#Caracas454, ciudad audaz y multicolor

LA HUMANIDAD · 25 JULIO, 2021 09:45

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara


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Caracas es una ciudad impredecible. Urbe vibrátil y retadora, fundada a los pies de una montaña que se asemeja a una mujer dormida. Escandalosa capital de multitudes que sonríe con picardía, pero también intimida. De atardeceres que deslumbran y noches que pueden inquietar. Una mezcla curiosa entre asfalto y tierra.

En realidad, su nombre es Santiago de León de Caracas, título concedido por el español Diego de Losada, quien ordenó su edificación el 25 de julio de 1567. Ya hace cuatro siglos de ello: hoy es de las ciudades más violentas del mundo y constituye el centro político de Venezuela, una pequeña república al norte de Sudamérica que vive la peor de las crisis de su historia contemporánea.

En los cinco municipios que conforman el Área Metropolitana caraqueña conviven por lo menos cuatro millones de personas. Gente que ha nacido aquí o que ha venido desde muy lejos, seducida por el barullo de la ciudad. Libertador, Chacao, Baruta, Sucre y El Hatillo también son el hogar de miles de jóvenes inquietos y visionarios, que creen más en el trabajo duro que en la suerte.

Crecer en Caracas no es fácil, pero tampoco imposible. Lo demuestran el piano y el cuatro en las manos de Alejandro Coronil, los movimientos estratégicos de Melany Montaño en el ajedrez, los proyectos originales de Juan Chacón, Jessika Paz y Jennipher Dolinski, las fundaciones manejadas por Analeska Koc y Luis Alvarado, el activismo de Michelle Artiles y las soluciones diplomáticas de Jesús Da Silva. Estos son los ojos a través de los cuales hoy describimos la ciudad, a 454 años de su nacimiento.

Sucre no se rinde

Alejandro Coronil cree que Caracas es azul marino al oeste y blanca al este. Un contraste que sigue sorprendiéndolo cada día desde el laberíntico barrio El Cerrito, asentamiento petareño.

El municipio Sucre se extiende a lo largo de 154 kilómetros al este y sus 400 mil habitantes están repartidos en cinco parroquias. Petare es la más poblada. Alberga una barriada gigantesca (la más grande de Latinoamérica), de casas amontonadas unas sobre las otras. Aquí se concentran parte de las comunidades vulnerables caraqueñas y es considerado uno de los puntos menos seguros de Caracas. Sin embargo, el arte y la música recorren estas calles, pero solo visibles para los que prestan un poco de atención.

Caracas joven

Alejandro tenía nueve años cuando decidió participar en el Sistema Nacional de Orquestas y 17 cuando se convirtió en uno de los compositores más jóvenes de la Camerata de la Universidad Nacional Experimental de las Telecomunicaciones e Informática (Uneti). En 2021 es el director titular de la orquesta sinfónica de la Casa del Artista y fundador de su propia agrupación, FeelArmonía, que en agosto planea realizar eventos en conjunto con Zona de Descarga en los techos de Petare. Apenas cuenta con 19 años.

“En Caracas siempre hay que ver más allá. Existen espacios donde surgen las oportunidades. Hay que ver la parte positiva, yo soy muy optimista en eso y siempre se lo digo a los chamos de mi edad”, comenta.

Zona de Descarga se perfila como una organización en Petare que se dedica a fomentar el arte y la cultura desde las platabandas de las casas de los barrios. Una noche, Alejandro Coronil subió a uno de estos techos, en el sector de La Agricultura, y el concierto de sus propias composiciones maravilló a sus oyentes. En vez de aplausos, se le pidió a la gente en sus hogares que apagaran y prendieran los bombillos para demostrar que la música les había gustado.

Poco después de terminar la presentación de Coronil, La Agricultura se volvió un espectáculo de luces titilantes y halagos a vivo grito. Desde entonces, el músico cree que las melodías venezolanas son capaces de conmover a cualquier caraqueño, no importa dónde este se encuentre.

