Créditos hipotecarios en Venezuela: ¿qué hace falta para su reactivación?
Los créditos sociales de vivienda tras el sismo reavivaron el debate sobre el financiamiento para la compra de la casa propia

Más de 1.600 familias afectadas con la pérdida de su vivienda principal durante el doble terremoto ya cuentan con la preaprobación de su crédito social para la compra de otro inmueble. Este primer paso volvió a abrir el debate sobre la falta de créditos hipotecarios en Venezuela, pero los economistas coinciden en que todavía se requieren más decisiones para la reactivación de los tradicionales financiamientos de vivienda en todos los bancos del país.
“Hay que entender que el dinero para la compra de viviendas con los subsidios no es de las captaciones que hace la banca nacional, sino de los fondos a los que tiene acceso Venezuela en el exterior y principalmente de los 346 millones que el FMI (Fondo Monetario Internacional) puso a la orden tras los sismos”, explicó el economista Aarón Olmos, profesor del Instituto de Estudios Superiores de la Administración (IESA), en entrevista con Efecto Cocuyo.
Los créditos del plan “Venezuela Renace” se otorgan con 25 años para pagar y a una tasa de 5% de interés. Las viviendas a comprar deben tener precios de hasta 100.000 dólares y esto incluye un subsidio que se mueve entre 50% y 80%, dependiendo del precio final del inmueble a adquirir.
En una visita a la agencia principal del Banco Digital de los Trabajadores (BDT), un empleado detalló que las primeras preaprobaciones de estos créditos sociales ya están disponibles para un grupo de quienes hicieron su solicitud durante agosto pasado. El Banco de Venezuela también avanzó con 1.682 preaprobaciones de créditos a las familias censadas en los edificios colapsados de Caracas y La Guaira.
Los beneficiarios del programa cuentan con 60 días para tramitar la compra final de su inmueble. Aunque hay que considerar que los montos asignados a cada familia afectada son diferentes y responden a un análisis de perfil crediticio que hace la entidad financiera.
Aparte de las tres entidades públicas (Banco de Venezuela, Banco del Tesoro y BDT), hay otros cuatro bancos privados que se sumaron a la entrega de estos créditos sociales para la vivienda: Banco Nacional de Crédito (BNC), BBVA Provincial, Banesco y Mercantil.
Sin embargo, los jóvenes profesionales o aquellas parejas que planean formar una familia y buscan un crédito para financiar la compra de su primera vivienda todavía no cuentan con una opción para pedir un crédito hipotecario en la banca nacional.
Inflación y encaje como piedras de tranca
La cartera de créditos equivalía a 3.949 millones de dólares al cierre de la primera semana de septiembre 2026, de acuerdo con las cifras del Banco Central de Venezuela (BCV). Este monto es el más pequeño de una cartera crediticia en toda América Latina.
“No tenemos los datos desagregados por tipo de crédito, pero se trata apenas de 3,5% del PIB (Producto Interno Bruto) nacional. Hablamos que los créditos de una ciudad colombiana pequeña como Cúcuta son más grandes que toda la cartera crediticia venezolana. Eso ocurre porque la cartera crediticia en Colombia equivale a 60% de su PIB”, apuntó el economista Hermes Pérez, investigador y profesor de la Universidad Metropolitana, en entrevista con Efecto Cocuyo.
La entrega de créditos bancarios en la banca nacional empezó a crecer desde el año 2021, pero sólo en las líneas de las tarjetas de crédito y la compra de vehículos. Volver a los esquemas de los antiguos créditos hipotecarios con plazos a 20 años para pagar requiere de una política económica centrada en reducir la inflación, un indicador que superó 500% a finales de agosto pasado.
Los economistas Olmos y Pérez coinciden en que un encaje bancario de 73% también impide el renacimiento del financiamiento. El alto encaje bancario se impuso en el año 2019 y todavía frena a que la banca no pueda usar los bolívares y los dólares depositados en sus arcas para entregar nuevos créditos, sean éstos para financiar la compra de una nueva nevera, la reconstrucción de una pared tras el sismo o el sueño de una casa propia.
