Ingredientes de las hallacas no escapan del declive agropecuario

ECONOMÍA · 22 DICIEMBRE, 2020 19:40

Ingredientes de las hallacas no escapan del declive agropecuario

Texto por Cristina González | @twdecristina

Ver más de

Cristina González | @twdecristina

¿Cómo valoras esta información?

4
QUÉ CHÉVERE
1
QUÉ INDIGNANTE
1
QUÉ CHIMBO

Leida Lovera cosechó 70 por ciento menos pimentones en 2020. Reside en el Valle de Quíbor, en el estado Lara, una zona históricamente reconocida por su actividad agrícola. Ella se dedica a cultivar ají y pimentón. La mayoría de las hortalizas consumidas en todo el país provienen del occidente venezolano, y sin embargo los anaqueles no reflejan su realidad productiva.

A más de 400 kilómetros, el pimentón rebosa en los mercados de Caracas. Tampoco faltan cebolla, cebollín, ajo, ajoporro. Los estantes también exhiben carnes de res, de cerdo, de pollo. Están disponibles para la venta los distintos ingredientes de la hallaca, principal plato de tradición navideña en Venezuela.

“Uno de los platos más hermosos y más complejos que hay”, describe Sumito Estévez, reconocido chef venezolano, al explicar la receta a través de su canal de Youtube. La preparación consiste en masa de maíz rellena de un guiso con varios tipos de carne, e incluye cebolla, pimentón, ají, cebollín, ajo, ajoporro, alcaparras, aceitunas y pasas. El resultado se envuelve en hojas de plátano y es cocinado en agua hervida.

Siembra en menor cantidad

La revisión de la producción nacional de ingredientes para hallacas permite constatar que la actividad agropecuaria sigue en declive, así como también la capacidad de compra de la mayoría de la población. Lo poco que se produce logra abastecer a la minoría de ciudadanos con más recursos. Mientras tanto, las promesas del gobierno sobre acceso masivo a alimentos para la Navidad contrastan con los obstáculos que enfrenta el campo venezolano.

“En cuanto a todo lo que implica hortalizas en el Valle de Quíbor, se sigue sembrando, pero en menos cantidad. Nosotros tenemos una producción muy baja. Lo que pasa es que como está tan fuerte lo que es el poder adquisitivo en este momento, no se nota mucho la merma de la producción”, dice Lovera.

Ingredientes de las hallacas no escapan del declive agropecuario

Productores de Quíbor conservan la esperanza de que el Estado promueva políticas que apoyen más a la agricultura. Foto: Leida Lovera.

Los estados Lara, Trujillo, Mérida y Falcón son los principales productores de pimentón y ají. La cebolla proviene igualmente de Lara, pero también de Falcón, Portuguesa y Guárico. El cebollín, el ajoporro y el ajo se cultivan en mayor medida en la zona andina, conformada por Mérida, Táchira y Trujillo.

Las hortalizas mantienen niveles productivos en aproximadamente 25.000 hectáreas del país, según Saúl López, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y afines. El dato representa 10.000 hectáreas menos que las cultivadas en 2019. El ingeniero, sin embargo, aclara: “Los problemas que tenemos ahorita no son tanto de disposición sino de acceso, porque la gente no tiene dinero para poder comprar los alimentos. Es un problema que tiene que resolver el gobierno”, plantea.

Inseguridad alimentaria

El último informe del Programa Mundial de Alimentos, publicado en febrero de 2020, reporta que nueve millones de personas están en inseguridad alimentaria en Venezuela.

La proteína animal, usada para cocinar el guiso de la hallaca, presenta el mismo panorama. “Antes, en los años noventa, entre las cuatro especies (cerdos, aves, pescados, bovinos) teníamos alrededor de 65 kilos de carne per cápita, y hoy en día estamos alrededor de 16, de los cuales los productores bovinos estamos aportando casi 8 kilos”, asegura Armando Chacín, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga). Pero coincide en que el bajo poder adquisitivo de la población venezolana mantiene la presencia del producto en el mercado, a pesar de la caída de la producción.

Chacín aporta un ejemplo sobre la carne de res disponible: “Sólo tenemos alrededor de 40 por ciento de la carne que se necesita en el país. Eso quiere decir que si mañana el ciudadano consumidor venezolano recuperara el poder adquisitivo, no hay carne para todos”, sentencia.