Alejandro desea ser uno de los mejores arreglistas venezolanos y su determinación solo es comparable con su talento en el piano y el cuatro. Caracas le recuerda a las rosas y fue la inspiración para comenzar con su propia orquesta.

A 4 kilómetros del joven director de música, cerca de la Avenida Rómulo de Gallegos, Jennipher Dolinski asegura que Caracas es amarilla. Impactante, innovadora y creativa. Quizás muy similar a ella misma, cuya energía parece casi inagotable.

Jennipher poco tiempo tiene entre sus estudios universitarios, la dirección de marketing de Aiesec en Puerto Rico, su beca de proexcelencia Avaa y el manejo de un bootcamp gratuito llamado “Ciudadanía digital”. Este busca desarrollar la marca digital de todos aquellos líderes jóvenes que ingresan en el proyecto y explicar cómo coexistimos como usuarios en ecosistemas digitales.

Dolinski también forma parte del programa Changemakers de la Fundación Váyalo y la ONG Kids Rights. Fue allí donde se le ocurrió la idea de crear su propio proyecto digital, completamente aplicable en los hogares capitalinos, que en su primera etapa ha tenido 120 participantes, la mayoría de ellos jóvenes caraqueños.

“Pienso que las oportunidades a veces caen. En Caracas hay y muchísimas. Creo que a veces son una llamada o a veces nosotros las buscamos. Las construimos, las creamos. Donde menos te lo esperes o te lo imaginas, hay personas que tienen ideas y proyectos”, expresa.

Antes de la pandemia, a Jennipher le encantaba sentarse a pintar con acuarela en los jardines de La Estancia. Caracas le huele a vainilla con miel. Prefiere centrarse en la amabilidad de la ciudad y si pudiese llevarse un pedazo de ella, metería al campus de la red Uriji Jami en una cajita de cristal y lo cargaría consigo.

“Para mí, Caracas es la emoción de salir de mi casa y saber que puedo generar un cambio. Saber que mis ideas tienen futuro. Aquí todavía tenemos futuro”, dice. Tiene 20 años y cientos de planes a largo plazo, cuando termine su carrera en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana.

Chacao se vuelve un punto morado

Jessica Paz piensa que Caracas es azul, como el inmenso cielo sobre ella. Viene de Trujillo y cruzó 585 kilómetros desde el Occidente de Venezuela para estudiar Comunicación Social en la Universidad Central. Sentada en la Plaza Bolívar de Chacao, mira con tranquilidad al municipio donde se está implementando la iniciativa Calles Moradas.

“Vamos a hacer la ciudad para todas. Vamos a intentar que esta ciudad sea lo más segura y amigable para nosotras”, comenta.

Jessica, en conjunto con un grupo de amigas, fundó el proyecto para que los negocios del municipio Chacao sean capaces de proveer primeros auxilios y ayuda psicológica para víctimas de acoso y violencia sexual dentro del territorio. La iniciativa Calles Moradas ganó el programas de formación de EmpoderaME en 2021.

Chacao es el más pequeño de los cinco municipios del Área Metropolitana, apenas recorre 13 kilómetros, pero está lleno de restaurantes y famosos centros comerciales. Desde aquí se puede acceder al Parque Nacional El Ávila, y subir la montaña que protege a Caracas como una impenetrable muralla.

Este año, Chacao fue uno de los puntos donde se emitió la famosa Alerta Morada de la ONG Método Wom, después de la viralización de decenas de denuncias provenientes de mujeres víctimas de acoso sexual en la calle, desde febrero de 2021. A Jessika Paz le pareció un oportunidad para brindar su ayuda, no solo por ella, sino por todas las mujeres que caminan en la gran Caracas.

“Todas somos peatones, al fin y al cabo”, explica.

Su meta es convertir a Chacao un territorio 100% libre de acoso y a Caracas en una ciudad más feminista. Para 2016, en el municipio vivían poco más de 119 mil personas.

