OPINIÓN · 3 DICIEMBRE, 2022 05:30

Hay que recordar al VIH-SIDA

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Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

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Diciembre empieza recordándonos un grave problema de salud: el del VIH-SIDA, una de las pandemias más devastadoras en el último medio siglo.

Según datos mundiales de ONUSIDA -el programa de Naciones Unidas para el SIDA-, desde los primeros casos de SIDA, hace casi 40 años, 40 millones de personas han muerto por esta causa y un número semejante vive con VIH, el virus que puede generar el SIDA. Y, a pesar de los avances en la prevención y tratamientos, en el 2021, 650 mil personas murieron por causas relacionadas con el SIDA y alrededor de millón y medio se infectaron de VIH.

Aún no hay corte de cuentas con respecto a la epidemia mundial del VIH-SIDA en el 2022 pero, muy probablemente, el número de nuevas infecciones y muertes ha aumentado como consecuencia del incremento mundial de la desigualdad económica y social por la pandemia del COVID-19 y la guerra en Europa.

La desigualdad social

El problema de la infección de VIH no es igual en todo el mundo. Los países ricos están en una fase de control de la epidemia que la han convertido en crónica, mientras que en los países pobres, donde habita la inmensa mayoría de la población mundial, la situación de la epidemia es como fue hace décadas en los ricos.

En los países pobres hay más casos cada año porque la prevención ha sido poca, los programas de atención irregulares, los tratamientos son insuficientes, los servicios de salud deficientes y, entre otros problemas, persiste el estigma y discriminación hacia las personas con VIH.

A las desigualdades económicas a nivel mundial, se agregan las internas en cada país. Los grupos más vulnerables: niños, niñas, jóvenes, mujeres, los miembros de las comunidades discriminadas históricamente, tienen más riesgo de infectarse de VIH y de morir por SIDA. Y, si se trata de gente pobre en países pobres, los riesgos de infección y muertes son mayores.

Conductas de riesgo

En principios de la epidemia del SIDA se habló de grupos de riesgo como los homosexuales, consumidores de drogas inyectables, las dedicadas al trabajo sexual y quienes recibían transfusiones de sangre, entre otros debido a la cantidad de casos de esos grupos. Esto produjo estigma, discriminación y confundió a sectores de la población al pensar que quien no pertenecía a uno de esos grupos estaba libre de riesgo (y de culpa, según alguna gente).

Hoy, se habla de conductas de riesgo de infección de VIH, las de aquellos que no se protegen cuando tienen relaciones sexuales o usan drogas intravenosas. También hay conductas de riesgo cuando teniendo el virus no se toman los medicamentos adecuadamente y no se cuida el estilo de vida para evitar el desarrollo del SIDA.

Toda persona, de cualquier edad, sexo y orientación sexual que tenga relaciones sexuales sin protección, corre el riesgo de infectarse de VIH, o de otros virus y bacterias de transmisión sexual. La protección más eficaz es el uso del condón pero también la de aprender a disfrutar sexualmente con la pareja ocasional, sin penetración, masturbándose.

Aunque toda persona corre algún riesgo de contraer el VIH cuando tiene una relación sexual desprotegida, hay quienes aumentan la vulnerabilidad debido a ciertas condiciones sociales, como los hombres, de cualquier edad, que tienen relaciones con otros hombres, por la alta cantidad de infectados entre ellos y la probabilidad de entrar en contacto con el virus; si o se protegen; los y las jóvenes, por su posible frecuente actividad sexual, sin protegerse, con diferentes personas y las mujeres por ser objeto de abuso sexual, inclusive por parte de su pareja. Se insiste: los riesgos de infección son cuando hay sexo sin protección.

Otros factores de riesgo en la infección con VIH

Las campañas de prevención del VIH han disminuido en todo el mundo. Esa epidemia se considera como del pasado, sobre todo por la gente joven y la persistencia de creencias erradas, como la popular “a mí no me va a pasar”, o la fatalistas, “si me infecto es porque me tocaba”, o “de algo se va a morir uno».

