granada y está entre marzo y mayo de 1815 en el famoso sitio de Cartagena y se retira junto con Bolívar hacia Jamaica y Haití. Regresa a Venezuela y está en la batalla naval frente a Los Frailes, en Margarita, el 2 de mayo de 1816; entonces fue ascendido a Teniente Coronel. Entre julio y septiembre está a las órdenes de Gregor Mac Gregor batallando, y en diciembre pasa a estar a las órdenes de Manuel Carlos Piar, y es ascendido a Coronel.

El coronel Anzoátegui en enero de 1817 está en Angostura  a las órdenes de Piar asediando la ciudad; en febrero está en batalla contra Torrealba y en abril contra de la Torre, siempre con Piar. Este mes es ascendido a General de Brigada. El año siguiente lo hallamos con Bolívar en Calabozo, en febrero de 1818 en guerra contra las fuerzas de Pablo Morillo. Este mismo mes es herido en combate en El Sombrero, en batalla contra Morillo, a las órdenes del Libertador. El mes siguiente pierden las fuerzas patrióticas contra Morillo, en la batalla de Semen, ya en este encontronazo Bolívar designa a Anzoátegui jefe del ala derecha del ejército. En mayo está a las órdenes de José Antonio Páez, en la batalla de Cojedes.

Es ascendido a General de División y lo tenemos en febrero de 1819 con Páez batallando contra Morillo en Caujaral, en marzo con Bolívar en La Gamarra, ambas en Apure, y ya en julio de 1819 combate en Gámeza, en Nueva Granada, contra Barreiro, y con el ejército de Bolívar. Ha comenzado la campaña de Nueva Granada. El 25 de julio participa en la batalla de Pantano de Vargas y el 7 de agosto en la batalla de Boyacá, siendo jefe del centro y la derecha del ejército. Hasta aquí la relación de hechos militares del general Anzoátegui, para hacer la relación me he valido del trabajo de Manuel Landaeta Rosales: Hoja de servicios del heroico general José Antonio Anzoátegui, recogida por Jóvito Franco Brizuela en su libro José Antonio Anzoátegui (General Bolivariano).

Anzoátegui en Boyacá

 De la batalla de Boyacá sabemos que el ejército libertador estuvo presidido por el General en Jefe, Simón Bolívar. El Jefe del Estado Mayor fue Carlos Soublette. La División de Vanguardia fue encabezada por Francisco de Paula Santander y la División de Retaguardia por José Antonio Anzoátegui. Esta fue la última batalla que libró el general Anzoátegui. La entrada a Bogotá fue apoteósica y el 18 de septiembre tuvo lugar una gran fiesta celebratoria en donde Anzoátegui recibió la Cruz de Boyacá, de manos de la señorita Bernardina Ibáñez. Antes, presidió los actos el Libertador, flanqueado por Santander y Anzoátegui, los jefes de las divisiones vencedoras de la batalla de Boyacá.

Concluidas las celebraciones bogotanas, Bolívar designa a Anzoátegui como Comandante del Ejército del Norte, y con tal encomienda cabalga hacia Pamplona y llega a la ciudad el 25 de octubre de 1819 y comienza a girar instrucciones. El 14 de noviembre un comité ad hoc de la ciudad le celebra el cumpleaños a Anzoátegui con un banquete. Al sentarse a la mesa se sintió mal y le pidió a Diego Ibarra que lo representara en el acto.

Le correspondió al coronel José María Ortega dar los partes de la situación. En el primero acusaba su gravedad; en el segundo del día siguiente la situación seguía igual. Se basaba en los informes del médico de la Legión Británica, el doctor Foley, quien señalaba que corría riesgo de perder la vida. Así fue. A las 10 de la noche del 15 de noviembre expiraba el barcelonés. A su lado estaban Jacinto Lara, Ambrosio Plaza, Diego Ibarra y José María Ortega. ¿De qué falleció? Pareciera un accidente cerebro vascular o un infarto, pero tenía 30 años. También se ha dicho que fue “un morbo súbito”, pero no disponemos de información precisa. Incluso alguna vez se tejió la hipótesis de envenenamiento, pero jamás ha sido sustentada.

Los restos de Anzoátegui fueron depositados en la catedral de Pamplona, pero el terremoto de Cúcuta de 1875 arrasó con el templo y este tuvo que reconstruirse en otro lugar. Las cenizas del héroe quedaron allí, en el templo destruido, y en 1933 la Academia Nacional de la Historia de Venezuela envió una comisión con el objeto de hallar sus despojos, pero nada hallaron en las excavaciones. De tal modo que sus cenizas se las llevó el viento, la lluvia o una borrasca ensoberbecida.

