La fórmula drones e IA: cómo Taylor Villarreal rescata cuerpos bajo los escombros de Vargas
Más de 2.850 cuerpos ha rescatado este equipo venezolano que montó campamento en Playa Grande junto a grupos como Topos Azteca y maquinaria pesada de obras públicas para retomar zonas desatendidas.

Cinco drones equipados con cámaras especializadas y una red neuronal artificial, entrenada para detectar restos de tejidos humanos, operan sobre las estructuras colapsadas de La Guaira tras los dos terremotos del 24 de junio de 2026. La tecnología creada por el matemático Taylor Villarreal, de 33 años de edad, especialista en redes, seguridad, permitió marcar más de 2.850 puntos donde había víctimas atrapadas, que pudieron ser extraídas junto a los equipos de rescate.
A 4 meses de la catástrofe natural, el 21 de octubre, Villarreal, desde Playa Grande, parroquia Urimare, preparaba sus equipos frente a las ruinas del local Trío Café para volver a marcar la ubicación de un cuerpo tapiado tras el desplazamiento de las placas de concreto.
En medio de las maniobras, Taylor detalló cómo un sistema que empezó rastreando señales de teléfonos celulares evolucionó hasta convertirse en un escáner aéreo capaz de identificar cabellos, tendones y uñas bajo toneladas de escombros.




Del impacto en Altamira a la geolocalización en La Guaira
La decisión de intervenir tecnológicamente en el desastre surgió en Caracas, al segundo día de los sismos, frente a los escombros de la torre A de las residencias Petunia, en Los Palos Grandes, municipio Chacao.
Villarreal relató que, al observar a los familiares llorando en medio del silencio y a una maquinaria rompiendo losas sin un orden claro para hallar a las víctimas, comprendió que repartir agua como voluntario no bastaría y, que urgía, diseñar un método lógico para precisar dónde excavar.
—Fue un dolor que contaminó realmente mi forma de ser.
Tres días después del doble terremoto, Villarreal bajó por cuenta propia a La Guaira acompañado por dos colegas. En esa primera incursión, realizada en Palmar del Este, el especialista aún no utilizaba drones; en su lugar, empleó una interfaz desarrollada por él mismo que enviaba pulsaciones satelitales a las placas de los teléfonos móviles para fijar su posición bajo las estructuras colapsadas.
Debido a lo reciente del desastre, la mayoría de las víctimas conservaban sus dispositivos celulares encima o a muy poca distancia. Esto le permitió a Taylor localizar esa misma noche los primeros tres cuerpos, dos con los celulares todavía activos y uno con el dispositivo apagado; de esa manera pudo obtener el registro fotográfico que demostró la efectividad del método para su posterior aplicación en las zonas más afectadas del Litoral Central.
El salto a los cinco drones en plano cartesiano
En los días siguientes, comentó Villarreal, el rastreo por placas telefónicas se extendió a edificios como Palm Beach, Coral Beach y Oasis Beach, en Playa Grande.
El punto de quiebre técnico llegó cuando le asignaron el caso del comandante de la Policia de Vargas, Gustavo Romero Matamoros, quien residía en el Oasis Beach en Playa Grande, Las torres de concreto armado se desplomaron hacia el centro y formaron una montaña de escombros de gran altura y profundidad.
Escalar aquellas estructuras a pie y sin respaldo de cuadrillas voluntarias limitaba el trabajo de Taylor a dos o tres extracciones diarias, un ritmo insuficiente frente a la magnitud del desastre.
“Ahí es donde nace la mayoría del conocimiento que tengo ahorita”, dijo.
Al evaluar esa dificultad junto a su jefe en la empresa Golden Touch —donde dirige el bloque de desarrollo tecnológico y búsqueda con drones– ambos coincidieron en la urgencia de agilizar el procedimiento para ayudar a más familias.
La respuesta de Villarreal para superar los obstáculos físicos del terreno definió el rumbo del proyecto. “Bueno, lo único es que tengamos ojos en el cielo”, exclamó.