“A pesar de todo, siento que Caracas es muy caminable. Yo no soy caraqueña y una de las cosas que me enamoró de aquí es que puedo caminar. Es una ciudad fresca y linda. Siento que tiene potencial para cambiar a nivel de políticas públicas”, continúa.

Tiene centenares de amigas con nuevas iniciativas, que le aseguran que la ciudad está repleta de chances para salir adelante.

“Puedo mencionarte el proyecto de mi amiga  Sherezade, que imparte educación sexual e integral a chicas en comunidades en riesgo. Puede ser mi amiga Margareth, que está dentro del ala de enfoque de género y trabaja en Alimenta La Solidaridad; puede ser mi amiga Ana Paola, una mujer increíble y activista. Aunque pienses que Caracas es una ciudad con puertas cerradas, la verdad es que estamos construyéndola”.

Para Jessika, Caracas huele a café recién hecho. Cree que para avanzar en este ambiente es necesario tener constancia y perder el miedo a tocar las puertas. Acaba de cumplir 22 años y está enamorada de la capital como si hubiese nacido en ella.

“Caracas es caótica. Pero sin el caos no puede existir un orden. Si fuese ordenada, estaríamos todos locos. Este desorden de Caracas no lo tiene ninguna otra ciudad. Es única”, dice. 

El buen ánimo del municipio Libertador

Michelle Artiles resulta determinante cuando afirma que Caracas es de un brillante color anaranjado

“Es vibrantísima. Te llama la atención. Es jovial. Una ciudad que se mantiene férrea a sus raíces. Caracas es la interpretación de este dicho de que lo bueno no cambia, solamente se transforma”, explica. 

Artiles tiene 20 años y en junio de 2021 representó a la Universidad Católica Andrés Bello en el modelo de las Naciones Unidas de la Universidad de Harvard. Es la primera estudiante y mujer trans en lograrlo en Venezuela. También se desarrolla como periodista y activista por los derechos LGBTIQ+.

“Caracas es el espacio para hacer activismo. No es que es bueno para hacerlo, porque esté mal. Es bueno porque lo queremos cambiar”, dice. Es caraqueña de nacimiento y disfruta caminar por el centro mientras escucha las voces de los vendedores ambulantes de café. También ama la floreciente Caracas de julio.

Vive en el municipio Libertador, el más extenso de la ciudad con 433 kilómetros. Allí se encuentra el Capitolio Federal, el Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), además del Palacio de Miraflores, donde se ubica el despacho oficial del Poder Ejecutivo. Es decir, Libertador reúne las sedes de los importantes poderes públicos que se encargan de todo el país. 

Pero también es un municipio del que surgen las buenas ideas de jóvenes animados a llevarlas a cabo. Lo demuestra Artiles con todo el entusiasmo que esconde detrás de su rizos:  

“Caracas no es un gobierno ni una institución: Caracas es la gente que la compone. Es una ciudad de retos, que te invita a ser mejor siempre. Si yo tuviese que darle un consejo a una persona que quiere vivir Caracas de la forma más intensa, sería que no tenga miedo, que se vuelva sensible a vivir las experiencias. Como dice San Ignacio de Loyola: vivir con la mente fría y el corazón siempre ardiendo”. 

A los jóvenes de la comunidad LGBTIQ+ los invita a abrir sus propios espacios y les asegura que la capital está dispuesta a abrazarlos a todos. No están solos. 

Por otro lado, en el mismo municipio que Artiles, vive Luis Alvarado, fundador de Váyalo, la organización con la que Jennipher Dolinski pudo llevar a cabo su bootcamp. Con 24 años de edad, Alvarado dice que Caracas es la unión de muchos colores. Llegó desde Guárico hace años y la ciudad todavía lo sigue maravillando.  

“El 2016 fue un año bastante rudo para nuestro país, ya que fue el año en el que la crisis humanitaria mostró su peor cara. Fue un año de mucha desesperanza donde la pregunta más recurrente era si irse o quedarse. Frente a esa dinámica, yo me rehusaba a que esas fuesen mis únicas dos opciones. Váyalo nace para recuperar la esperanza en todos los jóvenes”, comenta a Efecto Cocuyo

Según la misión publicada por la ONG, esta trabaja por el empoderamiento de la juventud en Venezuela y la promoción del desarrollo sostenible. El proyecto inició en Guárico, pero fue en Caracas donde Alvarado consiguió expandirlo. 