A las creencias erradas sobre el VIH-SIDA, producto de la ignorancia, se agregan otras producto de interpretaciones erróneas: “si me infecto, ahora hay medicamentos que me salvarán. Además, son gratis”, o, “ya nadie se muere de SIDA”.

Al SIDA se le tiene miedo y, a pesar de los llamados de las autoridades sanitarias a realizarse la prueba del VIH, a mucha gente le da miedo hacérsela y cuando se la hace por razones imperiosas, la infección pudiera haber avanzado, lo que hace más difícil su tratamiento, como el cáncer.

El VIH está, clínica y conceptualmente, asociado al SIDA y el SIDA, a vergüenza y muerte. Así ha sido desde los principios de la epidemia, a pesar de los avances sociales y médicos que se han logrado con la infección.

El estigma y la discriminación es otro sufrimiento entre quienes tienen el VIH. Hay personal médico y paramédico, contratistas laborales e individualidades que sigue discriminándolos, como a principios de la epidemia.

Aunque socialmente, ha habido un considerable progreso en la aceptación y solidaridad con la gente con VIH, todavía hay mentalidades atrasadas que desean la desaparición, no precisamente del virus sino de quienes lo tienen. La desinformación sobre la epidemia del VIH y la homofobia están entre las causas del estigma y discriminación que pueden sufrir quienes tienen el virus.

Lo que parece venir

La meta de las Naciones Unidas para el 2030 es erradicar el Sida. Ese logro está complicado por la crisis económica mundial y más en los países pobres, muchos de los cuales ya tenían los servicios de salud colapsados antes de la pandemia del covid-19. A esto se agregan las imprevisibles consecuencias de la guerra en Europa.

Es necesario que todos los gobiernos y organismos internacionales, ejerzan su voluntad política de luchar contra el VIH haciendo la prevención permanente, garantizando el acceso a pruebas y medicamentos y prestando servicios de salud de calidad, sin ningún tipo de discriminación.

Los gobiernos y ONGs tiene que seguir informando a toda la población sobre las formas de transmisión del VIH a fin de erradicar el estigma y la discriminación. Es por el bien de la humanidad, de las generaciones que siguen y, por supuesto, de las personas que viven con el virus.

***

Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

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Según datos mundiales de ONUSIDA -el programa de Naciones Unidas para el SIDA-, desde los primeros casos de SIDA, hace casi 40 años, 40 millones de personas han muerto por esta causa y un número semejante vive con VIH, el virus que puede generar el SIDA. Y, a pesar de los avances en la prevención y tratamientos, en el 2021, 650 mil personas murieron por causas relacionadas con el SIDA y alrededor de millón y medio se infectaron de VIH.

Aún no hay corte de cuentas con respecto a la epidemia mundial del VIH-SIDA en el 2022 pero, muy probablemente, el número de nuevas infecciones y muertes ha aumentado como consecuencia del incremento mundial de la desigualdad económica y social por la pandemia del COVID-19 y la guerra en Europa.

La desigualdad social

El problema de la infección de VIH no es igual en todo el mundo. Los países ricos están en una fase de control de la epidemia que la han convertido en crónica, mientras que en los países pobres, donde habita la inmensa mayoría de la población mundial, la situación de la epidemia es como fue hace décadas en los ricos.

En los países pobres hay más casos cada año porque la prevención ha sido poca, los programas de atención irregulares, los tratamientos son insuficientes, los servicios de salud deficientes y, entre otros problemas, persiste el estigma y discriminación hacia las personas con VIH.

A las desigualdades económicas a nivel mundial, se agregan las internas en cada país. Los grupos más vulnerables: niños, niñas, jóvenes, mujeres, los miembros de las comunidades discriminadas históricamente, tienen más riesgo de infectarse de VIH y de morir por SIDA. Y, si se trata de gente pobre en países pobres, los riesgos de infección y muertes son mayores.

