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Claribel y su familia duermen en una camioneta en Vargas: 4 meses del doble terremoto

Sobrevivientes denuncian que les niegan cupos en los refugios oficiales

Claribel Martínez, de 30 años de edad, duerme junto a su hijo de 11 años y su esposo dentro de una camioneta con una carpa improvisada, tras ser rechazada en múltiples refugios del estado Vargas, luego de uatro meses de los terremotos que destruyeron su vivienda en el piso 2 de la torre OPP 22. 

El pasado 24 de junio, cuando ocurrió el doblete sísmico, ella compraba alimentos en el supermercado Roca Azul, a pocos metros de su casa, mientras su hijo permanecía en el apartamento; su pareja, Alí José Domínguez, cayó sobre ella durante el derrumbe y ambos pasaron 10 horas sepultados antes de ser rescatados. 

“Me corté el brazo y me tomaron muchos puntos, además los médicos me diagnosticaron con síndrome de aplastamiento”, dijo a Efecto Cocuyo.

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Tras ser atendida en el Seguro Social de La Guaira y sometida a una cirugía defectuosa en el hospital Pérez Carreño de Caracas, Martínez viajó por su cuenta hasta Aragua de Barcelona, en el estado Anzoátegui, donde los médicos corrigieron la operación. Esa hospitalización fuera de Vargas fue el argumento de los encargados de los albergues para negarle un cupo a su regreso. “Cuando yo fui a preguntar a los refugios me dijeron que ya era demasiado tarde”, relató.

En la escuela República de Panamá, que también funciona como centro para refugiados, le indicaron que su ingreso dependía de la autorización de Yulisa Córdoba, quien no ha revisado su caso; mientras que en la escuela Martin Luther King la pusieron en una lista de espera. 

La última esperanza de Martínez era ser recibida en el albergue de los campos de golf, en Caraballeda, pero allí también le negaron la entrada por falta de cupo. La mujer ha agotado distintas instancias gubernamentales, pero en ninguna le ofrecen respuesta. “No he podido cumplir las terapias de rehabilitación ni enviar a mi hijo a clases. Yo sufro de convulsiones porque soy epiléptica, aunque en estos meses he tenido acceso al medicamento para evitar los episodios”, dijo. 

Para poder asearse, Martínez ha tenido que trasladarse a un río en Caraballeda. “Con esta situación, mira cómo andamos, todos sucios; no podíamos estar para allá y para acá buscando la comida, se nos hace difícil”, explicó.

Desalojo en el estadio César Nieves y traslados a Ciudad Caribia

Mientras Martínez pide refugio, las autoridades desmantelan el campamento transitorio en las afueras del estadio César Nieves, en la parroquia Catia La Mar, de donde más de 500 personas fueron trasladadas a módulos temporales en Ciudad Caribia, quedando apenas entre diez y veinte familias en diez carpas. 

Dorca Duque, de 43 años, resiste en una de las tiendas bajo presión oficial tras la salida progresiva de quienes inicialmente exigían una vivienda definitiva. “Ellos dicen que necesitan eliminar todas las carpas, limpiar todo eso; no quieren dejar ninguna carpa en ninguna parte”, afirmó.

Duque señaló que esta situación le ha generado crisis de ansiedad, ya que rechaza irse a Ciudad Caribia por la lejanía respecto a su empleo en Vargas y al colegio donde su hija retomó clases hace tres semanas. “Yo trabajaría para dejar mi sueldo en transporte”, advirtió. 

La mujer aseguró que los créditos para la adquisición y alquileres de vivienda se han paralizado. “Otras personas que ya también encontraron para compra han metido su carpeta y todavía no les han aprobado los 30 mil dólares, entonces yo no entiendo qué en realidad es lo que está pasando”, sostuvo.

Otros afectados del César Nieves que pidieron reservar sus nombres por temor a represalias denunciaron que no se les tomó en cuenta para planificar a qué zonas serían trasladados. Una mujer señaló que le cuesta vivir en Ciudad Caribia porque no está garantizado un sistema de transporte y los turnos rotativos en su trabajo le complican vivir lejos.

“Aquí no estamos cómodos en una carpa, pero  las cosas deben ser así, a lo brusco”, manifestó. “¿Qué nos garantiza a nosotros que estando allá sí nos van a regresar a Vargas? ¿Quién nos dice esa verdad? Nadie”, agregó.

Asimismo, una mujer de 62 años bajo anonimato criticó que el transporte anunciado hacia Ciudad Caribia solo contemple salidas entre las 3:30 y 4:00 de la madrugada y retornos entre las 5:00 y 7:00 de la noche. “No te estamos sacando, pero agarra el último tren; este es el tren y este es el que tienes que agarrar”, relató sobre las presiones oficiales.

Más de 70 cuerpos sepultados en Residencias Caribe

En Residencias Caribe, familiares y voluntarios calculan que al menos 70 cadáveres permanecen bajo los escombros, tras la extracción de diez cuerpos hace semana y media: seis dentro de una iglesia evangélica donde se celebraba un servicio al momento del sismo y cuatro en los costados de la estructura.

En la desplomada torre B, Ildegar Mujica busca los restos de Leida Josefina Mata Cupido, madre de su hijo mayor. Mujica y el resto de los rescatistas mantienen una disputa con las cuadrillas del Ministerio de Obras Públicas. Los familiares exigen que la maquinaria pesada detenga las demoliciones en la parte alta del edificio y se limite a usar grúas de carga para levantar las placas de concreto, ya que las vibraciones de los golpes derrumban los túneles excavados a mano. Asimismo, rechazan la demolición de los urbanismos cercanos de la Misión Vivienda mientras queden víctimas sepultadas.

En las Residencias Caribe, la búsqueda y rescate de los cuerpos bajo los escombros recae exclusivamente en los voluntarios. El personal de Obras Públicas solo remueve escombros y los bomberos intervienen únicamente cuando se ubica un cuerpo para notificar al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) y a la Guardia Nacional. 

Al cumplirse cuatro meses del terremoto, la morgue improvisada en Los Silos cerró y las labores forenses se trasladaron a la morgue del hospital del Seguro Social de La Guaira, Dr. José María Vargas, confirmaron a Efecto Cocuyo efectivos de la Guardia Nacional destacados en el antiguo recinto.

Sin suministro estatal de agua ni alimentos, los voluntarios subsisten con donaciones de iglesias y una cocina improvisada.

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Me dedico al periodismo con enfoque en derechos humanos. Hago cobertura sobre violencia en un país con pocas garantías