“Por ahí la llaman la ciudad de la furia. La verdad es que sí, Caracas está llena de furia, de rapidez. Este dinamismo va de la mano con nosotros los jóvenes, que somos inquietos, hiperactivos. Estar viviendo en un territorio que va a la par que tú, es sabroso. Me encanta la energía vital que se trasmite en Caracas, a pesar de la compleja situación que estamos viviendo. Es el lugar donde se concentra gran parte de las oportunidades”, dice.

A largo plazo, Luis espera cambiar el sistema de participación juvenil en Venezuela, para hacer de este uno más inclusivo y protagónico. Es egresado de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela y ahora cursa una especialización en materia de resolución de conflictos y mediación social dictada desde la Universidad del Atlántico en España. 

Reinventarse en Baruta

Si algo tienen en común Melany Montaño y Juan Chacón, es que usan sus pasiones para llevar a cabo sus propios proyectos. Para Juan, Caracas es azul, pero Melany dice que es más turquesa

La joven vive en la zona de Los Picapiedras, municipio Baruta. Melany tiene 15 años y adora cada una de las piezas del tablero de ajedrez. Supone que la vida es como el juego y que una movida impulsiva o poco sensata puede costarte la victoria. Es la fundadora de la iniciativa Sembrando el Ajedrez, para enseñar a jugar a los jóvenes en las comunidades de Baruta. De hecho, ella misma aprendió en la Academia Nacional. 

En sus ratos libres se dedica a llevar bolsas de alimento y realiza otras tareas comunitarias en los sectores vulnerables del municipio, en conjunto con la Iglesia Destiny. Caracas es su hogar y, aunque no la ha recorrido completa, no piensa irse. 

“La verdad es que no me veo en otro lado. Este es el lugar donde nací. Me gusta el clima diferente de Caracas y su gente. Todo el mundo es cariñoso a su manera”, añade. Piensa que en la ciudad las oportunidades sobran si estás atento a ellas. 

Juan Chacón, con 23 años, ha ganado dos premios y un reconocimiento por su proyecto Autobomb, sobre la automatización de los procesos de bombeo de agua en los conjuntos residenciales. Es estudiante de Telecomunicaciones en la Universidad Católica Andrés Bello. 

Curioso y emprendedor, tiene varios proyectos en mente que nacen de problemas que observa en el sector donde vive. Luego de oír varias noticias sobre la muerte de distintas personas dentro de Caracas por manipular bombas de agua en 2020, Chacón supo que había una necesidad que quería resolver. 

“Debido a las fallas de mantenimiento y el poco conocimiento de los usuarios, se ha deteriorado el sistema de bombeo de agua. Esto ha generado que el pulmón de la bomba pueda explotar, lo que causa daños físicos muy severos, que incluyen hasta la muerte. Con Autobomb yo busco que este proceso sea automatizado y se lleve todo desde un teléfono móvil. Que una persona desde su dispositivo pueda prender y apagar las bombas, saber cuánta agua le queda y establecer un sistema de racionamiento”, explicó. 

Este caraqueño logró ganar el premio del programa Dale Luz Verde a tu Idea de la Fundación BOD, por tener un proyecto de triple impacto y el primer lugar en el Concurso Ideas, por la categoría de negocios. 

“Cualquier cosa que uno busque, lo puede encontrar aquí en Caracas. Todo se une en esta ciudad. Sigo considerando que hay problemas que podemos solventar siempre que lo tengamos como una meta”, indica. 

En Baruta conviven poco menos de 500 mil personas, según números del Instituto Nacional de Estadística en 2016. El municipio está al sudeste y se divide en tres parroquias.  Apenas abarca 86 kilómetros. 

