El Paraíso, entre balaceras y detonaciones

LA HUMANIDAD · 8 JULIO, 2021 13:27

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Lucy Montiel


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No me di cuenta del inicio de los enfrentamientos sino hasta las 4:00 p.m. del miércoles 7 de julio, aunque por lo que dicen los vecinos y las informaciones en las redes, la balacera tenía más de una hora. Caí en cuenta de ello porque le pregunté a mi hijo -quien jugaba play en la sala- si escuchaba lo mismo que yo, y al asentir le dije que tuviera cuidado y se alejara de la ventana porque eso que escuchábamos en El Paraíso podían ser disparos.

Él no me hizo mucho caso y sonriente me dijo: si es “el Coqui” esas balas debían caer hacia otro lado (ya mi hijo al igual que muchos chicos conocen ese nombre y lo que presenta). Así, tan normal como hablar de los disparos que venían del juego de Call of Duty, ese que jugaba él mientras nosotros escuchábamos en vivo y en directo las balas que soltaban las bandas que desde hace 5 años controlan los territorios aledaños a El Paraíso y La Vega.

Quienes vivimos en el conjunto residencial El Paraíso (o Los Verdes como le llaman por acá) hemos visto en los últimos años la violencia tanto política como social.

En 2017, vimos las incursiones de las Fuerzas de Acción Especial (Faes) para reprimir a los grupos que protestaban en contra de las violaciones de DD.HH. y que exigían la salida de Nicolás Maduro, hechos que terminaron con el allanamiento de edificios, la entrada de tanquetas, el robo de cámaras de seguridad, la destrucción de espacios a manos de funcionarios que buscaban a los manifestantes y que terminaron por generar el terror en los edificios.

¿Historia sin fin?

Años más tarde, hemos sido espectadores -o más bien oyentes- de múltiples batallas entre las tres bandas de delincuentes que se disputan los territorios de la zona montañosa de la Cota 905, desde Roca Tarpeya hasta La Vega: la de Jofren Guedez Bullones; la de Carlos Luis Revete, Garbis Ochoa y Carlos Calderón, y la de Leonardo Angulo. Tres grupos que han actuado sin control alguno por parte de las autoridades militares y policiales.

En el último año la situación de violencia y el toque de queda se ha agudizado, la mayoría de las veces suenan los disparos de metralletas durante varias horas, una mañana o una tarde, con sus respectivos cierres de calles y accesos y, luego, vienen otras bandas, la policía o la guardia, se retiran o deciden enfrentar y finalmente todo se disipa; pero a diferencia de esos días, desde el miércoles 7 de julio los disparos se mantuvieron por más de 18 horas sin interrupción (y más, pues al cierre de esta crónica aún estaba el combate).

Sonidos de metralletas, detonaciones seguidas, disparos eventuales, explosiones, granadas, todo un arsenal difícil de distinguir para alguien como yo que sabe tan poco de armas y que podría confundir el ruido de un disparo con el de un triquitraque (fuego artificial). Siempre he odiado las armas.

Desde mi habitación, a 950 metros de distancia de la Cota, los disparos se escuchan con mayor intensidad, aunque no logro ver nada distinto, nada se ve alterado, todo permanece allí, incluso hasta se distinguen transeúntes pasando de una calle a otra.

Al otro lado, desde el balcón de la sala se ve la cola de vehículos que genera el cierre del acceso a los túneles de El Paraíso, sobre los cuales está la montaña de la Cota 905 y en desde donde unos sujetos exhiben sus armas largas y se disponen a disparar al azar y generar el terror en la zona (esto no lo veo, solo lo leo en los reportes de las páginas web periodísticas y en las redes sociales).

También se escuchan los sonidos de sirenas. Al principio creía que eran de ambulancias que iban a los hospitales cercanos (el militar Carlos Arvelo, el Algodonal) y que transportaban heridos, pero luego una vecina cuyo apartamento tiene vista hacia la avenida Las Fuentes, me dijo que las sirenas eran de vehículos militares que se movían a velocidad rápida por la avenida Páez y que usaban como respiradero para movilizarse la avenida Washington y las Fuentes (cercanas a nuestros edificios).

El edificio en donde estamos está de alguna manera protegido por cuatro torres que le hacen frente. Los Verdes es un conjunto residencial integrado por cuatro etapas, cada una de las cuales tiene 3 edificios, todos los cuales suman unos 1.224 apartamentos, es decir que somos unas 5 mil personas, oyentes y espectadores de una guerra que está a unos metros de nuestro sector.

Sin embargo, nos sabemos con ventaja, por ejemplo, frente a todos aquellos vecinos cuyos edificios se levantan en la avenida Páez, desde la Plaza Madariaga hasta la India, justo frente a la montaña que ahora está ocupada por las casas que se asentaron tras las invasiones de 2005, que incluso tuvieron una medida de desalojo de un tribunal.

Recuerdo que, en 2014, los habitantes de los edificios protestaron por las ocupaciones que se habían hecho de estos territorios alegando daños a la zona protectora del parque Vicente Emilio Sojo y pulmón vegetal de la parroquia, pero también alertando sobre los problemas de servicios públicos e inseguridad que traerían estas ocupaciones ilegales.

Hoy, desde estas residencias se suman víctimas de balas perdidas que en el último año han vivido el efecto de la guerra en sus hogares, algunos fueron heridos, otros lamentablemente muertes.

Bajo ataque 

Desde las 6:30 a.m. del jueves 8 de julio hasta ahora (son las 12 del mediodía) las balaceras se acentuaron en diversos puntos de ese tramo de la avenida Páez, sonidos estruendosos se escuchaban entre los edificios, tanto en los aledaños al San José de Tarbes, Universidad Santa María, como en El Torreón, Multiplaza Paraíso, acceso a El Pinar hasta la India, con el paso hacia la avenida Washington, Puente 9 de diciembre. Todos estos accesos fueron cerrados mientras los cuerpos militares decidían la próxima actuación.

El escaso transporte público se paralizó e incluso algunas estaciones del metro fueron cerradas. En el chat del condominio, los vecinos reportaron heridos en diversos puntos de la ciudad, especialmente en El Paraíso-La Vega (inmediaciones de La India) El Cementerio y Quinta Crespo.

También pedían permanecer en nuestros hogares y no salir ni en carro ni a pie, resguardarse en zonas seguras de los apartamentos, no asomarse a las ventanas, en fin, limitarse a escuchar sin pretender ver mucho, salir o asomarte puede costarte la vida. Todo un estado de agonía que se suma al confinamiento, a la pandemia y a ese deseo de sobrevivir a una ciudad caótica y a un país como Venezuela, en donde si no te reprime el Estado lo hacen las bandas armadas de delincuentes.

Nos preparamos entonces para el cierre de este segundo día de enfrentamientos, con la advertencia de la ministra de Interior, de que ahora sí van a cercarlos.