Un valiente soldado

Entre los muchos juicios valorativos que he podido leer acerca de Anzoátegui, más allá de los infaltables ditirambos, que son la mayoría, destacan tres. El de Daniel Florencio O’ Leary, quien afirma: “Anzoátegui era un valiente y experto soldado, amaba su patria tanto como aborrecía a España, la gloria militar y el odio a sus contrarios fueron sus móviles de conducta. Pérdida inmensa fue ésta para el Ejército y difícil de llenar el vacío que deja.” Por cierto, fue O’Leary quien lo llamara “El sempiterno regañón”, ya que el carácter de Anzoátegui era severo, exigente, incluso podría decirse que lo asistía el mal humor, siempre basándonos en los apuntes de O’Leary, quien afortunadamente nos dejó miles de páginas con observaciones muy valiosas sobre la gente y los hechos de su tiempo. Nótese que O’Leary señala lo esencial: “un valiente y experto soldado”; quienes le añaden virtudes de estadista exageran; no olvidemos que nunca tuvo la oportunidad de dirigir un ejército en batalla. Iba a ocurrir, pero lo halló antes la muerte.

El parte del general Soublette desde Ventaquemada, muy cerca de Boyacá, es cristalino y preciso, como solía serlo Soublette. Afirma: “El señor General Anzoátegui, a la cabeza de dos batallones y un escuadrón de caballería, atacó y rindió el cuerpo principal del enemigo. A él se debe en gran parte la victoria.” Así fue, y así se reconoce en Colombia sin demeritar a Santander, que fue el otro factor esencial del triunfo. Por otra parte, es evidente que el futuro de Anzoátegui era descollante, como lo fue el de Santander, eran los dos vencedores, y Bolívar así lo reconoció designándolo Jefe del Ejército del Norte, con la vista puesta en Venezuela, pero la providencia tenía otro destino para el muchacho de Barcelona.

El tercer juicio es de Páez, con motivo de la batalla de Cojedes (mayo 1818) y en informe al Libertador, le señala: “Todos los Generales que mandaban la infantería merecen ser fusilados, con excepción de Anzoátegui.” Así habrán sido sus ejecutorias, y así habrán sido las facultades de Anzoátegui para que Páez, el mejor dotado de los guerreros, las advierta. Es un reconocimiento que vale el doble por quien lo profiere.

Permítame algunas reflexiones finales. Es evidente que José Antonio Anzoátegui murió joven y en el cenit de su gloria. Falleció siendo un vencedor y con un porvenir excepcionalmente promisorio. En la fotografía del instante de la victoria de Boyacá hay tres grandes en la gesta independentista: Bolívar, Santander y Anzoátegui. No cabe duda alguna. En ese momento histórico muere; de allí que no sea aventurado advertir que la gloria de Anzoátegui incluye el futuro que no tuvo lugar. Además, con una vida tan breve, 30 años apenas, no incurrió en errores mayores, no hay manchas, ni siquiera lunares pequeños. Es la ventaja que tienen los que mueren jóvenes. Lo mismo ocurrió con Antonio José de Sucre, quien fallece de 35 años.

Lo anterior no le resta mérito alguno al gran soldado que fue José Antonio Anzoátegui, pero sí explica cómo un hombre que falleció tan joven, que no llegó a comandar un ejército en batalla, haya sido inmortalizado con la designación de su apellido a su estado natal. Al hacerlo se estaba señalando el futuro que no tuvo lugar y las ejecutorias perfectas del joven barcelonés. Basta con lo dicho por Páez para entender la magnitud de sus virtudes militares.

Lo otro que se desprende de la valoración que Bolívar tenía de él, y de lo escrito por O’ Leary, es que era un hombre serio, preciso, ordenado, urgido por el cumplimiento de sus responsabilidades. Todas estas virtudes fueron las que llevaron a Anzoátegui a ser reconocido por sus pares como un soldado excepcional. Estas son las virtudes que debemos señalar en recuerdo del héroe y las que permitirían extender su vida en un sentido pedagógico, magisterial. La valentía sola, que también la tenía, era importante, pero sin orden, disciplina, seriedad, la valentía no encuentra cauce vencedor.

Por último, quiero agradecer el honor que me han conferido al invitarme a pronunciar estas palabras en esta fecha bicentenaria tan importante para el estado Anzoátegui. Gracias, gobernador Antonio Barreto Sira y su equipo de gobierno. Gracias a todos por su atención.

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

 

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