Tras adquirir un primer dron, y aprovechar los cuatro años de experiencia empírica que ya tenía manejando coordenadas, altitud y viento, el reto inicial fue enlazar la aeronave con su sistema de rastreo.
En esa primera etapa aérea incorporaron cámaras térmicas para detectar variaciones de temperatura, tanto de posibles sobrevivientes como del calor que aún emitían los cuerpos durante las primeras fases de descomposición. Sin embargo, escanear complejos de tres, cinco o seis edificios colapsados con un solo aparato resultaba demasiado lento, por lo que sumaron un segundo dron a la matriz hasta consolidar la flota actual de cinco unidades que vuelan de forma simultánea.
Para coordinar ese vuelo conjunto, sin dejar puntos ciegos, Villarreal aplicó sus estudios de matemáticas y organizó el espacio aéreo como un plano cartesiano tridimensional con ejes X, Y y Z, es decir, midiendo largo, ancho y profundidad.
Explicó que cuatro drones se ubican en coordenadas y alturas distintas, incluso por debajo del nivel de la acera, manteniendo posiciones casi fijas como canales de comunicación, mientras cada uno aporta una cámara diferente, una mide la temperatura, otra analiza el suelo, la tercera fija coordenadas, la cuarta calcula la escala y la quinta escanea el relieve, compartiendo entre sí lo que a cada aparato le falta como si fueran un solo dron gigante.
El quinto equipo, situado en el eje Z y bautizado como “el cazador”, es piloteado directamente por Villarreal para recibir las señales de los demás y confirmar el hallazgo antes de enviarlo a los servidores. “Los demás ven el chisme y el mío lo confirma y lo trae”, explicó.
IA entrenada para detectar cabellos, tendones y uñas
Con el paso de las semanas, advirtió el técnico, las pistolas y cámaras térmicas dejaron de dar resultados en las zonas de desastre. Superado el segundo y tercer mes del terremoto, el proceso acelerado de descomposición, la deshidratación total de los restos, la falta de circulación sanguínea y el grosor del concreto armado eliminaron cualquier rastro de calor bajo las ruinas de las edificaciones colapsadas.
Para mantener la capacidad de hallazgo a cuatro meses de la tragedia, Villarreal programó desde cero el cerebro del sistema, una red neuronal de inteligencia artificial que él mismo alimenta al inspeccionar presencialmente cada extracción.
Su primer paso fue cargar en el programa fotografías de los edificios antes y después del sismo para hacer una comparación espacial que permitió ubicar con exactitud dónde habían quedado los pisos y apartamentos tras el desplome, un recurso que guió el trabajo de rescatistas nacionales e internacionales.






A medida que las cuadrillas sacaban los cuerpos marcados, Villarreal se acercaba a observar en qué estado salían para entender qué elementos resistían el paso del tiempo y registrar esos datos en la computadora. Así, detalló que primero sumó información sobre tejidos, fases de descomposición y estallidos de huesos, hasta identificar los tres componentes clave que hoy detectan los drones cuando el residuo biológico es mínimo: el cabello, los tendones, que se deshidratan pero se mantienen sólidos, y las uñas.
La eficacia de este último indicador quedó demostrada en el edificio Bahía Mar, en el sector Los Corales, donde una familia acampaba esperando recuperar a los suyos.
Villarreal contó que, el mismo día en que terminó de cargar en la red neuronal un estudio detallado sobre las uñas, diferenciando si eran naturales, plásticas, semipermanentes, permanentes o si tenían pegamento, el escáner detectó unas uñas permanentes de color rosado bajo los escombros, lo que permitió extraer de inmediato a siete personas que estaban dentro de una camioneta Tucson sepultada en la estructura.