La producción de carne bovina se desarrolla principalmente en el estado Zulia, y también, aunque en menor medida, en Barinas, Portuguesa y Apure. La ganadería avícola y porcina se practica más en el eje centro-occidental del país, cerca de los puertos ya que ambas actividades dependen de importación de insumos.

Las aceitunas, alcaparras y pasas son ingredientes importados. El pernil de cerdo se incluía en las importaciones decembrinas, como alimento clave tanto para el guiso de las hallacas como para cocinarlo horneado. El gobierno de Nicolás Maduro declaró que este año la oferta de pernil sería totalmente de producción nacional.

Escasez de combustible y producción costosa

“La producción de carne porcina se parece mucho a la industria de ensamblaje de carros en Venezuela. Todo viene de afuera. En la industria porcina, se trae el alimento, o por lo menos muchos ingredientes para su alimento balanceado son importados; la parte de la genética también se importa, los equipos. Lo que se hace en el país es la cría”, explica Charly Farfán, director de Soluciones Agropecuarias Inagrofar, empresa con servicios de asesoría en porcicultura.

Farfán, quien también es jefe del Departamento de Producción Animal en la Universidad Central de Venezuela /UCV), asegura que hay empresas nacionales del área porcina que llegaron a tener 10.000 madres reproductoras y este año sólo presentan 3.000 o 4.000 madres.

“Hay ofertas de productos de embutidos y carne fresca, pero si no hay poder adquisitivo los precios caen y el productor se afecta, porque tiene que gastar en materias primas o alimentos que suben más de precio como efecto de la importación. Eso impacta en la rentabilidad del negocio”, explica.

El ingeniero afirma que la inversión del Estado aún no basta para lograr el abastecimiento de carne de cerdo para toda la población. “Desde el año pasado comenzaron a financiar granjas específicas, para contar con esa productividad o ese inventario que estaban buscando, pero no es suficiente”, dice.

El gremio agropecuario esperaba una recuperación de la producción porcina y avícola en 2020, tras el levantamiento del control de precios por parte del Estado el año anterior. “Porque son proteínas de producción rápida, pero con la entrada del COVID-19 y la crisis del combustible eso se estancó a principios del segundo trimestre”, precisa Jhoender Jiménez, ingeniero agroindustrial y coordinador nacional del Movimiento Agroalimentario del partido Voluntad Popular.

El transporte de carga de los distintos rubros del sector primario funciona con combustible diésel o gasoil, mientras que el combustible para el transporte individual, usado por los productores para su movilización y la de su personal, es la gasolina. Esta última presentó mayor desabastecimiento a lo largo de 2020 en todo el país. El diésel reportó más fallas al inicio de la pandemia y ahora de nuevo al cierre del año.

“Este último trimestre del año hay una escasez ya marcada de diésel. He recibido un primer informe donde buena parte de las estaciones de servicio en los centros de producción del país, aproximadamente 70 por ciento de esos sectores, reporta que no hay diésel”, asegura Jiménez.

La falta de diésel al comienzo de la pandemia incrementó las pérdidas de cosechas de hortalizas en hasta 30 por ciento, según un monitoreo de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y afines. “Muchos productores tuvieron que dejar la cosecha perderse en las unidades de producción. Sobre todo las hortalizas tienen un tiempo de vida corto. Es decir, que si yo no lo traslado, o lo hago sin cadena de frío a un mayorista y pasan dos semanas, perdí buena parte de la cosecha”, expresa Saúl López, presidente de la organización.

El ingeniero agrónomo resalta el aumento de los costos de producción como otra dificultad para la actividad agrícola: “La superficie cultivada de hortalizas ha disminuido, como en todos los rubros, por falta de financiamiento, porque las latas de semillas eran subsidiadas, las daba Agropatria, y hoy cuestan más de 100 dólares, por ejemplo”. 

Es una realidad que Alfonso Morales, agricultor del estado Mérida, conoce bien. Relata cómo los productores de la zona andina, fronteriza con Colombia, compran los insumos en el país vecino. “A nosotros nos pagan las cosechas en bolívares y nosotros pagamos todo en dólares; es una locura”, lamenta.

Morales expone que, como parte de los gastos, las siembras necesitan abono, fertilizante y diferentes tipos de venenos para fumigar las siembras, además de las semillas. 

