Mujeres superan las 96 horas en huelga de hambre en Zona 7 y presos políticos se suman a la protesta

De las 10 que comenzaron la protesta quedan 4 aún en pie de lucha sin comer

Familiares de presos políticos superaron las 96 horas en huelga de hambre frente al comando de la Policía Nacional Bolivariana en Boleíta, Caracas, conocido como Zona 7.

La protesta arrancó en la madrugada del sábado 14 de febrero y se mantiene activa este miércoles 18, aunque el número de participantes activas se redujo drásticamente por descompensaciones.

El grupo inicial reunió a diez mujeres —madres, esposas y otras parientes— que instalaron colchonetas en la acera y anunciaron ayuno total hasta lograr la liberación inmediata de todos los detenidos en ese centro y en el resto del país. Este miércoles, el grupo se redujo a cuatro que aún siguen en pie.

Exigen que se cumplan las promesas de excarcelaciones anunciadas desde enero, cuando el gobierno liberó a cientos de personas, incluidas 17 de Zona 7 el mismo día que comenzó la huelga. Sin embargo, varios reclusos permanecen en el lugar.

La acción escaló porque algunos presos políticos dentro del centro se sumaron al ayuno desde el viernes previo, lo que elevó la presión y generó denuncias de amenazas internas para obligarlos a comer.

Familiares reportaron que custodios usan celdas de castigo como represalia contra quienes resisten. Esta coordinación entre reclusos y manifestantes externas intensificó la protesta y atrajo mayor atención de organizaciones de derechos humanos.

La situación empeoró con el paso de las horas. Al menos ocho familiares presentaron cuadros graves: dolores de cabeza intensos, náuseas, debilidad extrema y desmayos. Cinco de ellas recibieron atención médica de emergencia y abandonaron la protesta.

Evelin Quiaro, madre de Joel Bravo, salió el martes por deterioro severo. Sandra Rosales (36 años) y Carolina Carrizo (30) también se descompensaron tras superar las 80 horas. Para la tarde de este miércoles solo quedaban cuatro mujeres en pie, decididas a continuar mientras el cuerpo lo permita.

La acción se suma a más de 40 días de vigilia ininterrumpida en el mismo sitio. Las manifestantes denuncian que los presos sufren desnutrición y presiones internas.

El ayuno prolongado genera preocupación por el riesgo inminente para la salud de las mujeres que resisten y de los presos que se unieron desde adentro. La protesta expone, una vez más, la tensión alrededor de los centros de detención y la exigencia ciudadana de justicia plena para los detenidos por motivos políticos.