Proyectos que florecen en El Hatillo 

Juan Da Silva vive entre sus sesiones de Taekwondo y sus clases de bachillerato. Es capaz de debatir y defender posturas referentes a problemas bélicos mundiales, como el conflicto armado en Armenia y Azerbaiyán alrededor del enclave de Nagorno Karabaj. Sabe hacerlo porque forma parte activa de la Cumbre Internacional de las Naciones Unidas del Colegio San Agustín del Hatillo, que ha logrado obtener 21 premios como la mejor delegación estudiantil dentro de Caracas desde 2015. 

A sus 16 años, Juan sabe que Caracas es poco segura. Pero cree que no hay que esconderse. Intenta abrazar su juventud lo mejor que puede, en una ciudad volátil. 

Caracas joven

“Aunque la situación sea peligrosa, uno siempre puede permitirse divertirse aunque sea cinco minutos”, dice Da Silva. Está convencido de que Caracas es un lugar donde se pueden implementar ideas y asumir posiciones de liderazgo. Aunque no lo ha decidido, coquetea con la idea de estudiar Ciencias Políticas en un futuro. 

Mientras, se conforma con entrenar para mantener la cinta azul en la disciplina que practica y estudiar para dar resoluciones diplomática a modelos de delegaciones, soña con hacerlo en uno de verdad en pocos años.

El Hatillo es un pueblo tranquilo donde pueden oírse claramente a las guacharacas. Se alarga por 81 kilómetros y su casco histórico es realmente atractivo para visitantes de otros puntos de la urbe.  

Caracas joven

En el mismo punto geográfico pero alejada de las pretensiones políticas, está la diseñadora Analeska Koc, la dueña de Tellurian, una marca de ropa femenina con más de 13 mil seguidores en redes sociales. A sus 24 años, Koc combinó el concepto de la moda con el de la solidaridad, y en octubre de 2020 fue una de las fundadoras de la organización Costuras que Trascienden. 

Analeska decidió usar la industria de la moda como una herramienta para ayudar a los más necesitados, inicialmente en El Hatillo. Desde Costuras que Trascienden no solo llevan prendas de vestir, sino juguetes, medicinas y comidas a las comunidades de bajos recursos del municipio. Ha logrado unir a decenas de marcas para colaborar en medio de la crisis social y económica. 

“Cuando vamos a hacer las entregas es un día espectacular y demasiado enriquecedor. Compartes con gente buena que agradece lo que se hace por ellos”, comenta.

Koc proviene de Valencia, estado Carabobo, en el centro del país. De Caracas le encanta el carácter de sus habitantes y su potencial para crecer. 

“Caracas es una ciudad particular y no es fácil. Pero siento que su futuro está en nuestras manos y si realmente decidimos prepararnos y creer en nosotros para emprender, las posibilidades pueden ser infinitas”, señala. 

Complicada y viva, así es la Caracas que vive Analeska. Es fuego, de color rojo. 

¿De qué color es realmente Caracas?

Caracas es la algarabía de Petare en Sucre, las plazas de Chacao, los distritos comerciales de Baruta, el aire colonial del Hatillo y la energía de Libertador. Esta capital la construyen los jóvenes como Melany, Jennipher, Juan, Luis, Analeska, Michelle, Alejandro y Jessika. Aquellos que resisten y buscan transformar a otros desde sus propios lugares de esparcimiento. 

En medio de una pandemia, de la crisis de servicios públicos, de 600 protestas documentadas por el Observatorio Venezolano de Conflictividad en 2020 y de la inseguridad que se cierne como una sombra molesta y amenazante, la juventud caraqueña consigue abrir espacios para desarrollarse y mantener la esperanza. 

Santiago de León de Caracas no es una capital muerta: este domingo cumple 454 años y, como una obra que jamás ha sido terminada, necesita artistas que sigan moldeándola. 

En realidad, Caracas es una ciudad multicolor, con más de cien matices. Es verde, azul, amarilla, morada, roja, blanca y a veces gris. Depende de cómo decidas mirarla y vivirla.