A Coromoto Rodríguez lo aplaudieron hasta los chavistas en Parque Central - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 2 NOVIEMBRE, 2016 20:15

A Coromoto Rodríguez lo aplaudieron hasta los chavistas en Parque Central

Texto por Odell Lopez @odelopez

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Cerca de las 6:00 pm de este miércoles, todos los vecinos del edificio El Tejar y San Martín sabían qué ocurriría. El rumor se había corrido por los pasillos, era el tema de conversación en los ascensores. “Gracias a Dios se acabó la tortura”, decían algunos. Ese primer día de noviembre cesaba un martirio familiar y comenzaba la esperanza en una parte del Conjunto Residencial Parque Central.

Sus torres se imponen a lo lejos, diferencian a Caracas de cualquier otra ciudad de Venezuela y representan el empuje de aquella época en la que la capital prometía ser la sucursal del cielo. En la actualidad, aparte de sus condominios residenciales golpeados por el tiempo, Parque Central resguarda varios ministerios, organizaciones culturales oficialistas, centros de convenciones del Estado, y hasta los comandos de cada campaña electoral del Gobierno.

En medio de ese perímetro rojo también vive un enemigo de la revolución: Coromoto Rodríguez, exDisip, jefe de seguridad del presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, y preso político liberado este martes 1 de noviembre, tras los acuerdos de diálogo entre el Gobierno y la oposición.

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Se abrió la puerta de un carro y un pie pisó el asfalto, una acera que transitó por mucho tiempo sin pensar extrañarla. Era él, cinco meses después, con su característica barba blanca y también con 40 kilos menos que no le impidieron caminar hacia la panadería City Park, ubicada en el nivel Lecuna, y cuyos dueños son de esos amigos que Rodríguez casi puede llamar hermanos. Una hermandad que se manifestaba en días comunes, cuando Coromoto se metía detrás del mostrador para despachar un cachito, un litro de jugo o un pan. No era su trabajo, no cobraba por ello, solo era una forma de compartir el día a día con su gente.

Los que pasaban por el sitio comenzaron a voltear y los aplausos se hicieron sentir. Quizás la devota Arelys había rezado mucho para ver a su padre fuera de la cárcel. Este 1º de noviembre no solo se le cumplió el milagro, sino que percibió la estima vecinal que en la “rojita” Parque Central le tienen a su padre. A Arelys le volvió a brillar la mirada.

“Él nunca debió estar preso”, criticaba una señora con unas bolsas en la mano, mientras que otra le respondía: “Lo sacaron como a un perro de su casa, pero aquí está gracias a la justicia divina”, decía mientras aplaudía con fervor.

Lágrimas y abrazos reconfortantes no duraron apenas un momento. A Coromoto le tocaba regresar a su casa después de 150 días. Subirse al ascensor de donde lo sacaron a la fuerza, encontrarse con el entorno donde se siente cómodo.

A su entrada al elevador saludó a todo el mundo, inclusive, a un vecino militante del oficialismo. No hubo murmullos, no hubo miradas escondidas. Apretón de manos y un “bienvenido” fue suficiente.

El apartamento de los Rodríguez fue el centro de atención hasta pasadas las 10 de la noche. Los vecinos que no le recibieron en la planta baja le tocaron la puerta y se encontraron con una familia que lloraba de la felicidad.

La señora Iris es muy querida en el edificio. Ayuda a recolectar fondos para cualquier causa comunal, adorna los pasillos en Navidad. Iris no solo es conocida por ser la esposa de Rodríguez, su voluntad y aprecio por la comunidad la definen. Quienes la quieren también fueron a recibir a su esposo.

En Parque Central no hubo distinción política, Rodríguez abrazó por igual a todos, Iris también. Una vecina del mismo piso que apoya abiertamente a Nicolás Maduro lo fue a recibir sin tapujos, entre conversaciones el exDisip le mencionó “esto sin duda es una dictadura”. No se habló más del tema.

Coromoto estuvo sereno, un tanto cansado, pero apacible. Los atendió a todos.

Ahora le toca retomar su vida, esa vida que suspendió por cinco meses, como si de un hoyo negro se tratara, por unas acusaciones que nunca cuajaron…