Salvar vidas a costa de todo: el mandato de los hospitales en medio de la tragedia
El doctor Jaime Lorenzo, director de Médicos Unidos de Venezuela, hace un balance de los días inmediatos a los terremotos

Días después del doblete sísmico que afectó gravemente a la zona centro costera del país, especialmente La Guaira, y que ha dejado más de 3.000 fallecidos y cerca de 18 mil heridos, conversamos con el doctor Jaime Lorenzo, médico que ha estado en la primera línea de atención hospitalaria y miembro de la organización Médicos Unidos de Venezuela.
Entre el colapso de los servicios públicos, los rumores de las redes sociales y las historias de solidaridad, ofrece una mirada cruda, pero profundamente humana, de la realidad dentro de las salas de urgencia.
¿Cuál es la situación actual de los hospitales tras el doblete sísmico?
Para el día domingo 28 de junio ya había bajado el volumen de personas que venían a los hospitales provenientes de la tragedia. De hecho, los centros progresivamente se han estado preparando para responder según la emergencia que llegue; ya no está todo el hospital habilitado exclusivamente para atender a los sobrevivientes de los dos terremotos. Desde este viernes 3 de julio notamos que el volumen de pacientes disminuyó notablemente. Los centros de salud se activaron y se convirtieron en lugares de confianza en el momento que ocurrió el problema; los comentarios de que no atendían o no recibían a la gente son puros rumores de personas que hablan desde afuera sin saber la realidad.
Se habla mucho de la falta de insumos y equipamiento durante la emergencia. ¿Cómo se manejó esa situación en el momento más crítico?
En el momento de la emergencia, claro, es una locura. El día del desastre todos los médicos atendieron con lo que tenían y con lo que no tenían, porque eso es lo que nos toca hacer. No era el momento de quejarse porque faltaba un laboratorio o unas vendas elásticas; los pacientes fueron recibidos y todos trabajamos como sabemos hacerlo en esas situaciones. En muchos casos tocó improvisar, porque lo importante era salvar vidas. En esa primera fase, el objetivo es básico: diagnosticar al herido, estabilizarlo y salvarlo. Por ejemplo, en el Periférico de Catia no había laboratorio en ese momento, pero igual los pacientes fueron recibidos y atendidos.
Uno de los rumores más fuertes y alarmantes es el tema de las amputaciones de brazos y piernas a los heridos. ¿Por qué se tomaron estas decisiones?
Te vuelvo a remitir al momento exacto. Tienes muchos pacientes ingresando al hospital y debes clasificar el nivel de cada uno, estabilizarlos y luego tomar decisiones. Las amputaciones que se realizaron no fueron porque el traumatólogo lo “decidió” a la ligera o porque no hubiera más nada que hacer. En ningún caso es así. Se trata de pacientes que ingresaron con el miembro (pierna o brazo) sosteniéndose solamente por la piel, con los vasos, nervios y músculos ya cortados por el impacto; allí se procedió como debía ser.
Estos pacientes llegaron con un torniquete hecho por el personal de rescate, quienes saben que si no paran el sangramiento de una arteria lesionada, el paciente muere en el traslado. Si el rescate demoró dos horas, el paciente pasa todo ese tiempo con la pierna sin irrigación. Al llegar al hospital, si tiene más de 6 horas con una amputación parcial, llena de tierra y contaminada, al retirar el torniquete sangra y no hay manera de resolver el sangramiento. Para garantizar la vida de ese paciente, se debe terminar la amputación.
Incluso, en muchos casos se dejó la herida abierta porque viene contaminada con tierra, arena y ropa. Si la cerrábamos, a los días tendríamos un paciente con una infección severa, así que se dejaba abierta para que drenara y se desinfectara. Intentar hacer una microcirugía para salvar el miembro en esas condiciones de infección tan graves era muy difícil. No es una decisión que el médico tomó por descarte, y aclaro que no a todo el que llega se le están amputando los miembros.
Estas personas requerirán un proceso muy largo de recuperación. ¿Cómo se proyecta esa atención a largo plazo, considerando que no solo necesitan curar sus heridas físicas, sino también apoyo psicológico?