La producción de ajo es costosa, porque el precio de la semilla es uno de los más altos y requiere más fungicidas. El mayor gasto del cultivo de la cebolla es también la semilla. El pimentón presenta más gastos en el mantenimiento. “Es una mata que hay que fumigar todas las semanas. Solamente se puede regar con agua limpia. Tiene cuidados especiales. Sobre todo se siembra y se cultiva en invernaderos”, explica.

Ingredientes de las hallacas no escapan del declive agropecuario

La cebolla es una de las hortalizas más costosas del mercado. Foto: Alfonso Morales.

“Seguimos produciendo, sembrando. Lamentablemente los precios no llegan a como nosotros lo vendemos, porque la situación de la cadena de distribución es complicada”, dice Morales y pone como un ejemplo los gastos de repuestos para los camiones. 

Armando Chacín, presidente de Fedenaga, cuestiona que los precios en las carnicerías sean muy altos para lo que le pagan al productor agropecuario.

Chacín propone recortar eslabones en la cadena de intermediación: “Tratar de llevar el productor a los centros de consumo la mayor cantidad de productos, tratando de eliminar algunos eslabones de distribución y transporte. Buscar mecanismos para llegar de alguna manera más directo hacia el consumidor y buscar los nichos de consumo, en vista de que los consumidores tampoco tienen combustible para ir a los mercados que tradicionalmente eran visitados por ellos, que eran los mercados mayoristas. Hoy los nichos de mercado están alrededor de sus casas y edificios”.

Subsidios inciertos

A mediados de octubre de 2020, el mandatario Nicolás Maduro anunció entre sus metas decembrinas: “Garantizar combo hallaquero a precio justo para que los venezolanos y venezolanas lo puedan adquirir”. El mandatario no precisó cuáles serían los componentes de este paquete.

Maduro detalló que el proceso consiste en establecer una relación directa entre agricultores y cadenas de supermercados, así como también en garantizar la entrega del combo hallaquero y de pernil a través de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).

El programa estatal Clap distribuye bolsas y cajas de alimentos a precios subsidiados a seis millones de hogares, según la información oficial. Casi la mitad de los beneficiados, sin embargo, reciben estos alimentos en periodos irregulares, de acuerdo con resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), promovida por la academia y la sociedad civil.

“La entrega de los combos hallaqueros, a la fecha, ha sido extremadamente baja”, indica López, quien explica que la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y afines mantiene contacto con profesionales aliados que hacen seguimiento a la distribución del Clap. “Sobre todo ha sido a organismos y empresas que pertenecen al Estado, organismos del gobierno”, agrega.

La repartición de pernil, prometida desde octubre bajo el llamado Plan Pernil 2020, inició en la segunda quincena de diciembre entre denuncias por los tamaños y costos de las piezas de carne porcina.

Pieza de pernil de 3 kilos

El ministro para la Agricultura Productiva y Tierras del gobierno de Maduro, Wilmar Castro Soteldo, respondió en televisión nacional: “Muchos quieren que les traigan una paleta de pernil de 10 0 12 kilos; no podemos señora, señor; compañera, compañero gobernador no podemos; el pernil lo estamos distribuyendo en piezas de tres kilos, tres kilos y medio (…) un pedacito para cada uno“.

Los costos del pernil proveniente del Estado han oscilado entre 1.000.000 y 4.000.000 millones de bolívares, equivalentes a un precio de hasta 5 dólares. El salario mínimo actual se ubica en poco más de 1 dólar.

El gobierno de Maduro ha prometido la entrega masiva de pernil desde hace cuatro años entre polémicas sobre la procedencia, las cantidades disponibles y los mecanismos de distribución.

“Eso es pura propaganda”, considera Rodrigo Agudo, integrante de la Red Agroalimentaria Venezolana, sobre los subsidios alimentarios ofrecidos por el gobierno a propósito de la Navidad. El experto asegura que hoy el país no tiene abastecimiento para garantizar una tabla nutricional, en términos proteicos y calóricos, para toda su población.

Agudo afirma que la oferta actual sólo puede abastecer al 20 por ciento de la población. Hace alusión a los resultados de la encuesta Encovi que indican que 90 por ciento de los venezolanos están en pobreza. “La paradoja es que el país sólo produce para un 20 por ciento, pero sólo 10 por ciento tiene los recursos para poderlo comprar. Entonces, sobra el otro 10 por ciento, que es lo que se está viendo en los anaqueles”.