Protocolo de extracción junto a los rescatistas
Sobre el funcionamiento diario en el terreno, Villarreal precisó que su unidad directa está conformada por siete especialistas, aunque en las maniobras de campo pueden superar las 40 o 50 personas al integrarse con distintas organizaciones de rescate.
Para evitar búsquedas desordenadas, ante las denuncias que aún reciben de los afectados, el equipo implementó un sistema de recepción que cruza los reportes ciudadanos con los registros de las autoridades.
“Ya los entes encargados tienen todos nuestros contactos, tenemos un filtro de mi equipo, un asistente, tenemos filtros en redes sociales y lo que hacemos es un conglomerado de datos y hacemos un filtro por edificio, por cantidades, y ahí vamos logrando definir los objetivos mediante la solicitud”, señaló.
Actualmente ese despliegue se concentra en Catia La Mar y Playa Grande, sectores del oeste de Vargas, que se habían quedado sin presencia de cuadrillas mientras las labores de salvamento avanzaban hacia las zonas de Caribe.
Instalaron un campamento base junto al edificio Oasis Beach junto a los grupos Topos Azteca, Triple R y Máquina de Hierro para atender estructuras críticas como Belo Horizonte, El Jurel, Residencias Arismendi y el local Trío Café.
“Hicimos una reunión y planificamos atacar estas zonas que no tenían ya voluntarios; unificamos la unión como tal de cada una de nuestras organizaciones, yo poniendo la parte tecnológica y ellos la parte voluntaria, y estamos logrando el retome de las actividades hacia este lado”, agregó.
Una vez que los cinco drones completan el escaneo aéreo sobre la estructura y la red neuronal confirma la ubicación de los restos, se activa una ruta coordinada para que las cuadrillas pesadas sepan exactamente dónde perforar sin destruir la evidencia.
“Nosotros hacemos el marcaje con los spray color naranja, pasamos las coordenadas digitales, tomamos la foto del proceso, indicamos a los organismos y ellos realizan la extracción al día siguiente; se ponen de acuerdo con el personal de obras públicas y trabajan en conjunto con las maquinarias”.
El ciclo operativo no termina cuando las máquinas levantan el concreto, sino cuando el hallazgo sirve para perfeccionar el algoritmo de búsqueda en los edificios vecinos. Villarreal destacó que esa verificación presencial en cada rescate es lo que permite mantener actualizada la inteligencia artificial a cuatro meses del terremoto.
“Una vez que logran la extracción me comunican, yo me apersono al sitio y observo el cuerpo en las condiciones en que está saliendo; eso es retroalimentación para la parte de la interfaz que tengo y ahí continuamos las operaciones con otros cuerpos”, dijo.
La educación, el futuro de la tecnología
Aunque el día 22 después del sismo Villarreal difundió su labor en redes sociales con la idea de que otros especialistas replicaran la iniciativa, y que hubiera hasta cien drones operando al mismo tiempo sobre toda La Guaira, afirmó que no ocurrió y su equipo sigue siendo el único en aplicar este sistema analítico en la zona de desastre.
Consultado sobre la posibilidad de enseñar esta tecnología en otros países o a organismos del Estado como Protección Civil cuando termine la emergencia, afirma estar abierto al ámbito educativo, pero advierte que se trata de una herramienta muy sensible que no debe entregarse sin una buena capacitación previa.
Explicó que su prioridad antes de transferir el sistema operativo es llevar formación tecnológica y de valores a las escuelas para preparar a las nuevas generaciones. “Considero que hay que formar primero a las personas de cero, desde saber qué es importante en la vida, de realmente qué valoren lo que tienen, lo que les rodea y a base de eso pues formar profesionales”, agregó.
Mientras tanto, desde el frente de búsqueda en Playa Grande, recalcó que las cuadrillas tecnológicas y de salvamento no tienen una fecha estimada para dar por concluidas las labores en el litoral central. “Indistintamente el tiempo que pase considero que vamos a estar aquí trabajando unidos”.