Sí, la amputación tiene un proceso posterior que es la rehabilitación, para que en el futuro sea posible colocarles una prótesis. Todos los procedimientos quirúrgicos se hicieron pensando en que el paciente pueda utilizar una. Esto debería entrar en un registro inmediato de políticas públicas para que el Estado les garantice opciones de rehabilitación y donación de prótesis gratuitas. Ahora, hay que enseñar al paciente a caminar de nuevo, hacer fisioterapia… Es un proceso de largo alcance. Además, está el apoyo psicológico, que es sumamente importante para asimilar el proceso.
Antes de la tragedia ya existía un déficit de personal especialista en el sistema de salud. ¿Cómo afectó esta escasez la atención de la emergencia?
El terremoto ocurrió a las 6:05 p.m., una hora en la que el personal de la tarde ya se está preparando para irse y el de la noche viene llegando (los cambios de guardia son a la 1:00 p.m., 7:00 p.m. y 7:00 a.m.). Es cierto que tenemos una baja de personal terrible, pero eso no fue condicionante para atender a los pacientes. En el Periférico de Catia había ocho enfermeras que se multiplicaron por 100. El personal sanitario redobló su trabajo; incluso médicos residentes de dermatología y de cirugía buscaron la manera de ir a sus hospitales a atender pacientes. El personal se multiplicó para cumplir con su deber. A Caracas llegaron médicos de todo el país.
Pasados varios días del desastre, ¿cuál es el panorama de salud pública actual y qué complicaciones están empezando a ver?
Estamos entrando en una fase donde van a empezar a presentarse las complicaciones de enfermedades crónicas. Muchas personas salieron corriendo de sus casas por el terremoto y dejaron olvidados sus tratamientos y medicamentos. Hablamos de hipertensos, diabéticos, pacientes con problemas respiratorios u oncológicos que ya tienen 8, 9 o 10 días sin tratamiento. Muchos están en refugios o casas de amigos, y el trabajo ahora es garantizarles sus medicamentos. Por ejemplo, los pacientes oncológicos de La Guaira que recibían quimioterapia allá, ahora tienen que reestructurarse para venir a Caracas a recibirla.
A esto se suman los problemas por el consumo de agua contaminada, principalmente en La Guaira, donde los servicios públicos colapsaron, lo que puede traer enfermedades diarreicas, especialmente ahora que comenzó a llover. También está el riesgo de proliferación de dengue y chikungunya por el agua que se almacena en los escombros.
Mencionaba que la gente salió corriendo sin nada. Esto también afecta a quienes usan otro tipo de implementos médicos cotidianos, ¿no es así?
—Totalmente. Personas que usan prótesis auditivas, prótesis dentales, bastones o lentes. Quizás el del bastón lo agarró por acto automático, pero el que tenía la prótesis auditiva o los lentes los perdió con las caídas, los golpes y la corredera. Para una persona que no oye, perder su prótesis es una verdadera emergencia en medio de un rescate, porque ¿cómo escucha si lo están llamando bajo una estructura colapsada?
En cuanto a los niños, niñas y adolescentes, que siempre son los más vulnerables, corrió el rumor de que había decenas de niños desaparecidos o solos en los hospitales. ¿Qué ocurrió realmente con ellos?
El miércoles en la noche y el jueves en la madrugada nos llegó una buena cantidad de niños solos a los hospitales. Pero esos niños no estuvieron desamparados; fueron atendidos inmediatamente y estuvieron protegidos por el personal del hospital o por los familiares de otros pacientes en áreas seguras.
Además, el personal de los hospitales hizo un esfuerzo increíble para localizar a sus familiares. Cada vez que llegaba un grupo de rescatistas y bomberos, un médico o enfermera les decía: “Mira, tengo un niño que dice que su papá se llama así”. Esos recados se llevaban a La Guaira para activar la búsqueda.
Hubo un rumor de que había 80 niños desaparecidos en el Hospital Vargas, pero afortunadamente se visitaron los centros donde había niños solos, se levantó la información y se constató que no era cierto. El doctor Huníades Urbina ya publicó los audios donde niega esto tras realizar las visitas institucionales. Obviamente, habrá algún niño solo, cuyos padres lamentablemente fallecieron, pero están bajo resguardo y protegidos.
—Hubo mucha confusión también con las listas de pacientes y fallecidos en las puertas de los hospitales. ¿Cómo se manejó ese registro?
El personal que elabora las listas es el de Registro y Estadística de Salud de los hospitales (historias médicas). Ellas tenían un control absoluto de los pacientes que ingresaban y de los fallecidos. El detalle es que algunas listas estaban hechas en computadora y una gran cantidad hechas a mano, porque era la única manera rápida de ponerlas en la puerta para que los familiares no tuvieran que entrar al hospital en medio del caos.