Conductas de riesgo

En principios de la epidemia del SIDA se habló de grupos de riesgo como los homosexuales, consumidores de drogas inyectables, las dedicadas al trabajo sexual y quienes recibían transfusiones de sangre, entre otros debido a la cantidad de casos de esos grupos. Esto produjo estigma, discriminación y confundió a sectores de la población al pensar que quien no pertenecía a uno de esos grupos estaba libre de riesgo (y de culpa, según alguna gente).

Hoy, se habla de conductas de riesgo de infección de VIH, las de aquellos que no se protegen cuando tienen relaciones sexuales o usan drogas intravenosas. También hay conductas de riesgo cuando teniendo el virus no se toman los medicamentos adecuadamente y no se cuida el estilo de vida para evitar el desarrollo del SIDA.

Toda persona, de cualquier edad, sexo y orientación sexual que tenga relaciones sexuales sin protección, corre el riesgo de infectarse de VIH, o de otros virus y bacterias de transmisión sexual. La protección más eficaz es el uso del condón pero también la de aprender a disfrutar sexualmente con la pareja ocasional, sin penetración, masturbándose.

Aunque toda persona corre algún riesgo de contraer el VIH cuando tiene una relación sexual desprotegida, hay quienes aumentan la vulnerabilidad debido a ciertas condiciones sociales, como los hombres, de cualquier edad, que tienen relaciones con otros hombres, por la alta cantidad de infectados entre ellos y la probabilidad de entrar en contacto con el virus; si o se protegen; los y las jóvenes, por su posible frecuente actividad sexual, sin protegerse, con diferentes personas y las mujeres por ser objeto de abuso sexual, inclusive por parte de su pareja. Se insiste: los riesgos de infección son cuando hay sexo sin protección.

Otros factores de riesgo en la infección con VIH

Las campañas de prevención del VIH han disminuido en todo el mundo. Esa epidemia se considera como del pasado, sobre todo por la gente joven y la persistencia de creencias erradas, como la popular “a mí no me va a pasar”, o la fatalistas, “si me infecto es porque me tocaba”, o “de algo se va a morir uno».

A las creencias erradas sobre el VIH-SIDA, producto de la ignorancia, se agregan otras producto de interpretaciones erróneas: “si me infecto, ahora hay medicamentos que me salvarán. Además, son gratis”, o, “ya nadie se muere de SIDA”.

Al SIDA se le tiene miedo y, a pesar de los llamados de las autoridades sanitarias a realizarse la prueba del VIH, a mucha gente le da miedo hacérsela y cuando se la hace por razones imperiosas, la infección pudiera haber avanzado, lo que hace más difícil su tratamiento, como el cáncer.

El VIH está, clínica y conceptualmente, asociado al SIDA y el SIDA, a vergüenza y muerte. Así ha sido desde los principios de la epidemia, a pesar de los avances sociales y médicos que se han logrado con la infección.

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Aunque socialmente, ha habido un considerable progreso en la aceptación y solidaridad con la gente con VIH, todavía hay mentalidades atrasadas que desean la desaparición, no precisamente del virus sino de quienes lo tienen. La desinformación sobre la epidemia del VIH y la homofobia están entre las causas del estigma y discriminación que pueden sufrir quienes tienen el virus.

Lo que parece venir

La meta de las Naciones Unidas para el 2030 es erradicar el Sida. Ese logro está complicado por la crisis económica mundial y más en los países pobres, muchos de los cuales ya tenían los servicios de salud colapsados antes de la pandemia del covid-19. A esto se agregan las imprevisibles consecuencias de la guerra en Europa.

Es necesario que todos los gobiernos y organismos internacionales, ejerzan su voluntad política de luchar contra el VIH haciendo la prevención permanente, garantizando el acceso a pruebas y medicamentos y prestando servicios de salud de calidad, sin ningún tipo de discriminación.

Los gobiernos y ONGs tiene que seguir informando a toda la población sobre las formas de transmisión del VIH a fin de erradicar el estigma y la discriminación. Es por el bien de la humanidad, de las generaciones que siguen y, por supuesto, de las personas que viven con el virus.

***

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