Sin embargo, llegó un momento, el jueves en la tarde, en que las listas ya no se veían porque la gente empezó a pegar encima y alrededor fotos de sus familiares desaparecidos. Los murales se llenaron de fotos y hojas de búsqueda, por lo que la lista oficial perdió su sentido original de informar y facilitar la ubicación de manera centralizada.
¿Cómo evalúa la gestión de las autoridades y del Ministerio de Salud en esta crisis?
Lo que viene va a llevar mucho tiempo. El Ministro de Salud dio unas declaraciones en La Guaira, pero te recuerdo que durante la pandemia este mismo ministro tampoco dio declaraciones, sino que quien salía era Jorge Rodríguez, quien está volviendo a aparecer ahora. La información no está corriendo de manera clara; ni el propio Ministerio la da de forma oportuna.
Por ejemplo, el lunes se pidió a los trabajadores de la salud que se incorporaran a sus puestos. Si usted como director tiene la obligación de que el personal retorne, debe tomar las precauciones para protegerlos en una ciudad que todavía está inestable, y no esperar a que el personal proteste para solicitar a Protección Civil o a voluntarios una evaluación de la estructura.
Además, volvieron a cometer errores del pasado. Entre miércoles y sábado, los hospitales permitieron que la gente entrara a entregar donaciones de todo tipo. Pero luego, algunos directores empezaron a exigir que todo pase por la dirección, e incluso un director prohibió las fotos y amenazó con proceder administrativamente contra el personal que recibiera donaciones directamente. Si gracias a las donaciones los hospitales tienen un nivel de dotación bastante bueno en algunas áreas, ¿por qué molestarse en lugar de asumir la poca capacidad de respuesta propia por falta de insumos?
Ante esta aparente lentitud del Estado, la respuesta de la ciudadanía y del gremio de la salud fue inmediata. ¿Cómo describiría esa movilización social?
El venezolano demostró una solidaridad increíble. El jueves en la mañana yo veía una marea de motorizados queriendo bajar a La Guaira o subiendo al Junquito para ayudar y trasladar heridos. La cantidad de personas que llevaron donaciones a los hospitales fue enorme. Una señora que me entregó una donación de unos litros de alcohol me quiso dar la factura de compra y me dijo: “Doctor, no hace falta, pero es para que sepa que esto lo compré yo”. Gracias a esa respuesta del venezolano y a los motorizados que se lanzaron a buscar gente, se salvaron muchas vidas en esas primeras horas y días en que el gobierno estuvo ausente.
También se movilizó personal médico de casi todo el país; vinieron médicos de Amazonas y de otras regiones para apoyar. El Colegio de Enfermeras hizo un trabajo increíble; por ejemplo, un grupo de más de 20 enfermeras vino desde Barinas a apoyar a Caracas, y eso la gente no lo sabe. El personal sanitario, aun con sueldos de 110 dólares, no estaba pensando en el dinero en ese momento, sino en atender la emergencia.
Por último, doctor, ¿cuáles son los desafíos más grandes que quedan para las miles de personas que hoy están damnificadas en refugios?
El manejo de los refugios debe ser inmediato y no de largo alcance. Debimos haber aprendido de las tragedias anteriores, cuando la gente pasó años viviendo en refugios. Estar en un espacio hacinado genera dinámicas complejas, incluyendo riesgos de abusos. Por eso se debe contar con apoyo psicológico y médico inmediato, incluyendo la disponibilidad de anticoncepción de emergencia o implantes subdérmicos para evitar embarazos vulnerables o desasistidos.
Además, hay un grave problema laboral. Esa gente se quedó sin trabajo. Si los trasladan a zonas deprimidas o a lugares como Margarita sin una planificación de empleo, la gente no consigue sustento y se regresa a las zonas de riesgo. Hay que planificar la reubicación pensando en que tengan acceso a escuelas para los niños, zonas de abastecimiento y oportunidades de trabajo. Esto requiere la ayuda de todo el mundo, pero lamentablemente vemos soberbia y aislamiento en el poder. Nosotros, por nuestra parte, seguiremos repartiendo insumos a los hospitales y haciendo lo que sabemos hacer, aunque no lo publiquemos.
